Las prácticas culinarias del “Costumbre” y la comida ritual otomí

Karla Ayala Hernández[1]
Escuela Nacional de Antropología e Historia
Jorgelina Reinoso Niche[2]
Benemérita Universidad Autónoma de Puebla-

Comida para las “antiguas”

Nota: Fotografía tomada por Karla Ayala, Ixtololoya, 2022.

Resumen

En este artículo se mencionan las prácticas culinarias de las mujeres otomíes durante el ritual llamado “Costumbre”. En primer lugar, se explica qué es el “Costumbre” y quiénes son las “antiguas”, ancestros muertos que vienen a comer de la ofrenda preparada por los otomíes para sus deidades. Después, se caracterizan las prácticas culinarias rituales a través del habitus de las mujeres y su relación con la comida ritual del “Costumbre”. La metodología utilizada fue la etnografía de varios de estos rituales. Entre los resultados más importantes encontramos que existe una relación fundamental entre el ritual y la cocina otomí, la cual se expresa en el “Costumbre” a través de las prácticas culinarias y la comida. También se observa que los alimentos se elaboran y se consumen para unir el mundo de los vivos con el de los muertos. En este último habitan las deidades conocidas como “antiguas”, las cuales llegan a la ofrenda para degustar los platillos, por lo que resulta trascendental que, dentro del ritual, estas se coman la comida ofrecida por los otomíes vivos. La comida que se consume y se ofrenda en el “Costumbre” tiene lugar gracias a las prácticas culinarias de las mujeres ñühü, y constituyen su habitus.

Palabras clave: prácticas culinarias, comida ritual, costumbre, antiguas, habitus.

Introducción

En este artículo, como objetivo principal, hablaremos de las prácticas culinarias de las mujeres otomíes ñühü y su relación con la comida ritual durante el rito llamado “Costumbre”, que se realiza en la comunidad de Ixtololoya, municipio de Pantepec, de la Sierra Norte de Puebla.

El proceso más importante, que llevó a los resultados que se plantean en este trabajo, es la etnografía de los rituales llamados “Costumbres”. La investigadora Jorgelina Reinoso lleva varios años de trabajo de campo en la región y llevó a su coautora, Karla Ayala, a la comunidad en cuestión para la realización de su tesis de licenciatura, titulada: “Prácticas culinarias y comida ritual del ‘Costumbre’ entre los otomíes de Ixtololoya, Puebla”. Durante la elaboración de esta, hicieron trabajo de campo juntas.

Los ancestros llamados “antiguas”, mediante sueños, exigen a los ñühü los platillos que desean encontrar en la mesa del “Costumbre”; de lo contrario, podrían ser castigados. Como veremos, en la preparación de los alimentos de estos rituales, las mujeres encargadas tienen una participación especial, ya que sin ellas y su conocimiento sería imposible hacer la ofrenda a las “antiguas”, para que coman, beban y se vayan contentas. Lo anterior constituye la aportación más importante del artículo, ya que las etnografías y los trabajos antropológicos que se han hecho del “Costumbre” dejan de lado las prácticas culinarias y su relación con la comida ritual.

Para desarrollar la discusión en torno al tema, utilizamos la siguiente metodología distribuida en dos apartados. En el primero se menciona qué es el “Costumbre”, se lo caracteriza a través de autores como Reinoso (2019), Galinier (1990) y Baez (2019). A su vez, se explica quiénes son las “antiguas”, ya que es para ellas la ofrenda de la comida ritual.

En el segundo apartado, se caracterizan las prácticas culinarias de las mujeres otomíes, a través de Reckwitz (2002) y Bourdieu (2007), como habitus. De igual manera, se repara en la importancia de la comida ritual a partir de autores como Maury (2010) y Good (2011).

El “Costumbre”, banquete culinario otomí para las “antiguas”

Para acercarnos a las prácticas culinarias de las mujeres otomíes, primero hay que mencionar qué es el “Costumbre” y quiénes son las “antiguas”. El “Costumbre” es el ritual otomí por excelencia, donde los ñühü establecen un diálogo de reciprocidad con sus ancestros, llamados “antiguas”. Para Reinoso (2019), “es el ritual en donde los otomíes les devolverán a sus seres sagrados todo lo que ellos brindan, mediante una gran ofrenda que contiene comida, bebida, ropa, canto y baile para las Antiguas” (Reinoso, 2019: 109).

