Una historia poco explorada: vestigios arqueológicos en poblaciones mixtecas de la Sierra Cuicateca

Aquetzalli Nayeli Mora Jiménez[1]
Maestrante en Antropología, UNAM

Introducción

Los mixtecos son el cuarto grupo etnolingüístico más numeroso del país. Desde tiempos antiguos se asentaron en un amplio territorio que abarca parte de los actuales estados de Oaxaca, Puebla y Guerrero (Mindek, 2003: 5). De acuerdo con factores geográficos, lingüísticos y culturales, el espacio ocupado por estas poblaciones es definido como una región, la Mixteca, que a su vez se divide en tres subregiones: Alta, Baja y Costa (Mindek, 2003; Rodríguez, 2016: 19-20).

Como menciona Manuel Hermann (2021: 9), la Mixteca comúnmente es percibida como una región homogénea en donde pareciera que la lengua, la cultura y la sociedad son las mismas en cada una de las poblaciones que la conforman, razón por la que se les considera prácticamente indiferenciables entre ellas. Sin embargo, pese a estas generalizaciones, estudios recientes muestran que es difícil establecer una delimitación exacta de la Mixteca ‒y de lo mixteco‒, ya que hay diferencias notables en el ámbito geográfico, lingüístico, social, religioso, político e histórico (Bartolomé, 1999; Hermann, 2021: 9).

Más allá del territorio en el que se localiza gran parte del grupo etnolingüístico, existen otras áreas en las que éste se estableció, tal es el caso de la Cañada (mapa 1), región en la que hoy en día residen algunas comunidades mixtecas sobre las que poco se sabe, pero que posiblemente arribaron durante el periodo prehispánico. Su presencia dentro de esta microrregión multiétnica en la que también habitan poblaciones cuicatecas, mazatecas, ixcatecas, chinantecas y nahuas, crea un complejo mosaico que es necesario estudiar para entender no sólo la dinámica de la región, sino también el desarrollo de los diversos grupos que ahí habitan.

Son varias las investigaciones que han contribuido al conocimiento del pasado y presente de las comunidades que conforman la Mixteca, pero ¿qué se sabe sobre los mixtecos que se instalaron en otras zonas?, ¿cómo se establecieron y relacionaron en esos nuevos espacios ocupados por otros grupos? En las siguientes líneas hago un breve esbozo sobre el pasado de dos poblaciones mixtecas de la Sierra Cuicateca, en específico, me centraré en la exposición de los vestigios arqueológicos que pude conocer durante el trabajo de campo que realicé durante el año 2018. Lo anterior, tiene como objetivo mostrar la manera en que este grupo se pudo haber establecido y distribuido en la región durante tiempos prehispánicos. Finalmente, y relacionado con la temática de este número, surge una reflexión sobre los sitios arqueológicos de la Sierra Cuicateca –tan poco explorados e investigados– y aquellos que se conocen en la Mixteca, y que gracias al interés que generaron tanto entre investigadores como en las mismas comunidades pueden ser considerados como patrimonio.

Mapa 1. Las regiones Mixteca y Cañada

Elaboración: Mora, 2022.


Mixtecos en la Sierra Cuicateca

La Cañada, es una región multiétnica que se localiza al noroeste de Oaxaca. Pese a ser la región más pequeña del estado es una de las que mayores complejidades presenta, no sólo por los varios grupos que la conforman (mazatecos, cuicatecos, chinantecos, ixcatecos, nahuas y mestizos), sino también por su rica geografía que ocasiona la existencia de diversos microclimas en zonas muy cercanas entre sí (Rodrigo, 1997: 17). Debido a estas particularidades, la región puede ser dividida en tres microrregiones (Cañada Mazateco-Cuicateca, Sierra Mazateca y Sierra Cuicateca) dentro de las que se considera el desarrollo de los grupos etnolingüísticos a través del tiempo y las características más sobresalientes del medio (mapa 2; Informe de Gobierno del Estado de Oaxaca, 1990, 1991; Mora, 2021: 22-41).

