Elotlamanilistli: Ensayo visual sobre una pedagogía del cuidado

Carlos David González Aguilar[1]
Universidad Iberoamericana

Contenido

El presente ejercicio de fotoensayo se desarrolla a partir del registro audiovisual etnográfico realizado durante el año 2024 en la comunidad de Teácatl Amatlán, perteneciente al municipio de Chicontepec, Veracruz. Este material visual tiene como marco cultural la realización de la ceremonia conocida localmente como elotlamanilistli.[2] Esta práctica es parte del acervo cultural de los pueblos nahuas asentados en la región huasteca del norte de Veracruz y ha sido documentada históricamente por otros antropólogos, quienes, ante lo impresionante del despliegue de acciones, aromas y colorido, la han catalogado como parte de la ritualidad, religiosidad o cosmovisión de este grupo. Ahora, en el contexto actual en el que las inclemencias del cambio climático se manifiestan sobre todo mediante ciclos de temperaturas extremas y estrés a los sistemas productivos alimentarios de los pueblos indígenas, surge la pregunta: ¿Qué hay más allá de una relación alimenticia con el maíz?

Imagen 1. Selección de la cosecha nueva

Nota: Todas las fotografías fueron tomadas por Carlos David González Aguilar (a menos que se indique lo contrario) en Teácatl Amatlán, Chicontepec, Veracruz, en 2024.

De este cuestionamiento nace una reflexión especulativa y creativa, la cual busca comprender este tipo de actividades ceremoniales como tecnologías de conocimiento relacional, sustentadas en lo que he denominado “pedagogías del cuidado”, a partir de hallar en el contexto etnográfico de las comunidades nahuas o masewal de la Huasteca narrativas que ilustran una relación humana con el maíz que trasciende un vínculo solo alimenticio o productivo. Meditación surgida del encuentro con el concepto de nimokwitlawis, el cual se entiende como “cuidado” o “mantenimiento”. En este sentido, tomar nuestros registros de campo como reflexión teórica o teoría etnográfica nos permite ampliar nuestra mirada analítica y generar propuestas actualizadas sobre temáticas ya abordadas.

Imagen 2. Custodiando las matas de maíz

El desarrollo descriptivo de las imágenes contempla todo el entramado de acciones que conforman el elotlamanilistli. Desde la búsqueda de las espigas y el traslado de los elotes hasta la recepción de las plantas de maíz y todas las acciones desplegadas con el fin de recibir y agradecer al espíritu del maíz por sortear los peligros en medio del monte y resistir para poder proveer de un ciclo de alimentación a la familia que lo acoge.

Imagen 3. Maíz y altar familiar

El preámbulo

En septiembre de 2024, mientras realizaba una visita a la milpa de la familia Domínguez, doña Genoveva, nos comentó a mi esposa y a mí que su esposo, don Eulalio, se sentía mal, que había estado incómodo en los últimos días porque había estado soñando con el maíz y eso lo inquietaba y preocupaba, pues no contaban con el suficiente dinero para realizar su ofrenda o tlamanas.

Imagen 4. Recibimiento del elote nuevo

Debo confesar que desde mis primeras visitas a la región huasteca, esta ceremonia me había interesado y nunca había tenido la oportunidad de observarla; sin embargo, ahora parecía cambiar mi suerte. Don Eulalio, al encontrarlo en la milpa, se miraba cabizbajo y comentó que tenía un fuerte dolor de rodillas, que ya no lo dejaba trabajar bien. Cabe mencionar que este hombre septuagenario ha trabajado solo la mayoría del tiempo, ya que considera que los jóvenes jornaleros no tienen el mismo cuidado para tratar y trabajar la milpa.

Imagen 5. Don Eulalio recolectando la espiga

Después de cortar chiles y buscar calabazas, volvimos a la casa, sin tener una respuesta concreta sobre la realización del elotlamanilistli. Lo que dejó abierta la posibilidad de que se pudiera realizar en las próximas semanas.

