William Menchú-Say[1]
Karina Poveda Coto[2]
Cristina Fueres-Guitarra[3]
Ireana Lara-Damken[4]
Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza
Ileana Moya Obando[5]
Clan Tsiru, asociación Kjala Bata de Alto Pacuare,
Alianza de Mujeres Indígenas de Costa Rica

Participantes durante el encuentro de lideresas de la Alianza Nacional de Mujeres Indígenas realizado en el CATIE, en junio de 2025. Archivo personal de Karina Poveda
Resumen
Este artículo documenta la conformación de la Alianza Nacional de Mujeres Indígenas de Costa Rica como un proceso organizativo sin precedentes que articula, por primera vez, a lideresas representantes de los ocho pueblos indígenas del país (huetar, maleku, bribri, cabécar, brunka, ngäbe, bröran y chorotega). Por medio de una metodología participativa que incluyó entrevistas, grupos focales, talleres y visitas de campo, se recopilaron los relatos y experiencias compartidas de las mujeres relacionadas con las problemáticas transversales en áreas culturales, educativas, laborales, territoriales y de salud, así como formas específicas de violencia de género. Como respuesta, la alianza propone diecinueve soluciones estratégicas centradas en el fortalecimiento cultural, la educación intercultural bilingüe, el reconocimiento territorial y el empoderamiento económico. Particularmente, la falta de acceso a la educación se identificó como una de las barreras que enfrentan las mujeres indígenas, en la que la intersección de género, etnia y clase social crea obstáculos para su desarrollo académico y profesional. A pesar de ello, el acceso a la educación parece haber tenido un rol importante en el trayecto de las lideresas de la Alianza, facilitando su organización y su conformación.
Palabras clave: mujeres indígenas; liderazgo femenino; pueblos originarios; participación política; Costa Rica
Introducción
En Costa Rica, los ocho pueblos indígenas representan el 2.4% de la población (IWGIA, 2024), equivalentes a aproximadamente 121,000 personas según el Censo 2022 (INEC, 2023). Estos pueblos se componen de ocho grupos étnicos, (1) huetar, (2) maleku, (3) bribri, (4) cabécar, (5) brunka (boruca), (6) ngäbe, (7) bröran (térraba) y (8) chorotega, distribuidos en 24 territorios oficiales, además de la comunidad de Sixaola, localizados en siete provincias del país (IWGIA, 2024).
En este contexto, aunque Costa Rica es una sociedad heterogénea y étnicamente diversa, distintos estudios han mostrado que persiste una percepción social que deslegitima esta diversidad cultural. Según Solano et al. (2023: 22), “para el año 2019, el 8% de la población entrevistada consideró que ya no existen pueblos indígenas en el territorio nacional y un 9% reflexionó que es un sector de la población sin interés en participar de la dinámica nacional”. Estos datos evidencian tanto el desinterés como las formas de discriminación histórica hacia los pueblos indígenas, a quienes con frecuencia no se les reconoce su legado y se les ha estigmatizado con prejuicios que los califican como no trabajadores, carentes de educación o poco desarrollados.
En el ámbito educativo, estas percepciones discriminatorias se traducen en barreras que impiden el acceso, permanencia y éxito académico de las poblaciones indígenas. Para las mujeres indígenas, esta situación se agudiza, creando lo que las propias lideresas describen como “un laberinto sin salida” donde cada puerta que logran abrir revela nuevos obstáculos, como la falta de información, el acceso, falta de acompañamiento de instituciones y los costos asociados al estudio. Las lideresas también expresan que “cuando una mujer indígena llega a la universidad, no solo carga con el peso de representar a su comunidad, su clan, su familia, sino que, debe demostrar constantemente que merece estar ahí, que no es una excepción sino el resultado de una lucha constante para adquirir el conocimiento occidental”. Esta situación termina creando un ciclo en el que las mujeres no pueden acceder, o los abandonan, a espacios educativos que les sumen herramientas para organizarse y hacer frente a la discriminación y exclusión desde su propia construcción colectiva.
Por otro lado, las mujeres indígenas enfrentan una triple discriminación: por ser mujeres en una estructura patriarcal, por ser indígenas en un contexto de colonialidad persistente y por pertenecer a sectores económicamente precarizados (Curiel, 2007). En el contexto educativo, esta triple discriminación se manifiesta con comentarios particularmente crueles, excluidas de los sistemas educativos escuchando constantemente, por ser mujeres, que “las mujeres no necesitan estudiar”, por ser indígenas, que “no tienen capacidad intelectual”, y por su condición socioeconómica, “la educación no es para pobres”. Esta interseccionalidad de opresiones extiende las barreras a los espacios de toma de decisiones, y continúa con ciclos de exclusión que se transmiten generacionalmente.
