Lecciones de Coraline: ¿cómo visibilizar la discriminación hacia las niñeces trans*[1]
en un sistema educativo que las vela?

Julio Antonio García Palermo[2] y Fernando Salinas-Quiroz[3]


Diversos informes (CEAV, 2015; CEAV, Fundación Arcoíris, 2018) dan cuenta de que en la escuela se reproducen una serie de experiencias negativas hacia las personas que se asumen o se perciben como lesbianas, gays, bisexuales y trans* (LGBT*), baste como muestra hablar de violencia física (agresiones, golpes), verbal (insultos, apodos), psicológica (acoso escolar o bullying, chantaje) e institucional (invisibilización, exclusión, rechazo). Por su parte, en un informe elaborado por el Comité de Violencia Sexual de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV, 2015) se afirma que “la violencia y el hostigamiento que viven las personas LGBT pueden ser infrigidas [sic] por parte de estudiantes y docentes y suele tener como consecuencia la negación de ingreso, la exclusión y el bajo rendimiento escolar” (p. 13). Asimismo, “la tendencia de los informes y pronunciamientos indica que la orientación sexual y la identidad de género se constituyen en casusas de discriminación específica” (CEAV, Fundación Arcoíris, 2018:14).

Si bien existen diversas investigaciones que dan cuenta de la situación de vulneración, y no vulnerabilidad como suele decirse, que vivimos las personas LGBT* en el sistema escolar mexicano, observamos un vacío sobre la educación de las personas trans* particularmente. Por lo anterior, en el presente artículo pretendemos visibilizar las dificultades de las personas trans*en el ámbito educativo mexicano, específicamente, presentamos investigaciones que abordan las actitudes hacia las personas trans*, mostramos un extracto del testimonio de Coraline, una joven trans* que narra los obstáculos y discriminaciones que vivió en su niñez en el contexto escolar; y por último, analizamos las fortalezas del Protocolo de actuación para escuelas con casos de niñas, niños y adolescentes trans*.

Transprejuicios:[4] las actitudes negativas hacia las personas trans*

Las siguientes investigaciones demuestran que si bien los avances en materia legislativa abonan al establecimiento de mejoras en la vida de las personas trans* (acceso a trabajo, a salud, a educación), los estigmas sexuales imposibilitan el cambio hacia una vida libre de todo tipo de violencia (simbólica, institucional, etcétera).

Carrera et al. (2013) evaluaron las actitudes de 800 adolescentes españoles entre los 14 y 19 años hacia las orientaciones sexuales, identidades o Expresiones de Género (OSIEG) y encontraron que los hombres presentaron actitudes más homo, lesbo y transprejuiciosas que las mujeres; además, sigue presente la idea de que la orientación sexual se puede modificar. La investigación demuestra que todas las prácticas de exclusión escolar se recrudecen/fortalecen contra las mujeres trans*, mediante exclusión, invisibilización, acoso o intimidación. Carrera y colaboradores (2013) consideran que las prácticas educativas deben estar enfocadas en una pedagogía crítica del sistema de roles tradicionales y respaldada por las aportaciones de la Teoría Queer.

Páez, Pesci y Rabbia (2015) estudiaron las actitudes negativas que existen y se reproducen en Argentina y reflexionan sobre los pendientes sociales existentes. Les autores afirman quela realidad social de Argentina y las expresiones y prejuicios hacia las personas trans* siguen arraigados a pesar de los avances en materia legal, pues en el año 2012 se promulgó una Ley de Identidad de Género; es decir, no van acompañadas las reivindicaciones de los grupos vulnerables en estos procesos político-legislativos.

Rodríguez y Casado (2016) realizaron un estudio cuantitativo con 26 participantes que tuvo por objeto identificar actitudes basadas en trans-prejuicios en estudiantes de trabajo social. Encontraron que existen actitudes más desfavorables en los hombres al ser comparados con sus pares mujeres, así como de personas más jóvenes y aquellas que no conocen a personas transexuales.

García y su equipo (2018) estudiaron las actitudes hacia la transexualidad en 179 estudiantes de entre 18 y 32 años provenientes de España, Rumania, Argentina y Perú. Descubrieron que mayoritariamente a los hombres les importa más la concordancia sexogenérica de las personas y que prevalece una postura rígida respecto a la autopercepción de género de las personas trans*. Les autores afirman que si una persona cisgénero conoce a una persona transexual, tendrá una actitud más favorable —congruente con la hipótesis del contacto propuesta por Allport (1962)— y que las actitudes negativas-desfavorables hacia las mujeres transexuales son resultado de considerarlas inferiores en el sistema patriarcal y cisnormado. Cabe mencionart que una persona cisgénero “cuando la expectativa social del género de la persona se alinea con el sexo asignado al nacer. En consecuencia, existen mujeres y hombres cis” (Conapred, 2016, 15).