Actualmente los mixtecos están distribuidos en varias comunidades de la región. En la Cañada se localizan en los municipios de San Pedro Jaltepetongo, Santa María Texcatitlán y San Pedro Jocoticpac, así como en algunas agencias de San Juan Bautista Cuicatlán, todos ellos lugares que colindan con la Mixteca. En el caso de las Sierras Mazateca y Cuicateca, el grupo se estableció en la frontera entre ambas microrregiones; en la Mazateca, se encuentra el poblado de San Juan Coatzóspam, mientras que dentro de la Cuicateca están asentados en los municipios de San Miguel Santa Flor, Cuyamecalco Villa de Zaragoza y Santa Ana Cuauhtémoc, estos dos últimos, son en los que me centraré a continuación..[2]

Mapa 2. Subdivisión de la Región Cañada y distribución etnolingüística

Elaboración: Mora, 2022.


Tanto Santa Ana como Cuyamecalco se ubican al sur del río Grande o Santo Domingo (mapa 3), frontera natural que divide la Sierra Mazateca de la Cuicateca, son sus vecinos cercanos los municipios cuicatecos de San Juan Bautista Cuicatlán, Concepción Pápalo y San Francisco Chapulapa, al igual que los pueblos mazatecos de Mazatlán Villa de Flores, Huautepec y Chiquihuitlán de Benito Juárez (INEGI, 2010a y 2010b), este último, también presenta una situación por demás interesante, pues aparte de ser la única comunidad mazateca dentro de la Sierra Cuicateca, estuvo relacionado de manera cercana a Cuyamecalco y Santa Ana durante el periodo de la Colonia.

Poco es lo que se sabe sobre el pasado de estas dos poblaciones. Los primeros datos provienen de una demanda presentada hacia finales del siglo XVII en la que junto al pueblo de Chiquihuitlán solicitan separarse de Teutila, ya que era un pueblo distante, sufrían abusos por parte de sus autoridades y tenían una “enemistad muy antigua” con esta cabecera (AGN, Indios, vol. 25, exp. 10, f. 9r). Posterior a esta fecha, se conocen las copias de las composiciones de tierras otorgadas a estas tres comunidades en 1711. Dichos documentos aportan información sumamente valiosa. En primer lugar, permiten inferir que las tres comunidades dejaron de ser estancias sujetas a Teutila algunos años después de haber presentado su demanda, aunque la fecha exacta se ignora, dado que el expediente sobre este asunto sólo contiene la diligencia ya mencionada. Por otro lado, a través de estas fuentes se ha podido entender cómo se dio el proceso de composición en la Sierra, así como la forma en la que el territorio de estas poblaciones se fue transformando tras dichas disposiciones (AGEO, AA-PP, Cuicatlán, leg. 13, exp. 1).

Mapa 3. Ubicación geográfica de Santa Ana y CuyamecalcoElaboración: Mora, 2022.


Respecto al periodo anterior a la Conquista, quedan muchas interrogantes, pues no se tiene información que permita entender cómo y en qué momento se dio el establecimiento del grupo en la microrregión. Una posible explicación de su llegada surge con base en la mención que hace fray Francisco de Burgoa sobre una guerra entre mixtecos y cuicatecos durante tiempos prehispánicos. En su obra escrita durante el siglo XVII dicho fraile refiere que estos dos grupos convivieron en el pueblo de Almoloyas y tras algunas diferencias con los cuicatecos, que eran mayoría y habitaban toda esa porción de la Sierra, los mixtecos ahí asentados solicitaron la ayuda de Yangüitlán, quien a cambio de reconocimiento y tributo sujetó al grupo cuicateco (Burgoa, 1674 [1989]: 387).

Es probable que tras la sujeción de los pueblos cuicatecos de la Cañada los mixtecos avanzaran hacia la Sierra. Al respecto, Ingrid Geist (1997: 34-35) apunta que sólo Cuyamecalco es un sitio antiguo y que con habitantes de este lugar se fundaron Santa Ana y San Miguel. Contrario a esta información, Víctor A. Zertuche (2020: 48) señala que la única comunidad mixteca que existía en tiempos prehispánicos es Santa Ana y que Cuyamecalco se erigió durante la Colonia a partir de poblaciones mixtecas sujetas al señorío de Quiotepec. Por otro lado, este mismo autor menciona que puede haber tres hipótesis sobre la llegada de los mixtecos a la Sierra: como prisioneros, conquistadores o inmigrantes. En el primer caso, se basa en la información que Benjamín Ladrón de Guevara proporcionó a Élfego Adán en 1922, misma que señala que los chinantecos, cuicatecos y mazatecos se aliaron contra los mixtecos, razón por la cual éstos últimos resultaron enclavados como prisioneros en territorio cuicateco. En cuanto a la segunda posibilidad, Zertuche remite a la “guerra mixteco-cuicateca” que narra Burgoa y que ha sido retomada en algunas investigaciones.[3]  Finalmente, sobre su tercera hipótesis, que considera la más aceptable, indica, sin proporcionar fuente alguna, que los mixtecos debieron llegar mediante una migración al actual territorio de Santa Ana y pudieron haber fundado un pueblo o asentamientos dispersos hasta que fueron congregados durante el periodo Colonial (ibidem: 49-51).

