“Los médicos son terroristas y los niños escudos humanos”. El genocidio palestino en Gaza, la salud y el capitalismo bufo

Rubén Muñoz Martínez
CIESAS Ciudad de México

Ambulancia destruida, Gaza, Enero de 2009. Physicians for Human Rights – Israel; https://www.flickr.com/photos/phrisrael/3228219783/

“Los médicos son terroristas y los niños escudos humanos” resume las tentativas de justificación mediática de los ataques deliberados de Israel hacia el personal de salud que incluyen su asesinato o encarcelamiento y tortura, y la destrucción de las instalaciones médicas,[1] así como el exterminio y mutilación de las infancias en Gaza. Gaza es el lugar más peligroso del mundo para ser personal de salud, trabajador humanitario o infancia (De Vogli et al., 2025). Para afirmar esto no hace falta basarse en las fuentes del Ministerio de Salud gazatí. Es suficiente con echar un vistazo a los cientos de videos publicados por necro-influencers,[2] militares israelís que se jactan de la deshumanización y asesinato masivo de la población gazatí siendo partícipes de ambos actos, en tiempo real y como si se tratara de una snuff movie. Suponemos que las autoridades de cualquier país harían una llamada a la colaboración ciudadana para capturar a un influencer que muestra como despedaza a alguien con una motosierra. No sucede así en este caso, cumpliéndose lo que decía Chaplin: “un asesinato hace a un villano; millones, a un héroe. Los números santifican”, especialmente si no estás en el bando equivocado. Esta es una de las grandes diferencias en la dimensión moral de este genocidio, la retransmisión en tiempo real del horror, que incluye su legitimación activa o pasiva, y de la resistencia. Y esto, para el caso israelí, sólo es posible cuando ataca como Estado moderno y se defiende como antigua religión. No solo los números santifican, también las nuevas tecnologías.

Muchos artículos publicados sobre el genocidio que está cometiendo Israel en Gaza, con el apoyo de diversos países europeos, árabes y de Estados Unidos,[3] comienzan con el ataque de Hamás como una versión actualizada del 11-S en Israel, y refieren a un conflicto bélico novedoso y con tintes étnicos y religiosos (islamofóbicos hacia los y las palestinas y victimistas para Israel), evitando mencionar el término “genocidio” y las condiciones económicas, políticas y culturales que lo diseñan y ejecutan. Esta es la realidad no solo de los grandes medios de comunicación, también de las asociaciones de salud pública, médicas y de las ciencias sociales, evidenciando un silencio selectivo, respecto a otros conflictos como el de Ucrania, en función de criterios de nacionalidad, religión, etnicidad o alineamiento geopolítico (De Vogli et al., 2025). Tras el denominado “alto al fuego” han sido asesinadas 581 personas y heridas 1553 en Gaza, por ataques sistemáticos de Israel.[4] Pese a ello el genocidio ha dejado de ser el centro de atención mediática, dando paso a un simulacro en forma de transición privatizada, gerenciada por un club (“Junta de paz” (Cook, 2026) promovido por los perpetradores (Estados Unidos e Israel). Esta es una de las razones principales de la escritura del presente artículo.

El llamado saludicidio (o genocidio sanitario), como eje central del plan israelí, consiste en el ataque deliberado y sistemático con fines ideológicos hacia servicios y sistemas de salud, así como a las condiciones de vida, que implican salud y bienestar, de los y las palestinas (Abi-Rached et al., 2025). En este artículo me referiré a dichas consecuencias, histórica y políticamente producidas en un contexto de ocupación colonial y apartheid, a partir de los siguientes ejes: a) las condiciones de salud en Gaza previas al 7 de octubre del 2023, b) el genocidio y su impacto en la salud en Gaza, y c) respuestas ante el genocidio palestino y el capitalismo bufo.[5]

La salud en Gaza antes del 7 de octubre del 2023

Los genocidios no se planean ni ejecutan con valores y prácticas espontáneas. Son el resultado de ideologías, relaciones sociales y condiciones históricas previas que se institucionalizan como plan de exterminio sistemático, principalmente de Estado, en el nombre de la defensa ante “una amenaza” (económica, social, etc.) basada en diferencias étnicas, religiosas, nacionales o, entre otras, políticas. La “doctrina Dahiya” o “doctrina de la obliteración” es la expresión político-militar, propuesta por el excomandante israelí Eisenkot en 2005 y ensayada previamente en el Líbano y Gaza, del actual genocidio palestino (Steinbock, 2025).

