Una mirada a los narcofunerales en el contexto puertorriqueño y caribeño

Luis Javier Cintrón Gutiérrez[1]
Universidad del Sagrado Corazón

Fuente: https://www.youtube.com/@tecnofilms

Resumen

Este trabajo analiza las prácticas funerarias vinculadas al narcotráfico en Puerto Rico y su relación con la construcción simbólica del poder, la ostentación y la espectacularización mediática. A partir de una perspectiva histórico-cultural, se examinan dos casos emblemáticos: el funeral de Luis Ángel Rodríguez Isaac, conocido como “El Chacal” (2010), y el de Neftalí Álvarez Núñez, “Pacho el Antifeka” (2023). Ambos eventos reflejan cómo la narcocultura ha transformado los rituales mortuorios, incorporando elementos de lujo, música popular y performance social, en ocasiones con escoltas y caravanas que proyectan jerarquías dentro del mundo criminal. Asimismo, se discute el papel de los medios de comunicación y las redes sociales en la difusión y resignificación de estos funerales, convirtiéndolos en fenómenos virales que trascienden lo local y se inscriben en dinámicas transnacionales. El análisis se apoya en aportes teóricos sobre la estetización de la violencia y la espectacularización cultural, planteando interrogantes éticas sobre la representación mediática y su impacto en la percepción colectiva de la violencia. Este estudio contribuye a comprender cómo los narcofunerales operan como rituales simbólicos y productos culturales que dialogan con imaginarios de poder y consumo en el Caribe contemporáneo.

Palabras clave: Narcocultura, rituales funerarios, estudios de la muerte, cultura contemporanea, espectacularización mediática.

Introducción

La presencia cotidiana del narcotráfico a lo largo de todo el Caribe insular ha transformado profundamente la percepción colectiva sobre la vida y la muerte, así como las formas de enfrentar la realidad social. Este fenómeno ha dado lugar a la llamada narcocultura, que se manifiesta tanto a nivel local como global y que ha impactado prácticas culturales como los rituales funerarios y su representación mediática.

La muerte y todos los ritos alrededor de la misma forjan parte de nuestro proceso de socialización.. La muerte en sí se convierte en lo que la historiadora Doris Lugo denomina un espejo donde se reflejan nuestras ansiedades sociales y colectivas. Como concepto se entiende desde la contraposición a la vida. Byung-Chul Han, filósofo coreano radicado en Alemania, afirma que la muerte irradia sobre el existir con relación al otro (Schumacher, 2018: 12). Desde las ciencias sociales, Edgar Morin, en su libro El hombre y la muerte, destaca que el cadáver humano suscita emociones que adquieren un carácter social, adoptando símbolos que nos dan un registro sobre cómo van las sociedades.

Desde la segunda mitad del siglo XX, el trasiego de drogas se consolidó como una parte central de las economías ilícitas, desempeñando un papel decisivo en la configuración social, económica y cultural de la región. En el caso puertorriqueño, desde la década de 1980, el auge del narcotráfico se ha vinculado directamente con el incremento sostenido de los índices de criminalidad, especialmente en los asesinatos derivados de disputas territoriales y ajustes de cuentas entre organizaciones que compiten por el control de este lucrativo mercado. Diversos informes oficiales —entre ellos el Informe sobre criminalidad en Puerto Rico de la Junta de Planificación— estiman que entre el 70% y el 80% de los homicidios en el archipiélago están relacionados con el narcotráfico, lo que lo convierte en la principal causa de muertes violentas durante ese periodo.

