Marxismo y rap en México: de la teoría a la praxis

Isaac Ricardo Gutiérrez Rubio[1]
Universidad de Guadalajara


“Rapero semillero, anti machista, secretario general y marxista antes que artista”

Vientos del Pueblo (Intro). “Nadie”, 2018

“Vientos del pueblo 2021. Expo Mundo Hip Hop”. Foto: Isaac Gutiérrez.


I. Introducción

En medio del fuego, las cenizas y la oscuridad, surgió el hip hop[2] a finales de la década de los setenta, en el barrio del Bronx, Nueva York, Estados Unidos. En torno a una serie de eventos en apariencia aislados, se gestó el hito que transformaría el mundo del arte popular. Algunos de esos eventos nos remiten a una serie de fiestas clandestinas auspiciadas por jóvenes DJ,[3] que recurrían a esta actividad tanto para generar dinero como para divertirse. En contraste con esta actividad, y el crecimiento, en número, de artistas urbanos ‒lo que posteriormente se concretaría en uno de los movimientos culturales más grandes de los últimos tiempos‒, el origen del hip hop surgió en medio de las contradicciones propias de una sociedad dividida y enfrentada por cuestiones de clase, género y raza.

Producto de la crisis social y económica a la que se enfrentaban cientos de familias afrodescendientes y latinas, y frente a la imposibilidad de pagar los alquileres, los dueños de los edificios del barrio del Bronx terminaron por desalojarlas. Los propietarios apostaron por la ganancia que obtendrían tras aumentar los seguros de las construcciones, mandando a gánsteres locales a incendiarlas. El 13 de julio de 1977, Nueva York sufrió, por 24 horas, un corte de energía que derivó en cientos de daños a edificios y en el saqueo a miles de tiendas de todo tipo. Lo único que iluminaba la ciudad eran los edificios en llamas (Chang, 2015). Después de este apagón, según relatan los pioneros del hip hop (Chang, 2015), el número de los DJ que aparecieron por la ciudad creció exponencialmente. El equipo de sonido, necesario para ejecutar esta disciplina, era costoso y, en el contexto del 13 de julio, muchos se hicieron del suyo robándolo o comprándolo a alguien que lo había robado. Un par de años después, el rap comenzó a sonar en la radio convencional. Con su difusión se introdujo el break dance y al rap norteamericano en México, hacia la década de los ochenta. Fue alrededor de 1985 que se registraron los primeros grupos de rap mexicano, aunque ninguno grabó ni publicó canciones hasta 1991, año en que el “Sindicato del Terror” lanza su canción homónima. Olvera (2018) plantea que ‒dada la cercanía con Estados Unidos y el flujo migratorio constante entre el país del norte y México‒, seguramente, hubo más de un mexicano que en su camino de vuelta al país, trajo consigo los elementos culturales y artísticos que se apropió al otro lado de la frontera.

La amplitud de temas que puede encontrarse en el género rap es incontable, cientos de temas hablan de amor o desamor, de viajar en carretera o del uso de la marihuana o el alcohol; a la vez, hay múltiples grupos y rappers realizando críticas al sistema capitalista, posicionándose frente al patriarcado y en contra del racismo, cuyos proyectos surgen del reconocimiento de su realidad política y geográfica, reconociendo que la vida en los barrios populares no es únicamente vicios y violencia entre pandillas, sino que también es resistencia y violencia entre clases.

El objetivo de este trabajo es abordar ‒desde la antropología‒, un par de expresiones que parten de una lectura de la realidad más crítica y cruda, aunada a un compromiso militante por transformarla: grupos de rap comunista que entablan diálogos con la juventud y con el pueblo trabajador. Abordar estos ejercicios desde la antropología se vuelve necesario para reflexionar en torno al papel de esta expresión en la difusión de ideas revolucionarias, así como de críticas surgidas de un análisis marxista hacia las formas de explotación contemporáneas.

