Ana Laura Ascención Mila[1]
Universidad Intercultural de Tlaxcala
Geovani Prisco Hernández[2][3]
Universidad Intercultural de Tlaxcala
Cocina de humo en San Pablo del Monte, barrio de San Miguel 
Nota: Espacio de trabajo donde la señora Carmen elabora y vende tortillas de manera tradicional, a ras de piso. Fotografía tomada por Geovani Prisco Hernández, mayo de 2026.
Resumen
Este texto analiza la cosmovisión y la ritualidad vinculadas a la cocina tradicional de Tlaxcala. A partir de entrevistas semiestructuradas y observación participante, recuperamos testimonios de cocineras de San Pablo del Monte e Ixtenco, quienes transmiten saberes culinarios intergeneracionales. Destacamos la clasificación de alimentos fríos y calientes, las prácticas rituales asociadas con el fuego y la elaboración de tortillas, así como el uso de utensilios tradicionales: el metate y las cazuelas de barro. También reflexionamos sobre los cambios generacionales, la desaparición de ingredientes y la necesidad de preservar la cocina tlaxcalteca como patrimonio cultural frente a la modernidad y la pérdida de biodiversidad.
Palabras clave: saberes culinarios; cosmovisión; ritualidad; cocina tlaxcalteca; transmisión de saberes.
Introducción
Alimentarnos, comer y cocinar son acciones inherentes a nuestro ser. A estas temáticas podemos acercarnos desde distintas perspectivas: nutricionales, químicas y culturales, por referir algunas. La disponibilidad para cocinar tiene un entramado cultural en sí mismo, pues depende de climas, altitudes, historia, saberes culinarios e intercambios de ingredientes con otras partes del mundo. Consideramos de gran valor aquellos ingredientes, insumos y saberes que resguardan las distintas comunidades históricas de Tlaxcala.
El objetivo del presente texto es analizar (compartir) algunos primeros hallazgos etnográficos de la cosmovisión (pensamientos) y la ritualidad (acciones) en torno a la cocina tlaxcalteca, partiendo del trabajo de campo, observación participante y entrevistas semiestructuradas a especialistas culinarias. Los saberes de la cocina tlaxcalteca están asociados con la cosmovisión, a la que concebimos como una forma de cultura interiorizada, que se constituye principalmente de representaciones sociales compartidas; es decir, de sistemas cognitivos contextualizados, los cuales responden a una doble lógica, cognitiva y social (Giménez, 2007: 47). En la cosmovisión se relacionan las formas mentales con las que una colectividad percibe, idea, representa y explica el universo, la naturaleza y al ser humano en sus mutuas interrelaciones (Gámez Espinosa, 2018: 124).
Consideramos que la cosmovisión y lo ritual están íntimamente relacionados. Comprendemos al ritual como “acciones pensadas y pensamientos actuados”. En él, hay una fusión entre “pensamiento y acción”, lo cual no implica cualquier pensamiento o cualquier acción. El ritual posee un sistema de creencias que, como un todo, se integran en el pensamiento (aquel que ha erigido una teoría del mundo “cosmovisión” y los comportamientos) (Díaz Cruz, 1996: 18).
Tlaxcala tiene una profunda tradición cultural. Territorialmente se ubica en el altiplano central mexicano, y está conformado por 60 municipios; sin embargo, en su interior hay una gran diversidad de pueblos, localidades y comunidades, con un vasto cúmulo de saberes culinarios ancestrales, influenciados por tres principales grupos étnicos: nahuas (centro-sur), yuhmu (oriente) y acolhuas (poniente). Estos conocimientos sobre cocina tlaxcalteca están presentes en las prácticas comunitarias contemporáneas.
El año 2009 fue importante para la cocina tlaxcalteca porque el Congreso del Estado la declaró Patrimonio Cultural Inmaterial, con lo que se reconoce el legado y se busca la preservación (“La comida que comíamos antes, la de nuestros abuelos”) para transmitirla a las nuevas generaciones. Por ello, cada 27 de marzo es el Día Conmemorativo de la Cocina Tlaxcalteca.