En las últimas décadas, Puerto Rico y el Caribe Insular se ha consolidado como un punto estratégico para el tráfico de cocaína hacia Estados Unidos. Esta condición llevó al gobierno federal, desde la administración de George H. W. Bush, a implementar la denominada Iniciativa de la Tercera Frontera del Caribe, retomada posteriormente como eje central por la administración del gobernador Luis Fortuño (2009–2012). Hoy, es la excusa principal para justificar intervenciones militares en la región que transgreden la soberanía de las naciones. La identificación del archipiélago puertorriqueño como trampolín del narcotráfico dentro de las posiciones de ultramar estadounidenses se produjo en un contexto marcado por la desaceleración industrial y el aumento sostenido de la pobreza. Ante el colapso del modelo económico colonial en el marco de la legalidad, el narcotráfico emergió como una alternativa ilícita pero funcional dentro de la lógica capitalista, ofreciendo mecanismos de movilidad social en escenarios de exclusión.

En términos más amplios, el desarrollo histórico del Caribe ha estado atravesado por una crisis estructural permanente, en la que el Estado se muestra incapaz de garantizar las necesidades básicas de su población. Fernando Picó (1999), en su análisis sobre el periodo de la mano dura, subraya cómo estas dinámicas de precariedad y violencia se entrelazan con políticas de control social que no logran revertir la desigualdad.

En el caso puertorriqueño, la narcocultura se inscribe en el colapso del modelo de capitalismo tardío y en la espiral de desigualdades que se profundizó tras la derogación de la Sección 936 del Código de Rentas Internas de EE. UU. Este cambio significó el fin del proyecto de industrialización y coincidió con la consolidación de la economía globalizada mediante tratados de libre comercio, de los cuales Puerto Rico queda excluido por su condición territorial. Como señala la socióloga Miriam Muñiz Varela, el país enfrenta el derrumbe del modelo de populismo reformista, que en otro momento logró neutralizar la exclusión de clase mediante un Estado de bienestar sostenido por programas de asistencia federal y por un esquema económico dependiente del endeudamiento individual.

Enmarcados en un periodo de crisis prolongada, en Puerto Rico, desde 2008, se han documentado rituales funerarios no tradicionales —como los “velorios exóticos” o “muertos para’os”— que rompen con la perspectiva “clásica” y se convierten en eventos de ostentación, celebración y performance social. Luis Javier Cintrón Gutiérrez (2019) analiza una serie de casos registrados por la prensa entre 2008 y 2016 en San Juan, en los que el cadáver se presenta fuera del ataúd en poses que remiten a escenas de vida cotidiana, como sentarse en una silla, jugar dominó o montarse en una motora, subrayando que, aunque numéricamente son pocos, su impacto mediático y cultural ha sido desproporcionado. Desde su lectura, estos velorios deben entenderse como prácticas situadas en la marginalidad urbana, ligadas a residenciales y barrios populares donde el duelo se expresa mediante la ocupación festiva del espacio público y la visibilización de sujetos históricamente estigmatizados. Igualmente, la prensa ha hecho registro de otra serie de funerales que han llamado la atención por elementos de ostentación; sin embargo, Cintrón advierte que, más allá de su vínculo con la narcocultura, estos rituales pueden leerse como fiestas comunitarias en las que la música, la decoración y el uso de marcas de lujo articulan demandas de dignidad, respeto y pertenencia colectiva. En este sentido, la atmósfera carnavalesca que los caracteriza no solo busca exaltar la vida y desafiar el miedo a la muerte, sino también disputar los modos en que los medios de comunicación narran la marginalidad y la violencia en el país.

En lugares como Chile, se ha acuñado el término “narcofunerales” para identificar prácticas mortuorias en las que la ostentación de bienes y poder está muy presente (Vásquez, 2024: 101). En la prensa chilena también se habla de “funerales de alto riesgo” para referirse a cortejos fúnebres de personas vinculadas al crimen organizado, que incluyen caravanas masivas, interrupción de vías, fuegos artificiales y disparos al aire, y que se han vuelto casi cotidianos en ciertos sectores urbanos (La Tercera, 2023; Ex-Ante, 2023, Ganter Solís 2021).​

