María Belén Herrero Martín[1]
Alicia Sarmiento Velásquez[2]
Victoria Raquel Rojas Lozano[3]
Universidad Nacional Autónoma de México
En memoria de Olivia Ortiz Ramírez
(QEPD, agosto 2025)
¡Somos llamas de un fuego que no se apaga!
Ilustración Ichan Tecolotl con imagen de la página de Facebook de Colectiva ADAS.
Resumen
Esta reseña analiza el documental A todo lo que dije sí (2024), dirigido por Laura Arévalo y producido por la Colectiva ADAS –Acompañamiento Después de un Aborto Seguro–, organización feminista mexicana fundada en 2019 por Olivia Ortiz Ramírez, Sandra Triay García y Paola Cabello Montaño. Destaca el aporte singular de ADAS como organización especializada en el acompañamiento emocional posterior al aborto, cuya metodología articula psicoterapia narrativa, psicoanálisis y feminismo. A través del análisis del documental, la reseña examina cómo la propuesta de ADAS trasciende el modelo dominante de acompañamiento –orientado a la culminación exitosa del proceso físico– para centrar su atención en el impacto emocional del estigma social, construyendo espacios de cuidado colectivo que visibilizan y honran la experiencia afectiva de las mujeres que deciden interrumpir un embarazo.
Palabras clave: acompañamiento emocional; aborto; estigma; comunidades de cuidado; colectivas feministas.
Sobre el documental
A todo lo que dije que sí es un documental dirigido por Laura Árevalo y producido por Colectiva Acompañamiento Después de un Aborto Seguro (ADAS) en el año 2024. Esta organización feminista mexicana fue fundada por Olivia Ortiz Ramírez, Sandra Triay García y Paola Cabello Montaño en 2019, como un recurso de atención emocional a mujeres que voluntariamente decidían interrumpir un embarazo, con la intención de cobijar los silencios y la soledad de la experiencia. Cabe mencionar que Olivia diseñó la metodología de atención casi una década antes, en 2007, año en que se despenalizó el aborto en Ciudad de México.
Actualmente, ADAS brinda apoyo a mujeres en México y en otros países de América Latina, mediante el trabajo de Ale, Pao y Lala, quienes ofrecen acompañamiento –individual y colectivo– amoroso y sin estigmas. Del trabajo de la organización se derivó ADAS en Red, un proyecto que ofrece círculos de reflexión sobre el proceso embarazo-aborto. Para solicitar sus servicios, basta con contactarlas a través de sus redes sociales[4], espacio en el que comparten contenido que busca informar, concientizar y sensibilizar sobre el proceso emocional postaborto desde una perspectiva de género y derechos sexuales y reproductivos.
Aunque en México la despenalización del aborto entró en la agenda pública desde la década de los setenta del siglo pasado, no fue sino hasta el siglo XXI que el acompañamiento se extendió como práctica feminista articulada con los activismos que emergieron en el marco de lo que conocemos como la Marea Verde; movimiento crucial en el proceso de ciudadanización de la sexualidad, concretamente en lo relativo a la cuestión del aborto, y que aglutina de manera informal una diversidad de organizaciones, colectivas y grupos.
No obstante, ante dicha proliferación en el territorio nacional, ADAS destaca como la única organización que se ha focalizado en el acompañamiento emocional posterior a la experiencia del aborto y cuyo trabajo llevó al desarrollo de una metodología para atender el impacto emocional del estigma social hacia este. Esta metodología articula la psicoterapia narrativa, el psicoanálisis y el feminismo (Ortiz Ramírez, 2022). A diferencia del modelo de acompañamiento predominante en México –enfocado en la culminación exitosa del proceso físico del aborto–, la propuesta de ADAS se centra específicamente en el trabajo terapéutico posterior a la vivencia.
El documental visibiliza la importancia del acompañamiento y la apuesta por construir espacios que recuperen los sentires de las mujeres y cobijen sus vivencias en torno al aborto. La trama se estructura en dos momentos. El primero condensa la historia de ADAS, tejida por Olivia Ortíz Ramírez junto a Sandra Triay García, Paola Cabello Montaño y Alejandra Cabello Montaño, quienes visibilizan el acompañamiento abortista desde su dimensión política-afectiva. En el segundo momento, se presentan los autorretratos de cuatro mujeres: Pam, Diana, Caro y Yess. Las historias son grabadas por sus protagonistas a través de sus teléfonos móviles, en ellas comparten fragmentos íntimos de sus experiencias de aborto como estrategia para mirarse y encontrarse. Son ellas, en primera persona y desde su propia voz, quienes desde la transgresión de los silencios se reencuentran con una intimidad que desean hacer pública: sus emociones, proyectos, sueños y aquello a lo que dijeron que sí cuando optaron por abortar. El uso del formato de autorretrato permite que las protagonistas sean las realizadoras de la obra cinematográfica, utilizando su propia imagen para proyectar sus memorias y mundo interior. Este formato ha sido caracterizado como una escritura fílmica del yo, al centrarse en modalidades discursivas que proyectan historias en primera persona.
