Eribel Bello Cervantes[1]
Grupo Biocultural Yoloaltepetl
Universidad Intercultural de Tlaxcala
Imagen 1. Un día de recolección de hongos. Parte del grupo Biocultural Yoloaltepetl en bosque de la Matlalcueyetl, comunidad de Tlalcuapan

Nota: Fotografía de Miguel A. Ramírez, septiembre de 2024.
Resumen
El presente texto da a conocer parte del conocimiento y prácticas tradicionales en torno a los hongos silvestres comestibles que se albergan en la localidad de San Pedro Tlalcuapan, comunidad nahua del estado de Tlaxcala, ubicada en la montaña Matlalcueyetl. Los hongos, conocidos como nanacatl, son importantes para la comunidad por su papel en el bosque y por ser parte del sustento de las familias durante la temporada de lluvias. Se consumen alrededor de 50 hongos distintos, que se van presentando a lo largo de la temporada en diferentes tipos de vegetación, comenzando con el hongo conocido como ayutzi, presente en lugares con pasto, y finalizando con los hongos tecosas y xoxocoyulis. La recolección es una práctica esencial que se realiza en familia. Ahí se comparte entre diversas generaciones el conocimiento y las estrategias para su uso sustentable. Después, la cocina es otro espacio de aprendizaje, donde principalmente las mujeres reconocen su consistencia, sabor y olor, para crear una diversidad de platillos. Si bien es cierto que la comunidad preserva diversos saberes sobre los hongos silvestres comestibles, dicho conocimiento está en riesgo de erosionarse por varias presiones estructurales a las comunidades originarias. Por tal razón, nos hemos visto en la necesidad de realizar diversas actividades, entre ellas recopilar y compartir parte del conocimiento tradicional.
Palabras clave: hongos silvestres comestibles, nanacatl, San Pedro Tlalcuapan, Matlalcueyetl, cocina tradicional.
Contenido
San Pedro Tlalcuapan es una comunidad nahua del municipio de Chiautempan, una de las 66 ubicadas a las faldas de la montaña sagrada más importante del estado de Tlaxcala, Matlalcueyetl o Malinche (López-Domínguez y Acosta, 2005).
Tlalcuapan actualmente cuenta con una superficie aproximada de 1,162 hectáreas, de las cuales, unas 600 están cubiertas por cultivos y bosque; el resto corresponde a asentamientos humanos. Presenta una población aproximada de 4,000 habitantes, donde el 13% habla aún el idioma náhuatl (INEGI, 2017). La comunidad preserva los usos y costumbres como forma de organización, mediante los cuales se eligen a las autoridades comunitarias autónomas civiles y eclesiásticas, como presidente de comunidad, comisariado ejidal, fiscales, mayordomos y algunos comités. Este proceso de elección se realiza en asamblea, que es la máxima autoridad del pueblo.
Antiguamente, la comunidad dependía casi por completo de los bienes naturales que brindaba la montaña: hongos, plantas, animales, etc. En la actualidad se observa un proceso de pérdida de los bienes naturales, transformaciones culturales y cambios en el conocimiento tradicional, asociados con el deterioro de los ecosistemas. Todo esto provocado en gran medida, al igual que en muchas comunidades originarias, por un proceso constante de violencia estructural, discriminación, invisibilización e invalidación de nuestras formas de vida, cuyo objetivo es borrar la diversidad cultural de México, instalar una identidad ajena a los pueblos y despojarnos del territorio.