En este contexto, el narcofuneral destaca por elementos peculiares en los que se articulan consumo y ostentación como lenguajes para proyectar poder, lealtad y presencia territorial. Vásquez subraya que, en algunos casos, los féretros se transforman en objetos de lujo “porque se les pide a las funerarias que se les incrusten marcas reconocidas o algún logo asociado con la banda criminal” (Vásquez, 2024: 93). A ello se suman otros signos de exceso, como la presencia de vehículos de alta gama, fuegos artificiales, consumo ostensible de alcohol y drogas junto al ataúd y la circulación de música a alto volumen, que refuerzan la idea de funeral como espectáculo y demostración de fuerza (La Tercera, 2023; BioBioChile, 2025).​​

Estas prácticas dialogan con lo que Elsa Blair describe como la “teatralización del exceso”, es decir, modos de ritualizar la muerte violenta que se despliegan a través de acumulaciones simbólicas y gestos desbordados que interpelan a la comunidad desde el horror, la fascinación y la normalización de la violencia (2005: 101). En ese sentido, los narcofunerales pueden leerse como escenas donde se negocia una forma de convivencia con el exceso, y donde se suspenden momentáneamente “las imposiciones cotidianas” ligadas al control estatal y al orden urbano, generando una suerte de carnaval mortuorio en el que se reconfiguran jerarquías, lealtades y pertenencias (Blair, 2005).​

Entre los elementos que destaca Vásquez en los narcofunerales se encuentran las celebraciones que emulan fiestas de cumpleaños —con tortas, globos, música en vivo y fuegos artificiales— y la presencia de escoltas que acompañan el cuerpo hasta el camposanto, en ocasiones con participación explícita de cuerpos policiales encargados de resguardar el cortejo (Vásquez, 2024; La Tercera, 2023). Esta combinación de duelo y fiesta, protección policial e interrupción del orden, contribuye a instalar al narcotraficante como figura validada en determinados territorios, donde su funeral se convierte en un evento de comunidad tanto como en un desafío al Estado (Vásquez, 2024; Blair, 2005).​​

En el caso chileno, el aumento de estos funerales llevó al presidente Gabriel Boric a presentar un proyecto de ley para limitar los narcofunerales, al considerarlos promotores de desórdenes públicos, irrupciones violentas y obstrucción de la circulación en la vía pública, además de situaciones que ponen en riesgo la seguridad y el orden social (Ministerio de Justicia de Chile, 2023; El País, 2023). La iniciativa propone restringir la duración de los funerales de alto riesgo a un máximo de 24 horas, obligar a que la ceremonia se realice exclusivamente en recintos funerarios y delimitar el número de asistentes, con el objetivo declarado de “no naturalizar la cultura narco” y de reducir el uso del espacio público como escenario de demostración de poder por parte de estas redes (El País, 2023).

En el contexto puertorriqueño no existe un registro formal de celebraciones fúnebres que puedan equipararse, en términos estadísticos o normativos, a la categoría de narcofunerales utilizada en Chile. Lo más cercano a esta problemática han sido algunos casos en los que los medios han asociado a las personas fallecidas con el ecosistema del narcotráfico o con economías ilícitas, enfatizando su supuesta trayectoria criminal y la espectacularidad de los rituales de despedida. En esta dirección, este artículo se anclará en los casos de Luis Ángel Rodríguez Isaac (“El Chacal”, asesinado en 2010) y Neftalí Álvarez Núñez (“Pacho el Antifeka”, asesinado en 2023) como ejemplos en el contexto boricua. La cobertura mediática sobre “El Chacal” lo presentó como un “bichote” del residencial Luis Lloréns Torres, ejecutado en un ataque a tiros en Isla Verde, y subrayó el impacto de su funeral por la masiva participación comunitaria, los elementos de ostentación y el despliegue de música urbana en el cortejo (Ejecutan al “Chacal”, un bichote de Lloréns Torres, 2010; Cintrón Gutiérrez, 2019). En el caso de “Pacho el Antifeka”, la prensa y las autoridades destacaron tanto su vínculo con investigaciones federales como el robusto plan de seguridad implementado para su velorio y sepelio, que se desarrollaron bajo fuerte vigilancia policial ante el temor de posibles represalias o actos de violencia, aunque finalmente se llevaron a cabo sin incidentes (Despiden sin incidentes al exponente urbano Pacho El Antifeka, 2023; ¿Cuál es el plan de seguridad en el velorio de Pacho “El Antifeka”?, 2023; Listo plan de seguridad para velorio y sepelio de Pacho El Antifeka, 2023).​

