Jessica Reyes Sánchez[1]
Instituto Politécnico Nacional / Universidad Nacional Rosario Castellanos

Ilustración Ichan Tecolotl con imagen del sitio https://ahoraqueestamosjuntas.com/
Palabras clave: espacio público; corporalidades; emociones; urbanismo feminista
Ahora que estamos juntas (2022) es un largometraje documental dirigido, escrito y producido por la cineasta Patricia Balderas Castro, en el que se muestra cómo el acoso sexual callejero es una forma de violencia que está presente en la experiencia cotidiana de las corporalidades femeninas. Diversos espacios públicos de la Ciudad de México se convierten en escenario y materialidades afectantes donde las cuerpas experimentan dolor y angustia, pero también cariño, cuidado y sororidad (Kern, 2019; Martínez, 2005; Joseph, 1998). A través de una propuesta estética intimista, la creadora nos permite adentrarnos en la vida de algunas mujeres y en la suya; así, somos espectadoras (y, en cierta forma, protagonistas) de los diversos ritmos urbanos, emociones, resistencias y prácticas lúdicas que se tejen en torno a las experiencias de acoso sexual callejero.
Es de particular interés destacar que este trabajo implicó para la creadora varios años de registro audiovisual, reflexión teórica y gestión de recursos para llevar a cabo la producción, lo que da cuenta del compromiso profesional y personal que el documental significó para las personas involucradas.
Sin duda, la propuesta narrativa y estética de esta obra nos permite adentrarnos en los entramados corpoafectivos y las resistencias que se tejen frente al acoso sexual callejero, una de las formas de violencia más habitual en las urbes, y que ha sido normalizada e invisibilizada en disciplinas como el urbanismo y la planificación territorial hegemónicas. Las narraciones de las participantes son individuales, pero representan experiencias que una gran cantidad de mujeres hemos experimentado en las urbes.
La autora realiza un trabajo introspectivo muy poderoso, que se despliega a la par del desarrollo del largometraje. Como ella misma relata, su interés inicial surgió desde un espacio académico: le interesaba documentar un tipo de violencia y a través de ello hacer una propuesta audiovisual sobre un tema que consideraba relevante, pero no parte de su experiencia.
Al principio el papel de la creadora se centró en la observación, su involucramiento corporal y afectivo en este punto era el esperado en este tipo de trabajos: no muy cercano con el fenómeno observado. Al avanzar la reflexión creativa y teórica, y con el acercamiento a mujeres que han experimentado acoso sexual callejero, la autora tuvo la posibilidad de analizar su propia experiencia encarnada. Esto le permitió visibilizar las formas de violencia que habían estado presentes en su vida, lo cual la llevó a reflexionar sobre su propia relación con la ciudad y el acoso sexual callejero.
Sin duda el documental, que inicia como un ejercicio académico, se convierte en una propuesta audiovisual autorreferencial, a la par que se conjuga con las vivencias de mujeres de diversas edades y condiciones económicas y habitantes de zonas muy distintas de la Ciudad de México. En este sentido, considero que la experiencia con este trabajo implicó para la autora un proceso creativo autopoiético. Y debido a su involucramiento personal y profesional, logró crear una obra cinematográfica que nos explica, desde distintas miradas, una realidad en común: el espacio público de las ciudades androcéntricas como un sitio que violenta los cuerpos de las mujeres y de otros sectores considerados no hegemónicos (Citro, 2010).
Es muy interesante observar que, a la par que Balderas relata su involucramiento con el movimiento feminista, su participación activa en marchas y grupos de mujeres, y su propia labor como cineasta, también nos invita a acompañarla en el espacio público y a entrar al ámbito de lo privado, ya que nos permite seguirla hasta su hogar y comparte con las y los espectadores algunos elementos de su historia familiar.
De igual forma, la cineasta nos muestra la realidad de otras mujeres en el espacio público y en el espacio privado, lo que nos permite adentrarnos en sus experiencias encarnadas. Esto es muy significativo, ya que expone cómo ambas esferas que históricamente se han tratado de diferenciar siempre están en interacción y sus límites son difusos (Barnsley, 2013; Soto Villagrán, 2007).
Podemos notar cómo la autora y otras mujeres se apropian del discurso feminista y a partir de ello encuentran espacios donde les acuerpan otras mujeres. Todas comparten con ella un mismo hecho: experimentar acoso sexual callejero a lo largo de su vida; hecho que es doloroso, pero que no las limita, ya que tienen la capacidad de tomar la experiencia para conformar un discurso que aboga por construir espacios públicos no sexistas. En ese camino, es posible observar las maneras en que la experiencia colectiva transforma la individual, y su poder.
