Manifestaciones artísticas en la Sala Permanente
de China en el Museo Nacional de las Culturas
del Mundo

Silvia Seligson[1]
Museo Nacional de las Culturas del Mundo

SALA “La porcelana”. Crédito Museo Nacional de Cultural del Mundo (MNCM)


El Museo Nacional de las Culturas del Mundo (MNCM) es uno de los cinco museos nacionales del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y el único en México dedicado exclusivamente a la diversidad cultural en el mundo. Cuenta con varias salas de exhibición, en las cuales los visitantes tienen la oportunidad de conocer y apreciar dicha diversidad y su desarrollo histórico, siendo así un espacio idóneo para reflexionar sobre el Otro con una mirada respetuosa (Gil,1992; Durán, 2009).

Desde su creación en 1965, el MNCM ha contribuido a vincular los programas mexicanos de educación primaria y secundaria con la historia universal representada en el museo, por ser una asignatura obligatoria para los estudiantes, quienes han constituido el 42% de los visitantes. Del resto, el 37% son estudiantes universitarios, el 15% público mexicano y el 6% del extranjero. Desde 2001 hasta 2009 se dieron los cursos de verano anuales para maestros de secundaria con el tema “Culturas del Mundo y la Enseñanza de la Historia”, cursos que abarcaban visitas guiadas a las diversas salas del museo.

El museo cuenta desde su establecimiento en 1965 con una Sala Permanente dedicada a China, uno de los países más grandes y poblados del mundo. En ese territorio nació una civilización asombrosa, cuyos orígenes se pierden al paso de los milenios. No obstante siempre ha conservado la continuidad cultural que todavía hoy la distingue.

De la cosmovisión del pueblo chino se desprendieron sus creencias y símbolos, reflejados en el taoísmo y el confucianismo. Las ideas del mundo divino y natural, la vida y la muerte, la veneración a los ancestros, entre otras múltiples concepciones, han sido fuente de inspiración e inagotable creatividad.

Hace 5,000 años, esa ideología conformó la base de lo que los chinos aún consideran su máximo signo de civilización: la escritura. También fue fundamento para el desarrollo de inventos y avances tecnológicos, plasmados en artes tradicionales como la pintura, la poesía, la caligrafía, la escultura, la música y la danza. El bronce, la seda y la porcelana, entre otros, fueron materia prima para su extraordinario impulso creativo, mismo que motivó a los chinos a recorrer el mundo y transmitir su legado cultural.

Tan solo unas gotas de ese inagotable caudal hemos vertido en este espacio, los invitamos a explorarlo a través de los objetos, mudos testigos de la continuidad y vigencia de las creencias milenarias del pueblo chino. La Sala está dividida en tres secciones: Creencias Tradicionales, Florecimiento Cultural, y Aportaciones e Intercambios Culturales.

La primera sección está dedicada a la concepción de la muerte, concebida como la continuidad de la vida en el Más Allá. Por ello se acostumbra acompañar a los difuntos con diversas ofrendas de objetos de su vida cotidiana y ritual que varían según el período histórico. En la época neolítica consistían en vasijas de cerámica, las cuales, milenios después, fueron sustituidas por más de cincuenta tipos de recipientes de bronce y, posteriormente, por esculturas funerarias de personas y animales, siendo las más sobresalientes las de más de siete mil guerreros y caballos de terracota de tamaño natural colocadas en el imponente mausoleo de Qin Shi Huang, el primer emperador de la dinastía Qin (221-206 a.C.), quien unificó China en el año 221 a.C.

Además de tres réplicas de estos guerreros, destaca la réplica del traje-mortaja del príncipe Liu Sheng (140-87 a.C.). Tiene forma de armadura de doce secciones hechas con 2,498 placas de jade unidas con hilo de oro. El jade es considerado como fuente de energía vital, símbolo de poder e inmortalidad y protección contra los espíritus malignos.

CO mortaja principe Liu Sheng. Credito MNCM


Otra pieza extraordinaria es la réplica de un “tigre devorando a un ciervo”, de bronce con incrustaciones de oro y plata. Corresponde a uno de los soportes inferiores para un biombo. La costumbre de colocar biombos en la cámara principal de las tumbas data del siglo IV a.C. del Periodo de los Reinos Combatientes Se empleaban en ritos para invocar a espíritus y dioses protectores.

