Keiko Yoneda
CIESAS Golfo
Recorrido en Tecamachalco (Puebla): Hildeberto y Keiko.
Foto:Cronistas e historiadores del edo. de Puebla, 2010.
Hildeberto nació en Naolinco, Veracruz. Su papá, don Pedro, era afromexicano, de tez morena, cabello crespo y ojos grandes. No conocí a su mamá, doña Eloína, pero Hildeberto llevaba siempre en su cartera una foto de cuando ella era joven. Era blanca, delgada y de cabello lacio.
Don Pedro era policía y posteriormente trabajó como secretario del Ayuntamiento en Naolinco. A pesar de haber ido a la primaria sólo hasta el cuarto grado, tenía una ortografía impecable. Doña Eloína era platicadora y sociable, según lo que nos decía Hildeberto.
Cuando Hildeberto tenía 10 años, su madre y sus cuatro hijos (dos mujeres y dos varones) fueron a vivir a la Hacienda La Flor. Hildeberto no fue a la escuela desde los 10 hasta los 14 años, y trabajó en la hacienda, primero en el campo y luego en la tienda de raya. Doña Eloína tenía una fonda.
A los 14 años doña Eloína y sus hijos regresaron a Naolinco. Hildeberto pudo reanudar sus estudios en la escuela, y al mismo tiempo trabajaba haciendo cortes de cuero para calzado. Otro trabajo que hacía era llevar un caballo de un lugar a otro, ya que en aquel entonces no habían carreteras.
Como Naolinco no contaba con escuela preparatoria, se fue a vivir a Xalapa para cursarla. Entre varios normalistas del vecino pueblo del Espinal e Hildeberto, rentaron un cuarto para ir a sus respectivas escuelas. En ese periodo pertenecía a un equipo de basquetbol e iba a jugar a distintas ciudades de Veracruz. Era buen jugador según nos han comentado quienes lo conocieron en ese tiempo.
Terminando la prepa, ingresó a la carrera de economía en la Universidad Veracruzana (UV) porque había becas para esta carrera. En un año se dio cuenta que no era lo que quería e ingresó a Antropología. En esa época trabajó un tiempo en la Biblioteca de la UV. Cuando estaba en Antropología conoció a Luis Reyes García, quien daba clases de náhuatl. Cuando se dio el movimiento estudiantil en la UV en 1968, tuvo que salir de Xalapa a vivir a la Ciudad de México.
En julio de 1973 fui aceptada como becaria, e Hildeberto ingresó al CISINAH como becario unos meses después. Empezamos a encontrarnos a veces en el CISINAH, como cuando el Sr. Urgel (quien cuidaba la Casa Chata) barría el jardín y se ponía a platicar con los becarios. El señor Urgel tenía su casa en el lugar donde actualmente se encuentra el baño. Era pintor y nos enseñaba sus pinturas en su casa. En aquel entonces estaba creciendo el número de becarios en el CISINAH y ya no cabíamos todos en la Casa Chata.
Hilde y Keiko Yoneda fiesta fin de año Casa Chata
Fotografía de Teresa Rojas Rabiela. Archivo TRR. (1977)
Por 1976-1977, Hildeberto y yo empezamos a vivir juntos en la calle Puerto Real en la colonia Condesa. En aquel entonces podíamos llegar sin problemas al CISINAH en Tlalpan tomando autobús o en carro. En 1976 nos casamos, y en 1978 nos mudamos a un condominio en Xochimilco. Ese mismo año en octubre nació Yaopain.
En 1992 decidí cambiar mi adscripción al CIESAS del Golfo, porque empecé a tener algún problema respiratorio por la contaminación de la Ciudad de México. Hildeberto siguió con sus colegas del CIESAS México, y yo pude continuar y concluir con el doctorado en Antropología de la UNAM sin contratiempo. Desde entonces Hildeberto y yo empezamos con una nueva dinámica familiar a distancia.
Durante la pandemia de 2019-2022, se dio la oportunidad de convivir toda la familia junta por unos 3 años, ya que Hildeberto vino a refugiarse a Xalapa, y al terminar retomó su rutina en la Ciudad de México y venía a Xalapa sobre todo en las vacaciones.
Familia Martínez-Yoneda. Foto: Keiko Yoneda (1992)
Hildeberto tuvo que ser internado en el hospital el día 23 de noviembre, y falleció el día 2 de diciembre aproximadamente a las 10 de la mañana. El día que murió, unos minutos después de haber recibido la llamada de Yaopain dándome aviso de lo sucedido, yo tenía mis ojos cerrados, y vi una imagen muy clara de Hildeberto a una distancia de unos 50 metros. Tenía el rostro radiante, libre de toda preocupación y enfermedad, y estaba parado al centro de una hilera muy larga de árboles del tamaño de su estatura. Ahí fue cuando me di cuenta de que Hildeberto ya no estaba con nosotros.
Hildeberto y Keiko en recorrido en Tecamachalco (Puebla) con cronistas e
historiadores del Estado de Puebla. Foto: Yao Martínez Yoneda, 2010.