Preocupados por dicha problemática, en el año 2010, un grupo de pobladores, entre ellos autoridades y exautoridades comunitarias, después de dialogar ampliamente sobre la importancia de la identidad comunitaria y el riesgo de verla erosionada, deciden emprender acciones de revalorización, intentando reintegrar a los jóvenes a la dinámica del pueblo. En 2014, se nombran Grupo Biocultural Yoloaltepetl, por iniciativa de don Gil Cahuantzi, exautoridad. Desde entonces, Yoloaltepetl, junto a la comunidad de Tlalcuapan, han realizado diversas actividades en diferentes ámbitos (alimentación, organización, medicina tradicional, defensa de territorio, danza, lengua, etc.) en torno al fortalecimiento identitario. Después de más de 15 años, este grupo está integrado por personas que van desde los 6 hasta los 67 años de edad, en su mayoría mujeres.
En el presente texto compartimos un poco del conocimiento colectivo tradicional sobre los hongos silvestres comestibles que se consumen en Tlalcuapan, mencionados ya en otros estudios como elementos de gran relevancia para las comunidades de la montaña (Montoya et al., 2012). Esta información es una recopilación colectiva que no le pertenece a una sola persona, es parte de un amplio bagaje comunitario transmitido a lo largo de diversas generaciones, compartido a través de experiencias, diálogos, colectas, recorridos en el bosque y, sobre todo, compartires en la cocina, es por ello que a lo largo del texto se integran diversas citas que corresponden a saberes compartidos por personas de la población y de comunicaciones personales. En este proceso han tenido un papel importante las hongueras y hongueros: personas especialistas, conocedoras de hongos, que en temporadas de lluvias se dedican a la recolecta constante de estos para su venta o intercambio.
La presente información se ha sistematizado en coordinación con el grupo Biocultural Yoloaltepetl y algunas hongueras.
Los hongos que comemos
Concebidos como algo elemental que vive en el bosque, distinto a los animales y las plantas, un hongo o nanacatl (“doblemente carne”) es identificado como algo que alimenta al ser humano, a los animales y a la tierra. Son importantes para la comunidad, no solo por ser un alimento sano para el cuerpo, sino por generar las condiciones que promueven la descomposición de las plantas. Se les considera parte del abono para los árboles y un elemento que en temporada de lluvias aporta considerablemente al sustento de las familias.
Se han registrado al menos 50 hongos que son consumidos en la comunidad (Bello-Cervantes et al., 2019). En su mayoría (30 hongos), tienen nombre nahua. De acuerdo con los pobladores, para identificar si un hongo se come o no, se debe conocer bien. Se toman en cuenta características como color, olor, textura, forma, temporada y lugar donde crece, el cambio de color, sabor, entre otras características. Los rasgos a tomar en cuenta varían dependiendo del hongo. “Se debe de tener cuidado al juntar hongos, porque todos los hongos tienen su Tlahtlah, al igual que nosotros”. El tlahtlah o “doble” hace referencia a aquellos hongos que son muy parecidos, pero que no son comestibles: “Todo hongo bueno tiene su hongo malo” (Imagen 2).
Imagen 2. Hongo amarillo y su tlahtlah (citlalnanacatl)