En el “Costumbre” se observan diversas preparaciones culinarias, elaboradas especialmente para este ritual; por ejemplo, bodoques, gorditas de frijol y de hongos, tamal de frijol y de elote, pascal, mole, frijoles con flores de colorín y espesos, quelites, atole agrio, entre otros platillos típicos de la cocina otomí.

Entre los motivos para realizar un “Costumbre”, uno de los primordiales es pedir las condiciones necesarias para tener comida. Es decir, que llueva, que caliente el sol, que haya agua para beber, contar con las semillas adecuadas para la siembra y que éstas se desarrollen con normalidad y abundancia; para poder obtener todos los alimentos esenciales de la vida, como el maíz, los frijoles, los chiles, las calabazas, etcétera. En concreto, se pide a las “antiguas” que los elementos naturales, como el agua, el sol y el viento, puedan generar la vida de la milpa y de los campos, ya que estas condiciones no pueden ser controladas por los hombres, porque están fuera de su alcance.

En este ritual, los alimentos constituyen el motivo y la petición; a su vez, serán presentados y convidados a las “antiguas” y a los asistentes por igual.

Por otra parte, la organización y elaboración del “Costumbre” puede obedecer a una tradición determinada por un calendario agrícola o ritual, establecido en la cultura otomí, o ser parte de un intercambio para favorecer la salud de una persona.

Existe una relación creadora de cultura entre el ritual y la cocina otomí, que se expresa en el “Costumbre” a través de las prácticas culinarias y la comida ritual. En este ritual se puede observar que los alimentos se consumen para unir el mundo de los vivos con el de los muertos, donde las deidades “antiguas” llegan a la ofrenda para degustar de los platillos. Resulta significativo que dentro del ritual esas deidades consuman la comida ofrecida por los vivos.

Detrás de esta fusión de mundos, existe una organización especial, en la que los otomíes tienen una participación activa y espiritual. En este sentido, cabe recordar que las “antiguas”, mediante sueños, exigen las viandas que desean encontrar en la mesa del “Costumbre”; de lo contrario, los otomíes podrían ser fuertemente castigados. En la preparación de los alimentos, las mujeres encargadas tienen una participación especial, ya que hacen un conteo exacto de cada alimento de la ofrenda y colocan las porciones en una mesa. Si bien es cierto que esa comida se comparte entre los participantes y asistentes, siempre existe una porción intacta para las “antiguas”.

El “Costumbre” es un ritual que ha sido objeto de interés antropológico debido a su importancia y presencia en muchos grupos otomíes, ya que determina diversos aspectos de esta etnia. Para Galinier (1990: 293):

los “costumbres” celebran ciertas etapas determinadas del ciclo agrícola, como las siembras o las cosechas. Tienen lugar en fechas fijas o variables (fiesta del calendario cristiano, principio del año civil) o en razón de circunstancias excepcionales (sequía o hambruna). Su objetivo es mantener la fertilidad de la tierra mediante un vasto ciclo de intercambios entre los hombres y los dioses, y proteger a la comunidad contra los peligros que la acechan.

En Ixtololoya, es muy importante porque a través de este ritual se mantiene un equilibrio en el mundo; es donde se comparte entre los vivos y los muertos, ofrece a los vivos la posibilidad de ofrendar, pedir y agradecer y a las “antiguas” la oportunidad de estar en este mundo a través de la ingesta de los alimentos de la ofrenda.

Los alimentos que se preparan en los “Costumbres” tienen una participación y objetivo trascendental en el ritual. Por esa razón, es importante enfocarnos en la figura que llegará de visita, comerá y beberá; es decir, en las “antiguas”, deidades de los otomíes que piden su ofrenda. Las “antiguas” han sido trabajadas por diversos especialistas. Según Reinoso (2014: 50):

La palabra Antigua designa a entidades no humanas que intervienen en los procesos terapéuticos, así como en el conjunto de rituales conocidos con el nombre de Costumbre. Si bien estas entidades pueden asumir distintas fisionomías, que van desde los “aires” hasta las formaciones rocosas, generalmente se manifiestan en los recortes de papel que los curanderos locales emplean con diversos fines, ya sea para restaurar la salud de sus pacientes o para solicitar el bienestar comunitario mediante ceremonias públicas.