A partir de una investigación más amplia,[4] he propuesto una periodización del rap en México respecto a las diferentes generaciones que se han sucedido desde la década de los ochenta hasta el presente. Realizó esta lectura en función de tres momentos: 1) los cimientos, de 1985 a 1997; 2) expansión del rap en territorio nacional, de 1997 a 2007, que gestaría los primeros álbumes clásicos y que sería el momento de difusión nacional. El periodo del 2000 al 2007 comprende el trabajo efectuado por discos Rapza ‒bajo el lema “El mejor rap subterráneo mexicano”‒, que aglomeró y difundió las canciones de grupos y rappers de todo el país; 3) la tercera generación emerge en el 2007 hasta la actualidad pues, si bien, con el fin de Rapza se termina una era, su muerte puede considerarse sinónimo de vida en cuanto a la emergencia de trabajos independientes. A esto le podemos sumar el uso de las redes sociales y la posibilidad de reconocimiento mediante plataformas digitales para exponer la música, hechos que marcan la etapa contemporánea del rap en México.

II. Marxismo y hip hop

Con el paso del tiempo, el marxismo se ha enfrentado a múltiples contradicciones en la teoría y en la práctica. Una de las principales es aquella que lo academiza y lo inserta en las aulas de manera oficial, pero sin profundizar en su estudio y, en ocasiones, reduciéndolo a una teoría social más. Otra se encuentra en las viejas formas dogmáticas de comprensión del marxismo que no han logrado más que dividir a la lucha social. Ambas, aunque repiten conceptos y, en ocasiones, buscan ahondar en su explicación, tienden a desposeer la cualidad revolucionaria de esta teoría, al no tener un punto de partida material para profundizar sus análisis, es decir, al carecer de una práctica que dé vida a la teoría. Al respecto, el antropólogo Ángel Palerm (2008) afirmó:

Tengo la convicción de que el marxismo, repudiado ahora por el pragmatismo de los partidos políticos y adoptado por los centros académicos, encontrará otra vez el camino de regreso a la política entendida como actividad científica, o bien conseguirá hacer de las ciencias sociales disciplinas dedicadas a su verdadera tarea de transformar la sociedad y orientar el curso de la historia. (p. 46)

La cuestión reside, entonces, no sólo en retomar algunos aspectos generales o convenientes de la teoría del gigante de Tréveris, sino en llevar a la praxis la teoría revolucionaria que planteó hace casi doscientos años. Praxis que repetidas veces se queda encerrada en las palabras, en el dicho o en los trabajos escritos, pero que tampoco puede reducirse a un pragmatismo falto de teoría. En ese sentido, el marxismo brinda a la antropología un marco para la acción transformadora, que tanto le preocupó a Palerm.

El marxismo, como concepción del mundo, encuentra diversas formas de expresión, un ejemplo claro de ello es el rap revolucionario de Pablo Hasél, MC[5] residente del Estado Español, quien enfrenta actualmente una pena de tres años, privado de su libertad por sus canciones y una serie de opiniones vertidas en redes sociales en los que criticó a la llamada monarquía constitucional. Hasél ha llevado a las últimas consecuencias su palabra, su rima, su obra, en las que hace un llamado a la acción anticapitalista y a la praxis revolucionaria. Es decir, que este MC, antes de ser la figura que rapea, es un militante que, por medio del arte, busca articular su praxis a las problemáticas sociales, lo que le ha costado incluso su libertad.

Así como Hasél, ha habido y hay una serie de MC mexicanos que −mediante el uso de la palabra, sumándole diversas acciones colectivas en sus respectivos espacios− se ubican dentro de esta corriente del rap que no se limita a dar un mensaje positivo ante las adversidades, sino que denuncia, propone, lucha y se compromete con lo que expresa; algo que caracteriza a una parte de la escena del hip hop en su etapa contemporánea. Los casos que trataré en este trabajo son los grupos de rap: La Otra Rima de Ciudad de México y Vientos del Pueblo de Guadalajara, Jalisco. Ambos grupos retoman conceptos de la teoría marxista-leninista y ‒además de desglosar algunos de estos en sus temas‒ se caracterizan por estar constantemente cerca de procesos y luchas proletarias de manera solidaria. La Otra Rima es un proyecto de rap contrahegemónico conformado por Fex One y Rima Roja. Con tres trabajos a sus espaldas: Apología del oprimido, Crónicas del barrio y Redcore. La Otra Rima es uno de los grupos más activos y presentes en las luchas de abajo en México y el mundo. Es posible verlos rapeando en trabajos con la Normal Rural de Ayotzinapa, en movilizaciones populares con distintos sectores proletarios y solidarizándose con la lucha saharaui o la revolución cubana. Por su parte, Vientos del Pueblo es un grupo compuesto por militantes de la Juventud Comunista de México, que asumen su música como un trabajo de propaganda de las ideas marxistas leninistas. Integrado por Dani Linares, Nadie, OmarX, Pax y Psycho TEPT, la agrupación se caracteriza por mantenerse cercana a procesos de organización proletaria locales, así como a las luchas de comunidades agrupadas en el Congreso Nacional Indígena, entre otras. En sus canciones se observan ‒además de notas de la realidad que atraviesa la clase trabajadora‒ consignas solidarias con luchas y procesos como el zapatista, el que mantienen las y los comuneros en Santa María Ostula,[6] o la misma revolución cubana.