Nota: Fotografías de Eribel Bello, 2017.
Se ha identificado que para muchos pobladores algunos de los hongos más populares y apreciados por su sabor son: tecax (Russula complex. delica), ayoxochitl (Amanita basii), pante (Boletus aff. edulis), escobeta (Ramaria spp.), xolete de chambusquina (Hebeloma aff. mesophaeum), tecosa (Cantharellus aff. cibarius), xoxocoyuli (Laccaria trichodermophora), pancita (Suillus pseudobrevipes), corneta (Turbinellus floccosus) y tzenzo (Lyophyllum aff. decastes) (Imagen 3).
Imagen 3. Hongos más populares para la comunidad de San Pedro Tlalcuapan

Nota: Fotografías de Eribel Bello, 2019.
Cada hongo tiene su tiempo y su casa
A diferencia de lo que nos han enseñado en la escuela, en algunas comunidades alrededor de la montaña se distinguen tradicionalmente dos temporadas en el año: la de lluvias y la de secas. Antes estaban bien marcadas, pues solía comenzar a llover a finales de marzo y concluían las lluvias en septiembre, situación que ha cambiado mucho en los últimos 20 años.
Los hongos son de temporada, es decir, solo se encuentran en cierto tiempo. En este caso, en la temporada de lluvias. Los habitantes mencionan que los podemos encontrar a lo largo de cinco o seis meses, entre mayo y octubre, aunque reiteran: la presencia, frecuencia y abundancia últimamente varía mucho cada año y dependerá “del tiempo”, es decir, del clima. A la mitad de la temporada es cuando se encuentra mayor cantidad y diversidad, por lo general entre los meses de junio y agosto.
Es imposible encontrar todos los hongos en un mismo tiempo y espacio. Como dicen los pobladores: “Cada hongo tiene su tiempo y su lugar o su casa”. A pesar de que la temporada pueda durar seis meses, hay hongos que estarán presentes solo 20 días en lugares específicos. En el estudio de Bello-Cervantes et al. (2023) se identifican seis tipos de vegetación o usos de suelo en donde las personas recolectan mayormente los hongos comestibles: 1) Bosque de ocote (Pinus), 2) bosque de encino (Quercus), 3) bosque de oyamel (Abies), 4) Zacatón (pastizal de Stipa ichu), 5) terrenos de cultivo y 6) sitios quemados. En cada uno de esos sitios se encuentran hongos característicos que pueden variar según la temporada de lluvias.
“Antes se sabía qué hongo crecía en cada lugar y las fechas aproximadas en las que crecían, ahora ya todo ha cambiado”. Durante las primeras lluvias nacían los hongos ayutzis o sanjuaneros y los tzefamiles (Imagen 4), lo cual coincide con la fiesta de San Juan Bautista. Se les puede encontrar en lugares donde hay pasto o en terrenos de cultivo abandonados. En los palos secos se pueden encontrar los cuatechol, que parecen unas bolas de gelatina blanca y nacen con las primeras lloviznas. Se comenta que incluso suelen nacer cuando se comienza a nublar.
Imagen 4. Ayutzi y tzefamil, primeros hongos de la temporada

Nota: Fotografías de Eribel Bello, 2017 y 2024.
Al avanzar la temporada de lluvias nacen los xoletes y tzenzos en los sitios de ocote. Donde hubo incendios podemos encontrar en cantidad a los xoletes de chambusquina, que crecen en grandes colonias; mientras que en zonas con árboles de encino se encuentran los tzenzos, y en los terrenos en descanso o mesurcos crecen los cuehcuex. Es importante que este último se conozca muy bien, ya que tiene su tlahtlah, que ha provocado la muerte de algunas personas en la comunidad.
Alrededor de los meses de junio y julio, cuando casi todos los días llueve, la mayoría de las personas sube a la montaña por los hongos más apreciados: los amarillos o ayoxochitl, los tecax y los pantes, los cuales podemos encontrar en los bosques mixtos de pino-encino y en los de oyamel. Es común que los pantes nazcan pegaditos a los zacatones de la montaña; los pobladores recomiendan buscarlos con un palo. Muchas anécdotas cuentan que se les han confundido con víboras o escorpiones. A la par de estos hongos, se encuentran en la parte alta los ocoxoletl, los xoletes de pata amarilla, las mantequillas, las railitas entre otros; mientras que en las barrancas de encino se encuentran las sombrillitas y los pasteles. En diversos espacios encontraremos diversidad de pancitas y de chilnantzi.
Los hongos, al igual que las lluvias, se van despidiendo con las escobetas amarillas, rosas y naranjas que se pueden encontrar en las barrancas de encinos, con las tecosas presentes comúnmente en sitios con tlalcacahuatl. También se dejan ver las últimas cornetas y los chipotles en los bosques de oyamel. En diversos espacios de los bosques mixtos se despide la temporada con los xoxocoyulis, los tlapaltecosas y los totolnanacatl (Imagen 5).
Imagen 5. Tlapaltecosa y totolnanacatl, últimos hongos de la temporada

