Trayectorias reproductivas desiguales: el racismo obstétrico como estructurador de resultados y experiencias en Brasil

Giovanna De Carli Lopes[1]
Universidade Federal da Bahia

 Fotografía de Tânia Rêgo/Agência Brasil (Licencia Creative Commons Attribution 2.0 Generic)

Introducción

Este texto fue presentado en el panel “Problemas de salud contemporáneos en las poblaciones negras de México y Brasil: saberes y prácticas corporales, reproductivas y terapéuticas” de la Conferencia de Etnias, Razas y Pueblos Indígenas (ERIP) y elaborado a partir de algunos resultados preliminares de mi tesis doctoral en el Programa de Posgrado en Estudios Étnicos y Africanos de la Universidad Federal de Bahía (UFBA), Brasil.

En primer lugar, destaco el contexto brasileño en el campo de la salud reproductiva y a partir de ahí, presento mis elecciones teóricas para analizar este grave problema que son las desigualdades raciales en la trayectoria del nacimiento, además de revelar y discutir algunos resultados de mi investigación. Actualmente, en Brasil, existe un escenario de desigualdades raciales que atraviesa el camino de la atención obstétrica, repercutiendo en indicadores de acceso, servicios, calidad de la atención, buenas prácticas y morbimortalidad materna, provocando una estratificación de los resultados, según la pertenencia racial. Muchas investigadoras se han dedicado a estudiar este tipo específico de inequidad racial, verificado en el contexto de los cuidados reproductivos, y yo soy una de ellas.

La desigualdad racial que confiere graves condiciones de desventaja a las mujeres negras en el contexto de los cuidados reproductivos ha sido denominada racismo institucional y, más recientemente, racismo obstétrico, concepto acuñado por la profesora afroestadounidense de antropología Dána-Ain Davis (Davis: 2018). Según ella, el racismo obstétrico es parte de la intersección entre la violencia obstétrica y el racismo en salud. La violencia obstétrica es una forma de violencia de género que sufren las mujeres embarazadas, parturientas y puérperas. El racismo en salud ocurre cuando la raza del paciente modula la conducta y las percepciones de los profesionales, causando daño. Aunque la violencia obstétrica sea una herramienta importante para analizar el abuso, ella no considera adecuadamente la influencia del racismo en las interacciones entre los profesionales de la salud y las mujeres negras (Davis, 2018).

Además del contexto actual del Sistema-Mundo en el que vivimos, también en el campo de la salud reproductiva las inequidades se fraguan a partir de varios marcadores como la raza, el género, la clase, el estatus y la cultura, produciendo resultados diferentes entre las mujeres (Lugones, 2008; Akotirene; 2019; Colen, 1995). Sin embargo, en Brasil, el racismo juega un papel fundamental como articulador de resultados reproductivos negativos. Ejemplo de ello son las mayores tasas de mortalidad materna, violencia obstétrica y peregrinaje para el parto (Brasil, 2020; FPA, 2010; Lima, 2016; Viellas, et al.,2014) entre mujeres negras en comparación con las blancas, y menores de respeto por los profesionales, de privacidad en el trabajo de parto y parto, y de satisfacción con la atención (D’Orsi, et al., 2014).

Además, las mujeres prietas y pardas, en comparación con las blancas, presentaron mayor proporción de variables desfavorables durante el período gestacional, como vivir sin pareja, no tener trabajo remunerado, sufrir agresiones físicas, peregrinar en busca de atención médica y no recibir analgesia durante el trabajo de parto. En el análisis estratificado según el nivel educativo, el grupo de mujeres blancas, pardas y prietas con mayor nivel educativo presentaron mejores indicadores que las mujeres de su grupo étnico-racial con menor nivel educativo, sin embargo, las disparidades raciales se mantienen, incluso entre las mujeres con menor nivel educativo (Leal, Gama, Cunha, 2005), lo que indica que, independientemente de la clase social, el racismo continúa permeando las conductas y, en consecuencia, los resultados maternos y neonatales.