La mayor parte de la población de Gaza, 2,375,259 habitantes (Kathib et al., 2024), son refugiados palestinos que fueron expulsados de sus hogares en diferentes procesos de colonización israelí cuyo punto de inflexión fue la Nakba en 1948,[6] y hasta la actualidad. Gaza es considerada la prisión a cielo abierto más grande del mundo por su tamaño, por las características del bloqueo impuesto (recrudecido en 2007 y considerado el más duro de la historia contemporánea) y al ser la zona con mayor densidad de población existente (Washington, 2020). La libertad de movimiento fronterizo y sus recursos vitales (electricidad, agua, gas, alimento, combustible, espacio marítimo…) son controlados por Israel y su economía depende fundamentalmente de la ayuda humanitaria. Estas condiciones, de 2007 a 2020, se reflejaron en inseguridad alimentaria generalizada, aumento del desempleo (46% de la población) y de la pobreza (más del 50%) (UNCTAD, 2020).

Del 1 de enero al 6 de octubre de 2023, hubo 233 víctimas mortales palestinas relacionadas con la ocupación (34 en Gaza) y 9379 heridos (379 en Gaza). La Organización Mundial de la Salud (OMS) contabilizó 201 ataques a la atención sanitaria, afectando a 149 ambulancias y 17 establecimientos de salud. De estos, 190 se produjeron en Cisjordania y causaron siete víctimas mortales y 143 heridos, y once en Gaza, con dos heridos (OMS, 2024).

La esperanza de vida en Gaza antes del genocidio era de 75.5 años. Durante los primeros meses de la ofensiva israelí decreció en 35 años, concretamente 38 años en los hombres y 30 años en las mujeres (Guillot et al., 2025). En 2023, la tasa de mortalidad de menores de 5 años fue de 11.8 por cada 1000 nacidos vivos, con 6.21 muertes neonatales por 1000 nacidos vivos (OMS, 2024), entre 3 y 4 veces mayor que en Israel (neonatales 2.2 y menores de 5 años 3 [Macrotrends, 2025]). Lo mismo sucedía con la razón de muerte materna, siendo en Gaza de 16.2 por 100.000 nacidos vivos en 2019 (UNRWA, 2022) y en Israel de 3 (Macrotrends, s/f), una de las más bajas del mundo. Otro de los indicadores de las condiciones socioeconómicas y de salud desfavorables en Gaza es el de la salud mental. Los trastornos depresivos y de ansiedad han tenido una alta prevalencia en la población palestina que vive en el territorio ocupado y esto fue aún mayor para el caso de Gaza, donde experimentó, de enero a octubre de 2023, al menos un incidente de angustia psicológica un 59.1% de hombres y 57.9% de mujeres (OMS, 2024).

A pesar de dichas condiciones de salud, fruto de un contexto de opresión colonial que se expresa en las dificultades socioeconómicas que experimenta cotidianamente la población gazatí, y en un sistema de salud colapsado por el bloqueo y dependiente de la ayuda internacional, la incidencia de las enfermedades infecciosas era baja y las principales causas de muerte estaban relacionadas con enfermedades crónicas que, no sin dificultades, podían ser tratadas en los centros de atención especializada (OMS, 2024). El aumento de la esperanza de vida fue, en este sentido, un indicador favorable en el perfil de morbilidad de la población (UNRWA, 2022). Este panorama epidemiológico cambió radicalmente a partir de la actual invasión israelí.