Pese a que los dos estudios antes referidos tratan de dar una explicación sobre el establecimiento mixteco en la microrregión, sus propuestas resultan poco claras debido a las escasas fuentes que existen con relación al tema, mismas que no permiten aceptar que tan sólo una de las dos poblaciones habitara la microrregión desde tiempos prehispánicos y que la otra se fundara durante la Colonia. Probablemente futuras investigaciones interdisciplinarias ayuden a entender de mejor manera este proceso, por el momento, el trabajo realizado en estas poblaciones permite observar que en los territorios que actualmente poseen hay vestigios arqueológicos que demuestran una ocupación desde tiempos prehispánicos, queda por indagar cuál grupo –o grupos– los habitó y durante qué temporalidad.

Vestigios arqueológicos en dos pueblos de la Sierra Cuicateca[4]

Como parte del trabajo de campo que llevé a cabo en los municipios de San Ana Cuauhtémoc y Cuyamecalco Villa de Zaragoza, visité algunos lugares que se mencionaban tanto en documentos coloniales como en ciertas narraciones que se conservan entre los habitantes. Gracias a tales recorridos y a algunas otras pláticas con la población, fue que pude conocer ciertos sitios con evidencia prehispánica, mismos que en ocasiones están relacionados con datos provenientes de fuentes orales y escritas (Mora, 2021).

Mapa 4. Sitios con evidencia prehispánica en Santa Ana y Cuyamecalco.

Elaboración: Mora, 2022.


En total se registraron nueve lugares con evidencia arqueológica, de ellos, ocho se localizan dentro de Cuyamecalco y sus agencias y solamente uno en Santa Ana (mapa 4). Además, se sabe que en ambas poblaciones hay otros sitios prehispánicos que no fue posible visitar.[5]  Al observar la ubicación se puede notar que las construcciones se distribuyen en dos áreas, unas en la zona baja, con dirección al río Grande o Santo Domingo y otras en zonas altas (a veces cerca de las actuales poblaciones). En el caso de Cuyamecalco, los sitios de la parte baja se encuentran dentro de las agencias de Santa María Buenos Aires, San Isidro Buenos Aires (cerro del Gallo) y Loma Platanar (paraje San Pedro); mientras que la evidencia arqueológica en la parte alta se ubicó en un lugar próximo a la agencia de San Felipe, así como en cerro Culebra y cerro México dentro de la misma agencia, estos dos últimos podrían formar parte de un solo asentamiento, puesto que se hallan a muy poca distancia entre sí (figuras 1 a 6). De todos estos lugares, sólo en cerro México y en cerro del Gallo se pudieron observar basamentos piramidales (figura 7).

Figura 1. Lajas de construcción bajo terrenos de cultivo en Santa María Buenos Aires.

Fotografía: Mora, 2018.

Figura 2. Fragmento de muro en el cerro del Gallo.

Fotografía: Mora, 2018.

Figura 3. Restos de pretil observable en el paraje San Pedro.

Fotografía: Mora, 2018.

Figura 4. Muro cerca de la agencia de San Felipe.

Fotografía: Mora, 2018.

Figura 5. Muro de basamento en cerro México.

Fotografía: Mora, 2018.

Figura 6. Vista de cerro Culebra desde cerro México.

Fotografía: Mora, 2018.

Figura 7. Montículo observable en cerro del Gallo.

Fotografía: Mora, 2018.


