R. Aída Hernández Castillo[1]
CIESAS Por Palestina / LAJUVI
Escribir este artículo me implicó una revisión exhaustiva de lo que la prensa ha cubierto en torno a la destrucción de la infraestructura educativa en Gaza, y en un sentido mas amplio sobre los impactos del genocidio en la educación, la historia y la memoria de Palestina. Si bien hemos sido testigos desde el 7 de octubre de 2023 de una guerra de exterminio transmitida en tiempo real, leer de corrido sobre las violencias extremas y las políticas de muerte que han afectado las vidas de nuestros colegas palestinos y de los y las estudiantes de ese país, ha sido una experiencia traumática. Cuesta mucho asimilar que universidades enteras hayan sido arrasadas, rectores, profesores y estudiantes asesinadxs, y que como comunidad académica no hayamos podido hacer algo para detener esta barbarie. A nivel personal algunos de estos colegas tienen nombres y rostros; no he podido dejar de pensar en Lena Meari, Linda Tabar, Nidaa Abu Awwad, Amira Silmi y Rula Abu Dhuo, del Instituto de Estudios de la Mujer de la Universidad de Birzait, con quienes compartí reflexiones, el pan y la sal, durante mi visita a esa universidad en diciembre de 2017.
Sus estudiantes han sufrido el hostigamiento continuo de las fuerzas de seguridad israelíes a partir de sus protestas ante la guerra de exterminio contra sus compatriotas en la franja de Gaza. El pasado 6 de enero, ellas, sus colegas y unos ocho mil estudiantes de esa universidad vivieron momentos de terror, cuando las tropas sionistas realizaron una redada hiriendo a cuarenta personas, once de ellas de gravedad. Esta violación del espacio universitario causó destrozos en distintos edificios del campus, los militares confiscaron materiales que consideraban subversivos y arrestaron al vicepresidente para Asuntos Académicos, Asem Jalil. La justificación de esta intervención militar fue que el estudiantado realizaba “actividades terroristas” al organizar un evento de apoyo a los presos palestinos y proyectar la película La voz de Hind Rajab.[2] Estas violencias contra las instituciones educativas palestinas son de larga data, pero han tenido sus momentos más álgidos en los últimos tres años, con la destrucción total o parcial de 12 universidades en la franja de Gaza, y el asesinato de tres rectores y de 95 directores de facultades y profesores. Se habla de un escolasticidio, que no solo ha destruido universidades, escuelas y otras instituciones educativas y culturales, y asesinado a profesores y estudiantes, sino que atenta contra la memoria histórica e identitaria del pueblo palestino.
En este artículo, me interesa no solo documentar con cifras y fechas este escolasticidio, sino compartir, a partir de mis propias memorias, la dimensión humana de esta catástrofe humanitaria, que continúa mientras escribo estas líneas.
Crónica de un encuentro con la resistencia palestina
Mi primera visita a Palestina coincidió con la decisión de presidente Donald Trump de trasladar la embajada norteamericana de Tel Aviv a Jerusalén, siendo el primer país en el mundo en reconocer la ciudad sagrada de musulmanes, cristianos y judíos como la capital del Estado de Israel. Era el 7 de diciembre de 2017 y las calles de Ramallah, capital administrativa del Estado de Palestina, donde se encuentra la Universidad de Birzait, estaban totalmente desiertas, por un paro laboral declarado a nivel nacional, en protesta contra esa medida política.
El seminario al que fui invitada por el Instituto de Estudios de la Mujer de la Universidad de Birzait se pospuso un día, y en vez de reunirnos a discutir el papel de las mujeres en los movimientos de liberación, nos trasladamos con un grupo de estudiantes a Jerusalén, específicamente a la Puerta de Damasco (Bab-al-Amud en árabe), una de las ocho puertas de la gran muralla que rodea la llamada Ciudad Vieja de Jerusalén, que da acceso a los barrios cristiano y musulmán, la cual se ha convertido en un espacio de protestas estudiantiles.