El genocidio y su impacto en la salud en Gaza

Las cifras oficiales de las personas asesinadas por Israel en Gaza son de más de 70,000 víctimas, entre las cuales hay más de 19,000 niños y niñas, y más de 170,000 heridos (HRW, 2025). Desde que existen datos estadísticos en “zonas de conflicto bélico”, es el mayor número de infancias asesinadas y amputaciones por persona (en el mundo) en esta población (De Vogli et al., 2025). Algunos estudios han estimado que solo en el primer año de genocidio 78,318 personas fueron asesinadas, y hasta el denominado “alto el fuego” superaban los 100,000 (Max-Planck-Gesellschaft, 2025). Además de las reportadas oficialmente como víctimas de los ataques militares, se estima que miles de gazatís —el primer año 10,000 (UN, 2024)— se encuentran desaparecidos bajo los escombros de los edificios destruidos, y desconocemos la cantidad de muertos por las condiciones generadas de deshidratación, desnutrición y desatención de enfermedades crónicas e infecciosas, algunas de las cuales son reemergentes.

El genocidio en Gaza constituye un laboratorio en tiempo real de las tecnologías de guerra con población civil, algo frecuente en las agresiones de Israel y Estados Unidos en la región. Un ejemplo de ello es la desaparición de 3,000 palestinos/as por la acción de las bombas térmicas, proporcionadas por Estados Unidos a Israel, en Gaza (Morales, 2026), que actúan como hornos crematorios contemporáneos. A partir de estimaciones conservadoras la cifra de muertes directas e indirectas causadas por la invasión israelí podría ser de 186.000, es decir entre el 7 y el 9% de la población total, hasta el 19 de julio de 2024 (Kathib et al., 2024).

Entre octubre de 2023 y mayo de 2025, hubo 720 ataques documentados contra objetivos de atención médica, incluidos 125 centros de salud, 34 hospitales y 186 ambulancias. Tan solo en este periodo, sin contar los cinco meses siguientes hasta el denominado “alto el fuego”, Gaza registró el mayor número de muertes de trabajadores de la salud (más de 1,400) y de periodistas (212), de todas las zonas de conflicto recientes (De Vogli et al., 2025). Los ataques sistemáticos de Israel también arrasaron escuelas, universidades y viviendas, así como la Agencia de Refugiados de Naciones Unidas, asesinando a 382 trabajadores/as y dañando 312 instalaciones (UNRWA, 2025), con el propósito de desmantelar y negar el derecho a la condición de refugiados a los palestinos/as (UNRWA, 2024).

El genocidio también consiste en un bloqueo de la ayuda humanitaria, en el desplazamiento forzado de la población, en la detención de miles de personas sin cargos (y con frecuencia su tortura[7]) y en la destrucción masiva de infraestructuras relacionadas con el transporte, el agua, el alojamiento y, entre otras, el abastecimiento de energía. Se calcula que el 78% de todas las infraestructuras han sido destruidas o dañadas, el 88% de aquellas relacionadas con el comercio e industria y el 77% de las carreteras (WHO, 2025a). Las condiciones generadas de violencia estructural (Farmer, 2009) extrema reflejan la materialización de una ideología supremacista que se expresa en la aprobación de la mayor parte de la población israelí (un 75%, según un sondeo de la Hebrew University [Ofir, 2025]) y en algunas de las declaraciones de sus líderes políticos y religiosos que instan al exterminio de la población gazatí, considerada como “animales humanos” (Yoav Gallant, ministro de defensa de Israel durante el genocidio), o debido a que “todos los civiles de Gaza son culpables” (Isaac Herzog, presidente de Israel) (Middle East Eye, 2025). Lo cual incluye matar de hambre a todos los niños/as gazatíes al “ser futuros terroristas” (Ronen Saulov, rabino israelí [La Jornada, 2025]), y la expulsión de los supervivientes a otros países. Este último plan es alentado por Netanyahu y Trump con declaraciones dignas del capitalismo bufo como: “Demos la opción. Ni deportación forzada, ni limpieza étnica. La gente en las guerras se va” (Benjamin Netanyahu) o crear “una Riviera de Oriente Medio, promoviendo el desplazamiento voluntario” (Donald Trump), (Swissinfo, 2025).