Por otro lado, en Santa Ana Cuauhtémoc solamente se visitó un sitio que se localiza en el cerro León, cerca del actual poblado (figura 8). En él son visibles grandes muros de piedra y los habitantes cuentan que en su interior hay cuartos a los que se accede por una pequeña abertura en el cerro. Además de este lugar, pobladores de Santa Ana mencionan que en Loma Iglesia se observan algunos muros;[6] asimismo, Zertuche identifica vestigios en Monte Flor (figura 9), agencia de Santa Ana cercana a San Francisco Chapulapa (Zertuche, 2020: 51-52).

Figura 8. Resto de muro observable en cerro León.

Fotografía: Mora, 2018.

Figura 9. Vestigios prehispánicos en Monte Flor.

Tomado de Zertuche, 2020: 52.


El registro de estos sitios también ha permitido conocer algunas de las características del sistema constructivo. De manera general, se puede decir que el material utilizado tanto en la zona cercana al río como en las partes altas es el mismo y consiste en lajas apiladas unas sobre otras. En cuanto a la distribución espacial, es probable que esté relacionada a dos temporalidades distintas, que podrían corresponder a las fases propuestas por algunos investigadores para el caso de la Cañada (Spencer, 1982; Redmond, 1983).

Pese a que no se puede saber mucho acerca de estos antiguos asentamientos, ya que la mayoría de las construcciones se encuentran bajo la vegetación o terrenos de cultivo y prácticamente no se han llevado a cabo investigaciones arqueológicas en la microrregión, si se retoma la propuesta de Winter en la que explica que la distribución de los grupos étnicos en la actualidad corresponde, en parte, a la que tenían hacia finales del periodo prehispánico, se puede suponer que al menos algunas de las ruinas cercanas a estas poblaciones pudieron ser habitadas por el grupo mixteco desde tiempos prehispánicos. Sin embargo, este es un tema sobre el que aún queda mucho por investigar, quizá futuras investigaciones arqueológicas en la Sierra nos permitan conocer mejor este pasado sobre el que se tienen muchas incógnitas.

Reflexiones finales: ¿Se puede hablar de patrimonio en la Sierra Cuicateca?

Comenzar a escribir este texto fue una labor un poco complicada, pues al ser un número en el que se abordaría el patrimonio histórico, arqueológico y biocultural de la Mixteca se me presentaban dos inconvenientes. En primer lugar, las poblaciones mixtecas con las que he trabajado no se localizan dentro de la denominada región Mixteca, ¿por qué escribir entonces sobre ellas? Considero que la razón principal es que, pese a la distancia, también pertenecen a este grupo etnolingüístico, y el investigar su pasado –y presente– permite entender de mejor manera la historia y desarrollo del grupo a través del tiempo. Además, su presencia fuera de un área definida como propia del grupo, muestra que estas comunidades no se instalaron en lugares claramente delimitados e infranqueables, sino que han estado inmersas en un dinamismo que las lleva a moverse y traspasar esas fronteras muchas veces definidas desde fuera. En vista de lo anterior, es que me parece pertinente hablar de los mixtecos de Cuyamecalco y Santa Ana, aun cuando no formen parte de la Mixteca.

En segundo lugar, surgió lo que considero un problema mayor. Al hablar de patrimonio pueden surgir distintas interpretaciones, dado que se trata de un concepto que tiene múltiples usos y significados. Como explica Bolfy Cottom (2001), dicho término originalmente tuvo una connotación derivada del derecho Romano, en la que se le consideraba como el conjunto de bienes pertenecientes al pater familias; con el tiempo el concepto pasó a referirse al conjunto de bienes de toda naturaleza, tanto muebles e inmuebles, que corresponden a una persona. En el caso específico de México, dicho investigador explica que el patrimonio cultural tiene dos acepciones:

en sentido antropológico general como “los bienes o productos culturales pasados o presentes, sean estos tangibles o intangibles que una colectividad social determinada le otorga un valor excepcional”; el otro sentido se refiere al contenido del marco jurídico protector de la materia […] que se refiere a determinados bienes o productos culturales, los cuales en estricto sentido sólo conforman una parte del patrimonio cultural siendo éstos los monumentos “arqueológicos, artísticos, paleontológicos e históricos” bajo definiciones legales precisas, dichos bienes se entienden como el patrimonio cultural nacional [Cottom 2001: 84-85].