El punto de partida
Si bien hay distintos materiales, recetarios y textos de cocina tlaxcalteca, algunos con valor comunitario, destaca en primer lugar el libro Así se come en Tlaxcala (1993) de Yolanda Ramos Galicia, el cual está catalogado como “cocina indígena y popular”. Lo característico de esta compilación de recetas está en la recuperación de los saberes a través de las entrevistas a las mujeres de las comunidades. Incluye recetas como entradas, sopas, caldos, guisados, verduras, ensaladas, salsas, chiles, frijoles, tortillas, tamales, panes, bebidas frías y calientes y postres.
Un texto de carácter local es el Recetario Atlangatepec. Cocina tradicional (2018). Es una compilación de distintas recetas del norte de nuestro estado, de la región de Tlaxco. Los autores redactan las recetas y sus modos de preparación; sin embargo, también revisten el libro con el nombre y la fotografía de la cocinera tradicional, lo cual permite visibilizar a la portadora de dicho saber y aporte culinario con los ingredientes de su región: “Sin campo, no hay gastronomía”.
Por otro lado, encontramos Memorias en mole de olla. Cocina y Revolución en Tlaxcala (2020), con la coordinación de Helena Hernández de Valle Arizpe. Es el resultado de una colección de recetas que formaron parte de la comida cotidiana entre los años 1910 y 1930, fruto de la memoria (narración) de sus cocineras, quienes fueron testigos o herederas directas de dicho periodo histórico. Las recetas también muestran que en esa época hubo escasez de alimentos por la Revolución Mexicana.
En el año 2022, la Secretaría de Cultura del Estado de Tlaxcala presentó los libros: Del bosque a tu mesa de Mauricio Camarillo Cuevas, Rescatando y compartiendo nuestra cocina tradicional de Papalotla, Tlaxcala, de Alicia Sarmiento Sánchez, Memoria gastronómica de Tenancingo, de Josefina Guzmán Corona y Los sabores de Mazatecochco, de Liliana Perales Ortiz (Coordinación de Radio, Cine y Televisión, 2022). Estos representan un esfuerzo comunitario del financiamiento (Programa de Apoyo a las Culturas Municipales y Comunitarias) porque buscan preservar los saberes culinarios y gastronómicos de las abuelas y las madres que les enseñaron a algunos de los autores a guisar. También se destaca la presencia de ingredientes apegados a la naturaleza, los ciclos agrícolas y los festivos.
En el año 2023 surge la Universidad Intercultural de Tlaxcala (UIT) con dos licenciaturas: Agroecología y Gestión Comunitaria del Territorio, y Cocina Tradicional y Nutrición Comunitaria. Esta institución apuesta a la recuperación y el diálogo de saberes en torno a la agricultura y la cocina tradicional. Esta última se basa, fundamentalmente, en ingredientes como el maguey y el maíz, en los sistemas metepantle y milpa. Por tal motivo, resulta pertinente preservar estos conocimientos desde la cosmovisión de la cocina tradicional tlaxcalteca: mito y rito. Así como desde la perspectiva intercultural crítica, con un enfoque decolonial.
Marco introductorio del análisis etnográfico
La cocina tlaxcalteca, desde un análisis etnográfico, requiere atender tanto a los relatos como a las prácticas de las cocineras tradicionales. Realizamos entrevistas semiestructuradas a mujeres nahuas de San Pablo del Monte y yuhmu de San Juan Ixtenco; con ello fue posible identificar elementos de cosmovisión y ritualidad, en los que notamos que existe una clasificación de los alimentos, las técnicas de preparación y las creencias asociadas con la cocina. Incluimos también relatos orales que circulan en otras comunidades, conversaciones directas y testimonios que se transmiten en la cotidianidad. Esta decisión metodológica responde a la necesidad de ampliar el panorama etnográfico para reconocer la existencia de saberes compartidos de los que no siempre se tiene un registro sistemático, pero que forman parte del acervo cultural de los pueblos. Estos testimonios constituyen fuentes primarias que muestran cómo el conocimiento culinario se transmite de manera intergeneracional y cómo se mantiene vigente en la vida cotidiana y festiva actual.