Carrera Almeida, Cid, Vallejo y Rodríguez (2020) analizaron las creencias, los comportamientos y las actitudes que tienen jóvenes portugueses (de entre 13 y 18 años) respecto a las personas trans* o personas no binarias. Les autores concluyeron que continúan reproduciéndose discriminaciones y violencias con base en prejuicios sexuales-culturales sobre la comunidad trans* a pesar de contar con un marco legal que protege a estas personas.[5] Además, con base en un extenso estado del arte, subrayan que las distintas expresiones de violencias (hasta llegar a transfeminicidio) son una forma de marcar la norma y estandarizar la concepción binaria del género. Ahora bien, sus hallazgos son muy similares a los del estudio español que citamos párrafos atrás: les jóvenes tienden a reproducir más expresiones desfavorables, actitudes negativas y trans-prejuiciosas debido al ideal de género único, binario y natural. Carrera Fernández et al. (2020) concluyen que las actitudes se vuelven más negativas hacia mujeres trans* o hacia identidades feminizadas por parte de los hombres y que las mujeres tienen actitudes más favorables hacia esta comunidad.

Godoy (2015) entrevistó a seis personas trans* argentinas (cuatro mujeres y dos hombres) para identificar similitudes en la narración de su construcción identitaria. El autor construyó cinco categorías: 1) la percepción del propio género; II) adopción e inclinación de actitudes y actividades ligadas a cada género; III) atracción sexual hacia el otro género; IV) presentación concordante con el género autopercibido (actitud corporal y acondicionamiento corporal temporal o permanente), y V) adopción del nombre con significado asociado a la personalidad. El investigador concluye que la Ley dio mayor visibilidad a las personas trans y coadyuvó a eliminar algunos transprejuicios, ya que la “Ley de Identidad de Género es un ejemplo de cómo las luchas organizadas de los movimientos sociales pueden contribuir a transformar la realidad social” (Godoy, 2015: 119).

Lecciones de Coraline: ¿cómo visibilizar la discriminación hacia las niñeces trans* en un sistema educativo que las vela?

Con base en una pesquisa llevada a cabo por el CEAV y la Fundación Arcoíris (2018), sabemos que las personas LGBT* reportaron los siguientes tipos de violencia dentro del aula: primero, golpes, burlas e insultos (40%); segundo, rechazo o exclusión (30%); y tercero, invisibilización (10%). Debido a estas alarmantes cifras, las agresiones físicas, psicológicas e institucionales y discriminación escolar deben ser atendidas como prioridad dentro del Sistema Educativo Mexicano, toda vez que, “el papel de la escuela en el proceso de sociabilización e integración social resulta un proceso […] doloroso” (p. 33), y es altamente posible que se viva de forma más cruda si eres una persona trans*. Para conocer la vida de una joven trans* presentamos el testimonio de Coraline (García Palermo y Salinas-Quiroz, 2020), una joven trans* xalapeña quien nos relata su experiencia en el aula:

De primero al quinto año de primaria era un chico en la escuela, era difícil porque no me gustaba vestir como un niño, pero tenía amigos. Llegué a tener sólo una amiga que supo que era una niña transgénero y lo respetó bastante, eso fue en cuarto grado. Mi experiencia de primero a quinto grado fue seguir descubriéndome, en cuanto a discriminación por parte de mis compañeros no era tan fuerte, pero sí hubo niñas y niños que me molestaron por cierto detalles que notaban de mis formas de comportarme y expresarme, pero no fueron más allá afortunadamente.

Mi cambio total a chica fue a los 11 años cuando salí a la calle como niña. Primero tuve que cambiarme de escuela, porque si hubiera estado en la anterior, hubiera sido más complicado. En la que entré nadie me conocía. Segundo, a pesar de que mi documentación estaba como varón, entré al sexto grado como una niña con el apoyo del director y profesor de la primaria, quienes se comportaron bastante abiertos y amables, me empecé a adaptar bastante bien y ellos también. De primero a quinto grado estuve en una primaria y en sexto en otra, mis compañeros me recibieron muy bien, o sea, era una niña así tal cual para elles.

