Karl Marx y la antropología: Un apunte

 

Andrés A. Fábregas Puig
CIESAS Occidente


Imagen tomada de Pixabay.


La relación de complementariedad más notable entre la antropología como una ciencia social y el planteamiento de Marx como un método para el análisis de la historia y de la sociedad, ocurre en el ámbito de las temáticas que son comunes a ambas perspectivas. Por ejemplo, si observamos esta complementariedad desde las estrategias de investigación, la cercanía del método de Marx y el evolucionismo multilineal antropológico adquiere mayor visibilidad. Marx enfocó la relación entre naturaleza y cultura colocando al trabajo y su contexto relacional concreto como el medio por el que la humanidad se relaciona con la naturaleza. Gracias a la influencia de Marx, la antropología encuentra salida de los fórceps biológicos, distinguiendo lo que es el proceso evolutivo y su diferencia con la historia. Desde esta perspectiva, es la inserción de fines humanos en la naturaleza, a través del trabajo, lo que causa su transformación en un mundo cultural. Años después, durante el desarrollo de la antropología en el siglo XX, y concretamente asociado al evolucionismo multilineal, los planteamientos de Marx coincidieron con los de la ecología-cultural. Sin duda, la relación humanidad-naturaleza es una de las más complejas temáticas tanto de la antropología actual como desde el punto de vista marxista. En efecto, uno de los factores que influyeron en el regreso de los textos de Marx a las librerías y a las discusiones en las aulas y en las cafeterías, es la aguda y grave crisis medioambiental existente como resultado del desenfrenado extractivismo que caracteriza al capitalismo contemporáneo. Marx planteó que el proceso productivo era en sí mismo una interrelación humanidad-naturaleza, y justo es lo anterior lo que niega el capitalismo, concibiendo a la naturaleza como un objeto al que se puede manipular impunemente. Además de que este planteamiento se complementa con el de la ecología-cultural política, a través del reconocimiento de la interrelación entre sociedad y cultura (Kaplan y Manners, 1979), es desarrollado por científicos sociales como John Bellamy Foster (2000) o Naomy Kleim (2014).

Como ya Lawrence Krader lo ha comentado (1973, 1974 y 1998), entre los años de 1879 y 1882, Marx leyó a autores que, vistos desde la perspectiva actual, escribieron acerca de problemáticas consideradas antropológicas. Tales autores son Lewis Henry Morgan, Henry S. Maine, J. B. Phear, John Lubbock y M. M. Kovalewski. Las profusas notas que Marx tomó con referencia a estos autores, son las que editó Lawrence Krader en The Ethnological Notebooks of Karl Marx (1974). Situados en esta perspectiva que abarca a la antropología sociocultural y a la etnohistoria actuales, es posible el desarrollo de la relación entre antropología y el planteamiento de Marx, desde los inicios analíticos de las sociedades sin Estado, sin economía política y sin clases sociales y las transformaciones históricas que resultaron en el advenimiento de las sociedades desiguales, con Estado, con Economía Política y con Clases Sociales. De hecho, Federico Besserer hace un interesante planteamiento al respecto en su texto incluido en el libro Antropología y marxismo de Ángel Palerm (2008). Además, aunque la relación entre antropología y marxismo se discutió en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) en la década de los años cincuenta, resurgió con intensidad hacia la segunda mitad de los años sesenta, como bien lo indica Eric Wolf (2008). Más reciente es el texto de Sven Eric-Liedman quien, basado en una erudición notable, contribuye a entender mejor la articulación entre antropología y los planteamientos de Marx.