Resistir a las violencias y resistencia a través de las corporalidades
El gran acierto de Balderas en su largometraje es que no se centra solamente en mostrar que el acoso sexual callejero es una realidad tangible para muchísimas mujeres en la Ciudad de México ,y evidentemente en otras partes de mundo. Sin quedarse solo en la parte dolorosa del suceso y evidenciar a partir de cifras y narrativas desgarradoras, la autora recupera la agencia que despliegan algunas mujeres.
A partir de algunas narraciones, la autora revela parte de las estrategias que se han creado e implementado para acuerparnos y apropiarnos del espacio público, ese que por mucho tiempo nos han enseñado que no es para nosotras, ese que ha estado restringido durante siglos, ese al que nos enseñaron a temerle, ese que cuando lo transitamos colectivamente se convierte en un espacio resignificado ( Col·lectiu Punt 6, 2019; Goffman, 1979).
Balderas da cuenta de las diversas estrategias de autodefensa que las mujeres hemos tenido que inventar para poder estar en las calles. Dichas estrategias implican diversos usos de las corporalidades, generación de redes de solidaridad y uso de las tecnologías (de Certeau, 2010). Una de las más interesantes que se abordan en el documental es la conformación de redes de apoyo entre mujeres. Sin duda, poder crear comunidad para resignificar sucesos relacionados con las violencias permite que quienes la experimentan consigan un bálsamo que les posibilita sanar emocional y físicamente. Saberse acompañadas permite que las mujeres resignifiquen el territorio más importante que tenemos: nuestro cuerpo (Cerva, 2021; Sabsay, 2011).
A lo largo del documental podemos ver cómo las emociones juegan un papel movilizador que, sin duda, impacta en la percepción de la corporalidad, la forma de moverse en la ciudad y la forma de relacionarse con las y los otros. Las emociones también movilizan para crear estrategias de cuidado colectivo que permitan a las mujeres tener una movilidad menos adversa.
Conclusión
Ahora que estamos juntas (2022) es un largometraje documental que visibiliza una problemática urbana que data de mucho tiempo. Aunque se centra en la Ciudad de México, sin duda puede ser un referente corporal y emotivo para otros lugares del país y del mundo. Nos muestra cómo la construcción androcéntrica de las urbes sigue pesando en el proceso de “hacer ciudad”, y que, pese a las disputas por el espacio y las violencias estructurales, es posible construir una ciudad donde las mujeres nos acuerpemos, disfrutemos el espacio y creemos redes de solidaridad que nos permitan transitar de una ciudad androcéntrica a una ciudad feminista.
Ficha Técnica
Ahora que estamos juntas
Producción, guion y dirección: Patricia Balderas Castro
Bandada Films
México, 2022
82 minutos
https://ahoraqueestamosjuntas.com/
Referencias
Barnsley, J. (2013). El cuerpo como territorio de rebeldía. UNEARTE
Cerva Cerna, D. (2021). La protesta feminista en México. La misoginia en el discurso institucional y en las redes socio digitales. Revista mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, 65(240), 177-205.
Citro, S. (2010) Reflexiones postcoloniales sobre los cuerpos etnográficos. Diálogos con Leenhardt, Merleau-Ponty y Teresa Benítez. REALIS – Revista de Estudos Antiulitaristas e Poscoloniais, 1(2), 52-74.
Col·lectiu Punt 6 (2019). Urbanismo Feminista por una transformación radical de los espacios de vida. Virus Editorial.
De Certeau, M. (2010). La invención de lo cotidiano. 1 Artes de hacer. Universidad Iberoamericana / ITESO.
Joseph, I. (1998). Retomar la ciudad. El espacio público como lugar de acción. Postgrado de estética – Universidad Nacional de Colombia
Goffman, E. (1979). Relaciones en público. Microestudios del orden público. Alianza Editorial.
Kern, L. (2019). Ciudad feminista: la lucha por el espacio en un mundo diseñado por hombres. Icono.
Martínez, G. (2005). La representación de los géneros en la construcción de los espacios público y privado. En R. Montesinos (ed.), Masculinidades emergentes. Porrúa / Universidad Autónoma Metropolitana
Sabsay, L. (2011). Fronteras sexuales. Espacio urbano cuerpos y ciudadanía. Paidós.
Soto Villagrán, P. (2007). Ciudad, ciudadanía y género. Problemas y paradojas. Territorios: Revista de Estudios Regionales y Urbanos, (16-17), 29-46. https://revistas.urosario.edu.co/index.php/territorios/article/view/839
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