Hay veces en las que me siento muy segura, pienso «Para que voy a estar fijándome en discriminaciones, ¿no?” Pero hay veces en las que no puedo, me llego a sentir mal, me llego a incomodar mucho, no quiero salir, porque puede suceder que te discriminen. Es variado… a veces me siento incómoda, muy frustrada conmigo misma porque digo ¿Cómo puedo permitir eso? De ahí la importancia de aceptarse, porque la discriminación no va a durar para siempre, para eso se educa la gente. Por eso quiero iniciarme en el activismo, por eso quiero educar a la gente a que respeten. Que no pierdan el tiempo molestándonos, haciendo comentarios que ni al caso, porque es diversidad y punto, así es el mundo, somos seres humanos como cualquier otra persona.

Realmente es todavía un trauma, porque no me aceptaron en las secundarias de Xalapa, en sí por lo que soy y porque mi acta de nacimiento estaba como un chico. Así que en pocas palabras nos cerraron todas las puertas (rejas) y me negaron la educación secundaria en todas las escuelas de Xalapa.

Me tuve que quedar en casa y eso es un lado oscuro  —podría llamarle— en mi historia y que antes detestaba mencionarlo, no quería que nadie lo supiera, pero ahora lo menciono ante el público porque creo que puedo y, porque no quiero que nadie más lo pase, a veces estas historias inspiran para que no nos sigan pasando. Es importante la acción de alzar la voz que, es oro, pues es o fue una vivencia bastante difícil. Es importante mencionar que sigo estudiando en línea y ya me he adaptado más, no creo que sea en lo más mínimo justo lo que me hicieron: cerrarme las puertas de las secundarias en la capital del estado. Todo por no informarse, educarse, abrirse, respetar, pero pues creo que la gente no quiere escuchar, ni abrirse.

Dicha exclusión escolar me hizo sentir mucha frustración, pero sobre todo inseguridad, tristeza y miedo: ¡Es bastante difícil, doloroso y frustrante! Porque en ese entonces, era una cosa bastante triste el no poder ir a una escuela, ver a mis compañeros ir a la secundaría y yo aquí, lamentándome no poder ir; sin embargo, me hizo ser lo que soy, me llegué a sentir bastante insegura, era una cosa de siempre quedarme en casa, incluso no quería ni salir cuando había oportunidad a visitar a la familia, ¡Era un aislamiento increíble, no sentía nada de seguridad de mí misma! No quería, no podía a salir a la calle, quería estar siempre sola. Lo que me ha motivado es tener el apoyo de mi familia, porque imagínate estar encerrada y encima sin apoyo. Y desgraciadamente hay muchos casos así.

Lo que me motivaba cuando era niña era tener apoyo de mi mamá, pese que ella también sufrió bastante. Ella empezó a motivarme, dice que yo soy su motivación y para mí ella es mi motivación, porque es con la única —bueno también con mi hermana y mi papá— pero sobre todo ellas son con las que cuento.

Tomando como referencia el vital testimonio de Coraline, es indispensable conocer las necesidades académicas de la comunidad trans* para reducir los obstáculos que tienen para el acceso y la permanencia escolar, además, identificar los transprejuicios y estigmas sexuales que tiene el profesorado y capacitarlo en materia de derechos humanos con miras a promover ambientes escolares óptimos para el libre desarrollo de la personalidad de les niñes trans*.

Fortalezas del Protocolo de actuación para escuelas con casos de niñas, niños y adolescentes (NNA) trans*

Las escuelas de educación básica y media superior pueden utilizar el “Protocolo de actuación para escuelas con casos de niñas, niños y adolescentes trans*” realizado por la Asociación por las Infancias Transgénero (2020) para promover e impulsar ambientes educativos que garanticen la diversidad y el respeto hacia el alumnado trans*. El protocolo pretende “orienta[r] la actuación de las autoridades educativas con administrativas, docentes, madres, padres y compañeros de NNA trans*, para lograr una convivencia respetuosa e incluyente dentro de las instalaciones escolares” (Asociación por las Infancias Transgénero, 2020). Las orientaciones están dirigidas a cinco actores fundamentales: funcionariado escolar; Figuras Principales de Cuidado (FPC)[6] de NNA trans*; FPC del alumnado (compañeres de clases); compañeres de clases; y NNA trans*.