Las condiciones de vida provocadas por Israel tienen efectos catastróficos en la salud de la población gazatí. En el caso de la emaciación severa, o estado de desnutrición aguda y adelgazamiento extremo caracterizado por una pérdida de peso involuntaria y rápida, se calcula que más de 56,400 niños/as necesitaban atención médica, por dicha razón, en agosto del 2025 (Horino et al., 2025). Siendo la emaciación a principios de 2024 de un 5% en la población infantil, a medida que se incrementaron las repercusiones del bloqueo israelí llegó a un 15.8%, alcanzando el 32.2% en Rafah (Horino et al., 2025). El 15 de agosto del 2025 fue confirmada la hambruna en Gaza en un grado 5 del IPC (Clasificación Integrada de las Fases de la Seguridad Alimentaria) (WHO, 2025a), el máximo existente, que implica niveles de desnutrición y mortalidad críticamente altos y con un carácter catastrófico. En 2025, la mortalidad de los recién nacidos en Gaza aumentó en un 75% debido principalmente a la desnutrición y estrés materno y a la ausencia de cuidados prenatales (UNICEF, 2025) contrastando con el descenso en Israel a 2.14 muertes por cada 1,000 nacimientos vivos (Macrotrends, 2025).

Como resultado de los continuos ataques israelíes contra la población civil, y del bloqueo, en 2025 todos los hospitales de Gaza estaban desbordados y se calcula que solo funcionaba parcialmente el 50% de los existentes, ninguno en el norte de Gaza y en Rafah (WHO, 2025a). Únicamente el 63% de los hospitales de campaña y el 40% de las unidades de primer nivel de atención operaban parcialmente (WHO, 2025a). El 31 de octubre de 2025, 16,500 pacientes críticos, incluyendo 3,800 infancias, requerían evacuación médica, en su mayoría por traumatismos producidos por los ataques israelís y por condiciones oncológicas (el único hospital oncológico existente en Gaza dejó de funcionar por falta de combustible y daños por bombardeos aéreos en 2023, e Israel lo dinamitó en 2025 [Burki, 2025]). Del 1 de enero al 5 de noviembre solo fueron evacuados 2,570 pacientes fuera de Gaza (WHO, 2025a). En 2026 el 70% de los laboratorios médicos no funciona debido a la escasez de equipos y materiales esenciales, y no hay centros de atención en salud mental (fueron destruidos) ni psicofármacos accesibles (TRT Español, 2026).

La devastación no sólo ha agravado la salud de las personas con enfermedades crónicas, también ha generado brotes de enfermedades infecciosas como la tuberculosis, la poliomielitis (erradicada hace dos décadas), la resistencia antimicrobiana, las enfermedades diarreicas y respiratorias agudas, así como el aumento de enfermedades mentales (WHO, 2025a). En este último caso, se detectan tasas más altas de depresión, ansiedad y síntomas relacionados con el trauma. Los niños/as y adolescentes se ven particularmente afectados, mostrando angustia generalizada. Más del 80% de las personas desplazadas reportan ansiedad, desesperación e impotencia, y los grupos vulnerables enfrentan mayores riesgos psicológicos debido a la pérdida de las redes sociales y la falta de atención especializada (OCHA, 2025). Algunas enfermedades respiratorias comunes, causadas por el virus del COVID-19 o de la gripe, están teniendo efectos devastadores en la población (TRT Español, 2026).