“Redcore, 2018. La Otra Rima.” Foto: Isaac Gutiérrez.


Hablar de una praxis revolucionaria desde el arte puede resultar enredoso, más si la praxis misma es la realización de las obras artísticas. Siguiendo esta idea, el filósofo Adolfo Sánchez Vázquez afirma que el ser humano como ser práctico y creador:

permite ver el arte como un modo de creación específico; es decir como una forma de praxis que se asemeja al trabajo cuando éste conserva su principio creador, ya que con él se trata de transformar también una materia cuya resistencia hay que vencer, práctica y efectivamente, para imprimirle la forma adecuada al fin, necesidad o función que el objeto producido ha de cumplir […] Así concebido se desenvuelve históricamente como una manifestación ilimitada de la capacidad creadora del hombre como proceso de renovación e innovación constante que no puede agotarse nunca en ninguna de sus manifestaciones histórico concretas. (Sánchez: 24)

En términos del hip hop, cuya expresión musical es el rap, las posturas de algunos y algunas rappers tienden más a la mera descripción de algún problema, sin ahondar en su causa ni en buscar ‒desde algún punto de partida cualquiera‒ plantear una solución; esto, cuando no normalizan una serie de conductas que desembocan en contradicciones sociales, llámese machismo, individualismo, racismo, etcétera. Aunado a esto, persisten corrientes de pensamiento que aún creen ilusamente en la neutralidad del arte. Retomo lo planteado por Mariano Garrido al respecto: “Pero aclaramos: la palabra y la poesía, se lo sepa o no, nunca son ajenas a lo social, nunca son neutrales, siempre encarnan una evaluación ideológica. Incluso cuando callan, incluso cuando omiten” (Garrido, 2009: 3).

Vale la pena apuntar, también, el papel doblemente revolucionario que encarnan algunos grupos al hacer de sus obras una herramienta para la lucha de clases y expresión práctico concreta del ejercicio de la praxis transformadora del mundo. Al asumir no sólo su papel dentro de la expresión artística, sino a trascender de ella y buscar ser consecuentes con sus ideas fuera de la esfera del arte, sobre esto Adolfo Sánchez Vázquez (1978) mencionó:

De ahí la doble necesidad de ser revolucionario ‒es decir, verdaderamente creador‒ en el arte, y de disipar la ilusión ‒alimentada por los ideólogos burgueses‒ de que termina ahí la revolución para el artista y de que su conformismo político y social es necesario ‒e incluso indispensable‒ para ser revolucionario en el terreno de la creación artística. (p. 13)

Sobre este tópico, los grupos que aquí se analizan comparten justamente que sus creaciones son acompañamiento de una lucha que se lleva a cabo en las calles, en los barrios, las escuelas y centros de trabajo propios más allá del estudio de grabación y los micrófonos; es decir, que hay un trabajo comunitario o de base que respalda al ejercicio artístico. Ahí estriba lo fundamental de un arte revolucionario, como sugiere el análisis de Zis (1978) sobre las estéticas marxistas, donde menciona:

La estética marxista-leninista no prescribe al artista leyes o normas creadas especulativamente, al margen de la práctica artística, sino que las infiere del mismo proceso de desarrollo del arte […] Por consiguiente, la estética marxista no solo explica su objeto, sino que influye sobre él de manera activa y orientadora, facilitando a la labor artística criterios estético-ideológicos. (p. 15)