Baez Cubero (2019), quien estudia a las “antiguas” entre los otomíes de Santa Ana Hueytlalpan, Hidalgo, en sus aportes destaca que estas entidades se conocen como: “‘santitos’, Antiguas, zithamu en otomí, que se traduce como ‘nuestro venerable padre o ancestro’, son quienes fueron sus primeros padres, sus ancestros, los más antiguos” (90). La denominación de “antigua” afirma que son estas deidades las que procuran o, si es necesario, castigan a sus hijos otomíes. A cambio, hay que darles de comer y beber por medio de la ofrenda entregada en el ritual llamado “Costumbre”.

Por lo tanto, las “antiguas” son entidades a quienes se les pide y se les agradece. A ellas se les ofrenda en los “Costumbres” en Ixtololoya con comida y bebida suficiente para que después se vayan tranquilas y contentas a los cerros, manantiales y lugares del otro mundo en donde viven.

Para que la ofrenda sea entregada correctamente durante este ritual, las prácticas culinarias llevadas a cabo por las mujeres otomíes son de vital importancia. Desde días antes, ellas comienzan a cocinar los alimentos y durante el ritual auxilian al curandero, bädi, a colocar el banquete. Sin las prácticas culinarias, que son un conocimiento ancestral y sagrado, el “Costumbre” sería imposible.

Prácticas culinarias del “Costumbre”, habitus femenino y comida ritual

La relación que tienen las mujeres otomíes con la comida del “Costumbre” se da a través de las prácticas culinarias, las cuales constituyen también el habitus de las mujeres que cocinan, que en palabras de Bourdieu (2007: 88) es:

Producto de la historia, el habitus origina prácticas, individuales y colectivas, y por ende historia, de acuerdo con los esquemas engendrados por la historia; es el habitus el que asegura la presencia activa de las experiencias pasadas que, registradas en cada organismo bajo la forma de esquemas de percepción, de pensamientos y de acción, tienden, con más seguridad que todas las reglas formales y todas las normas explícitas, a garantizar la conformidad de las prácticas y su constancia a través del tiempo.

Es por eso que las prácticas culinarias realizadas durante el “Costumbre” permiten ver el habitus de aquellas mujeres ejecutantes, de todo su aprendizaje gastronómico, donde la comida forma parte del ritual.

La comida ritual es pensada, preparada, servida y consumida de manera especial, diferente de la vida cotidiana. Para Eduard A. Maury (2010: 10), “la mayoría de los ritos, como los de comensalidad, permiten entre otras cosas, la cohesión grupal, el estrechamiento de los vínculos y alianzas afectivas, refuerzan los lazos parentales y reivindican la identidad colectiva”. Lo mismo sucede en Ixtololoya, por un lado, la elaboración de la comida ritual está relacionada con diversas prácticas culinarias; por otro, en el “Costumbre” se pueden observar los lazos entre las familias y la gente que asiste al ritual.

Catherine Good (2011) aporta un significado particular a la comida ritual de las comunidades indígenas, diferente de las cocinas de la Ciudad de México, ya que esas preparaciones contienen más que solo sabor y textura:

Los usos y significados de la comida ritual en México revelan la existencia de otros valores muy arraigados en la vida social y la historia local, que son opuestos a este modelo capitalista y la lógica del llamado mercado libre, donde circulan objetos y bienes intercambiables como mercancías descontextualizadas. Los usos rituales de la comida demuestran que los pueblos mantienen sus propias visiones de la persona, de la comunidad y del mundo natural, muy diferentes del modelo hegemónico. (40-41)