Cabe señalar que actualmente el 70% de la población gazatí se encuentra confinada en zonas de alta vulnerabilidad a riesgos múltiples: inundaciones, brotes de enfermedades, contaminación peligrosa, daños causados ​​por el viento o el nivel del mar, aumentando de un 60% antes de 2023 a un 90% (WHO, 2025a). Los desplazamientos constantes, y la limitada capacidad de transporte, han obligado a las familias a refugiarse en lugares abarrotados e inseguros que no cumplen con los estándares básicos de emergencia. 1.5 millones de personas en Gaza necesitan materiales de refugio y artículos para el hogar (WHO, 2025a). Dichas condiciones buscan el genocidio por desgaste (Fein, 1997), lo cual incluye el desplazamiento forzado definitivo de los supervivientes, o en palabras de Eiland (exjefe del Consejo de Seguridad Nacional israelí): “Las epidemias en el sur [de Gaza] acercarán la victoria y reducirán las bajas entre los soldados de las IDF” (Steinbock, 2025).

Respuestas ante el genocidio palestino y el capitalismo bufo

Las respuestas ante el genocidio organizadas a escala global se han producido en las calles, en las universidades, en los puertos, en los barcos, en las empresas, en los tribunales y en las redes sociales y han consistido en:

a) La vía jurídica internacional para dictaminar que Israel lleva a cabo un genocidio en la Corte Penal Internacional y la Corte Internacional de Justicia, lo cual implicó la emisión de órdenes de detención contra Benjamin Netanyahu y Yoav Gallant por crímenes de guerra y de lesa humanidad (CPI, 2024). Dicha vía incluye demandas ciudadanas contra entidades que invierten en compañías con complicidad financiera en el genocidio (UN, 2025), así como la documentación de los “trofeos digitales de guerra”, y la incitación al genocidio de los líderes militares y políticos y de los necro-influencers israelís y su presentación ante tribunales como el CPI (Law For Palestine, 2024) o de países específicos.

b) Presión desde los Estados y la ONU: acciones como el reconocimiento del Estado palestino de países como España, Noruega, Irlanda o Eslovenia. Italia y España suspendieron licencias de exportación de armas a Israel. En la ONU, se presentaron resoluciones, con sanciones económicas y embargos de armas, en su mayoría fallidas por el veto de Estados Unidos (Martínez, 2024; Middle East Eye, 2024; MAEC, 2025).

c) Acciones de la sociedad civil: de gran impacto en la visibilización y condena global del genocidio y sus actores. El ejemplo más emblemático es el movimiento “BDS” (Boicot, Desinversión, Sanciones), y su desarrollo actual contra productos de empresas israelíes (o vinculadas) y la desinversión a partir de la presión a Estados, empresas y universidades para retirar fondos que colaboran con la ocupación. Algunas de sus expresiones son: 1.- Las protestas universitarias que han obligado a hacer públicos y detener proyectos de investigación y convenios académicos. 2.- El “embargo popular” del bloqueo de puertos (USB, 2025), deteniendo barcos y generando presión logística para evitar el comercio de armas con Israel. 3.- el “boicot tecnológico” en las high-tech, con campañas como “no tech para el apartheid” que, desde 2021, se enfrentan a la colaboración de compañías como Amazon y Google con el sector militar israelí (ver “Proyecto Nimbus” [No Tech for Apartheid, 2025]). Estas acciones han tenido repercusiones académicas, jurídicas, políticas, económicas y culturales respecto a Israel y a las empresas y países participantes en el genocidio. Algunos ejemplos son el declive de las exportaciones de Israel (y las pérdidas económicas y de reputación de Carrefour, McDonald´s, Starbucks, Caterpillar, Expedia o Google), su (relativo) aislamiento internacional, el desgaste de su “hegemonía moral” o la erosión de la impunidad de sus líderes, convirtiéndose (nuevamente) en una causa que simboliza y rearticula a otras causas y activismos en el mundo (Traverso, 2024; CPI, 2024; Chughtai, 2025).