El desarrollo lo organizamos en ejes temáticos que permiten articular los relatos en tres categorías analíticas. El primero de ellos corresponde a los mitos de origen y la clasificación de los alimentos, desde la lógica cultural que regula la dieta y su relación con la salud. En el segundo eje analizamos las prácticas rituales, cotidianas y festivas, en las que destacan la preparación del mole, los tamales, el pescado tenso, etc., y el uso de la cocina de humo. Es importante destacar que, para efectos de este artículo, definiremos la cocina de humo como un lugar de resistencia cultural y comunitaria donde se preparan alimentos simbólicos y rituales que requieren procesos de larga cocción, propios del sistema agrícola metepantle. Ocupa un lugar privilegiado en la infraestructura de los hogares tlaxcaltecas, conserva elementos prehispánicos como el metate y el molcajete; se caracteriza por el uso de combustibles naturales: varitas, leña, olotes, mezotes, entre otros. Por ello, los alimentos cocinados en este espacio guardan un arraigo especial en la memoria de los comensales. En la tercera categoría, examinamos las técnicas culinarias, los utensilios empleados y la forma en que los saberes se transmiten a las siguientes generaciones, lo cual permite que la tradición continúe viva y al mismo tiempo se adapte a los cambios del entorno sociocultural. Finalmente, abordamos las transformaciones generacionales y la pérdida de algunas prácticas, lo que da pie a la reflexión sobre los caminos que sigue la preservación cultural en la vida comunitaria.
Es importante enfatizar que las entrevistas fueron procesadas con el apoyo del programa Transcriptor, una aplicación diseñada para convertir grabaciones de audio en texto escrito. El uso de esta herramienta permitió agilizar el proceso de transcripción, con la limitante de que sólo es útil para entrevistas en español. Las traducciones y transcripciones en yuhmu y náhuatl las realizamos con el apoyo de maestros especialistas de la UIT, quienes aportaron su conocimiento lingüístico y cultural para garantizar la fidelidad y pertinencia de los textos en lenguas originarias.
Las mujeres al frente de las cocinas
Antes de continuar, resulta imprescindible no sólo dar voz a las mujeres que comparten sus saberes, sino también nombrarlas, reconocerlas y agradecerles. Decir sus nombres es una manera de honrar sus vidas y su presencia, reconocer que detrás de cada platillo y cada práctica hay historias de vida que sostienen la tradición culinaria de Tlaxcala. Este gesto constituye, además, un acto de respeto hacia quienes abrieron las puertas de sus hogares y expusieron sus secretos y experiencias para que este análisis sea posible.
María Petra Alberta Sánchez Vásquez
Originaria de la comunidad de Buensuceso, municipio de San Pablo del Monte. Mantiene viva la tradición de preparar sus alimentos en la cocina de humo, conservando algunos elementos propios de la cocina prehispánica como el tlecuil, además de diferentes utensilios; por nombrar algunos: comal de barro, molcajete, metate, que ella considera indispensables para preservar el sabor auténtico de la comida.
Lidia e Isidra Remedios Calitl Quiebras
Las hermanas Lidia (79) e Isidra (82), también de San Pablo del Monte, barrio de San Sebastián Xolalpan, comentan que aprendieron a guisar desde niñas guiadas por su madre y abuela. Por esa razón, comparten las creencias sobre la clasificación de los alimentos, los rituales y la memoria familiar.
La señora Lidia resalta la lógica cultural de clasificar los alimentos en fríos y calientes y su importancia dentro de los estados del cuerpo en relación con la salud y la enfermedad, la preparación de alimentos festivos y de temporada. Por su parte, doña Isidra fue reconocida como “Tesoro Humano Vivo” en el año 2021, título otorgado por la Secretaría de Cultura del Estado, al ser promotora de la cocina y medicina tradicional. Su voz legitima la importancia de la lengua náhuatl, o mexicano, como raíz cultural. Tanto ella como su hermana crecieron hablando esta lengua, lo que les permite nombrar platillos que, como comentan, se están perdiendo a la par del idioma.
Emilia Calvario Calitl
Residente del barrio de Jesús en San Pablo del Monte, actualmente tiene 70 años. Ella relata que adquirió sus conocimientos para guisar desde muy temprana edad, motivada por la necesidad de alimentar a su familia. Resalta el consumo de quelites como parte de la dieta cotidiana y la relevancia de los platillos festivos, además de las creencias asociadas con la cocción de tamales.
La experiencia adquirida al trabajar en la Ciudad de México le permitió diversificar sus saberes en la cocina, ya que aprendió a preparar platillos como bacalao o romeritos. Esta apertura muestra cómo la cocina tradicional tlaxcalteca puede adaptarse a nuevos contextos sin perder su raíz.