Nota: Fotografías de Eribel Bello, 2022.
Cuándo y cómo los juntamos
Como ya se ha mencionado, la presencia de los hongos es parte de un ciclo; muchos de los habitantes de la montaña caminamos a su ritmo. El clima nos va marcando el paso. Al avecinarse las lluvias preparamos las tierras para sembrar, poco antes de las primeras precipitaciones se siembra el frijol y al inicio de la temporada se siembra el maíz, el ayocote y la calabaza. Durante las lluvias crecen los quelites y otras plantas comestibles, que se van retirando para su consumo. También se labra la tierra y se abona, para que al despedirse las lluvias, favorables o no, se coseche lo que la tierra, el agua y nuestro trabajo nos dio. Finalmente se prepara la tierra para descansar unos meses. Estas labores se hacen en familia y muchas tienen terrenos en el monte, por lo que todas estas actividades, además de muchas otras complementarias como la recolección de plantas medicinales, plantas comestibles y leña, van de la mano con la recolección de hongos (Imagen 6).
La recolección de hongos se realiza en familia, por lo regular cuando se va a trabajar la tierra. El conocimiento se transmite de generación en generación de manera oral y en campo, acompañado de diversas historias y experiencias. Son las personas más grandes las que enseñan a las más jóvenes. Algunas veces participan en las colectas hasta cuatro generaciones al mismo tiempo (Imagen 6).
Imagen 6. Doña Felix, honguera de la comunidad, con un pante y manojo de cancerina (planta medicinal); señor con su hijo y su nieto buscando hongos


Nota: Fotografías de Eribel Bello, 2018.
La mayoría de las familias recolecta los hongos para autoconsumo y sólo en caso de tener algún excedente los venden o intercambian. Es común compartir o convidar los platillos realizados con hongos a familiares o amigos cercanos, pues se consideran una comida especial.
En promedio, las familias recolectan hongos al menos una vez por semana; sin embargo, los hongueros, que se han dedicado tradicionalmente al intercambio y venta de hongos, salen dos o tres veces por semana. Ellos albergan un amplio conocimiento en torno a la montaña y los hongos. En la temporada dedican gran parte del día a la recolección, saliendo de su casa alrededor de las 5 de la mañana con jornadas de unas 12 horas. Además, recolectan también plantas o abono. Al bajar de la montaña recorren las calles de la comunidad con sus cubetas o canastas, ofreciendo los hongos. Una de esas familias vende o intercambia sus hongos, leña y plantas en los tianguis de Tlaxcala y Chiautempan, mientras que doña Tomasita también vende tamales de hongos en su puesto de comida (Imagen 7).
Imagen 7. Doña Tomasita preparando tamales de hongos con pipián

Nota: Fotografía de Eribel Bello, 2019.
Las hongueras nos han compartido que para cuidar los hongos y que sigan creciendo “debemos juntarlos bien y no rascar como las gallinas, porque por eso ya no nacen”. Algunos hongos crecen al ras del suelo y solo se observa un bordo de ocoxal; tal es el caso de los tecax y los mantequillas, entre otros, por lo que al recolectarlos debemos con cuidado retirar el ocoxal y, de ser necesario, rascar un poco. Ya descubierto el hongo, cortarlo con un cuchillo, navaja o con los dedos, pero dejarle la base de la “patita”. Se debe sacudir o limpiar en ese lugar y volver a cubrir el suelo “para dejar la semilla y que el siguiente año vuelva a nacer”. Si se deja el suelo descubierto, se pierde la humedad, se seca y el hongo puede morir. Otra indicación que nos dan las abuelas y abuelos al recolectar es que dejemos los más pequeñitos o los que ya están muy maduros (sobre todo en los hongos que crecen en colonias): “Solo hay que llevarnos los que nos vamos a comer, los demás los dejamos para semilla, para los animales o los que vengan mañana”.
Cómo se preparan los hongos
Recuerdo que cuando era niña veía llegar a mi abuelito con una cubeta de hongos, se los entregaba a mi abuelita, ella los extendía en su mesa de madera y, al mismo tiempo que los iba limpiando, los volvía a seleccionar. Hace algunos años fui a honguear con unas señoras, regresé a casa y le regalé un poco a mi abue. Más tarde, ella me invitó a comer. Mi sorpresa fue que al menos la mitad de los hongos que le había regalado los desechó porque no los conocía.
La persona que va a guisar realiza en casa una nueva selección exhaustiva, principalmente si participaron varios en la colecta o si dicha persona no los recolectó. Se basan en los conocimientos adquiridos a lo largo de su vida, los observan detenidamente, los huelen e incluso los prueban o pellizcan, para después limpiarlos o lavarlos. De la misma forma, los separan por tipos, ya que no todos se pueden guisar juntos y de la misma forma: cada hongo se guisa según su sabor y consistencia (Imagen 8).
Imagen 8. Doña Damiana seleccionando y limpiando hongos