En el campo de las organizaciones de la salud algunas de las acciones principales han consistido en: a) organizaciones internacionales: desde la OMS, condenas a ataques sistemáticos y acceso pleno al Reglamento Sanitario Internacional que permite recibir apoyo sin la intermediación de Israel y declarar emergencias de salud (WHO, 2025b); y b) sociedad civil: 1.- llamadas de la Asociación Médica Mundial al respeto de la neutralidad médica e investigación de detenciones y torturas. 2.- Boicots académicos y sanitarios de algunas asociaciones médicas hacia aquellas israelíes que no condenan el ataque a hospitales como objetivos militares. 3.- Asociaciones, como Médicos Sin Fronteras, han prestado testimonios ante la CIJ y se resisten a ser expulsadas por Israel de Gaza mediante el bloqueo de sus insumos médicos y las nuevas normativas de registro para personal extranjero (WMA, 2024; MSF, 2026).

Como señalaba al comienzo, han sido numerosas las críticas a la pasividad y despolitización de organizaciones como la OMS o el Comité Internacional de la Cruz Roja. Una de las principales reside en el papel de la primera como “cronista del exterminio”, sin medidas para enfrentarlo, y en la crisis del marco humanitario y de salud internacional dominante que considera un genocidio como una “catástrofe natural”, e interviene paliativamente defendiendo la “neutralidad médica”. Si bien dicho principio es el argumento central para trabajar en zonas de conflicto, resulta aterrador cuando higieniza la aniquilación en nombre de necesidades técnicas (Bauman, 2010) y humanitarias. Mientras el colonizador proclama que “los médicos son terroristas y los niños escudos humanos”, la “ética de la razón asistencial” será funcional a su proyecto hasta que no se convierta en una “ética de la razón anticolonial” basada en la resistencia y el testimonio.

Como afirma un bloguero estadounidense (referente intelectual para su gobierno actual y Silicon Valley) llamado Moldbug: “Cualquiera puede creerse la verdad, mientras que creer en lo absurdo es una verdadera muestra de lealtad” (Empoli, 2019). Pero si aun defendiendo la verdad, lo grotesco del capitalismo bufo se impone y el genocidio en Gaza no cambia el mundo en el que vivimos, quizás debamos vivir en un mundo que valga la pena ser cambiado.

Referencias

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Steinbock, D. (2025, 28 de agosto). La “Doctrina de Obliteración” de Israel en Gaza: una estrategia probada de destrucción total. TRT Español. https://www.trtespanol.com/article/99861a234641

Swissinfo (2025, 16 de febrero). Netanyahu, ante desplazar gazatíes: «No es limpieza étnica. En las guerras la gente se va». https://www.swissinfo.ch/spa/netanyahu%2c-ante-desplazar-gazat%c3%ades%3a-%22no-es-limpieza-%c3%a9tnica%2e-en-las-guerras-la-gente-se-va%22/88884406

Taylor, M. (2024, 3 de mayo). Cómo Israel facilitó el genocidio guatemalteco. Conversación sobre la historia. https://conversacionsobrehistoria.info/2024/05/03/como-israel-facilito-el-genocidio-guatemalteco/

Traverso, E. (2024). Gaza ante la historia. Akal.

TRT Español (2026, 20 de enero). Un virus mortal azota Gaza, mientras Israel sigue bloqueando suministros médicos y lanzando ataques. https://www.trtespanol.com/article/38f90819726d

United Nations (UN) (2025). “De la economía de la ocupación a la economía del genocidio”: Informe del Relator Especial sobre la situación de los derechos humanos en los territorios palestinos ocupados desde 1967. https://www.un.org/unispal/document/a-hrc-59-23-from-economy-of-occupation-to-economy-of-genocide-report-special-rapporteur-francesca-albanese-palestine-2025/

United Nations Conference on Trade and Development (UNCTAD) (2020). The Economic Costs of the Israeli Occupation for the Palestinian People: The Impoverishment of Gaza under Blockade. https://unctad.org/system/files/official-document/gdsapp2020d1_en.pdf