Enmarcando el documental: aborto, emociones, salud y cuidados
El activismo feminista es un movimiento político y social que genera saberes, conocimientos y prácticas de cuidados en favor de la salud de las mujeres. Una de sus manifestaciones más relevantes y con profundas raíces históricas es el acompañamiento abortero, el cual se ha consolidado como un posicionamiento teórico, afectivo, político y ético de justicia (no) reproductiva para mujeres, niñas y personas con capacidad de abortar que deciden interrumpir su embarazo o buscan regular su ciclo menstrual. Esta práctica tiene sus antecedentes en la creación de los primeros servicios de aborto clandestinos en países como Estados Unidos, Italia y Francia a finales de la década de los sesenta (Rojas Lozano et al., 2022).
El acompañamiento abortero se entiende como el resultado de un trabajo de traducción de un saber histórico-local que, tras haber sido medicalizado, se ha volcado en un saber activista. Esta práctica se realiza fuera de un contexto clínico, enfocándose en un trabajo político-afectivo que consiste en ofrecer información, contención emocional y democratización de saberes sobre el aborto autoadministrado y autogestionado (ya sea herbolario, farmacológico o quirúrgico) (Rojas Lozano, 2025).
Acompañar y ser acompañada ha sido crucial dentro del movimiento feminista para la creación y el fortalecimiento de redes y colectivas. Esto facilita la construcción de interacciones y relaciones intersubjetivas que desafían los mandatos de género que promueven la falta de articulación entre mujeres y, en su lugar, apuestan por el trabajo conjunto, el conocimiento mutuo, el bienestar y la salud desde lo colectivo.
Los cuidados colectivos entre y para mujeres que surgen de redes como ADAS trascienden el deber-ser o el rol de género impuesto, enfatizando la interdependencia y la necesidad de ser no solo cuidadoras, sino también cuidadas, especialmente dentro de un sistema médico patriarcal. La formación de lo que aquí denominamos comunidades de cuidado es apremiante, porque implica salvar la propia vida (Casados González y Moreno Uribe, 2022). Este trabajo de cuidado y acompañamiento, a menudo no remunerado e invisibilizado por el saber biomédico y el sistema económico, constituye un primer nivel de atención real que amplía los horizontes tradicionales respecto a la salud y bienestar de las mujeres, priorizando la agencia de las mujeres y su autonomía emocional.
El concepto de comunidad emocional (Rosenwein, 2006; Baquero Torres, 2020) es clave para comprender la incidencia de las emociones en la movilización de la acción colectiva en contextos de violencia y su papel en la construcción identitaria y el agenciamiento social. La colectiva ADAS, al verse desde la óptica de las comunidades emocionales, revela la dimensión emocional, ética y política del cuidado, y su impacto en la salud integral.
En esta lógica, el acompañamiento implica compartir experiencias y establecer vínculos basados en normas y dispositivos emocionales (López Sánchez, 2011). Esto requiere de habilidad empática y la disposición de involucrarse afectivamente en las vivencias de las compañeras a través del acto de escuchar y de abrirse a la vulnerabilidad compartida. La escucha y contención emocional actúan como potenciadores de cuidados que subvierten la matriz emocional hegemónica. Las acompañantes están sustentadas por una ética del reconocimiento que impulsa la acción política de “estar ahí para otras”. Este activismo sostenido, afectivo y efectivo se moviliza a través de emociones como angustia, miedo, culpa, empatía y digna rabia (Rojas-Lozano, 2025).
Decir que sí, abortar en compañía y romper los silencios
El documental nos acerca al trabajo que ADAS, como una comunidad emocional de cuidados, ha realizado a lo largo de casi 20 años mediante fragmentos de la vida cotidiana de mujeres y de los espacios que habitan. Mujeres que dijeron que sí al aborto y, al hacerlo, apostaron por sus proyectos de vida, en insurgencia con un mandato heteropatriarcal: “la maternidad”.