Este arte trasciende la propaganda, contrario a la lógica mercantilista bajo la que operan actualmente las distintas esferas de la industria cultural, en la que se reproducen y aplauden una serie de conductas, opiniones y posturas que perpetúan las contradicciones de raza, género y clase. Arte que quizá se reduce, desde ciertas visiones, a lo panfletario, pero como escribió Garrido (2009):

No cabe aquí aquello del desmerecimiento que degrada a una obra acusándola de panfletaria: un panfleto también puede ser una obra de arte y una aristocrática versificación puede disputarse el lugar con los desechos. El arte revolucionario es arte porque posee un trabajo estético sobre su material, además de su perfil liberador. Surge desde una visión de mundo opuesta a la que apuntala la sociedad dividida en clases, pero su meta no es la propaganda. (p. 8)

No es menester de este trabajo abordar las contradicciones que se anteponen en el hip hop, entre quienes buscan mantenerlo alejado de la mercantilización y entre quienes buscan ponerlo a disposición de la industria cultural para la valorización del valor, sin reparar en los discursos que manejan y sus repercusiones sociales. Queda pendiente para otro momento problematizar esta cuestión.

Para la lectura de las siguientes partes del trabajo y para volverlo interactivo se recomienda al lector buscar, observar y escuchar los videos de las canciones que se presentan, con el objetivo de revisar no sólo la cuestión literaria de los temas, sino las habilidades artísticas presentadas en cada uno, así como retomar algunas notas de los videoclips.

III. La Otra Rima FT. Chucho el Rojo: Guerra de clases




Enlace del video: https://www.youtube.com/watch?v=FQajq00CFn0


En este tema vemos no sólo un sentir cargado de rabia, digna y justificada, sino una serie de conceptos y consignas que bien podríamos encontrar escritos en el Manifiesto del Partido Comunista redactado por Marx y Engels hace casi 200 años, iniciando con el concepto de la guerra de clases. En el videoclip destacan fragmentos de una serie de acciones acontecidas en el centro de la Ciudad de México para exigir justicia ante los crímenes de Estado, que derivaron en el asesinato de los militantes comunistas Gustavo Alejandro Salgado Delgado en 2015 y Tomás Martínez en 2020.

Producto de las luchas de los pueblos y organizaciones con las que el grupo ha venido trabajando, se comprende que la lectura de esta realidad derive en conclusiones determinantes que abordan el enfrentamiento entre clases. Encontramos esto en frases como:

  • “Con los burgueses no puedes hacer las paces / ellos con sus intereses, nosotros guerra de clases”
  • “Puedes vencer si unificamos caminos / y direccionas tu rabia, si asumes al enemigo”
  • “La voz del hartazgo sigue construyendo pasos, preparando el ocaso…”

El llamado a la praxis militante está presente, no sólo la necesidad de la lucha armada que, como enunció el mismo Fidel Castro: “no es el camino que hayan escogido los revolucionarios, sino, es el camino que los opresores le han impuesto a los pueblos”.

  • “Sólo existe un camino para ganar esa batalla / Fidel lo demostró con la revolución armada”

Retomar pasajes históricos como la Revolución Cubana comandada por Fidel Castro, no sólo traza una forma específica de lucha y, por ende, un llamado a las personas que escuchan las rimas, sino que pone en tela de juicio las acciones actuales llevadas a cabo para contraponer los intereses de la burguesía a los de la clase trabajadora, aparentemente, mismo planteamiento que podemos encontrar en las rimas:

  • “Ya no pueden engañarnos los hermanos del fascismo/conocemos sus disfraces cubiertos de populismo / vienen prometiendo cambio, lo que estoy viendo es lo mismo / Pura rata oportunista, tiro y ¡Fuck you a tu partido!”