United Nations Children’s Fund (UNICEF) (2025, 9 de diciembre). Born vulnerable: The toll of maternal malnutrition and stress in Gaza. https://www.unicef.org/press-releases/born-vulnerable-toll-maternal-malnutrition-and-stress-gaza

Unione Sindacale di Base (USB) (2025). Genova Blocca nave della compagnia israeliana Zim: embargo totale nei porti italiani alle navi del genocidio. https://www.usb.it/leggi-notizia/genova-blocca-nave-della-compagnia-israeliana-zim-embargo-totale-nei-porti-italiani-alle-navi-del-genocidio-1519.html

United Nations Relief and Works Agency for Palestine Refugees in the Near East (UNRWA) (2022). Department of Health. Annual report 2022. https://www.unrwa.org/sites/default/files/content/resources/annual_report_2022_final_version_compressed-july_2023.pdf

UNRWA (2024, 14 de mayo). La Nakba de la población palestina continúa tras 76 años. https://unrwa.es/actualidad/sala-de-prensa/la-nakba-de-la-poblacion-palestina-continua-tras-76-anos/

UNRWA (2025, 26 de diciembre). UNRWA Situation Report #202 on the Humanitarian Crisis in the Gaza Strip and the occupied West Bank, including East Jerusalem. https://www.unrwa.org/resources/reports/unrwa-situation-report-202-situation-gaza-strip-and-west-bank-including-east-jerusalem

Washington, I. (2020). Personal Narratives of the Nakba. En Nakba 1948: Selections from the Journal of Palestine Studies. Journal of Palestine Studies. https://www.palestine-studies.org/en/node/1650086

World Health Organization (WHO) (2025a). Hostilities in the occupied Palestinian territory. Public Health Situation Analysis (PHSA). https://cdn.who.int/media/docs/default-source/emergencies-trauma-care/who-phsa-opt-111125-final.pdf

World Health Organization (WHO) (2025b). Notifying the International Health Regulations (2005) to Palestine. https://apps.who.int/gb/ebwha/pdf_files/WHA78/A78_(9)-en.pdf

World Medical Association (WMA) (2024). WMA Resolution on the Protection of Healthcare in Israel and Gaza. https://www.wma.net/policies-post/wma-resolution-on-the-protection-of-healthcare-in-israel-and-gaza/

Zizek, S. (2011). Primero como tragedia después como farsa. Akal.