Consideramos que la implementación del protocolo garantiza una comunicación fluida, informada y accesible para abordar el tema de las NNA trans* promoviendo una capacitación y sensibilización en materia de derechos humanos enfocadas en el libre desarrollo de la personalidad, al derecho a la educación y a una vida libre de violencia; tiene una perspectiva no patologizante, lo cual, blinda a las NNA trans* para no pasar por señalamientos y hostigamientos sobre su identidad autopercibida. Por otra parte, obliga a respetar el nombre y género del niñe —independientemente de que tenga o no el cambio-modificación del acta de nacimiento— y tiene un seguimiento a todo tipo de discriminación que pueda sufrir o sufra el niñe. Por último, promueve la información científica, no patologizante y libre de prejuicios para todas las personas involucradas en la transición o vida de un niño, niña, niñe y adolescente trans*.

Reflexiones finales

Los estudios sobre actitudes negativas hacia las personas trans*, que contaron con la participación de personas jóvenes, tienen a su favor el hecho de que recogen sus impresiones/testimonios y que salen de una perspectiva adultocentrista. Sabemos que existe una asociación entre las masculinidades hegemónicas, el sistema sexo-genéro y la formación de actitudes negativas hacia las personas trans*; en congruencia con lo anterior, las actitudes se vuelven más negativas hacia mujeres trans* o hacia identidades feminizadas.

Por otra parte, conocer el testimonio de Coraline, una joven trans* veracruzana, nos permite reflexionar acerca de los pendientes institucionales y sociales para garantizar el derecho a una educación científica, laica y libre de prejuicios. Consideramos que debemos impulsar el acercamiento a su vida para conocer las dificultades sociales y escolares que enfrentan, sus expectativas académicas y laborales, así como sus proyectos de vida para así promover cambios legales para su reconocimiento integral. Dentro de la agenda pendiente está el cumplimiento a cabalidad de las normativas que buscan garantizar igualdad sustantiva de las poblaciones vulneradas, lo cual ha permitido que sigan reproduciéndose distintas discriminaciones y violencias hacia las personas trans*. Las escuelas deben incluir prácticas que no reproduzcan estereotipos y prejuicios de género (binario y natural), al enseñar información científica y generar empatía para la convivencia social con las personas trans*.

Por último, el protocolo mencionado garantiza el abordaje y acompañamiento no sólo de las NNA trans* sino de todas las personas que les rodean; lo cual, por sí mismo, es una lección de valores (respeto, tolerancia) y de competencias (aprender a convivir y de aprender a aprender), futuras investigaciones podrían indagar sobre aquellas instituciones que ya lo han aplicado, esto para conocer sus experiencias con el mismo.

Bibliografía

Carrera Fernández, María Victoria, Yolanda Rodríguez Castro, María Lameiras Fernández, Pablo Vellejo-Medina, y Patricia Alonso Ruido (2013), «Actitudes hacia la diversidad sexual en estudiantes de secundaria españoles», Revista Iberoamericana de Salud y Ciudadanía, núm. 2 , vol. 2, pp. 110-123.

Carrera Fernández, María, Ana Almeida, Xavier Cid Fernández, Pablo Vallejo Molina, y Yolanda Rodríguez Castro (2020), «Patrolling the Boundaries of Gender: Beliefs, Attitudes and Behaviors Toward Trans and Gender Diverse People in Portuguese Adolescents”,  Journal International Journal of Sexual Health, núm. 1, vol. 32, pp. 40-56.

Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas y Fundación Arcoíris (2018), Diagnóstico nacional sobre la discriminación hacia personas LGBTI en México: Derecho a la Educación. Ciudad de México: Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas.

Comité de Violencia Sexual de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (2015), Investigación sobre la Atención a personas LGBT en México: Informe final, México: CEAV. Recuperado el septiembre de 2020, de http://www.ceav.gob.mx/wp-content/uploads/2016/06/Investigaci%C3%83%C2%B3n-LGBT-Documento-Completo.pdf

Allport, Gordon Willard (1962), La naturaleza del prejuicio. Buenos Aires: EUDEBA.

Asociación por las Infancias Transgénero (13 de 09 de 2020), Asociación por las Infancias Transgénero, obtenido de Asociación por las Infancias Transgénero: https://infanciastrans.org/conocenos/

García Barba, Marta, Naroa Serrano Moragón, Joan Camañes Martorell, Estefania Ruíz-Palomino y Rafael Bellester-Arnal (2018), Actitudes hacia la transexualidad en jóvenes. Ágora de salut, vol. 5, pp. 11-19.