Teresa Guadalupe Flores Lancho
Vecina del barrio de San Nicolás, en San Pablo del Monte. La señora Teresa, de 74 años, ha mantenido viva la tradición de la cocina de humo desde muy joven. Su actual cocina la construyó su esposo cuando se casaron y la ha mantenido como un espacio íntimo donde hace tortillas y prepara salsas. Comparte dicho espacio con los animales que requieren cuidados especiales, como su totola, lo que refuerza la idea de que la cocina es un lugar de vida y cuidado.
Además de la cocina, doña Teresa comparte los espacios que la rodean: siembra hierbas aromáticas y plantas medicinales, que utiliza de manera cotidiana, como ruda, romero, sábila y cola de borrego. Aunque afirma conocer un poquito de náhuatl, aprendido de su abuelo, lamenta no haberles enseñado a sus hijos porque reconoce la importancia de la transmisión de los saberes.
María Ignacia E. Yonca Gaspar (Nana Lancha)
Originaria de San Juan Ixtenco, Tlaxcala, aprendió el yuhmu como lengua materna y actualmente se desempeña como sabia comunitaria en la UIT. Aprendió a guisar y hacer tortillas desde pequeña, viendo cómo lo hacía su mamá. Comenta que la mayoría de los ingredientes que utilizaba para guisar los conseguía del campo, entre los principales se encuentran: dè̱thä (maíz) ʼǎwxi (habas), tsʼǔ̠nkhu (frijol), mü (calabaza’), gǐnk’ani (quelites), por mencionar algunos. Recuerda que sólo en ocasiones muy especiales comían carne y nombra el uso del molcajete (màndo), metate (nikhǔ̠ni), cazuelas, etc.
Su experiencia no se limita a la cocina de humo, Nana Lancha también ha dedicado gran parte de su vida a la venta de semillas y botanas tradicionales (huesitos, pepitas y cacahuates) en Huamantla (Tlaxcala) y Grajales (Puebla), complementando así su labor como portadora de la sabiduría yuhmu.
La presentación de las cocineras refleja la diversidad de experiencias y conocimientos que conforman la cocina tlaxcalteca. Sus relatos constituyen un corpus etnográfico que integra cosmovisión, ritualidad y memoria comunitaria.
Mitos de origen y clasificación de alimentos
La clasificación de alimentos en la categoría de fríos y calientes constituye un sistema de conocimiento que orienta la práctica culinaria y la salud comunitaria. Este sistema se encuentra presente en las narraciones de las cocineras entrevistadas y se relaciona con lo que Giménez (2007) denomina representaciones sociales compartidas; es decir, marcos cognitivos que organizan la vida cotidiana.
Las señoras Lidia y Nana Lancha afirman que: “El chayote y las calabacitas son frías, por eso no deben comerlos las enfermas [recién paridas]; en cambio, la salsa de chipotle, el huevo, chito, son calientes y hacen bien al cuerpo”. En el relato de doña Lidia, la carne de puerco se considera perjudicial para los enfermos, lo cual muestra cómo la clasificación alimentaria se vincula con la prevención y procesos de salud-enfermedad. Esta lógica se transmite como parte del aprendizaje culinario desde la infancia y se mantiene en la vida comunitaria.
Doña Emilia comparte una clasificación semejante, señala que: “Los chiles secos como el chipotle y el guajillo son calientes, mientras que la carne de res es fría porque el pasto que comen las vacas es frío”. Además, menciona que el tequila puede “calentar el estómago” cuando un alimento frío provoca malestar. Su testimonio confirma que la clasificación no se limita a los ingredientes, se extiende a las bebidas y a la interpretación del entorno natural.
En el caso de doña Teresa, las creencias se relacionan con el fuego y las prácticas de la cocina de humo. Ella recuerda que su madre le enseñó que “no se debe atizar el fuego con el pie porque los bebés, al momento del parto, podrían estar atravesados, lo que le dificultaría el parto a la mamá” (comunicación personal, mayo de 2026). Aunque no se trata de una clasificación directa de los alimentos, esta creencia muestra cómo el acto de cocinar se inscribe en un sistema de normas que vincula la acción culinaria con la vida comunitaria.