En la Puerta de Damasco en Jerusalén con las profesoras del Instituto de Estudios de la Mujer de la Universidad de Birzait, Lena Meari y Linda Tabar y con las activistas de derechos humanos Audrey Huntley (Canadá) y Adriana Pou (México). Archivo de la autora
Los veinte kilómetros que separan a Ramallah de Jerusalén están totalmente militarizados, los retenes del ejército israelí parando carros y pidiendo papeles de identificación son parte de la vida cotidiana de los palestinos. En este corto viaje descubrí el complejo sistema de ciudadanía que existe en la región: entre las profesoras había aquellas que habían nacido en Jerusalén, y aunque eran palestinas, tenían pasaporte israelí, sus familias habitaban esa ciudad desde antes de la fundación del estado de Israel, y se les conoce como “palestinos del 48”. Ellas pueden entrar a la ciudad sin problema, pueden votar, pero son parte del 20% de la población palestina-israelí que, aunque vive en Jerusalén, es continuamente discriminada, despojada de sus viviendas y de sus derechos políticos. Iban también a la protesta profesoras y estudiantes que nacieron en Cisjordania y que tienen pasaporte palestino, por lo que requieren un permiso especial para entrar a la ciudad amurallada, que debe incluir una invitación de algún ciudadano israelí. Al llegar a las puertas de Jerusalén, pudimos ver también las largas colas de trabajadores palestinos precarizados que tienen permisos de trabajo temporales, quienes deben de madrugar y esperar varias horas y pasar varios retenes para poder entrar a la ciudad. A quienes no pude ver en este viaje fue a los palestinos de Gaza, que, desde que Hamás ganó las elecciones parlamentarias en el 2006, tienen su movilidad cada vez más restringida y es casi imposible para ellos y ellas entrar a la ciudad sagrada. Paradójicamente, yo como mexicana, con visa de turista, y bajo el argumento de ser una católica deseosa de conocer “Tierra Santa” no tuve ningún problema al llegar al aeropuerto de Tel Aviv (ya que Cisjordania no tiene aeropuerto internacional) ni posteriormente para entrar y salir de Jerusalén. Fue así que me tocó estar en la Puerta de Damasco, en un día histórico, en el que un grupo de estudiantes y maestros de la Universidad de Birzait decidieron unir sus voces a las de habitantes palestinos de la Ciudad Vieja, que reclamaban sus derechos sobre este territorio. Se trataba de un mitin intergeneracional, pues había un grupo amplio de niños entre los 10 y los 15 años, que no habían asistido a la escuela por el paro nacional; había también mujeres cubiertas con hiyabs y niqabs,[3] cuyas edades era difícil calcular, pero que por su forma de caminar y moverse parecían mujeres maduras; y jóvenes estudiantes en jeans que llegaron de Ramallah, pero también de Jerusalén.

Niños y adolescentes en la protesta del 7 de diciembre de 2017 en la Puerta de Damasco. Archivo de la autora
Las consignas en árabe me fueron traducidas al inglés por las maestras a quienes acompañaba: Min el-maiyehlel mayieh, Falasteen Arabiya! (From the river to the sea, Palestine will be free! — Del río al mar Palestina será libre), Tawaqaf baed 75 eaman min alaihtilal! (Stop 75 years of occupation! — ¡Alto a 75 años de ocupación!), Intifada, Intifada! (¡Rebelión! ¡Rebelión!). Los gritos tenían una cadencia desconocida para mí, que me hacían pensar en la poesía de Mahmud Darwish, que descubrí en mis clases de árabe en la UNAM, durante mi juventud.[4]
La policía montada israelí llegó y fue rodeando el mitin poco a poco, creando un ambiente de tensión que llegó a su punto álgido cuando los niños empezaron a tirar piedras a los caballos y a sus jinetes. En este momento yo y otra profesora canadiense, nos retiramos del plantón, quedándonos en las inmediaciones (yo tenía una lesión de rodilla que me obligaba a usar bastón y me impedía correr).
Lo que vino después es una de las memorias más emotivas de este viaje: cuando los policías trataron de golpear a los niños con sus fuetes, el grupo de mujeres los rodeó formando con sus velos y túnicas una gran carpa negra que los cubrió por completo. Parecía una coreografía que hubieran ensayado antes. Los niños fueron protegidos y asumidos como hijos de todas, que con sus cuerpos y sus niqabs los protegieron de los golpes policiacos e impidieron que se los llevaran. Y ahí estuvieron rodeándoles, por casi media hora, sin que los policías israelíes se atrevieran a romper el cerco femenino palestino. El valor de estas mujeres, el cuidado colectivo y la energía política que se manifestó en esta protesta, me conmovió hasta las lágrimas. Por lo menos en esta ocasión, la resistencia se había impuesto. Después supe que no siempre era así, pues la edad no es una limitación para ser detenido o reprimido por las fuerzas policiacas del Estado de Israel. Según el Centro de Información Israelí para los Derechos Humanos en Territorios Ocupados, existen actualmente 350 niños palestinos presos en centros de detención israelíes, violando todas las normatividades internacionales de protección a la infancia (B’Tselem, 2025).
Con la caída del sol, regresamos a Ramallah contagiadas por la energía política de esos niños y esas mujeres. El concepto de intifada era ahora mucho más concreto para mí, como lo era también el concepto de settler colonialism (colonialismo de asentamiento), que discutiríamos al día siguiente en nuestro seminario.[5]
La Universidad de Birzat y las mujeres palestinas
La Universidad de Birzait es la universidad más antigua de la Palestina contemporánea, su fundación antecede a la creación del Estado de Israel, durante el mandato británico en 1924, cuando se creó como una escuela para mujeres, teniendo desde sus orígenes un especial interés por la formación y la inclusión femenina en la sociedad palestina. Se transformó de Birzait School a Birzait University en 1975, siendo ahora una institución mixta, pero con mayoría de mujeres (59%). En este medio siglo, se ha convertido en un centro de producción de pensamiento crítico y en una de las universidades más importantes de Medio Oriente. En 1994 se fundó el Instituto de Estudios de la Mujer, con la primera maestría en estudios de género en Medio Oriente.