Al tomar en cuenta esto, se vuelve difícil hablar de patrimonio entre los pueblos mixtecos de la Sierra Cuicateca –y en general en gran parte de la microrregión–, pues si bien es cierto que en Cuyamecalco y Santa hay personas interesadas en preservar y dar a conocer su historia, no se ha dado hasta el momento ningún intento en la población por tratar de definir y reconocer sus bienes como un patrimonio, situación que sí es observable en algunas comunidades dentro de la Mixteca (Gallardo, 2021). Por otro lado, desde un marco jurídico también resulta complicado hablar de patrimonio, debido a que las numerosas edificaciones prehispánicas de la zona, al no estar excavadas ni investigadas, no se encuentran reconocidas por la legislación existente.

Ante tal situación, considero que pese a la enorme riqueza que poseen las poblaciones de Cuyamecalco y Santa Ana, es poco apropiado hablar de sus bienes como patrimonio, ya que aunque éstos puedan ser considerados como tales, deben ser las propias comunidades las que decidan qué es lo que definen como patrimonio –si es que desean denominarlo de dicha manera– y no una decisión que se imponga desde el exterior. No dudo que en un futuro se pueda dar algún proceso de patrimonialización en la Sierra, pero por el momento es algo que parece lejano. No obstante, creo que el conocer a través de estos vestigios arqueológicos –sean reconocidos como patrimonio o no– parte de la historia de la microrregión, resulta relevante, pues además de aportar nuevos datos sobre la región y el grupo mixteco, es una cuestión que también interesa a habitantes de ambas comunidades que tienen muchas interrogantes sobre su llegada y establecimiento en la microrregión.


Bibliografía

a) Fuentes no publicadas

AGEO (1798/1799), Asuntos Agrarios, Peticiones de Pueblos, Cuicatlán, leg. 13,

exp.1, 22 fojas.

AGN (1674), Indios, vol. 25, exp. 10. Se prorroga a estos pueblos de la jurisdicción de Teutila el término de la ley para presentar las pruebas de la causa que siguen y la justicia de Teutila examine los testigos que se presentaren Santa Ana Chiquihuitlán y Santa María Cuyamecalco. Juris. Oaxaca.

Informe de Gobierno (1990), Informe de Gobierno del Estado de Oaxaca.

Informe de Gobierno (1991), Informe de Gobierno del Estado de Oaxaca.

b) Fuentes publicadas

Bartolomé, Miguel Alberto (1999), “El pueblo de la lluvia. El grupo etnolingüístico ñuu savi (mixtecos)” en Alicia M. Barabas y Miguel Alberto Bartolomé (coords.), Configuraciones étnicas en Oaxaca. Perspectivas para las autonomías, vol. 1, México, INAH, pp. 134-189.

Cottom, Bolfy (2001), “Patrimonio Cultural Nacional: el marco jurídico y conceptual”, en Derecho y Cultura, núm. 4, pp. 79-107.

De Burgoa, Francisco (1674 [1989]), Geográfica descripción de la parte septentrional del polo ártico de la América y Nueva iglesia de las Indias Occidentales, y sitio astronómico de esta provincia de predicadores de Antequera, Valle de Oaxaca, 2 ts., México, Porrúa.

Gallardo Arias, Patricia (2021), “Patrimonio y desarrollo comunitario en la Mixteca Poblana”, en Cuicuilco. Revista de Ciencias Antropológicas, núm. 81, pp. 247-266.

Geist, Ingrid (1997), Comunión y disensión: prácticas rituales en una aldea cuicateca, México, IOC-INAH-FECA.

Hermann Lejarazu, Manuel A. (2021), “Avances en el estudio del territorio en la Mixteca: introducción”, en Manuel Álvaro Hermann Lejarazu (coord.), Señoríos mixtecos. Su dimensión histórica, geográfica y territorial, México, Colmex, pp. 9-15.

INEGI (2010a), Compendio de información geográfica municipal 2010, Cuyamecalco Villa de Zaragoza, Oaxaca.

——————– (2010b), Compendio de información geográfica municipal 2010, Santa Ana Cuauhtémoc, Oaxaca.

Mindek, Dubravska (2003), Mixtecos, México, CDI.

Mora Jiménez, Aquetzalli Nayeli (2021), «La cañada oaxaqueña: región multiétnica con un pasado compartido. ‘Configuración territorial de Nandya Chiquihuitlán, Ñu Ka’nu y Ñu Tachi, siglos XVI-XVIII’”, Tesis de Licenciatura en Etnohistoria, México, ENAH.