En la región oriente del estado se conserva otra creencia vinculada con la preparación de tortillas: se afirma que cuando en la familia hay una mujer embarazada, no deben olvidarse las tortillas en el comal, ya que a las embarazadas se les puede “secar el parto”. Además, Nana Lancha recuerda que, una vez que el infante ha nacido, al momento de desprenderse el ombligo, este se entierra en dos espacios importantes de la casa:
La costumbre que teníamos acá en el pueblo: si es niño, su ombliguito lo entierran donde están los arados, en un rincón donde guardan las herramientas del arado, los balancines, allí entierran el ombligo; pero si es niña, la niña tienen que enterrar su ombliguito en medio del tlecuil de la cocina. (comunicación personal, septiembre de 2026)
Estas prácticas refuerzan la idea de que la acción de cocinar tiene efectos directos en la vida, la salud y el territorio, y que el cuidado en la preparación de los alimentos forma parte de un sistema de creencias compartido.
En torno a la elaboración de tortillas se han registrado diversas creencias que refuerzan la cosmovisión culinaria tlaxcalteca. En las comunidades cercanas a la región sociocultural La Malinche se afirma que una niña será buena tortillera si juega con un camaleón de montaña, simulando desde pequeña el movimiento de palmar la masa. De manera semejante, Prisco Hernández (2019: 188) documenta que las manos de la molendera deben ser “curadas” con el vientre blando del tepayaxi (camaleón, que significa “el rey”), un pequeño animal de campo parecido a una lagartija, para que las tortillas resulten suaves y se inflen al recalentarse. Esta creencia la reafirman las hermanas Lidia e Isidra, quienes añaden que surte el mismo efecto refregarse el polvito del hongo xitel.
Otra creencia, pero sobre el fogón o tlecuil, es la que afirma que la ceniza es sagrada y no debe tirarse a la basura, lo apropiado es tirarla en los terrenos de labor para “calentar la tierra”; además de servir como abono, pues, como afirma la señora Lina, “la ceniza son las tortillas azules, el alimento que comerás cuando mueras” (Prisco Hernández, 2019: 167).
Técnicas, utensilios y transmisión de saberes
Las entrevistas muestran que la transmisión de saberes culinarios ocurre en el seno de la familia. Son las madres y las abuelas quienes enseñan desde edades tempranas, alrededor de los 10 años en la mayoría de los casos. La señora Teresa recuerda: “Aprendí a hacer tortillas a los 12 o 13 años con mi mamá, que hacía para vender” (comunicación personal, mayo de 2026). La práctica constante es la que asegura que la técnica se perfeccione y con el tiempo pueda ser transmitida.
Las técnicas para preparar y medir ingredientes y porciones dependen de la experiencia de las cocineras, dado que todas mencionan que no tienen una medida específica. Doña Lidia explica que el agua y el aceite se añaden “a ojo”, mientras que la señora Emilia asegura que para ella una pizca equivale a lo que toman la yema de tres dedos, y que el agua para el arroz se mide con tazas como con las que bebe café. Teresa conserva el uso del molcajete para hacer salsas porque asegura que “el sabor es distinto al de la licuadora”. Estas expresiones muestran cómo la precisión en el uso de condimentos e ingredientes se adquiere con la práctica.
En la cocina tlaxcalteca, los utensilios, además de la función práctica, son símbolo de continuidad cultural que enlaza el presente con la herencia prehispánica. Los indispensables en la cocina, como el metate y el metlapil, han acompañado a las mujeres por generaciones, adecuándose a las necesidades de las cocineras; como doña Teresa, que ha elevado su tlecuil y su comal para mayor comodidad, mientras que otras mantienen los fogones al nivel del suelo, como lo aprendieron de sus madres.
La transmisión de saberes es otro tema interesante y digno de mencionar, toda vez que las cocineras entrevistadas coinciden en que sus hijas y nietas no muestran interés en aprender a guisar o echar tortillas. Los cambios en los intereses y el ritmo de vida han modificado la participación de las nuevas generaciones; sin embargo, las cocineras insisten en enseñar y mantener vivas estas prácticas.
Cambios generacionales y desaparición de tradiciones
El comentario más recurrentes en las entrevistas es la preocupación de las cocineras respecto a la pérdida de ingredientes o el cambio en su forma de procesarlos, como es el caso de los chiles secos. Doña Lidia comenta que antes eran secados al sol, lo que les confería un sabor particular y auténtico; no obstante, ahora los secan en hornos, lo que modifica sus características organolépticas. Esto se percibe como una ruptura con la tradición. La desaparición de la biodiversidad es otra preocupación palpable entre ellas. En su memoria viven nombres de quelites, hongos o arvenses que en la actualidad es muy difícil encontrar.