Importantes teóricos latinoamericanos nos ayudaron a comprender el peso del factor racial en detrimento de otros marcadores, como Manoel Zapata Olivella, en Colombia; Abdias Nascimento, en Brasil; y Walterio Carbonell, en Cuba, quienes articularon una mirada crítica a las ideologías del mestizaje y de la democracia racial y enfatizaron que las desigualdades raciales no podían reducirse a cuestiones de clase. Durante la mayor parte del siglo XX se estableció que estudiar la raza no era una dimensión importante para estudiar la estratificación y las oportunidades de vida en las sociedades latinoamericanas. El desarrollo de los gobiernos populistas a mediados del siglo XX contribuyó a esta invisibilidad de la desigualdad racial. Sin embargo, en las décadas de 1960 y 1970, un creciente grupo de activistas negros y negras comenzó a cambiar este escenario (De la Fuente, 2018).

En ese sentido, a partir de la presentación del problema, en línea con los autores citados y desde mi lugar de enunciación como mujer negra, tomo la opción teórico-política de utilizar como clave de análisis el racismo obstétrico y no la violencia obstétrica, entendiendo que otros elementos están presentes en el campo de las inequidades étnico-raciales –mi tema de investigación– siendo la violencia obstétrica insuficiente para explicar las disparidades en términos de acceso, beneficios, calidad de la atención, buenas prácticas y demás indicadores ya mencionados.

Uno de los resultados de mi tesis se refiere a las imágenes de control –imputadas a las mujeres negras– que componen el entramado subjetivo de los profesionales de la salud, modulando sus conductas y prácticas que terminan produciendo cuidados racialmente diferenciados. Los estereotipos de “mujer negra fuerte, paridera y resistente al dolor” son algunas de estas imágenes de control. Así, los hallazgos preliminares del estudio indican la relevancia y pertinencia de utilizar el racismo obstétrico como herramienta para analizar las formas de producir cuidado –o la falta de él– a las mujeres negras en el campo de la obstetricia en Brasil.

Ruta metodológica

Para la construcción teórico-metodológica de este artículo, busqué hacer una mirada crítica al trayecto de atención al parto de mujeres negras brasileñas con el fin de plantear algunas pistas teóricas que ayuden a comprender la construcción del racismo en la trayectoria del parto, así como los resultados desproporcionadamente negativos para las mujeres negras embarazadas.

Desde perspectivas decoloniales, contrahegemónicas y afrocéntricas, busco reflexionar sobre este trayecto, que se presenta desde un vasto camino de prácticas, accesos y oportunidades que desembocan en un mar de indicadores, resultados y desenlaces desiguales según la pertenencia racial. Por lo tanto, es precisamente en términos de todo el contexto anterior que radica la pertinencia de debatir y analizar críticamente las inequidades raciales que atraviesan la trayectoria reproductiva de las mujeres, en virtud de la posibilidad de vislumbrar caminos reproductivos más equitativos, conscientes, vigilantes y libres, basados en la comprensión, profundización y ampliación de la discusión. Parafraseando a Oyèrónké Oyewùmí (1997), sólo cuando estos supuestos son expuestos pueden ser debatidos y cuestionados.

Estereotipos racistas en las relaciones sociales

Según María Aparecida Bento, el legado colonial de la discriminación anti-negro, el privilegio blanco y la desigualdad racial, pueden explicarse, y muchas veces aceptarse, a través de palabras de moda que no se sostienen lógica y científicamente, pero que permiten negar el racismo, no enfrentar las desigualdades y mantener el sistema de privilegios (Bento, 2014).

Dentro de la idea de “palabras de moda”, citada por la autora, creo que están ancladas en una infinidad de ideologías, desde la falaz meritocracia (para justificar el privilegio blanco y no hacer frente a las desigualdades) hasta los estereotipos racistas (para reforzar la estructura de poder de la blanquitud y someter a los negros).