Sus muertes generaron una amplia atención mediática, tanto por la violencia de los hechos como por la manera en que sus funerales se convirtieron en eventos públicos cargados de simbolismo y espectáculo. En ambos casos se articularon caravanas, música urbana a alto volumen y una presencia intensa de comunidad, elementos que dialogan con la lógica de ostentación y performance descrita en los narcofunerales chilenos, pero que en Puerto Rico se inscriben en un campo más difuso, atravesado por la noción de velorios exóticos, por la mediatización del duelo y por la intervención preventiva de las fuerzas de seguridad del Estado (Cintrón Gutiérrez, 2019).Dentro del contexto puertorriqueño, la palabra ”bichote” se ha consolidado como marcador de una clase social emergente, producto de las crisis sociales, las disparidades económicas y la narcocultura —entendida esta última como expresión sintomática del narcotráfico en tanto motor económico alterno. El Diccionario de la Real Academia Española define bichote como una palabra utilizada en Puerto Rico para hacer referencia a un “narcotraficante de alta jerarquía” o a una “persona que tiene un puesto alto” en el contexto de la cultura popular. En los diversos trabajos de Philippe Bourgois, se menciona que bichote es un término usado en Puerto Rico para referirse al dueño de un punto de droga y que proviene del spanglish, derivado del término en inglés big shot. En otros trabajos académicos, el bichote es concebido como una figura de autoridad en espacios económicamente precarios. Gelpí-Acosta, et.al. (2021) resaltan que el bichote es una figura que impone sus reglas y su autoridad utilizando la violencia, incluyendo las armas. Desde los estudios culturales, Rafael Ponce-Cordero ve al bichote como un bandido social que, en ocasiones, puede ser narrado como alguien “fuera de la ley”, pero con “virtudes” y hazañas “heroicas” (2016, 147).

Mónica Ponce Caballero y Natalia Matos López (2015), desde el Trabajo Social, resaltan que, mediáticamente, la figura del bichote es narrada como una figura negativa, pero que en muchas comunidades se le percibe como alguien que llena el vacío dejado por el Estado. Ponce y Matos aluden a que los bichotes llegan a fungir como un “micro e informal estado benefactor” (Ponce Caballero y Matos López, 2015, 3). Dentro del trabajo de Ponce Caballero y Matos López se resalta que a los bichotes se les ve como una figura de autoridad y poder.

Algunos casos emblemáticos de narcofunerales puertorriqueños: El caso del Chacal

En 2015 tuve la oportunidad de analizar la cobertura televisiva del funeral de Luis Ángel Rodríguez Isaac, conocido como “El Chacal”, quien fue asesinado en febrero de 2010 junto a su padre y otros acompañantes en la marginal de Villamar del Expreso Román Baldorioty de Castro en la zona turística de Isla Verde en Carolina. Según reportaron varios medios locales como WAPA TV, cuatro sicarios armados con rifles de alto calibre emboscaron a Rodríguez Isaac mientras se dirigía a la Gallera Nacional. El reportero Rafael Lenin López indicó que la Policía evitó que los sicarios se llevaran los cuerpos del área del crimen.