Una de las frases más significativas proviene de Nana Lancha, quien advierte que su lengua yuhmu está a punto de morir por el desinterés de las nuevas generaciones y lamenta que con ello se pierdan también las comidas tradicionales, pues: “si nadie las nombra, no existen”. Este testimonio revela que la preservación de la cocina tlaxcalteca depende no sólo de la práctica culinaria, sino también de la continuidad lingüística que da sentido y nombre a los alimentos y la cultura en general.
Reflexiones finales
Las prácticas comunitarias en torno a los alimentos también han cambiado. La señora Teresa añade que sus hijas y nietas muestran resistencia al uso de la cocina de humo, aunque ella insiste en enseñarles el proceso de elaboración de tortillas, consciente de que la continuidad depende de la voluntad de las nuevas generaciones.
En conjunto, los testimonios permiten concluir que los cambios generacionales y la desaparición de tradiciones no sólo afectan la disponibilidad de ingredientes, también las formas de organización comunitaria y la transmisión de saberes. La cocina tlaxcalteca se enfrenta así al desafío de preservar su patrimonio cultural en un contexto de transformaciones sociales, tecnológicas y ambientales.
Asimismo, es importante referir que este primer acercamiento etnográfico nos dará la posibilidad de continuar con este proyecto de investigación en otras latitudes y regiones de nuestro estado, de tal manera que la cocina tlaxcalteca no se limite a los esfuerzos de recetarios, sino que invite a la problematización, discusión, conceptualización y análisis desde diferentes esfuerzos por la preservación de estos importantes saberes. Todo esto dialogando con los territorios, espacios, rutas comerciales, cuidado de insumos, entre un sinfín de temáticas en torno a la cocina tlaxcalteca.
En el horizonte de la problematización y diálogo con los territorios, resulta imprescindible reconocer el papel de las instituciones que acompañan estos procesos, en particular la UIT, que se presenta como un espacio clave para la preservación y revitalización de prácticas culinarias ancestrales y las vincula con la soberanía alimentaria, la gastropolítica, la identidad comunitaria, las lenguas originarias y la defensa del territorio. Este esfuerzo académico no busca reproducir modelos externos, sino fortalecer los conocimientos locales y dignificar el papel de las cocineras como portadoras de memoria y cultura. En este sentido, la universidad se convierte en puente entre tradición y futuro, asegurando que la cocina tlaxcalteca continúe viva y sea significativa para las generaciones venideras.
Referencias
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Coordinación de Radio, Cine y Televisión (10 de enero de 2022). La Secretaría de Cultura del Estado, presentó 4 libros para fomentar y preservar los platillos tradicionales tlaxcaltecas. https://www.coracyt.gob.mx/noticias/cultura/1680-la-secretaria-de-cultura-del-estado-presento-4-libros-para-fomentar-y-preservar-los-platillos- tradicionales-tlaxcaltecas
Díaz Cruz, R. (1996). Horizontes rituales en Religión: el impacto social de la transformación de creencias y prácticas. Revista Iztapalapa, año 16, núm. 39, 15-23.
Gámez Espinosa, A. (2018). La serpiente de agua en la cosmovisión y ritualidad de los ngiguas de San Marcos Tlacoyalco, Puebla, México. Antropología Experimental, 18(8), 121-134.
Giménez, G. (2007). Estudios sobre la cultura y las identidades sociales. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente.
Hernández de Valle Arizpe, H. (2020). Memorias en mole de olla. Cocina y Revolución en Tlaxcala. Gobierno del Estado de Tlaxcala.
Prisco Hernández, G. (2019). ¡Acuérdate Diosito! Este año sí hice algo por ti. Altres Costa, Amic Editores.
Ramos Galicia, Y. (1993). Así se come en Tlaxcala. Instituto Nacional de Antropología e Historia, Gobierno del Estado de Tlaxcala.
Villordo, F.J. (coord.) (2018). Recetario Atlangatepec. Cocina tradicional. Tinta Negra y Roja, Gobierno del Estado de Tlaxcala.
- Estudiante de la Licenciatura de Cocina Tradicional y Nutrición Comunitaria |Correo electrónico: analauraascencion@gmail.com ↑
- Profesor investigador↑
- Correo electrónico: geovani.prisco@uit.edu.mx o geovaniprisco@gmail.com ↑