Son innumerables los estereotipos forjados para someter, humillar, dominar y explotar a la población negra en general. Pero para cumplir con los objetivos de esta reflexión teórico-crítica, me centraré específicamente en los estereotipos de “mujer negra fuerte, paridera y resistente al dolor”, comúnmente reservados para aquellas que, en ocasiones, llevan otra vida dentro de sí. Estos tres estereotipos en particular servirán como pistas de investigación en la búsqueda por comprender la producción del racismo obstétrico a lo largo de la trayectoria del parto.

Los estigmas y los valores de inferiorización son uno de los tres pilares del racismo, que, simultáneamente con la construcción de la diferencia y con el poder, fueron minuciosamente fabricados para viabilizar la supremacía blanca (Kilomba, 2019). Esta viabilidad se dio en varios campos, pero el campo científico jugó un papel fundamental en la asunción del racismo y, en consecuencia, en la fabricación y propagación de estigmas, estereotipos y prejuicios, como veremos a continuación.

Estereotipos racistas en medio de la ciencia médica

Además de varios otros médicos y científicos a lo largo del siglo XIX, Cesare Lombroso fue uno de los que logró reunir varios mitos, estereotipos y teorías para demostrar “científicamente” la inferioridad de la “raza” negra en relación con la “raza” blanca, alcanzando así gran fama hasta el día de hoy. En el libro titulado “L’uomo bianco e l’uomo di colore”, publicado originalmente en 1892, Lombroso actualizó la teoría biológica creacionista, demostrando que el desarrollo embriológico de los seres superiores –blancos/as– representaba la evolución de los seres inferiores –negros/as y indígenas (Lombroso, 1892).

Así, además de desarrollar una teoría capaz de legitimar las condiciones de explotación a través de la “prueba científica” de no humanidad de la población negra e indígena, también logró asociarlas con la criminalidad (Goés, 2015).

Específicamente en el campo de la salud reproductiva, una de las figuras que ayudó en la propagación y consolidación de estereotipos de no humanidad hacia la población negra fue el médico estadounidense James Marion Sims (1813-1883), asociando los atributos de fuerza y resistencia al dolor a las mujeres negras mediante el uso de sus cuerpos para experimentos quirúrgicos sin su consentimiento y sin anestesia. Sims desarrolló una técnica quirúrgica para reparar la fístula vesicovaginal, una lesión devastadora en la que se forma una abertura anormal entre la vejiga y el canal vaginal, lo que provoca, entre otros problemas, incontinencia urinaria. Sin embargo, hasta que tuvo éxito en realizar la cirugía, utilizó a mujeres negras esclavizadas como conejillos de indias durante años, sometiéndolas a experimentos terriblemente dolorosos y degradantes (Washington, 2006).

Además de la cirugía de reparación de fístulas vesicovaginales, en la década de 1830 en Estados Unidos también se perfeccionó la cirugía de cesáreas a partir del uso de cuerpos negros como conejillos de indias. Según Richwoods (apud Fisher, 1968), el médico François Marie Prévost, de Luisiana, región sur de los Estados Unidos, realizó su primera cesárea exitosa a una mujer negra a quien describió como una “primípara gorda con la pelvis contraída”. Veintinueve de los treinta y seis casos sureños posteriores para perfeccionar la técnica quirúrgica de la cesárea fueron en mujeres negras (Harris, 1950). Además de los descritos, hubo otros casos de uso de cuerpos negros esclavizados por la medicina, en condiciones inhumanas, para la creación de técnicas, tratamientos y cirugías, descritos en detalle en el libro “Medical Apartheid: the dark history of medical experimentation on black americans from colonial times to the present”, escrito por la periodista y profesora de bioética, Harriet A. Washington, aún sin traducción al portugués.

Si bien se trata de situaciones graves, similares a la tortura y que violan preceptos éticos fundamentales, cabe señalar que estos ejemplos estaban en consonancia con la práctica médica de su época. Así, a lo largo de los años, el legado de estos experimentos dejó profundas huellas no sólo en la representación imaginaria de la población negra, sino también en la consolidación y perfeccionamiento de la ciencia médica, produciendo, aún hoy, una serie de consecuencias evidenciadas por la forma en que se conduce e implementa la atención a la salud de las mujeres negras en países con largos períodos de esclavitud, como los países latinoamericanos.