La crisis del marxismo se inició en el momento mismo en que Marx escribió: “Lo cierto es que yo no soy marxista” (Ver Sven-Eric Liedman, 2015, nota 108 en el pie de esa página). En efecto, el planteamiento metodológico de Marx sigue en pie. Lo que entró en crisis son los variados intentos de transformar un planteamiento metodológico para el estudio y comprensión del desarrollo histórico de las sociedades, que además fuera una guía científica para dirigir los cambios hacia una sociedad en la que se desterrara la explotación del ser humano y las desigualdades, en dogmas ideológicos al servicio del poder. Los planteamientos de Marx lejos de estar en crisis han probado su validez como método para el análisis (sinónimo de crítica) de la sociedad y la comprensión de la historia. En contraste, no puede obviarse el daño causado, por ejemplo, por el régimen impuesto por José Stalin a la muerte de Lenin, el líder de la Revolución de Octubre, y las distorsiones que impuso a los planteamientos de Marx. En contra del “no soy marxista” Stalin creó un aparato burocrático que llevó a la Revolución Socialista al fracaso. En relación con la antropología actual y con las ciencias sociales en general, lo que escribió el propio Marx es una lección metodológica duradera. En efecto, congruente con su propia advertencia de “no soy marxista”, Marx respondió a Mijailovski, el traductor ruso del primer volumen de El Capital, quien habló del “sistema filosófico de Marx” como si fuese una verdad revelada, con una carta que en su parte medular dice:

Quiere transformar mi explicación de los orígenes del capitalismo en Europa Occidental en una teoría histórico-filosófica de un movimiento universal necesariamente impuesto a todos los pueblos, cualesquiera que sean las circunstancias en que se encuentren, y que desembocará, en última instancia, en un sistema económico donde el enorme incremento de la productividad del trabajo social permitirá el desarrollo armónico del hombre. Debo protestar por eso. Me hace un gran honor, pero a la vez, me desacredita. Tomemos un ejemplo. En El Capital me refiero, en diversas ocasiones, al destino de los plebeyos en la Roma antigua. Al principio eran campesinos independientes que cultivaban sus propias tierras. En el curso de la historia romana fueron expropiados. El mismo proceso que los separó de sus medios de producción y subsistencia dio origen a la gran propiedad territorial y al gran capital financiero. En un determinado momento había, pues, hombres libres privados de todo, a excepción de su fuerza de trabajo, por un lado, y los propietarios de toda esta riqueza acumulada en condiciones de explotar el trabajo de aquellos, por otro lado. Ahora bien, ¿qué ocurrió después? Los proletarios romanos no se convirtieron en asalariados, sino en una multitud ociosa, más abyecta todavía que los “blancos pobres” del sur de los Estados Unidos. Al margen de ellos se desarrolló un sistema de producción que no era capitalista, sino basado en la esclavitud. Vemos pues que hechos muy parecidos, pero ocurridos en contextos históricos muy diferentes, producen resultados muy diversos. Podremos descubrir fácilmente la explicación de estos fenómenos si los estudiamos por separado, aunque nunca llegaremos a comprenderlos si confiamos en el pasaporte fácil de una teoría histórico-filosófica cuya principal cualidad consiste en ser supra histórica. (Bottomore y Rubel, 1964: 22-23)

En verdad, uno podría iniciar un curso sobre el método planteado por Marx, leyendo esta carta y explicando cada uno de sus puntos. Resalta la advertencia negando que el planteamiento se trate de una “filosofía de la historia” cuya cualidad sería ser ahistórica. Es decir, en breve, “no soy marxista”.

La antropología como ciencia social está, también, en plena vigencia. Son las acciones concretas de los antropólogos y el uso que dan a su conocimiento, lo que provoca las “crisis”. Así, en el momento en que antropólogos concretos aceptaron lo que Ángel Palerm llamó “el pacto perverso” con el colonialismo (Palerm, 2008: 45-76) condujeron a la disciplina a una crisis. En la propia América Latina fueron antropólogos concretos y no “la antropología” quienes aceptaron colaborar con proyectos de contrainsurgencia del Estado norteamericano, denunciados por antropólogos como Marshall Sahlins (2000: 261-270). Sin duda, en varios aspectos, el planteamiento de Marx se articula con la antropología para configurar una ciencia social no sólo explicativa sino instrumento para cambiar el mundo.

Bibliografía


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