Ser mujer otomí en Ixtololoya implica conocer la forma de comportarse en un “Costumbre”, la manera en que se participa, el dominio del procedimiento de las prácticas culinarias para alimentar a las “antiguas” y compartir con los asistentes que participan y viven el ritual. Esto es parte del habitus que se mencionó anteriormente y genera una pertenencia al grupo donde las mujeres son las principales ejecutoras de las prácticas, lo que es parte de la identidad otomí, donde cada integrante conoce su historia y la replica por medio de sus manos y su conocimiento culinario. Este conocimiento, que se adquiere en la vida diaria, se va consolidando conforme pasa el tiempo hasta formar parte de su cultura. Para López Austin (1996: 478), “la construcción cotidiana de la cosmovisión se percibe en forma más clara en algunos campos de acción, entre ellos los relativos a la alimentación y a la concepción de la salud, la enfermedad y la curación”.

El campo de acción culinario está siempre en constante cambio porque depende de la disposición de ingredientes, de las manos que lo realicen, de la experiencia de la cocinera, etcétera. A la vez, es permanente porque se cocina el mismo mole, los mismos tamales, las mismas bebidas, aunque se modifiquen los pequeños detalles que involucran a las personas y su contexto de vida.

El “Costumbre” otomí en Ixtololoya comienza compartiendo un plato de comida, quizás un tamal, alguna bebida, y culmina con otro plato de comida y tortillas calientes. Por lo tanto, la acción de alimentarse se transforma en una práctica de singular importancia por la elección de platillos. Los cuales, si bien no son exclusivos del “Costumbre”, tienen todos los elementos de dificultad y horas de trabajo para ser ofrecidos como parte de una ofrenda. Es decir, que el trabajo culinario es parte del ritual, de la ofrenda que las mujeres otorgan de manera concertada o por voluntad propia, ya que cada vez que una mujer llega al ritual, se involucra en alguna labor de la cocina, al parecer sin que nadie se lo pida. Entonces nos damos cuenta de que el ritual está completamente estructurado en la mente de los participantes, quienes saben lo que hay que hacer, lo que falta, cómo apoyar y ser parte.

En la cultura otomí, la comida es un sistema que define roles sociales específicos, como en el “Costumbre”, donde hombres y mujeres tienen un trabajo asignado, valorado e importante. En lo que respecta a las prácticas culinarias de las mujeres en el ritual, son una parte fundamental, como el resto de los elementos, puesto que en ellas recae una labor de primerísima necesidad: alimentar a su gente y a sus deidades con su conocimiento y sus habilidades culinarias. A través de la experiencia, las mujeres logran dar alimento y sustento, de tal forma que todo va encaminado a la confirmación de su cosmovisión.

Al cocinar en el fogón de su casa o en otra donde se realice un “Costumbre”, las mujeres crean un universo culinario a su alrededor, que será repetido y transmitido a las siguientes. Por supuesto, tal conocimiento gastronómico se compartirá en momentos importantes, donde las personas que degusten los alimentos y las “antiguas” darán el reconocimiento a quienes los elaboren.

Las mujeres que cocinan y las prácticas culinarias que desempeñan son creadoras activas de la cultura, al preparar los diversos guisos y alimentos para el “Costumbre”, y también recrean su propia cultura al tomar la decisión de hacer uno u otro platillo. Esto obedece al contexto en que se presenta el evento, a los sueños de la persona que está brindando el “Costumbre” y al tipo de ritual de que se trate, así como el presupuesto económico del anfitrión y el espacio destinado en el altar a las ofrendas.

En resumen, la configuración del ritual permite entender que se realiza con un fin primordial: dar de comer a las “antiguas”. Por lo tanto, se convierte en una práctica culinaria a la que estas entidades son invitadas para recibir su ofrenda y escuchar las palabras o peticiones de los seres mortales que las convocan, de tal forma que, cuando las “antiguas” aceptan la invitación, se manifiestan.