Nota: Fotografía de Eribel Bello, 2023.
Con la gran variedad de hongos se pueden realizar diversos guisos. Se han identificado al menos 17 formas tradicionales distintas de prepararlos. Los tecax, chilnantzi y escobetas se pueden preparar hasta en cinco platillos diferentes. En la mayoría, el hongo es el ingrediente principal.
El platillo más común en el que se preparan los hongos es el asado o frito, que se acompaña por lo regular con rajas de chile, cebolla, ajo y epazote. En este platillo se aprecia el sabor y la consistencia de los hongos. Los que habitualmente se consumen de esta forma son los ayutzis, tecax, tlapaltecax, pancita, chilnantzi, pante, entre otros (Imagen 9).
Hay algunos, como el hongo amarillo, el ocoxoletl y los xoletes de pata amarilla, que se consumen en caldo, como si fuera de pollo. Estos sustituyen a la carne y se le suele agregar epazote o hierba buena y sal (Imagen 9).
Imagen 9. Frito de chilnantzi, caldo de hongo amarillo

Nota: Fotografías de Eribel Bello, 2024.
Las escobetas y los tzefamiles se guisan con huevo, rajas de chile y cebolla. Los primeros también se pueden preparar en tortitas (como si fueran de pechuga) y en mixiotes enchilados, en lugar de carne.
Una gran variedad se puede preparar en diversos tipos de moles sustituyendo la carne y convirtiéndose en el ingrediente principal; por ejemplo, el hongo mantequilla se puede preparar en chilito verde, la corneta en pipián o mole negro, y el chilnantzi en adobo. También se pueden guisar en texmole, un platillo local muy característico de la comunidad: es un mole hecho a base de masa y guajillo que puede contener como ingrediente principal chito; sin embargo, en la temporada de lluvias se hace con hongos. Una gran diversidad de estos se puede guisar en dicho platillo, pero es más común que se haga de xoletes o tzensos (Imagen 10).
Imagen 10. Texmole de hongos y mantequilla en salsa verde

Nota: Fotografías de Liz Ramírez, 2024.
Los hongos pequeños, como los xoletes, tzenzos, totolnanacatl, tlapaltecosas, xoxocoyulis, entre otros, se pueden preparar en tamales con masa y chile, en lugar de carne o ayocote; mientras que el cuatechol, el pante y la pancita también se preparan en hoja de tamal con venas de chile y cebolla, pero sin masa. Estos últimos se pueden cocer en vaporera o al rescoldo (brasas y cenizas que quedan después de quemar carbón o leña).
Casi al finalizar la temporada de lluvias, muchas familias cosechan frijol. Los tecosas, tecosanes y xoxocoyulis se suelen guisar juntos en frijoles nuevos o amaneguas (frijoles tiernos o recién cosechados). En los bosques de oyamel encontramos a los quimichnacas, que crecen en los palos o árboles muertos, estos también se preparan con frijoles (Imagen 11); tienen una consistencia gelatinosa que los hacen poco agradables para muchos. De igual forma, casi a fin de temporada en estos bosques, encontramos a los hongos chipotles u olotitos, que se preparan rellenos de queso y capeados en guisado de jitomate o en algún chilito; de la misma forma se pueden guisar los hongos amarillos.
Un platillo que agrada a muchos y que se puede degustar a lo largo de toda la temporada son las quesadillas de hongos. Se suelen prepara con los hongos pequeños o con las mantequillas, los cuales se deben guisar primero con un poco de cebollas y después se colocan en la tortilla a medio cocer con queso, epazote y una raja de jalapeño (como si fueran quesadillas de champiñones). Hay otros hongos que son de consistencia más dura, como los chilnantzis y el hongo de maguey, los cuales se tienen que moler en el metate con algunos chiles para obtener una masa. Esta se guisa con un poco de manteca y sal, se deja enfriar algunos minutos, después a la tortilla recién hecha se le agrega un poco, con quesillo y epazote (Imagen 11).
Imagen 11. Frijoles con xoxocoyulis y tecosas; quesadilla de chilnantzi