Lo anterior puede explicar la ausencia de representación de las mujeres indígenas en espacios de toma de decisiones e incidencia política en Costa Rica, si se suma a esta problemática la desarticulación de los sistemas de gobernanza tradicionales, a causa de la imposición de estructuras jerárquicas occidentalistas (Hernández y Suárez, 2008). Aunque, según Muñoz (2024), la representación femenina en el ámbito político alcanzó un 47.62%, estas cifras no reflejan la realidad de las mujeres indígenas, cuya participación sigue limitada por barreras estructurales vinculadas con su estatus social, económico y cultural.
Por otro lado, la fragmentación del territorio indígena en 24 territorios distribuidos en siete provincias constituye un obstáculo para la movilización y la coordinación entre pueblos. Esta dispersión provoca que las problemáticas específicas de las mujeres indígenas se aborden de forma aislada y, al mismo tiempo, facilita que las instituciones estatales desconozcan las estructuras organizativas propias de los pueblos originarios, generando un vacío de representación (Sieder, 2017).
En relación con el tema de educación, la fragmentación territorial obliga a las mujeres indígenas que buscan estudios superiores a abandonar sus territorios, perdiendo sus redes de apoyo y desconectándose de sus saberes ancestrales. Esta fragmentación ha resultado en la ausencia total de programas universitarios diseñados desde y para las cosmovisiones indígenas. Además, debilita la capacidad de incidencia política a nivel nacional, lo que, a su vez, dificulta la articulación de una agenda común que responda a las dinámicas y necesidades de las lideresas indígenas.
En este contexto surge la necesidad de articular las voces de las mujeres indígenas para avanzar en el reconocimiento y cumplimiento de las obligaciones del Estado hacia los pueblos originarios, lo que da origen a la Alianza Nacional de Mujeres Indígenas de Costa Rica. Esta iniciativa no sólo representa una respuesta táctica frente a la marginalización histórica, sino que también representa un proceso de reconstitución del tejido social y político de las mujeres indígenas, recuperando formas ancestrales de organización colectiva adaptadas a los desafíos contemporáneos. Autoras como Lugones (2008) denominan a estos espacios como “resistencia a la colonialidad del género”, puesto que se constituyen espacios de mujeres indígenas donde los procesos de organización colectiva trascienden a la agregación de demandas individuales para constituirse como una propuesta política integral orientada a cuestionar los elementos de exclusión de un sistema patriarcal occidental.
En este artículo se presenta una síntesis del proceso de consolidación de la Alianza Nacional de Mujeres Indígenas de Costa Rica, concebida como una experiencia organizativa que conjuga estrategias de resistencia, recuperación cultural y participación política. El documento se estructura en tres apartados principales: primero, se expone el enfoque metodológico que orientó la investigación; en segundo lugar, se presentan los resultados, que reconstruyen el proceso histórico de conformación de la Alianza a partir de entrevistas, talleres y la información sistematizada por las propias lideresas; y, finalmente, se desarrollan las conclusiones, que evidencian los aportes de este tipo de colectivos para fortalecer espacios de articulación propios de las mujeres indígenas como mecanismos para incidir en la reducción de las brechas de discriminación estructural y para promover acciones con pertinencia cultural.
Metodología
Este estudio se realizó con un enfoque cualitativo, participativo e intercultural, empleando información proveniente de entrevistas semiestructuradas, talleres, visitas de campo y encuentros de lideresas, que han sido parte del acompañamiento técnico brindado por el Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza (CATIE) a la Alianza Nacional de Mujeres Indígenas de Costa Rica.
El trabajo se sustentó en cuatro fuentes principales de información. En primer lugar, los talleres realizados durante el Encuentro de la Alianza el 4 de septiembre de 2024, en los que se construyó colectivamente la identidad de la Alianza, se identificaron problemáticas y demandas de las comunidades, y se generaron propuestas de solución. Estos insumos se consolidaron en la Agenda de Trabajo de la Alianza, documento central para el análisis. En segundo lugar, se realizaron 35 entrevistas semiestructuradas presenciales y virtuales en 21 territorios indígenas, en el marco del proyecto regional CIESAS-IDRC que implementa CATIE en Costa Rica, con el fin de analizar condiciones de ingreso, permanencia y abandono de las personas indígenas a la educación superior, así como factores personales, familiares, comunitarios e institucionales que condicionan estos procesos. Estas entrevistas revelaron testimonios sobre las barreras que enfrentan las mujeres indígenas en su trayectoria educativa.