También se exhiben en esta sección objetos relacionados con las creencias y costumbres religiosas autóctonas: el taoísmo y el confucianismo. Sobresale el biombo del siglo XIX que combina técnicas usadas en los motivos ornamentales de objetos laqueados: pintura al óleo e incrustaciones de oro, plata y concha nácar. Ilustra escenas del festival de primavera Qing-Ming (“Claro y Brillante”) en el área residencial de las damas de la corte imperial. Este festival, cuyo origen se remonta a hace más de 2,500 años, se lleva a cabo en abril en memoria de los difuntos y ancestros. Además de llevar flores a sus tumbas y limpiarlas, se acostumbra colocar ramas de sauce en la entrada de las casas, como símbolo de vitalidad y protección contra los fantasmas hambrientos o espíritus vagabundos.

CO biombo coromandel. Crédito: MNCM


La segunda sección está dedicada al florecimiento cultural iniciado en el siglo II con la famosa Ruta de la Seda, que vinculaba el imperio romano y el imperio chino, y que alcanzó su apogeo durante la llamada Edad de Oro de la civilización china durante la dinastía Tang (618-907). Se muestran diversas esculturas funerarias, instrumentos musicales, piezas de seda y pinturas, así como maquetas de madera labrada que ilustran la elaboración de la seda y del papel, dos de los grandes inventos chinos.

Destacan las prendas bordadas con motivos que originalmente fueron para uso exclusivo del emperador: un par de dragones, la perla flamígera o disco solar, y las montañas. Son símbolos de autoridad y poder, atributos de un gobierno imperial.

Entre ellas destaca el traje de un personaje de la Ópera de Beijing que representa al general Lian Po del Estado Zhao (siglos V-III a.C.), quien cambia su actitud recelosa e intolerante al percatarse de su error. Dicha ópera es considerada como el espectáculo chino por antonomasia, y combina drama, canto, mímica, acrobacia y danza. Se basa en acontecimientos históricos, las enseñanzas de Confucio o anécdotas tradicionales. Los temas favoritos son la injusticia, la pasión destructiva, la lealtad y la benevolencia de gobernantes, jueces y cortesanos.

También se exhibe un ejemplo de los famosos bordados de Suzhou, que ilustra uno de los numerosos canales y puentes de Suzhou, “la ciudad acuática del Este de China”. Fue la cuna del arte del bordado hace 2,600 años. La técnica “mágica” o bordado de doble cara, es la más sobresaliente y laboriosa, ya que sobre la tela de base se borda con finísimos hilos la misma imagen o imágenes diferentes, logrando dar la impresión de ser pinturas por la calidad y vivacidad de sus matices.

CO Bordado de Suzhou. Crédito: MNCM


Otras piezas sobresalientes corresponden a las llamadas Artes del Pincel: caligrafía, pintura y poesía. En ellas el artista transmite al papel o a la seda su sensibilidad, conocimiento y habilidad mediante el movimiento rítmico, ágil y espontáneo del pincel. La escritura china adquirió un valor estético a través de la caligrafía y en ella se aprecia la expresividad de los trazos del pincel y la armonía de toda la composición. El arte de la caligrafía evolucionó de manera paralela a los diversos estilos de escritura. Los trazos del pincel pueden ser sencillos y regulares, como en el arcaico Lishu, utilizado por los escribanos, o en el Kaishu, estilo básico que es el usado cotidianamente hasta la fecha y que sirvió de modelo para la creación del cursivo o Caoshu, cuyos trazos libres y sinuosos adquieren un sentido estético.

Se exhibe una caligrafía de Qui Xiapqi (siglo XX) con el poema de Zhang Ji (712-779) “Una noche anclado junto al Puente del Arce”:

Luna moribunda. Los cuervos graznan.
El cielo está inundado en la escarcha.
Susurran los arces en la ribera.
Parpadean faroles de los que pescan.
Triste, no puedo conciliar el sueño.
A media noche, a mi barco llegan campanadas del
Templo Monte Gélido que se yergue en las afueras.[2]

En la pintura, que los chinos consideran como la más prominente de sus expresiones artísticas debido a su belleza, contenido espiritual y perfección técnica, la estética también es evidente. Con frecuencia se representan paisajes, en donde la figura humana y la descripción de eventos pasan a ser pequeños detalles en armonía con la imponente naturaleza. Sin embargo, ésta no se representa de manera realista y completa, ni siquiera en el color; ya que el artista se concentra en lo que para él constituye la verdadera esencia de su objeto, es decir, un microcosmos.

Por su parte, los poetas encontraron en esas imágenes su inspiración y escribieron en ellas sus poemas, conjuntando así en una sola obra las tres Artes del Pincel. Los sellos que se observan en algunas de estas pinturas representan signos de aprecio de quienes las adquirieron.