El portal web Xposed Magazine News Puerto Rico (2010) reseñó que “El Chacal” era una de las figuras más poderosas de la Organización de Narcotraficantes Unidos, “La ONU”, y que ejercía control en el residencial Luis Lloréns Torres, en San Juan. La ONU fue una asociación que aglutinó a varios líderes del narcotráfico con el propósito de enfrentar a la policía durante la implementación de la política de Mano dura contra el crimen en la década de los noventa en Puerto Rico. En 2024, Leyendas Guerreros Bandidos PR, un perfil de Facebook dedicado a reseñar perfiles biográficos de personas fallecidas que, presuntamente, estaban asociadas al mundo delictivo, destacó que Rodríguez Isaac era un hombre muy firme en sus decisiones y que ese carácter le ayudó a escalar y dominar en el “bajo mundo”, hasta convertirse en un presunto bichote. En este perfil se menciona una lista de varios delitos que, supuestamente, cometió “El Chacal”, entre ellos violencia doméstica (Ley 54) y violaciones a la ley de armas.

Xposed Magazine News había reseñado que Rodríguez Isaac fue guardaespaldas del popular cantante de música urbana y hoy ministro protestante Héctor Delgado, conocido como “Héctor El Father”. En la página de Facebook Leyendas Guerreros Bandidos PR[2] se resalta que, entre los apodos de El Chacal, figuraba el de “rompediscotecas”, igual que una icónica canción de reggaetón interpretada por “El Father”.

En las noticias televisivas de WAPA TV y Telemundo Puerto Rico se destacó que la comitiva fúnebre fue escoltada por vecinos del residencial Luis Lloréns Torres. Las imágenes difundidas por televisión mostraban a personas encapuchadas, con pañuelos teñidos y gorras deportivas, que parecían formar una guardia de honor alrededor de los cortejos fúnebres. Tanto en el reportaje de Telemundo[3], del reportero José Esteve, como en el de Aixa Vázquez para WAPA TV, se resaltó que la comunidad participante del funeral no estaba contenta con la presencia de la prensa. En el reportaje de Telemundo se ven a varias personas desde sus autos y sin cubrirse el rostro decir a gritos “él no es malo, ustedes lo están pintando […] él no es malo”. En una noticia de WAPA TV, un residente de Lloréns Torres acusó a la prensa de “ponerlos como tierra” y de difamar a la comunidad. En la misma noticia, otro vecino, el líder comunitario Leo Vázquez, culpó a la Policía de Puerto Rico de la muerte de “El Chacal”, alegando que fue un asesinato ejecutado con armas largas y que había sido un acto “bien hecho y con trampa”, una afirmación que el superintendente de la policía en 2010, José Figueroa Sancha, negó en una entrevista publicada en El Nuevo Día el 26 de febrero de ese año.

En el reportaje de WAPA TV, de la reportera Aixa Vázquez[4], se resaltó que los tres féretros fueron llevados al camposanto con un rumbón y con alta presencia policiaca que incluía vigilancia aérea y terrestre. De las imágenes podemos notar que el féretro de Rodríguez Isaac era distinto al de las otras dos personas asesinadas. El primero era un ataúd de caoba con tallados y pasamanos de madera, mientras que los otros cuerpos fueron depositados en ataúdes mucho más modestos, de metal color negro. Este elemento puede interpretarse como una manifestación de distinción de rango y prestigio entre el cabecilla del grupo y los otros dos, cuyos nombres permanecieron casi anónimos. La caoba, una madera fuerte y elegante, suele utilizarse en muebles de lujo. 

La muerte digitalizada de “Pacho el Antifeka”

En contraste con “El Chacal”, la muerte del artista urbano Neftalí Álvarez Núñez (Pacho el Antifeka») en junio de 2023 muestra cómo las redes sociales han transformado la cobertura mediática. Pacho fue asesinado dentro de su vehículo marca Infiniti del año 2008 en Bayamón, una de las ciudades más grandes de Puerto Rico que se ubica en la Zona Metropolitana de San Juan. El hecho rápidamente se viralizó en plataformas digitales como TikTok y YouTube. Estas plataformas no solo documentaron el evento casi en tiempo real, sino que también se convirtieron en espacios para teorías conspirativas sobre las posibles causas del asesinato.