La propuesta de construir poder proletario desde abajo ‒sin reconocer referentes revolucionarios en las actuales propuestas electorales‒ conllevaría necesariamente a debatir a profundidad los acontecimientos recientes del país; con un proceso que se autonombra de transformación, pero que en muchos hechos continúa perpetuando el poder en manos de empresarios, burgueses y multinacionales y pasa por encima de los pueblos y sus territorios, así como de otras resistencias en defensa del medio ambiente. La cuestión central aquí, sin embargo, es reconocer el empleo de la palabra, de la rima dentro de la estética del rap, para adentrarse a la batalla en el plano ideológico, en contraposición a propuestas musicales que reproducen aspiraciones consumistas o que enaltecen acciones delictivas ‒como asaltos o asesinatos, aplaudiendo inclusive los horrores generados por el crimen organizado, por mencionar un ejemplo‒. Como afirmó Voloshinov (2009: 47):

La clase social no coincide con el colectivo semiótico, es decir, con el grupo que utiliza los mismos signos de la comunicación ideológica. Así las distintas clases sociales usan una misma lengua. Como consecuencia, en cada signo ideológico se cruzan los acentos de orientaciones diversas. El signo llega a ser la arena de la lucha de clases.

Este carácter multiacentuado del signo ideológico es su aspecto más importante. En realidad, es tan sólo gracias a este cruce de acentos que el signo permanece vivo, móvil y capaz de evolucionar. Un signo sustraído de la tensa lucha social, un signo que permanece fuera de la lucha de clases inevitablemente viene a menos, degenera en una alegoría, se convierte en el objeto de la interpretación filológica, dejando de ser centro de un vivo proceso social de la comprensión.

Retomar los conceptos dados por el marxismo y darles un respiro nuevo, aplicados al contexto propio y a las luchas concretas bajo las que se desenvuelven los artistas es, sin duda, una forma contundente de praxis revolucionaria que, como se mencionaba previamente, al estar acompañada de acciones cotidianas colectivas y de base, no son conceptos aislados o medianamente digeridos sino conceptos vivos, dialéctica y creativamente utilizados.

IV. Vientos del Pueblo: Rap Revolución




Enlace del video: https://www.youtube.com/watch?v=kbbpPSpN-cU


En el videoclip podemos ver a los integrantes del grupo en un evento de graffiti, otro de los cuatro elementos pilares del hip hop,[7] en el barrio de El Batán en Zapopan, Jalisco, compartiendo con la comunidad de dicho barrio y la crew de grafiti AUK. En este tema resalta claramente la búsqueda de definir el Rap Revolución que, al ser un concepto utilizado por exponentes de distintas esferas del género, tiende a que grupos o artistas dentro de la escena comercial ‒que en sus temas cotidianos enaltecen la violencia, la misoginia o la narcocultura‒, aludan a esta idea. Es así que encontramos un posicionamiento en versos como:

  • “Te explico vato, ¿cuál es nuestra intención? /Agarrar línea de clase no sólo hacer la canción”.
  • “Rap Revolución no es un concepto aislado / Rap Revolución es enfrentar al narcoestado / Es organizarse con quien tienes a un lado / Es este esfuerzo directo desde Guanatos”.
  • “A plantar ideas a eso nos dedicamos / Que brote la insurgencia que ya nos hartamos”.
  • “A la mierda burguesa aquí la censuramos / con rimas y putazos en vez de abrazos / Rap Revolución es lo que traemos / Rap Revolución pa’ gritar nuestros sueños”.

Si bien, es clara la oposición al rap que se plantea neutral o que relativiza conceptos combativos en el género, también encontramos desglosadas una serie de postulados que se plantean como prácticas militantes. Podemos ver esto en el verso de “Nadie”: “¿Cuál es nuestra intención? Agarrar línea de clase no sólo hacer la canción”, o en el de Dani “A plantar ideas a eso nos dedicamos, que brote la insurgencia que ya nos hartamos”, o en el de Pax: “Rap Revolución es enfrentar al narcoestado. Es organizarse con quien tienes [a] un lado”.