Como ejemplos se exhiben en la segunda sección de la Sala dos reproducciones de pinturas de paisaje, una de Zhan Ziqian (de principios del siglo VII) destacado y activo pintor, cuya única obra sobreviviente “Paseando en la primavera” es considerada como la pintura china de paisaje más antigua. La otra pintura, de Cao Zhibai (1272-1355), denominada “Visita en barca a la montaña Xi” también incluye un poema suyo.

En la tercera sección se exhiben diferentes tipos de porcelanas —otro de los célebres inventos chinos—, que alcanzan su mayor desarrollo durante las dinastías Ming y Qing (siglos XIV a principios del XX). Con sus innovadoras técnicas de impresión, grabado, incisión y dibujo, los artesanos chinos crearon una amplia gama de formas, estilos y motivos, algunos inspirados en los antiguos recipientes de bronce o en modelos occidentales y otros más novedosos. En este material incluso se lograron realizar imágenes de pinturas y caligrafías con la misma calidad obtenida en la seda o papel.

Un ejemplo sobresaliente es el jarrón azul cobalto y blanco, cuya forma es la de un antiguo recipiente de bronce para vino, Fang. El motivo de la pintura data de la dinastía Tang, al igual que el poema de Wang Chang Ling (698-756):

En esta fría noche, bajo la copiosa lluvia que oculta al río,
has venido a Wu.
Al amanecer, te dirigirás, tú solo, hacia las montañas de Chu.
Responde, si acaso preguntasen por mí en Luoyang.

Otro ejemplo es el jarrón policromo con motivos ornamentales florales y de los ocho trigramas. Originalmente las líneas que forman estos trigramas eran signos del calendario agrícola. A partir de ellos surgieron los 64 hexagramas del I Ching —“Libro de los Cambios”— utilizado hasta la actualidad en la adivinación. Representan el orden del universo y de las circunstancias humanas. El jarrón está elaborado con la técnica Dou Cai, que consiste en delinear los motivos ornamentales con colores de “gran fuego” para, después del primer horneado, pintar sobre el vidriado con esmaltes de “bajo fuego”.

Las porcelanas tuvieron una gran influencia en las formas y motivos ornamentales en la conocida talavera de Puebla durante la época colonial mexicana, gracias a los intercambios comerciales, étnicos y culturales del Galeón de Manila o de Acapulco. Las “naves de la seda”, como eran también llamados los galeones procedentes de Filipinas, llegaron a Nueva España (a partir de 1565 y hasta 1815) cargadas, además de porcelanas, de esculturas de jade y marfil, arcones y escritorios de maderas laqueadas, madejas de hilos y de seda cruda, telas y prendas de sedas lisas o bordadas, entre las que destacan los famosos mantones con motivos florales, como el aquí exhibido, que los novohispanos copiaron y plasmaron en los trajes de las juchitecas y tehuanas.

Referencias bibliográficas

Durán Solís, Leonel
2009 “Museo Nacional de las Culturas/Propuesta para un nuevo marco conceptual”, Correo de las Culturas del Mundo, No. 42, 15 de junio, https://correodelasculturas.wordpress.com/2009/06/15/museo-nacional-de-las-culturaspropuesta-para-uhn-nuevo-marco-conceptual/.

Embajada de la República Popular China
2019 Trascender la Belleza a través de la Pintura y la Caligrafía, Ciudad de México, Embajada de la República Popular China.

Gil Elorduy, Julieta
1992 Museo Nacional de las Culturas del Mundo, Ciudad de México, Instituto Nacional de Antropología e Historia.

Ministerio de Cultura
2004 Tesoros Artísticos de la China Antigua, República Popular China.

Presencia de China
1989 Pintura Tradicional China, Beijing, Ediciones en Lenguas Extranjeras.

Seligson, Silvia.
1993 La Civilización China: Inagotable Caudal de Creatividad, Ciudad de México, Museo Nacional de las Culturas.

Seligson Silvia
1998 Arte Chino: Idea y Símbolo: Colecciones Mexicanas, Ciudad de México, Talleres de Impresión y Diseño.

Seligson Silvia
2011 China Milenaria: Cinco mil años de Cultura, Ciudad de México, Instituto Nacional de Antropología e Historia.

Sirén, Oswald
1963 The Chinese on the Art of Painting, Nueva York, Schocken Books.


  1. Investigadora y curadora de las Salas Permanentes de Asia.

  2. El puente y el templo budista están ubicados en la mencionada ciudad de Suzhou.