Pacho era un artista boricua de reggaetón y latin trap que colaboró con artistas como Daddy Yankee, Bad Bunny, Arcángel, Anuel AA, Farruko y Kendo Kaponi, entre otros. Sus letras solían tratar temáticas de la vida en la calle, la violencia y el narcotráfico. Un ejemplo de ello es la canción «Sentimiento de un Gánster», en la que hace referencia a dos realidades: que la economía de “la calle” es un motor de inserción en esa sociedad de consumo de objetos de lujo y que ese camino, en ocasiones, invisibiliza la humanidad y los sentimientos de estas personas (El Financiero, 2023).

Al momento de su asesinato, Pacho se encontraba libre bajo fianza luego de que fuera intervenido por el Negociado Federal de Investigaciones (FBI por sus siglas en inglés) en su apartamento en un complejo de vivienda pública del municipio de Cataño, otro municipio dentro de la zona metropolitana de San Juan. En 2015, fue declarado culpable de poseer un arma mutilada con el fin de ser usada de manera automática. Según un artículo de Mariana Cobián para Primera Hora (2015), “De la denuncia (federal) se desprende que agentes estatales le dijeron a los federales que era sospechoso de varios asesinatos en dicho municipio, y que sus canciones promueven la violencia, el trasiego de drogas y el uso de armas de alto poder”.

En un video del canal de YouTube @TrippySauce, un influencer de Murcia (España), se comparte un audio de una entrevista a un policía que habla sobre la muerte de Pacho. En el mismo, se resalta que cerca de las 9:30 a. m. del 1º de junio de 2023 se reportó una balacera en un pequeño centro comercial de la Carretera Estatal 167 en Bayamón. En la escena se encontró el cuerpo de Pacho baleado dentro de un vehículo Infiniti del 2008. En el mismo video, se plantea la teoría de que la muerte de Pacho sea producto de una guerra de bandos en el mundo económico del narcotráfico en el área de Cataño, aunque también se expone que ese asesinato pudo haber sido una casualidad. En el periódico peruano El Comercio replicaron una entrevista que brindó el coronel Roberto Rivera a WKAQ 580, en la que menciona que a Pacho lo acecharon, le permitieron entrar a una tienda y que fue acribillado cuando regresaba a su automóvil.

Tras el fallecimiento de Pacho, muchos artistas del género urbano hicieron manifestaciones de condolencias en sus cuentas de Instagram y otras redes sociales. Mensajes publicados en redes sociales, como el de Daddy Yankee, Farruko y Rauw Alejandro, se volvieron virales y noticias en los medios de comunicación tradicionales.

En el caso del velorio de Pacho, varios videos en YouTube resaltaron que no fue un evento muy concurrido, a pesar de que las imágenes mostraban una caravana de autos bastante extensa. Sin embargo, lo que destacaron todos los medios de comunicación fue el alto nivel de seguridad por parte de policías municipales y estatales, e incluso agentes de seguridad del gobierno federal de los Estados Unidos, desplegados ante el temor de que el velorio se convirtiera en un “campo de batalla” debido a amenazas previas en redes sociales. En estas mismas plataformas se vieron múltiples manifestaciones de apoyo a la figura de Pacho, con artistas expresando sus condolencias y su tristeza ante su fallecimiento. También circularon imágenes de Pacho en ilustraciones realizadas por ArteCarde, un ilustrador digital puertorriqueño bastante controversial por sus posturas reaccionarias que produce retratos conmemorativos de figuras vinculadas a la cultura urbana y al bajo mundo, los cuales circulan principalmente en redes sociales como Instagram y Facebook.

Hacia una noción de narcofunerales en clave caribeña

En el desarrollo histórico del Caribe, desde la colonización, pasando por el sistema de plantación hasta el presente, esta región ha sido narrada desde eventos violentos donde la muerte y la deshumanización son parte. La muerte ha moldeado las sociedades de esta región, así como sus cotidianidades (Forde and Hume, 2018, 2). Los casos analizados dialogan con lo que Ainhoa Vázquez (2024) define como narcofunerales: rituales fúnebres atravesados por una ostentación simbólica que busca legitimar jerarquías dentro del mundo criminal. En contextos como México y Colombia, estas ceremonias suelen incorporar caravanas lujosas, música personalizada e incluso espectáculos pirotécnicos, configurándose como escenarios de reconocimiento social y reafirmación de poder.