A través de las voces de sus protagonistas, se despliega una urdimbre de cuestionamientos en torno a la relación embarazo-aborto, lo que se espera de una “buena mujer”, el placer sexual femenino, el acceso a métodos anticonceptivos, el derecho a optar voluntariamente por la maternidad y el aborto legal como medio para evitar la mortalidad de las mujeres que deciden interrumpir un embarazo, que subvierten los saberes tradicionales reproductores del orden social de género. Esta articulación entre conocimiento y afecto posibilita romper silencios históricos para nombrar lo que duele. Cuando el cuerpo habla, es posible liberar y sanar. La sanación aquí no solo es un proceso íntimo, sino también político, al involucrar el trabajo emocional que se teje en colectivo y que en la mayoría de los casos es sostenido por las organizaciones y activismos feministas.
La potencia de este tipo de recurso audiovisual reside en su capacidad para trasladar las vivencias y sentires de sus protagonistas hacia públicos diversos, permitiendo el despliegue de narrativas alternativas sobre la salud, la sexualidad, la reproducción y los cuerpos de las mujeres y personas con capacidad de gestar. El filme visibiliza prácticas de cuidados que trascienden los modelos médicos hegemónicos e incorporan la dimensión emocional/afectiva. Al hacerlo, la obra politiza el silencio: ese espacio donde el miedo a la incomprensión y al estigma suele anestesiar las emociones frente a una sociedad que juzga con dureza.
A todo lo que dije sí nos lleva a reflexionar sobre los límites de la legalización del aborto en un entramado cultural patriarcal y heteronormado como el que se vive en México. Cuando la legalidad no garantiza el acceso y tampoco nos libera del estigma social, decidir sobre nuestros cuerpos puede ser una experiencia dolorosa, en soledad y silencio, nos dicen las ADAS.
En última instancia, este documental constituye una invitación a romper los propios silencios y a sostenernos en lo colectivo. Al permitir que otras mujeres se reflejen en las vivencias de sus protagonistas, la obra abre un espacio para reconocer batallas compartidas y el modo en que todas habitamos en ellas. Para las activistas de ADAS es importante que quienes decidieron interrumpir su embarazo “afirmen su decisión, que no solo bajen el volumen a las voces del estigma, sino que ellas puedan ver que al decirle no a un embarazo, le dijeron que sí a otras cosas” (Arévalo, 2024).
Referencias
Arévalo, L. (Directora) (2024). A todo lo que dije sí [Documental]. Colectiva ADAS.
Baquero Torres, P. (2020). Comunidades emocionales y transformación social: El carácter político de la energía emocional. En O. López Sánchez y R. Enríquez Rosas (coords.), Gestión emocional en procesos migratorios, políticos y de organización colectiva en Latinoamérica y México (pp. 105-134). Universidad Nacional Autónoma de México; Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Occidente.
Casados González, E. y Moreno Uribe, V. (2022). Redes de cuidados en medio de la violencia y precarización contra mujeres en Veracruz. Argumentos Estudios Críticos de la Sociedad, 97, pp. 103-119. https://doi.org/10.24275/uamxoc-dcsh/argumentos/202297-05
López Sánchez, O. (2011). Reflexiones iniciales sobre la historia cultural de la construcción emocional de las mujeres en el siglo XIX mexicano. En O. López Sánchez (coord.), La pérdida del Paraíso. El lugar de las emociones en la sociedad mexicana entre los siglos XIX y XX (pp. 23-56). Facultad de Estudios Superiores-Iztacala; Universidad Nacional Autónoma de México.
Ortiz Ramírez, O. (2022). ADAS: Experiencia emocional de las mujeres que buscaron apoyo luego de la interrupción legal de un embarazo en DF. Repositorio CLACAI. http://clacaidigital.info/handle/123456789/1635
Rojas Lozano, V. R. (2025). Entre la criminalización del aborto y el cuidado como resistencia organizada. Anales de Antropología, 59(1), pp. 43–52. https://doi.org/10.22201/iia.24486221e.2025.59.1.87520
Rojas Lozano, V. R., Ramírez Morales, M. del R., Herrero Martín, M. B., Rodríguez Pedraza, Y., y Rodríguez Falcón, M. (2022). Aborto, una mirada desde los activismos feministas. Iberoforum. Revista de Ciencias Sociales, 2(1), pp. 1-8. https://doi.org/10.48102/if.2022.v2.n1.234
Rosenwein, B. (2006). Emotional communities in the Early Middle Ages. Cornell University Press.
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