Para Juliana Borges, escritora y antipunitivista, los estereotipos construidos en torno a la idea de que los negros, especialmente los hombres negros, son degenerados y criminales en su esencia, es lo que sustenta la violencia del racismo policial, ganando apoyo social para mantener al grupo blanco como privilegiado por el sistema, ya que, desde que las mujeres y los hombres negros son construidos como criminales, se legitiman acciones de contención y exterminio de este grupo, configurados como “enemigos penales” (Borges, 2019).

Por lo tanto, si bien el racismo institucional practicado por la policía brasileña está guiado por la violencia y la muerte explícitas de los cuerpos negros, esta violencia es legitimada por los estereotipos degradantes asociados a estos cuerpos, que hacen que las violencias y las muertes sean banalizadas y vistas como “algo normal y suele pasar” para este segmento de la población.

Creo que en el caso del modelo brasileño de atención al parto, la dinámica funciona de manera similar: estereotipos racistas construidos como constitutivos de las mujeres negras, como “mujer negra fuerte, paridera y resistente al dolor”, legitiman las barreras de acceso, la no oferta de beneficios, el descuido, la negligencia y las violencias contra las mujeres negras durante su ciclo gestacional-puerperal. Todas estas dimensiones convergen en peores indicadores maternos y neonatales para las mujeres negras.

Al igual que el sistema policial, el sistema de salud también tiene simbólicamente ese poder casi divino de decisión sobre la vida y la muerte, y así como Lombroso desarrolló teorías que vinculaban la tendencia al crimen a la población negra, Marion Sims vinculó la resistencia al dolor a la mujer negra, a través del uso de sus cuerpos para experimentos sin aplicar anestesia.

Consideraciones finales

De lo anterior se desprende, al menos en el campo de la salud reproductiva, que el perfeccionamiento de la medicina hegemónica en el siglo XIX fue posible gracias a un legado racista y al uso de cuerpos de mujeres negras esclavizadas como conejillos de indias de laboratorio. Este trasfondo, sumado a la jerarquía racial que moldea nuestras relaciones y ordena el mundo social en su conjunto, posiblemente juega un papel estructurante en las prácticas obstétricas, moldeando la forma en que mujeres embarazadas, negras y blancas, son tratadas y asistidas por el sistema institucional de salud y moldeando también su acceso y búsqueda de asistencia institucional, lo que repercute a lo largo de su atención de prenatal, parto y puerperio.

Así, estos estereotipos racistas centenarios, que estigmatizaron al cuerpo negro embarazado como un cuerpo programado para dar a luz, no sentir dolor y ser fuerte, dejaron un legado que hoy (re)produce una serie de inequidades raciales en el campo de la salud reproductiva. El peligro de esto, según Maria Aparecida Bento, radica en la naturalización de los estereotipos en nuestra subjetividad, lo que nos convierte, voluntaria o involuntariamente, en cómplices de su perpetuación (Bento, 2014).

En ese sentido, el debate sobre los estereotipos racistas en el campo obstétrico pretende explicitar la complejidad del tema y provocar reflexiones y prácticas de atención obstétrica equitativas, desencadenadoras de movimientos de contracorriente, centradas en las necesidades de las mujeres y libres de preconceptos, ideas preconcebidas, estereotipos y violencia.

Bibliografía

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[1] Mulher negra cis, enfermeira obstetra, professora, pesquisadora, doula e doutoranda em Estudos Étnicos e Africanos (PÓS-AFRO/CEAO) na Universidade Federal da Bahia (UFBA), Brasil. No campo da Antropologia da Saúde, desenvolvo atualmente etnografia sobre trajetórias de parto de mulheres autodeclaradas negras e brancas de Salvador/BA. Orientada a partir da Améfrica Ladina, tenho um compromisso ético, político, afetivo e ancestral com a construção de um mundo justo e de vivências plenas. Correo: giovanna.decarli@live.com