Betsabé Piña Morales[1]
Estudiante de doctorado en Antropología, CIESAS CDMX
Oaxaca de Juárez
Foto: Betsabé Piña Morales[2] (México, 2023)
I
Oaxaca se anuncia como uno de los mejores destinos turísticos en los últimos años: es un paraíso por su comida, por sus artesanías, por sus atractivos culturales y naturales, y porque su gente es muy amable.
Oaxaca es reconocido actualmente como uno de los estados con mayor riqueza lingüística, cultural y natural, identidad y diversidad que le ha valido el reconocimiento jurídico de un estado multiétnico, el cual ha logrado el respeto a las prácticas tradiciones de cada comunidad. Sin embargo, actualmente la capital se debate entre los derechos culturales y la mercantilización del espacio y la cultura.
“Oaxaca está de moda”, se puede leer a la entrada de una tienda en el centro de la ciudad, así como muchas otras frases que exaltan los colores, los tejidos, los rostros indígenas. Los derechos culturales, que ha sido un debate reciente, resguardan la dignidad humana y el derecho de las personas a participar en “la vida cultural”. Sin embargo, en la ejecución las iniciativas han promovido “actividades, espacios, festividades o tradiciones que resultan rentables para el mercado” (Valtierra y Bernal, 2020: 498), pero paradójicamente selectivas y excluyentes de los actores locales de la región. Dice Guy Debord (1995: 9): “el espectáculo constituye el modelo presente de la vida socialmente dominante”
II
Oaxaca está de moda
La ciudad de Oaxaca era una ciudad quieta. Durante las primeras décadas del siglo pasado, las transformaciones en el trazo y obras urbanas apenas se percibían. La fundación de nuevas colonias, sin embargo, apuntaba al reordenamiento de la capital donde los grupos de poder buscaban tener inversiones en el ámbito inmobiliario.[3]
La ciudad ha sido históricamente el centro comercial y de población más importante. Pero sobre todo, y desde ese momento, fue un punto administrativo que concentraba las demandas sociales de las luchas magisteriales, políticas y económicas de las comunidades oaxaqueñas.
Brenda[4] vivió desde niña en la ciudad de Oaxaca. Su mamá trabajaba en una oficina de gobierno y ella iba a la escuela, andaba por las calles de este lugar desde hace 25 años, cuando muchos de los dueños de las principales casas del centro de la capital migraron a otros lugares. “Caminar por ahí daba miedo”. Eran casonas oscuras, con muros altos y viejos. Pero, luego, las constructoras comenzaron a comparar los espacios y rehabilitarlos. En los últimos años los servicios y productos que antes eran muy accesibles se encarecieron. Ahora, la mayoría de las personas que caminan por el centro de la ciudad no son oriundos de allí.
Imaginarios urbanos. Oaxaca de Juárez, México, 2023. Fotografía: Betsabé Piña Morales.
“Resistir, luchar, vencer”, anuncia la lona de un campamento instalado en el zócalo de la capital. En ese mismo espacio folklorizado conviven otras imágenes más llamativas pero menos coloridas. La capital oaxaqueña convoca las demandas de la lucha ciudadana que visibiliza la desigualdad y problemas sociales. Los pobladores de diferentes pueblos se manifiestan ante las violencias y los despojos sufridos a manos del Estado mexicano, y que en su mayoría favorecen a la elite económica del país.
Resistir, luchar y vencer. Oaxaca de Juárez, México, 2023. Fotografía: Betsabé Piña Morales.
III
Las paredes hablan.
Las paredes de Oaxaca de Juárez cuentan muchos eventos. Algunas son verdaderas manifestaciones artísticas de la larga tradición de grabado en la región. Otras son paredes parchadas que tapan las pintas de las constantes protestas. Otras más expresan el creciente proceso de gentrificación y turistificación, donde se contraponen puntos de vista.
La apuesta por el turismo en los centros históricos de las diversas capitales produce espacios y productos llamativos para los visitantes (Hiernaux y González, 2014). En Oaxaca los negocios como galerías, restaurantes, hoteles o terrazas han crecido de manera exponencial. No hay que perder de vista que existe también un proceso de reapropiación por parte de los mismos residentes, quienes presentan una mirada más selectiva en la manera de habitar el espacio central de la ciudad.
En el andar y observar la ciudad de Oaxaca llegan nuevos rostros para habitar los espacios remodelados. Entre el ruido, en el ir y venir de los turistas y de los nuevos residentes, permanecen rostros viejos en la urbe. En las calles la pobreza o la resistencia duermen en la calle. Y como Pablo Fernández Christieb (2005: 61) escribe en un ensayo sobre La ética del espacio: “el poder es el acto de quitar el espacio, con lo cual la gente ya no puede aproximarse, aprojimarse”.
Bibliografía
Debord, Guy
1995 La sociedad del espectáculo, Santiago de Chile, Ediciones Naufragio.
Fernández Christlieb, Pablo.
2005 La velocidad de las bicicletas y otros ensayos de la vida cotidiana, Guanajuato, Vila.
Hiernaux, Daniel y Carmen Imelda González
2014 “Turismo y gentrificación: pistas teóricas sobre una articulación”, Revista de geografía Norte Grande, núm. 58, pp. 55-70.
Valtierra Zamudio, Jorge y Ricardo Bernal Lugo
2020 “Día de Muertos” en Oaxaca: mercantilización y folklorización del patrimonio cultural”, Kamchatka, Revista de análisis cultural, núm. 15, pp. 457-517, https://doi.org/10.7203/KAM.15.16943.
[1]Estudiante del Doctorado en Antropología| Correo: b.pina@ciesas.edu.mx
[2] Todas las fotografías son de Oaxaca de Juárez y pertenecen a Betsabé Piña Morales.
[3] Para ahondar en el tema se puede consultar el trabajo de Danivia Calderón, 2020: “Francisco Vasconcelos y la fundación de la colonia Díaz Ordaz en la ciudad de Oaxaca, 1898”, Oficio, revista de historia e interdisciplina.
[4] Comunicación personal con Brenda Rodríguez, actual regidora de Educación de Santo Domingo Yanhuitlán, a quien agradezco la plática sobre su vivencia en la ciudad de Oaxaca.