Munn, Henry (2014), “Arqueología de la Sierra Mazateca”, en Marcus Winter y Gonzalo Sánchez Santiago (eds.), Panorama arqueológico: dos Oaxacas, Oaxaca, Centro INAH Oaxaca, pp. 63-99.

Redmond, Elsa M. (1983), A fuego y sangre: Early Zapotec Imperialism in the Cuicatlán Cañada, Oaxaca,  Ann Arbor, University of Michigan, Memoirs of the Museum of Anthropology, núm. 16.

Rodrigo Álvarez, Luis (1997), Geografía General del Estado de Oaxaca, Oaxaca, Carteles Editores.

Rodríguez Cano, Laura (2016), “Los topónimos de la Mixteca Baja. Corpus y análisis epigráfico y cartográfico”, Tesis de Doctorado en Estudios Mesoamericanos, México, IIF-FFyL-UNAM.

Spencer, Charles S. (1982), The Cuicatlán Cañada and Monte Alban: A Study of Primary State Formation, Nueva York, Academic Press.

Zertuche Cobos, Víctor Alfonso (2020), “La Sierra cuicateca: configuración y reconfiguración de una región étnica de Oaxaca en el pasado prehispánico y colonial”, Tesis de Doctorado en Historia, México, Universidad Michoacana de San Juan de Hidalgo.

[1] aquet_mora@hotmail.com

[2] Me enfoco únicamente en estas dos comunidades debido a que como parte de mi investigación en la Sierra Cuicateca he podido hacer recorridos históricos en ellas. Sin embargo, algunas investigaciones señalan la presencia de vestigios arqueológicos en Coatzóspam (Munn, 2014: 78-79). En el caso de San Miguel Santa Flor, aunque es probable que también haya asentamientos prehispánicos, éstos debieron corresponder a antiguos sitios cuicatecos; pese a que se requiere una investigación exhaustiva al respecto, habitantes de San Francisco Chapulapa, pueblo cuicateco vecino de San Miguel, cuentan que esas tierras les pertenecían, pero en algún momento se asentaron los mixtecos que terminaron por adueñarse de ellas (temporada de campo, junio 2018), además, se tiene noticia de que por lo menos hacia principios del siglo XVIII este lugar estuvo despoblado (AGEO, AA-PP, Cuicatlán, leg. 13, exp. 1).

[3] Respecto a las fuentes sobre dicho tema, este autor cae en una confusión. Al tratar la información que van Doesburg proporciona en su estudio sobre los Códices Cuicatecos, menciona una referencia sobre la “guerra mixteco-cuicateca” que Martínez Gracida expone en un estudio previo de estos códices y explica que esta idea fue retomada posteriormente por Burgoa, siendo que es de la obra de este fraile de donde proviene dicho dato (Zertuche, 2020: 49).

[4] Agradezco a las poblaciones de Cuyamecalco y Santa Ana por permitirme visitar parte de sus pueblos, en especial, doy las gracias a los señores Félix Díaz Castelar, Eliuth Playas Pérez, Hipólito Durán Pérez y Liovigildo Pérez Garcia, de Santa Ana Cuauhtémoc, así como a don Ignacio Garmendia, Abelardo Zaraut, Gildardo Zaraut, Lázaro Flores Rebollar, Crescencio Brioso Otáñez, Samuel Brioso Martínez, Juan Carlos Brioso Gracida, Lorenzo Gracida Faraón, Benito Zaraut Mendoza, Gabriel Cruz Urbina, Modesto Fragoada Cancino, Manuel Sanchez Cancino, Salvador Brioso Rubiños, Jesús Carrisosa Luna, Gregorio Mata Cázares, César Guevara Romero, Juventino Azotla Brioso, Ever Rubiños Arroyo y Baltazar Azotla Baldivieso, de Cuyamecalco, quienes amablemente me acompañaron durante los varios recorridos que realicé en sus comunidades.

[5] En el caso de Cuyamecalco, pobladores me comentaron que en un cerro cercano a la cabecera municipal se localizan un par de lugares en los que se pueden observar pretiles (temporada de campo abril y junio de 2018).

[6] Temporadas de campo junio de 2016 y abril de 2018.