Nota: Fotografías de Eribel Bello, 2024.
Hay algunos hongos que se pueden comer crudos al recolectarlos y que, según la experiencia de algunas hongueras, dan fuerza y ayudan en caso de no tener nada que comer en el monte o de sentirse desguanzado (cansado o sin fuerzas). Tal es el caso del tecosa y los xitetl. Hay otro grupo de hongos de consistencia dura o correosa que se pueden secar al sol, en collares, para consumirlos meses después: los chilnantzi, el hongo de maguey y el quimichnacas, los cuales, antes consumirse, se hidratan y se preparan según sea el caso.
Existen muchas recomendaciones al comer hongos. Para prevenir algún malestar, intoxicación o envenenamiento, por ejemplo, por ser considerados un alimento frío, es recomendable acompañarlos de algún otro alimento o bebida caliente. No se aconseja que cuando se consuma hongos se tome agua, ya que puede dar diarrea; es preferible acompañarlos de un té. De igual forma, se recomienda que al guisarlos siempre se les agregue mucho ajo. Algunas compañeras mencionan que es una forma de saber si un hongo es o no venenoso: “Si el ajo se pone negro, es venenoso”. Sin embargo, otras familias han observado que no siempre es así. “Lo mejor es conocer muy bien los hongos pa’ no envenenarnos”. “¡Y ni vayan a hacer corajes si es que comieron hongos! Puede ser muy peligroso”. Las abuelas comentan que cuando uno hace “corajes fuertes” después de comer hongos se nos pueden amarrar las tripas, provocando dolores muy intensos.
Las hongueras también comentan que cuando uno comió un hongo que no es “bueno” y se siente mal, debemos hacer agua de carbón o comer el carbón para sanar.
Ahora hay menos hongos que antes
Las personas mayores, al compartir sus experiencias y conocimientos con los jóvenes, hacen comentarios como “ya no llueve como antes”, “antes había más hongos” o “ya los muchachos de ahora no saben comer las cosas del campo, menos los hongos”.
Muchas personas de la comunidad reconocen que ahora hay menos cantidad de hongos y menos variedades, lo que se ha atribuido a diversos factores como la variación en el clima, se menciona que antes llovía más y el tiempo era un poco más predecible y estable que ahora. Otra causa es la extracción de “abono de monte” (conocido como tierra de monte y hojarasca): “Muchas personas ya se dedican a vender el abono y dejan todo pelón, ahí se llevan la semilla del hongo”. Otro factor es la tala, considerada como un problema que no solo ocasiona la disminución de los hongos, sino que lastima al bosque en general, a los animales y plantas; al igual que los incendios. Aunque se reconoce que estos últimos lastiman considerablemente el bosque, arrasando con todo lo vivo, también se han relacionado con el crecimiento de los xoletes de chambusquina. En la comunidad existe un grupo de personas que de manera voluntaria en temporada de incendios se organiza con las autoridades comunitarias para cuidar la montaña y, en caso de presentarse uno, acudir y convocar a la población para controlarlo (Imagen 12).
Imagen 12. Incendio en bosques de la comunidad de San Pedro Tlalcuapan; parte de la brigada comunitaria descendiendo a la comunidad