García Palermo, Julio Antonio y Fernando Salinas-Quiroz (2020), «Soy así, así nací y así seré siempre. Testimonio de Coraline, una joven trans*», Revista de divulgación del CEPREVIDE. Cultura de paz y derechos humanos, tercera edición.

Godoy, Gabriel César (2015), «La Ley de Identidad de Género y la construcción de Identidades Trans», Quaderns de Psicologia, núm.3, vol. 17, pp. 111-121.

Páez, José, Guillermo Hevia, Hugo H. Rabbia, y Florencia Pesci (2015), “Construcción y validación de una escala de actitudes negativas hacia personas trans”, en Revista de Psicología, núm. 33, vol. 1, pp. 151-188.

Rodríguez Otero, Luis Manuel y David Casado-Neira (2016), Actitudes de transfobia en estudiantes de Trabajo Social regiomontanos (México), en Tamara Ramiro-Sánchez y María Teresa Ramiro (Coord.)), Avances en Ciencias de la Educación y del Desarrollo (pp. 941-946). Santander, España: Asociación de Psicología Conductual.

Salinas-Quiroz, Fernando y Wendolyn Cortes (2020). Invisibilización de familias no heterosexuales en el ámbito educativo, en Violencia escolar contra estudiantes LGBT en México. México Comisión Nacional de los Derechos Humanos.

Tena Guerrero, Olivia (2012), «Análisis ético de la homofobia», en Julio Muñoz Rubio, Homofobia: laberinto de la ignorancia (pp. 99-105), México, Universidad Nacional Autónoma de México, Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades. .

  1. Empleamos el término en plural, pues hablar de “niñez” remite a una sola manera de ser niño, niña o niñe. Utilizamos a la letra “e” para englobar a las personas no binarias, género fluido y género queer, por mencionar algunas. Encontramos dicha recomendación en un texto de Marta Lamas (1999) quien a su vez reconoce la influencia de María de Jesús Izquierdo (España) y Antonio Alatorre (México). Por otra parte, en el texto utilizaremos preferentemente el término “trans*” con un asterisco, como un concepto “paraguas” que puede incluir diferentes expresiones e identidades de género, como son: trans, transexual, transgénero, etc. Raquel (Lucas) Platero (2014) afirma que lo que el asterisco añade es señalar la heterogeneidad a la hora de concebir el cuerpo, la identidad y las vivencias que van más allá de las normas sociales binarias impuestas; el asterisco quiere especificar que pueden tener luchas comunes, al tiempo que reconocer que hay muchas otras cuestiones en las que no hay consenso.

  2. Licenciado en Historia y licenciado en Relaciones Industriales ambas en la Universidad Veracruzana (UV). Maestro en Educación en la Universidad Cristóbal Colón (UCC). Doctorante en Humanidades en la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ). Labora en la Biblioteca “Gonzalo Aguirre Beltrán” del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS). Contacto: julangapa@ciesas.edu.mx

  3. Licenciado en Psicología, Universidad Iberoamericana. Maestro en Psicoterapia Psicoanalítica de Niños y Adolescentes, Centro de Estudios de Posgrado de la Asociación Psicoanalítica Mexicana. Doctor en Psicología, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Miembro del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel I. Labora como profesor-investigador de tiempo completo en la Universidad Pedagógica Nacional (UPN), Ajusco. Contacto: fsalinas@upn.mx

  4. Tena Guerrero (2012) propone usar los términos lingüísticos homo-discriminación u homo-prejuicios para referirnos explícitamente a las distintas prácticas discriminatorias o basadas en prejuicios sobre las Orientaciones Sexuales, Identidades o Expresiones de Género que experimentan las personas: es decir, “un prejuicio socialmente reforzado, que se diferencia de una enfermedad mental por su fundamentos morales, éticos e ideológicos. Esta clase de prejuicio incluye prácticas discriminatorias hacia personas que establecen relaciones sexuales y afectivas con personas de su mismo sexo” (en Muñoz Rubio 2012, 93). Con base en esta justificación, se propone utilizar el término trans-prejucios para visibilizar las diversas exclusiones, limitantes y condiciones sociales adversas que enfrentan las personas trans*, sobre

  5. Portugal aprobó la Ley 38/2018 para garantizar que las personas transgénero y transexuales puedan obtener una nueva acta de nacimiento para la concordancia sexo-genérica

  6. Salinas-Quiroz y Cortes (en prensa) sugieren utilizar este término para evitar el binarismo madre-padre, pues consideran que se trata de una oposición dicotómica excluyente.