Aunado a esto, podemos encontrar también un llamado a la lucha más allá del arte en sí, acompañado de cuestionamientos a la forma en la que el sistema nos tiene acostumbrados a vivir y relacionarnos, en versos como:

  • “Aquí no sólo hay arte, hay rebelión urbana / somos Vientos del Pueblo, no mercenarios por la fama”
  • “Nuestra lucha está en las calles, no te dejes engañar / si nos tienen divididos esos perros vencerán / El rap revolución vuela cual primavera / destrozando ya la pasma y forjando una nación obrera”
  • “Un consejo, compa, hay que salir de la cabina / Hay que jugarse el pellejo, jugarse la vida / Para la revolución hay que pasar de las canciones / que hace falta disciplina, formación y más acciones”
  • “Esperanza y fe ante lo peor / vamos a contar la verdad del patrón / Juntos creamos un mundo mejor / sin explotados no hay explotador”
  • “Hay que organizarnos sólo queda dignidad / ni un paso atrás, el socialismo llegará”
  • “¿Estás haciendo lo que te gusta hacer? / ¿O haces lo que el puto sistema te enseño a ser? / Para crear hay que creer / Pa’ escribir hay que leer / Pa’ crecer hay que vencer, valientes ser”

Una consigna que se repite en este tema, es la necesidad de fortalecer la disciplina, la formación y la acción, entendidas por el grupo como pilares de la militancia anticapitalista. También es recurrente el llamado a la organización por parte de todos los miembros del grupo. Aquí reside una de las formas de resistencia y combate al sistema, más necesarias y urgentes: organizarse desde abajo para hacer frente a “la verdad del patrón”. Sumado a este llamado hay un par de preguntas que van dando cierre a las ideas vertidas en la canción: una serie de cuestionamientos dirigidos a la reflexión propia y a la forma en la que el sistema nos hace desenvolvernos.

V. Conclusiones

A lo largo del camino que el hip hop ha recorrido en el país, se han hecho presentes diversos grupos y artistas que, de manera crítica, se posicionan frente al capital y apelan al valor de uso del arte frente a la valorización del valor a la que arrincona la industria cultural. Entre los pioneros de esta corriente tendríamos que mencionar a Magisterio, Bocafloja, Akil Ammar, Skool 77, Menuda Coincidencia o Fito C, quienes llevan más de veinte años trabajando. Es decir que, si bien han existido artistas que desde hace muchos años se adscriben a la lucha anticapitalista, desde puntos de partida ligados al marxismo, la mayoría de estos ‒que además se organizan en espacios colectivos‒, los encontramos en la generación actual del rap mexicano; quizás esto se deba a que los cimientos del movimiento ya están de alguna forma dados, y con esto la apertura a discursos más politizados se hace posible.

Lo que es innegable es que, con el paso del tiempo, se ha comprendido el alcance de esta expresión, el compromiso que conlleva y la potencialidad para transformar o, por lo menos, discutir ciertas ideas necesarias para el reconocimiento de clase. En ambos grupos encontramos una serie de similitudes encaminadas a abordar problemáticas sociales actuales mediante el método de análisis del marxismo-leninismo y sus conceptos. Pero, más allá, encontramos en sus discursos una necesidad de sumar esfuerzos: el llamado al pueblo para encontrarse con sus iguales y organizarse frente a un sistema que al caminar desprende muerte, despojo, explotación, discriminación y violencia. El arte es una expresión contundente de los procesos revolucionarios que se libran en cada parte del mundo, en la historia siempre ha acompañado dichos episodios. Sería impensable que el rap, el cual tiene como fuerza fundamental la palabra, fuera ajeno a esto. En el México del siglo XXI persisten prácticas estatales que reprimen y hostigan a quienes problematizan, critican y proponen. Decenas de reporteros, luchadores sociales y defensores del medio ambiente han sido asesinados, desaparecidos o encarcelados en los últimos años; el silencio no es una opción, como lo dejan claro La Otra Rima y Vientos del Pueblo. Así como en los momentos más obscuros de la humanidad, el arte ha servido para cohesionar, dar identidad, resistir y luchar, hoy estamos ante una nueva ola de artistas comprometidos con transformar esta realidad y no solamente reflejarla mediante una palabra que, como mencionó Garrido, “sea portadora de una mirada histórica desde abajo, con una óptica plebeya y no oficial” (Garrido, 2009: 2). Siguiendo al filósofo Bolívar Echeverría: “El status de la obra de arte emancipada sería así transitorio; estaría entre el status arcaico de sometida a la obra de culto y el status futuro de integrada en la obra de disfrute cotidiano” (2003: 14). Más adelante afirma que es por ello que “son las masas de tendencia revolucionaria que proponen también un nuevo modo de participación en la experiencia estética” (2003: 21).