Como tercera fuente se consideró la visita de campo realizada en marzo del 2025 a la Asociación de Mujeres Indígenas Cabécar Kjalá Bata de Alto Pacuare, para dar seguimiento a la agenda de la Alianza y fortalecer el trabajo colaborativo, documentando experiencias, problemáticas prioritarias e iniciativas locales de fortalecimiento cultural, educativo y ecológico.
Finalmente, en el marco del proyecto CIESAS-IDRC-CATIE se realizó el encuentro de lideresas del 13 al 15 de junio de 2025 en las instalaciones del CATIE, lo que permitió validar hallazgos en el tema de la educación superior, y reflexionar sobre la visión, misión, y priorización de las líneas de acción y la organización interna de la Alianza.
Resultados
Del silencio a la organización colectiva
Los orígenes
La Alianza Nacional de Mujeres Indígenas surge como una iniciativa liderada por mujeres del territorio cabécar de Alto Pacuare, quienes, desde su experiencia comunitaria, buscaron trascender los límites de la acción local para generar incidencia política y social a nivel nacional y proponer soluciones articuladas desde sus propias cosmovisiones y conocimientos ancestrales. Sus primeras acciones se remontan al año 2023, cuando se elaboró un documento de recopilación de las historias y experiencias de lideresas como Noyle Salazar Murcia, Stephanie Blanco, Mirna Román, Yanory Rojas Morales, Sandra Obando y Elides Rivera. Estos testimonios revelaron patrones comunes de exclusión y resistencia, además de compartir la visión de construir una red nacional de mujeres indígenas comprometidas con la defensa de una cultura e identidad que sigue viva y transmitiéndose de generación en generación en busca de justicia, pertinencia cultural y de su territorio.
La construcción de una red nacional
El proceso de articulación de la alianza se materializó a través de encuentros estratégicos que permitieron el reconocimiento mutuo, el intercambio de experiencias y la construcción de confianzas entre lideresas de diferentes territorios. Cabe destacar que varias de estas lideresas formaron parte del programa de extensión universitaria para Técnico en Gestión Local de la Universidad de Educación a Distancia (UNED). El primer conversatorio, realizado en la Universidad de Costa Rica en Turrialba en septiembre de 2023, constituyó un hito fundacional al convertirse en el primer espacio colectivo en el que las participantes compartieron reflexiones sobre su cultura, identidad y legado en la sociedad costarricense. Posteriormente, en octubre del mismo año, se llevó a cabo el encuentro Historias No Contadas, que reunió a 22 mujeres indígenas de diversos pueblos originarios en el Colegio de Abogados de Costa Rica. Este espacio permitió visibilizar experiencias de resistencia, reafirmar la importancia del liderazgo femenino y avanzar en la construcción de una agenda común. El proceso culminó en el II Encuentro Nacional, celebrado en CATIE, Turrialba, en septiembre de 2024, donde más de 70 personas consolidaron oficialmente la Alianza con la participación de 46 lideresas representantes de la mayoría de las naciones indígenas del país. Este evento fue un momento histórico de reconstitución del tejido organizativo de las mujeres indígenas a nivel nacional, al oficializar la creación de la Alianza como un colectivo con capacidad de incidencia en la defensa de derechos, la pertinencia cultural y la visibilización de las mujeres indígenas.
De cara al 2026, se espera la realización de un nuevo encuentro nacional con la representación de las ocho naciones indígenas, con el propósito de ampliar la base organizativa de la Alianza, fortalecer los vínculos interinstitucionales y sumar esfuerzos colectivos hacia la construcción de una sociedad más justa, intercultural e inclusiva.