  1. La mayor parte de las detenciones del personal de salud fueron realizadas sin ningún cargo y para obtener material de inteligencia bajo tortura física, psicológica y en diversos casos sexual. La justificación del ataque a los centros médicos era ser “centros de operaciones de Hamás”, lo cual nunca fue comprobado (PHR, 2025). Ver testimonios en: https://www.phr.org.il/wp-content/uploads/2025/02/6265_DetentionReport_Eng.pdf
  2. En el sentido etimológico de la necropolítica de Achille Mbembe (2011), pero sin olvidar el componente poco foucaultiano y muy relacional que tienen las respuestas de resistencia ante dichos actos, como por ejemplo su documentación, desde la sociedad civil, con fines judiciales.
  3. No es la primera vez que Israel (con Estados Unidos y socios europeos) está involucrado en un genocidio. Véase el papel que desempeñó en el genocidio contra la población maya guatemalteca, y en el apoyo a dictaduras (como las de Pinochet o Videla) y a grupos paramilitares implicados en crímenes de lesa humanidad y narcotráfico en América Latina (Córdova-Alarcón, 2023; Taylor, 2024; Rivara, 2024).
  4. Desde su declaración el 10 de octubre de 2025 hasta el 4 de febrero de 2026, en que se redactan estas líneas, Israel atacó 552 veces a civiles gazatíes, bombardeó en 704 ocasiones y destruyó 221 viviendas. Ha detenido a 50 personas y continúa con el bloqueo de ayuda humanitaria (AJLabs, 2026).
  5. Como si se tratara de una macabra imitación de la ópera bufa del siglo XVIII, el capitalismo bufo, así lo llamaremos, adopta la estética y la moral de lo grotesco para traslapar farsa y tragedia en un mismo movimiento en el que lo trágico pierde su dimensión moral para convertirse en un simulacro tan evidente como difícil de desentrañar. Las crisis económicas ya no son explicadas a partir de fallos estratégicos o contradicciones del sistema capitalista, la farsa lo resuelve mediante el engaño y la confusión de identidad entre causas, causantes, consecuencias y víctimas. Para concentrar la atención del público en el síntoma, el capitalismo bufo recurre con frecuencia a la saturación de información, que incluye la cosificación de los personajes y la humanización de los objetos a un ritmo trepidante que invita a dejarse llevar por el mismo (ver largo el factótum de “Las bodas de Fígaro”), acompañada de una velada crítica de su naturaleza. Con el triunfo del pícaro, las instituciones son desenmascaradas por sus representantes, que parecen parodiarse a sí mismos para ganar respetabilidad, creando intermezzi en los que sus pequeñas farsas tratan de aliviar la carga trágica de los acontecimientos al público. Mientras tanto los genocidios son proclamados como actos de defensa de los oprimidos, por lo general blancos y ricos, ante los fanáticos religiosos que siempre son pobres y de piel morena. Todo parece tan real y simultáneamente grotesco que es imposible que no sea falso. Para asumir este principio es necesaria la repetición, que despoja a la tragedia de sentido y agencia, y la teatralidad a partir de la caricaturización de la realidad y de los actos que la producen (ver Zizek, 2011). Como el poder teme tanto a los pícaros —ingenieros del caos (Empoli, 2019)— como a los bufones (ver Dario Fo, 1997) con agenda, los invita a que sean nuestras referencias morales y nos representen política, económica y culturalmente. Un ejemplo de ello nos lo brindan cotidianamente los voceros de los grupos que han ideado, materializado y justificado el genocidio en Gaza. Desafortunadamente si (según Marx) la historia ocurre dos veces “primero como tragedia y luego como farsa”, la repetición a modo de farsa, en palabras de Marcuse, puede ser más terrorífica que la tragedia original (Zizek, 2011).
  6. La Nakba (o Catástrofe) es el proceso de limpieza étnica que tuvo lugar durante la ejecución del proyecto sionista, llamado Plan D (Dalet), en Palestina (Pappé, 2006) y que implicó el desplazamiento forzado de 700,000 personas y la destrucción de 418 aldeas, siendo el acto fundacional del Estado de Israel (Washington, 2020). No solo hay cientos de miles de desplazados palestinos en Gaza, también alrededor del mundo e Israel prohíbe su derecho al retorno (Washington, 2020).
  7. Las autoridades israelíes pasaron de detener a 350 personas por mes, antes del 7 de octubre de 2023, a 2,370. Muchas han sufrido violaciones, torturas psicológicas y físicas, incomunicación, restricción de agua, comida y atención médica, y permanecen sin cargos en las prisiones israelíes. El 1 de octubre de 2025 eran más de 11,000 palestinos/as (HRW, 2025), y el 30 de junio, 360 niños/as permanecían detenidos sin cargos (DCIP, 2025). Desde 1967 Israel ha detenido a un millón de palestinos/as. El sistema carcelario israelí, sus tribunales militares y la multimillonaria financiación de Washington, constituyen un aparato de dominación integral y deliberado (AMP, 2025). Cuando un Estado encarcela arbitrariamente sin cargos y bajo la ley militar definida para el control de una población racializada, a sus objetivos se les denomina prisioneros. Si se trata de un grupo político armado que se opone a las condiciones de injusticia impuestas por dicho Estado, los detenidos (civiles o militares) son rehenes.