Conclusiones

Las prácticas culinarias se convierten en la trinchera que permite explicar cada aspecto de la comida ritual otomí, sus alimentos y las preparaciones. Es relevante cómo muchas de las mujeres que asisten se incorporan a cualquiera de las actividades relacionadas con la comida, brindando una ayuda fundamental para el cumplimiento de cada paso del ritual, algo propio de su sistema de ideas, creencias y de su cultura. Además, de esa manera se muestra una estricta división del trabajo, donde queda muy claro que los hombres no participan en las actividades culinarias, ellos son parte de otros asuntos del desarrollo del ritual. Juntos complementan la totalidad de las prácticas llevadas a cabo en el transcurso del “Costumbre”. Las mujeres que cocinan han realizado en repetidas ocasiones varios de los platillos, con lo que demuestran que han aprendido de las otras y posiblemente enseñarán a las generaciones venideras.

Las mujeres demuestran el conocimiento de su cultura a través de su actitud y comportamiento antes, durante y después del “Costumbre”. Son una figura central que da orden y estructura al ritual por medio de sus prácticas culinarias, ya que su trabajo es determinante en el desarrollo.

Cocinar comida ritual para un “Costumbre” es una práctica social colectiva, en cuya preparación participan las mujeres, quienes esperan obtener un guiso que cumpla con los estándares de preparación y sabor. Esta práctica colectiva está estructurada por las colaboradoras y cualquier participante que conoce el proceso de la elaboración de la comida. Para los otomíes no es necesario preguntar qué hacer, simplemente se observa y se incorpora al trabajo sin que alguien más lo pida. De esta manera, la elaboración de la comida ritual es una práctica interiorizada en las mujeres, que forma parte de su habitus.

La participación de estas mujeres las convierte en las principales preservadoras de la memoria gastronómica de su comunidad, ya que replican en cada ritual los guisos elaborados en colectividad, junto con otras mujeres que se suman a la preparación de los insumos, los platillos y al servicio de estos. Es decir, todas las mujeres presentes en el “Costumbre” pueden ofrecer y servir la comida a los invitados, ellas saben cómo conducir las actividades y su participación en los menesteres culinarios del ritual.

Referencias

Ayala, K. (2022). Prácticas culinarias y comida ritual del “Costumbre” entre los otomíes de Ixtololoya, Puebla [Tesis de licenciatura inédita]. Escuela Nacional de Antropología e Historia.

Baez, L. (2019). “Cuando empezó el mundo, ahí lo encontraron el maíz, debajo de la piedra, ahí estaba con su semilla de marihuana, la Santa Rosa…”: La Santa Rosa en Santa Ana Hueytlalpan, Hidalgo. En A. Fagetti (coord.), Xünfö Dëni-Santa Rosa. Trance enteogénico y ritualidad otomí (pp. 85-108). Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.

Bourdieu, P. (2007). El sentido práctico. Siglo XXI.

Galinier, J. (1990). La mitad del mundo. Cuerpo y cosmos en los rituales otomíes. Universidad Nacional Autónoma de México-Instituto Nacional Indigenista.

Good, C. (2011). “Perspectivas antropológicas sobre la comida y la vida ceremonial en el México moderno” en Good, C. y Corona, L. (eds.), Comida, cultura y modernidad en México. Instituto Nacional de Antropología e Historia-Consejo Nacional para la Cultura y las Artes.

López Austin, A. (1996). La cosmovisión mesoamericana. En S. Lombardo y E. Nalda (coords.), Temas mesoamericanos (pp. 471-507). Instituto Nacional de Antropología e Historia.

Maury, E. (2010). Ritos de comensalidad y espacialidad. Un análisis antropo-semiótico de la alimentación. Gazeta de Antropología, 26(2), 1-13. https://gazeta-antropologia.es/ritos-de-comensalidad-y-espacialidad-un-analisis-antropo-semiotico-de-la-alimentacion/

Reckwitz, A. (2002). Toward a Theory of Social Practices: A Development in Culturalist Theorizing. European Journal of Social Theory, 5(2), 243-263. https://doi.org/10.1177/13684310222225432

Reinoso, J. (2014). Ma Jäi: nociones del cuerpo y la persona entre los Nühü en Pantepec, Puebla [Tesis de maestría inédita]. Escuela Nacional de Antropología e Historia.

Reinoso, J. (2019). La Santa Rosa es la que canta. En A. Fagetti (coord.), Xünfö Dëni-Santa Rosa. Trance enteogénico y ritualidad otomí (pp. 179-213). Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.


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