La premonición

Mientras platicaba con don Eulalio en su milpa me refirió que soñaba con el elote, el cual le hablaba y rondaba por su milpa. Para él, este ser es la representación del niño maíz o Chicomexochitl (“siete flores”), como lo conocen en la región, quien siempre está cerca de él. Lo cual narra de la siguiente manera:

[En una ocasión previa] En ese día en la mañana, en la madrugada me fui a ver a Simontsin, le conté que cosa lo vi […] -hum- ¿y ya hiciste tlamanas? [le preguntó Simontsin] no, todavía no, respondió Eulalio […] ¿y sus flores?, tampoco esas […] ah, es elotito, dice Simontsin […] es elote, tú no le haces caso y siempre haces esa costumbre y por eso te avisa.

Y sí lo vi. Ahora tiene poco, como tres semanas, ahí estuve, donde está el árbol, ahí estuve trabajando y lo dejé sentido como me agarró atrás un ejército, vino agarrarme aquí atrás, un ejército, sí […] pero no es nada. Cuando llegué a la casa, le dije a la señora […] pero es elotitos. Lo sueño mucho, porque yo lo hago y ahorita no lo he hecho […] es muy caro hacer eso […] bandas no [refiriéndose a la música], porque ese no es alegría, es una tristeza, así como dice el wewetlakatl “así como lo trajiste de su casa y ahorita ya llegó otra vez a su casa, que no esté llorando aquí todo el tiempo, de noche y de día, ya llegaste a tu casa” […] Mis hijos ya casi no quieren ver esa costumbre. Pero este [refiriéndose su esposa a él] siempre lo sueña y lo llora. (comunicación personal, octubre de 2024)

Tenía la preocupación de realizarle su ofrenda porque desde pequeño era una costumbre que le había inculcado su padre, quien siempre realizaba este ofrecimiento para agradecerle al maíz por sufrir y sobrevivir un ciclo ante las inclemencias que vive en medio del monte o, tal como lo refirió don Eulalio, “en su casa”. De esta preocupación surge la idea de que en muchas ocasiones el elote puede llegar a enfermar, pero también puede curar a las personas debido a la fuerza “nueva” que tienen las nuevas mazorcas. De ahí que se tenga la costumbre de curar a personas enfermas o fortalecer el espíritu de niños recién nacidos durante la ceremonia.

Imagen 6. Pidiendo permiso frente al altar

La recepción

A finales de septiembre recibí la llamada de don Eulalio y doña Genoveva para invitarnos a la ofrenda del elote que realizarían en los primeros días de octubre. Tras la organización previa que habían realizado junto con sus vecinos y familiares, procedieron a hacer la ofrenda.

Imagen 7. Trabajando con las flores

Imagen 8. Trabajando con el maíz

El día inició con los trabajos de los hombres, quienes, en un grupo reducido, irían por los elotes y las espigas de las matas para recibirlas en el domicilio. Para ello nos trasladamos hasta la milpa. Al llegar don Eulalio le explicó al joven que le ayuda que tenía que ir a buscar las espigas más bonitas en cada esquina de la parcela, recolectarlas y trasladarlas a la casa. De la misma manera, los demás acompañantes fueron en busca de “los más bonitos” elotes y cañas de maíz.

Imagen 9. Buscando la espiga

Al llegar a la primera espiga notamos que don Eulalio se acercó con mucha paciencia al joven y le explicó qué tenía que hacer. Tomó una cera amarilla y la pasó alrededor de la espiga, al mismo tiempo que decía unas palabras, las cuales fueron imperceptibles. Al preguntarle por esta acción nos compartió que era para limpiar y quitarle el mal aire que pudiese haber agarrado en el monte. La actividad finalizó con la carga de los elotes que se utilizarían en la ceremonia.

Imagen 10. Juntando la espiga

La hospitalidad

Al regresar de la milpa, todo lo que fue recolectado se colocó en la entrada del solar. Ahí ya esperaba el wewetlakatl (especialista ritual), quien es el encargado de llevar todo el protocolo de la ceremonia. Para este momento, la música del trío ya estaba presente, entonando los sones correspondientes a esta celebración.

Imagen 11. La bienvenida

Posterior al recibimiento, todos los canastos de elotes, las matas y la espiga fueron limpiados o “barridos”, para evitar que llevaran algún aire que afectara a los presentes. Enseguida se pidió permiso frente al altar doméstico para iniciar con la ofrenda. Algunos costales fueron tomados y llevados a un fogón improvisado sobre el cual se pusieron a hervir algunas mazorcas para compartir más tarde.