Problemáticas identificadas
Como resultado del segundo encuentro de la Alianza, se elaboró una Agenda de Trabajo de la Alianza Nacional de Mujeres Indígenas, que detalla las problemáticas que viven las mujeres indígenas, sus fortalezas comunitarias y las propuestas de transformación. Esta agenda constituye un instrumento estratégico para la incidencia política, la planificación de acciones interterritoriales y el fortalecimiento del liderazgo femenino indígena a nivel nacional. Las siete problemáticas centrales que afectan de forma diferenciada a las mujeres indígenas en Costa Rica se presentan a continuación:
- Pérdida de identidad cultural: Influencia occidental que aleja a jóvenes de tradiciones y lenguas ancestrales.
- Educación sin pertinencia cultural: Sistema educativo que excluye enfoques interculturales y profesionales indígenas.
- Falta de servicios básicos: Carencias en agua potable, telecomunicaciones y transporte, además de brecha digital.
- Explotación laboral: Abuso por empresas extractivas y desestimación de cargos ancestrales.
- Derechos territoriales vulnerados: Ausencia de reconocimiento jurídico y presencia de terceros en tierras indígenas.
- Deterioro del bienestar comunitario: Aumento de alcoholismo, drogadicción, depresión y suicidio entre jóvenes.
- Violencia contra mujeres indígenas: Violencia intrafamiliar, política, sexual y machismo estructural.
Esta agenda realza que, de estas siete problemáticas, cinco están directamente relacionadas con procesos educativos o tienen implicaciones educativas profundas (1,2,3,5,7), lo que subraya la importancia del tema educativo en las preocupaciones de las mujeres indígenas
Fortalezas comunitarias
Dada la diversidad cultural de los 7 pueblos de Costa Rica, es importante identificar fortalezas y elementos en común que apoyen la identificación y apropiación con la Alianza y den un punto de apoyo común que sostenga los procesos de trabajo para el reconocimiento de esta diversidad. Como parte de esto, las participantes destacaron tres fortalezas fundamentales: la identidad cultural sólida con saberes ancestrales transmitidos por generaciones, la riqueza cosmogónica y los valores de respeto que fundamentan las raíces comunitarias.
Cabe destacar que las fortalezas de identidad cultural y riqueza cosmogónica son una de las preocupaciones de las mujeres, ya que la discriminación y la imposición de la cultura occidental están causando su pérdida. A lo largo de las entrevistas, talleres, encuentros y reuniones, han señalado la importancia de incluirlos en los procesos educativos para hacer frente a esta problemática.
19 propuestas para la transformación
Las mujeres construyeron colectivamente 19 propuestas organizadas en cinco ejes estratégicos que constituyen una agenda integral de transformación. Estas propuestas, nacidas del liderazgo y la experiencia de las mujeres indígenas, buscan un desarrollo integral y sostenible a través de un enfoque culturalmente respetuoso y participativo.
Fortalecimiento económico: (1) agrupaciones para la comercialización y comercio justo. (2) Seguridad alimentaria sostenible.
Educación intercultural: (3) Educación intercultural bilingüe en todos los niveles. (4) Instituciones de educación superior dirigidas por pueblos indígenas.
Reconocimiento cultural y legal: (5) Censos específicos y reconocimiento de clanes. (6) Integración de tradiciones en la educación nacional. (7) Lenguas originarias como patrimonio cultural. (8) Normas contra discriminación étnica.
Participación política y derechos: (9) Consultas previas libres e informadas, (10) Cumplimiento de convenios internacionales. (11) Reconocimiento de estructuras de gobernanza. (12) Licencias para empresas responsables.
Empoderamiento femenino: (13) Programas de empoderamiento para mujeres. (14) Fortalecimiento de la Alianza. (15) Encuentros comunitarios inclusivos. (16) Capacitación organizacional. (17) Atención en salud culturalmente pertinente. (18) Espacios recreativos y culturales. (19) Uso estratégico de tecnología.
De estas 19 propuestas, 12 están directa o indirectamente relacionadas con procesos educativos, lo que confirma la centralidad del tema educativo en la agenda de la Alianza Nacional de Mujeres Indígenas.
La Alianza en acción
Reconocimiento institucional
La consolidación de la Alianza se materializó a través de la firma de un documento de compromiso respaldado por nueve instituciones estratégicas: la Embajada de Bolivia, el Hospital William Allen Taylor, la Embajada de Canadá, el Instituto Tecnológico de Costa Rica (ITCR), el CATIE, el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), la Universidad Técnica Nacional (UTN), y el Instituto de Desarrollo Rural (INDER), y el apoyo de la diputada Rosaura Méndez. Si bien todas estas instituciones firmaron el compromiso, la UTN y el INDER brindaron apoyo puntual con el transporte de algunas personas, mientras que el ITCR y el CATIE han sido las únicas instituciones que han traducido este respaldo en apoyo activo y sostenido, contribuyendo de manera integral con transporte, acompañamiento técnico, logístico, financiero, entre otros, lo que refleja el reconocimiento y apoyo de la relevancia del tema educativo en la agenda de la Alianza.