De esta manera, el hip hop se puede entender como un movimiento cultural dialéctico, envuelto en un constante enfrentamiento y desarrollo. Como se ha problematizado por algunos de sus exponentes y estudiosos, el hip hop como cultura tiene dos filos, la alienación y la rebeldía. El hip hop encierra así una promesa, expresar la actividad creadora del ser humano, y en ese sentido posibilita que los sujetos recuperen su politicidad y su historia. Es decir, llevar a sus últimas consecuencias su telós lúdico, al que apelaba Walter Benjamin, mientras en el capitalismo se impulsa la estetización de la política, en cuanto humanidad autoenajenada; el comunismo, como proyecto histórico, “responde con la politización del arte” (Echeverría, 2003: 28). En los centros del rap se libran diaria y cotidianamente una serie de luchas en el plano ideológico y, pese a que el sistema ha buscado coartarlo, quedan aún obreros del arte comprometidos con mantener su espíritu combativo, utilizándolo como una herramienta para la revolución, un arte para transformar la realidad.

Bibliografía


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https://www.vice.com/es/article/5g9mk8/caballeros-del-plan-g-digan-lo-que-digan-video-entrevista-agosto-2016

Echeverría, Bolívar (2003), “Arte y utopía”, en Walter Benjamin, La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica, México, Itaca.

Garrido, Mariano (2009), Poesía como un arma, México, Ocean Sur.

Hernández, Yahir (2018), Discos Rapza: Cuando el rap y la raza se unificaron. Agosto 18, 2021, de Noisey Sitio web: https://www.vice.com/es/article/yw433v/discos-rapza-cuando-el-rap-y-la-raza-se-unificaron

La Otra Rima (2021), “Guerra de clases” (canción), México, Doble R Producciones..

Olvera Gudiño, José Juan (2018), Economías del rap en el noreste de México, Ciudad de México, CIESAS.

  1. Palerm, Ángel (2008), Antropología y marxismo, Ciudad de México, CIESAS.
  2. Sánchez Vázquez, Adolfo (1975), Estética y marxismo, México, ERA, t. 1.
  3. Sánchez Vázquez, Adolfo (1978), Sobre arte y revolución, México, Grijalbo, Textos Vivos.
  4. Vientos del Pueblo (2020), “Rap Revolución” (canción), Guadalajara, México Insurrección Producciones.
  5. Volóshinov, Valentin (2009), El marxismo y la filosofía del lenguaje, Buenos Aires, Ediciones Godot.
  6. Zis, A. (1976), Fundamentos de la estética marxista, URSS, Progreso.
  7. Estudiante de Antropología Social en la Universidad de Guadalajara. Militante de la Juventud Comunista de México. Colaborador de la Cátedra de la Interculturalidad de la Universidad de Guadalajara. Rapero, beatmaker y entusiasta del Hip Hop. @el.otro.pax / cipactli94@gmail.com
  8. El hip hop es comprendido como un movimiento cultural o una subcultura, la cual consta de cuatro elementos artísticos base: Música: Rap y Disc Jocking; Arte pictórico: Graffiti; Danza: Break Dance.
  9. DJ corresponde a las siglas Disc Jockey. En el hip hop se les nombra así a los artistas que, mediante la mezcla, rasguños y manipulación de discos de acetato, se encargan de la parte musical del rap.
  10. Cuestión que desarrollo en mi tesis de licenciatura: “Rap Revolución: arte decolonial y expresiones anticapitalistas en el rap tapatío” (Gutiérrez, 2021).
  11. Maestro de Ceremonias (en inglés Master of Ceremony), título acuñado a raperos o raperas cuyo actuar performativo va más allá de solo recitar o rapear sus rimas.
  12. Santa María Ostula es una comunidad nahua que se encuentra en un proceso de resistencia comunal desarrollado desde hace 12 años por comuneras y comuneros en la Costa-Sierra de Michoacán. Este esfuerzo implicó la liberación y actual defensa de tierras que los cárteles del narcotráfico y pequeños propietarios habían despojado.
  13. Junto al Rap, el DJing y el Break dance, obteniendo así el conjunto de arte musical, pictórico y dancístico en el movimiento cultural.