Imagen 12. La barrida del elote

Al término se comenzó a preparar todo lo relacionado con los ofrecimientos para el elote, el cual ha pasado por un proceso de transformación evidente, que inicia con el desarrollo de la caña, llegando a la fase de espigado y hasta la maduración del fruto (momento en el que se considera un niño). Concluye con la fase de grano, cuando se convierte en mamá.

Imagen 13. Recibimiento del elote nuevo

Los primeros elementos que se integran a las mazorcas son el atavío, mediante servilletas que le arropan y algunos adornos realizados con flores de cempoalxochitl, como el xochikoskatl (collar de flores), que lo distingue como un recién llegado apreciado, y las hojas de totomoxtle con las que forman un adorno llamado maxochitl (flor de mano), un objeto distintivo de quien lo porta. Los conjuntos de mazorcas se realizan atando un grupo de cuatro y otro de tres, los cuales al integrarse dan como resultado siete, que es referente a la semilla o Chicomexóchitl. De esta manera, la transformación de ser vegetativo en ser humanizado acontece al incorporar los objetos con los que es recibido, entre ellos la cera, la cual es entendida como el medio a través del cual se puede ver y dialogar.

Imagen 14. Atavío de Chicomexochitl

La recepción y el traslado hacia el altar familiar se realiza dando la bienvenida por parte de los anfitriones a toda la comunidad presente. Al ingresar a la casa se coloca una serie de alimentos y bebidas sobre el altar para compartirlas con el maíz, el cual recibirá y nutrirá su cuerpo y espíritu, recordando que una parte de él sigue en la milpa hasta que no se levante toda la cosecha. En el caso de la espiga, se le ofrenda para reforzar cada una de las matas y sus frutos, recordando que su florescencia permite el desarrollo de estos, por lo cual esta fase es un punto crítico para la obtención de la cosecha. Esta ofrenda a la espiga antes era una sola celebración, pero por los altos costos de cada ofrenda se ha juntado con la ofrenda al elote.

Imagen 15. El recibimiento

Imagen 16. Hablándole al maicito

El cuidado recíproco o nimokwitlawis

Al finalizar con las ofrendas, sobre la “cama” de mazorcas que se ha colocado frente al altar (el cual podría ser considerado otro cuerpo del maíz), se coloca la ofrenda mayor, que corresponde a un pollo entero. Todos los presentes danzan, sahúman y pasan a saludar al elote, como un acto de agradecimiento y correspondencia mutua, que en un sentido más amplio se puede entender como la pervivencia de una interdependencia manifestada a través del cuidado y la memoria. Elementos que activan toda una serie de conocimientos, prácticas y saberes que se traducen en una preocupación mutua por las condiciones de seguridad y cuidado del maíz durante todo su proceso de desarrollo, considerando también que la supervivencia del bienestar familiar depende del buen desarrollo de la cosecha.

Imagen 17. Comida y bebida para el elote

Esta relación estrecha entre personas y maíz es más clara cuando al cierre de la ceremonia se retiran las ofrendas de la cama de mazorcas y se coloca sobre ella a los infantes, quienes fortalecen su espíritu teniendo como compañía al espíritu del maíz. Basta recordar que en muchas ocasiones los adultos que se encuentran enfermos también son llevados y limpiados con un elote, a lo que señalan que las molestias disminuyen.

Imagen 18. Fortalecer el tonal

Nota: Fotografía de Francisco Hernández.

Así, la preocupación y el cuidado son actos recíprocos entre humanos y maíz, recordándonos que la memoria activa enseñanzas y valores que se remueven ante situaciones críticas y de incertidumbre. Con lo cual, el saber alojado en las comunidades permite identificar posibles rutas para un mejor desarrollo de vida y alimentación interdependiente en un mundo colapsado.

Imagen 19. Rastro de plaga en el elote

Nota: Fotografía tomada en Ixcacuatitla de los Pinos, Chicontepec, Veracruz.


  1. Doctorante en Antropología Social |Correo electrónico: avancesdg2026@gmail.com ↑
  2. Término que se compone del verbo “ofrendar” u “ofrecer” (tlamana) y del sustantivo elotl (“elote”), cuya traducción sería “ofrenda para el elote”. ↑