Nota: Fotografías de Eribel Bello, 2023.
Otro factor al que se le atribuye la disminución de los hongos es el incremento en su recolecta: “Ahora hay más personas que suben al monte a juntarlos”, puesto que hay más posibilidades de subir en auto. Además se observa la participación de recolectores ajenos a la comunidad, aunado a que muchos no recolectan adecuadamente: “No les dejan la semilla”, pues descubren el suelo y hacen caso omiso o desconocen el manejo local tradicional, prácticas que han permitido el uso sustentable de los hongos.
Ante esta situación, hay una preocupación compartida por diversos pobladores, no solo por la disminución de hongos en la montaña, sino por la pérdida del conocimiento en torno a los hongos y el debilitamiento de la conexión con la montaña. Como se comenta en el Grupo Biocultural Yoloaltepetl: “No se puede cuidar lo que no se conoce”. Consideramos que esta pérdida y alejamiento se debe a que por mucho tiempo se han minimizado y discriminado nuestros saberes y formas de vida. En la escuela nos han dicho que los conocimientos válidos son los de occidente; en la tele se nos muestran alimentos y formas de vida muy distintas e incluso contrarias a nuestra realidad. Hemos visto que mientras mucha gente ha intentado por años practicar aquello que se nos ha querido imponer, otros han resistido a estas imposiciones y han conservado el legado de nuestros abuelos. Aún recuerdo los relatos de mi abuelita cuando le preguntábamos por qué no hablamos nuestra lengua y nos contaba cómo les pegaban en la escuela por hablar así: “Tenía que hablar bien, vestir bien y comportarme bien”. Cuántas veces al dialogar con las señoras nos dicen: “Antes no teníamos qué comer, solo hongos, plantas, solamente lo que cultivábamos. Éramos muy pobres”. Eso nos hicieron creer y ahora vemos cómo poco a poco se va diluyendo nuestra identidad, cómo mucha de nuestra gente prefiere la comida, la ropa y todas esas cosas que se compran en el supermercado o en las tiendas y se desprecia y minimiza lo que viene de la tierra y se produce en la comunidad. Se ha dejado de adorar y cuidar a la montaña y los suyos, se ha dejado de disfrutar y caminar al ritmo del tiempo. Ahora se intercambia todo esto por algo que ha adquirido un valor absoluto, por lo que nos han dicho que sin ello no podemos vivir y que nunca es suficiente; siempre hay que tener más, por el tan afamado dinero. Hay muchas otras personas que resisten ante esto, luchando todos los días por no perder su identidad, por preservar y transmitir sus conocimientos, prácticas y formas de vida, viviendo y reviviendo la cotidianidad del campo, la cocina, la montaña, con la familia y comunidad.
Ante este contexto, personas de la comunidad nos seguimos organizando, dialogando, innovando o camuflajeando, según sea el caso. Hoy creemos que compartir con los lectores un poco de nuestro conocimiento en torno a los hongos es un llamado a los nuestros a voltear a la montaña, regresar a caminarla, escucharla y vivir con ella, platicar con los abuelos, seguir resistiendo. También es una invitación a los ajenos a valorar y respetar otros conocimientos, no para apropiarse o lucrar con ellos, sino para reconocerlos como algo tan valioso como los de Occidente. Si no se ha escrito tanto de estos como se ha hecho de otros, es porque las formas en las que se comparten y aprenden son muy distintas a las que nos ha enseñado la cultura dominante.
Imagen 13. Algunos hongos recolectados por el Grupo Biocultural Yoloaltepetl

Nota: Fotografía de Eribel Bello, 2024.
Referencias
Bello-Cervantes, E., Correa-Metrio, A., Montoya, A., Trejo, I. y Cifuentes, J. (2019). Variation of ethnomycological knowledge in a community from Central Mexico. Journal of Fungal Diversity, 1(1), 6-26. https://doi.org/10.14302/issn.2766-869X.jfd-19-2718
Bello-Cervantes, E., Trejo, I., Figueroa, F. y Cifuentes, J. (2023). Indigenous Traditional Knowledge on Wild Edible Mushrooms: Cultural Significance, Extraction Practices, and Factors Leading to Changes in Their Abundance in Central Mexico. Journal of Ethnobiology, 43(4), 351-372. https://doi.org/10.1177/02780771231211984
Instituto Nacional de Estadística y Geografía (2017). Anuario estadístico y geográfico de Tlaxcala 2017. INEGI.
López-Domínguez, J.C. y Acosta, R. (2005). Descripción del Parque Nacional Malinche. En J.A. Fernández y J.C. López (comps.), Biodiversidad del Parque Nacional La Malinche (pp. 3-24). Coordinación General de Ecología, Gobierno del Estado de Tlaxcala.
Montoya, A., Torres-García, E.A., Kong, A., Estrada-Torres, A. y Caballero, J. (2012). Gender differences and regionalization of the cultural significance of wild mushrooms around La Malinche Volcano, Tlaxcala, México. Mycologia, 104(4), 826-834. https://doi.org/10.3852/11-347
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