Prioridades 2025-2026
La Alianza definió cinco prioridades: (1) fortalecimiento interno, (2) educación universitaria para jóvenes indígenas, (3) revitalización de lenguas originarias, (4) uso estratégico de tecnología, y (5) vínculos efectivos con instituciones estatales. Es notable que tres de estas cinco prioridades están directamente relacionadas con procesos educativos, confirmando la centralidad de este tema en la agenda de la Alianza.
Discusión y conclusiones
La conformación de la Alianza Nacional de Mujeres Indígenas representa un momento histórico en la organización del liderazgo y empoderamiento femenino indígena costarricense que trasciende las demandas sectoriales para constituirse en una propuesta política integral que elimine la exclusión en un sistema de gobernanza occidental. Las problemáticas identificadas por las participantes reflejan patrones de exclusión que requieren transformaciones profundas en las políticas públicas, pero también en las estructuras sociales y culturales que perpetúan la marginalización (PNUD, 2022). La comprensión de esta complejidad únicamente puede realizarse desde las propias voces de las mujeres indígenas, las cuales han comenzado a sistematizar estas voces y sus acciones para erradicar la exclusión del colonialismo y ser reconocidas desde sus propios sistemas de gobernanza y gestión.
Las 19 propuestas estratégicas desarrolladas por la Alianza constituyen una hoja de ruta integral para la transformación de las condiciones de vida de los pueblos indígenas, pero requieren el compromiso decidido del Estado costarricense y el apoyo de organizaciones no gubernamentales para su implementación. Estas propuestas no pueden ser abordadas de manera sectorial, sino que requieren un enfoque intersectorial e intercultural que reconozca la integralidad de la experiencia indígena en cada uno de los procesos, respetando así su identidad cultural.
El tema de la educación debe considerarse de forma transversal en los procesos de organización de las mujeres indígenas y de transformación de sus realidades. Para el primero, el acceso a este derecho podría jugar un papel en la formación de capacidades y liderazgos que generen incidencia fuera de sus comunidades. Por otro lado, durante estos procesos las mujeres señalaron la educación con pertinencia cultural como uno de los pasos clave para fortalecer a sus comunidades, consolidar su identidad y hacer frente a la discriminación. Por último, es importante hacer un análisis de cómo las instituciones educativas que han acompañado el proceso de conformación y fortalecimiento de la Alianza pueden seguir aportando al proceso.
La Alianza se consolida como un espacio de articulación en defensa de territorios, lenguas, derechos y conocimientos ancestrales. Su conformación por lideresas de las ocho naciones indígenas de Costa Rica marca un hito importante en la organización política femenina indígena, representando un llamado a la sociedad costarricense para reconocer y valorar la riqueza cultural y el liderazgo de las mujeres indígenas. A pesar de las múltiples barreras estructurales que enfrentan, las mujeres indígenas poseen capacidades organizativas y propositivas que pueden contribuir significativamente a la construcción de una sociedad más justa e inclusiva. Su experiencia es un referente valioso para otros procesos de organización de mujeres indígenas en América Latina.
En este sentido, la experiencia de la Alianza constituye no solo una práctica de empoderamiento, sino también un referente para comprender cómo las mujeres indígenas reconfiguran sus formas de agencia política en un contexto de racismo estructural, fragmentación territorial e histórica exclusión institucional. Por ello, es fundamental reconocer que todo el trabajo aquí presentado apenas es el principio de un largo trayecto de transformación social, cuyo propósito es que las generaciones futuras de mujeres indígenas puedan ejercer plenamente sus derechos, conservando sus raíces ancestrales y culturales, mediante la transmisión de conocimientos que se proyectan como pilares fundamentales para una construcción de una sociedad verdaderamente intercultural e inclusiva.
“Ser indígena es tener raíces que perduran en el tiempo y fortalecen nuestras comunidades. Hoy más que nunca, las lideresas indígenas reclaman un Estado inclusivo, una educación con identidad y un futuro libre de violencia y discriminación”
Referencias
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