En Puerto Rico, esta estética narco también se manifiesta, aunque con particularidades locales. Elementos como ataúdes de lujo —como el utilizado en el funeral de “El Chacal”— y caravanas escoltadas evidencian lo que Blair (2005) denomina teatralización del exceso. Estos rituales no se limitan a la esfera privada; son productos culturales mediatizados que contribuyen a la construcción de imaginarios colectivos sobre prestigio, violencia y poder.

Las redes sociales han intensificado esta lógica de espectacularización al convertir los narcofunerales en contenido viral. Plataformas como TikTok y YouTube no solo documentan estos eventos, sino que los resignifican, transformándolos en fenómenos transnacionales consumidos por audiencias globales. Este proceso amplifica la dimensión performativa del duelo, desplazándolo hacia un espacio de circulación simbólica que trasciende lo local.

La cobertura mediática de asesinatos vinculados al narcotráfico en Puerto Rico ha experimentado una transición notable: mientras casos como el de “El Chacal” estuvieron dominados por narrativas sensacionalistas en medios tradicionales, episodios recientes —como el asesinato de “Pacho el Antifeka”— revelan cómo las redes sociales han reconfigurado estas dinámicas, favoreciendo una difusión inmediata, interactiva y viral.

En suma, los narcofunerales no solo operan como rituales simbólicos dentro del mundo criminal, sino también como dispositivos culturales que condensan tensiones sociales más amplias. La espectacularización mediática —ya sea a través de noticieros televisivos o plataformas digitales— contribuye a la producción de imaginarios colectivos sobre poder y violencia, planteando interrogantes éticas sobre el papel de los medios y las redes sociales en la perpetuación de estas narrativas y su impacto cultural en el Caribe contemporáneo.

En futuros estudios, sería valioso explorar la dinámica de los narcofunerales en otras islas del Caribe, más allá del contexto puertorriqueño. Un caso particularmente reciente e ilustrativo es el del capo dominicano José Antonio “Kiko la Quema”, abatido por la policía en marzo de 2024. Su sepelio, al igual que el de Juníor Minaya Germán, alias “Gilbert”, en 2013, se convierten en otros ejemplos de narcofunerales caribeños donde el cortejo fúnebre incluye caravanas, música a alto volumen, cánticos en su honor y manifestaciones colectivas de lealtad, en medio de estrictas medidas de seguridad policial. Este episodio permite observar cómo el fenómeno trasciende a otras realidades regionales, presentando rituales similares de espectacularización, legitimación simbólica y apropiación comunitaria frente al Estado, especialmente en contextos de economía ilícita.

Analizar casos como el de Kiko la Quema o Gilbert puede servir para ilustrar las variaciones locales en la teatralización del poder criminal —como la duración del funeral, el rol de la comunidad y la intervención estatal—, así como su resignificación mediática. Una comparación entre Puerto Rico, República Dominicana y otras islas podría enriquecer la comprensión de los narcofunerales como productos culturales compartidos, pero adaptados a territorios diversos. Así, profundizar en esta línea investigativa no solo consolidaría una visión más integral del Caribe insular, sino que también abriría nuevas preguntas sobre la intersección entre poder criminal, cultura mediática y cohesión social en la región.

Referencias

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  1. La universidad se ubica en San Juan, Puerto Rico |Correo electrónico: luisj.cintron@sagrado.edu
  2. https://www.facebook.com/photo/?fbid=563334986562862&set=a.112263168336715
  3. https://www.youtube.com/watch?v=iVCQ7lzUwQc&t=35s
  4. https://www.youtube.com/watch?v=vJrCNGPQ_gI