Campus de la Universidad de Birzait Fuente: Página Oficial de la Universidad.
Muchos de mis prejuicios en torno a la “sumisión de las mujeres árabes” se vinieron abajo al visitar este campus. La presencia femenina mayoritaria era visible en toda la universidad, con una heterogeneidad que iba desde la moda europea combinada con elegantes hiyabs, hasta los pantalones de mezclilla acompañados por la tradicional kuffiyah palestina. Las instalaciones modernas, casi lujosas, me recordaron a los edificios de la Universidad Iberoamericana en México. La politización de su planta estudiantil no se manifestaba en grafitis, ni en pósters, como pasa en nuestras universidades públicas. Esta universidad que no tiene nada que envidiar a las universidades de élite norteamericanas, es una institución pública con inversión privada y apoyo de la cooperación internacional, en la que confluyen estudiantes de las élites gobernantes palestinas con hijos de campesinos o trabajadores. Sin embargo, entre sus 15 mil estudiantes quedan muy pocos gazatíes, solo algunos desplazados que lograron migrar a Cisjordania de manera definitiva antes de que el genocidio se intensificara. La mayoría de los jóvenes gazatíes que estudiaban en Ramallah, tuvieron que abandonar sus estudios porque es imposible llegar hasta Cisjordania sin pasar por territorio israelí, ya que desde 2005 se cerró a los palestinos el paso fronterizo de Rafah, que comunicaba los dos territorios. Este cambio, que limitó aún más la movilidad de los y las estudiantes, influyó en que se crearan nuevas universidades en la franja de Gaza como la Universidad Palestina creada en 2005 en la Ciudad de Al-Zahara, la University College of Applied Sciences (UCAS) creada en 1998 y Universidad Al-Israa, fundada en el 2014, que albergaba un museo arqueológico. A pesar de la guerra de baja y alta intensidad en la que han crecido estos estudiantes, se trata de uno de los pueblos más educados de la región con una tasa de alfabetización del 97% y una población universitaria que se ha duplicado en los últimos 10 años en medio de la ocupación israelí (Clark, 2025).
Sin embargo, los nuevos centros educativos, construidos en la última década, al igual que las universidades más antiguas de la franja de Gaza, como la Universidad Islámica de Gaza (1978), la Universidad Al-Azhar (1991) y la Universidad Al-Aqsa (2000), han sido destruidos por los bombardeos del ejército israelí en los últimos tres años. Las y los estudiantes cisjordanos no han guardado silencio ante la barbarie. Han hecho protestas, plantones y usado las redes sociales para denunciar el escolasticidio cometido contra sus hermanos y hermanas gazatíes, pagando con la represión policial israelí esta audacia: a la fecha 300 estudiantes de la universidad de Birzait han sido arrestados por participar en actos de protesta.
Las críticas feministas a Hamás y al islamismo fundamentalista que se venían desarrollando en el Instituto de Estudios de la Mujer hace una década han sido silenciadas en un momento en el que la prioridad es denunciar la violencia del Estado sionista. Como sucede en muchos contextos de guerra y militarismo, las críticas de las mujeres a las violencias patriarcales de todos los bandos se silencian en nombre de la unidad nacional o revolucionaria. En 2017, las voces feministas palestinas denunciaban tanto el colonialismo de asentamiento sionista del Estado de Israel, la corrupción y las complicidades de la Autoridad Nacional Palestina, como las violencias patriarcales de Hamás y su gobierno islamista en Gaza. Sus análisis planteaban matices, contradicciones y exclusiones, que, en este momento de genocidio, es difícil nombrar. En la inauguración de nuestro seminario intitulado “Women and Liberation Struggles: Palestine and the Global South – Rethinking Revolutionary Histories and Futures”,[6] la directora del Instituto de Estudios de la Mujer, la Dra. Lena Meari, comenzó su discurso señalando que
el propósito de esta actividad no es reflexionar sobre las historias de las revoluciones y sus complejas relaciones con las mujeres dentro de los movimientos de liberación nacional como una historia pasada que ya ha sido superada y archivada en un museo. Nuestro objetivo es recuperar las historias del pasado para construir un futuro para los movimientos de liberación nacional, que puede ser diferente y más incluyente que lo que existe actualmente en las fuerzas de liberación palestina, en el mundo árabe y a nivel mundial.[7]

Estudiantes de la Universidad de Birzait en el seminario Women and Liberation Struggles. Archivo de la autora
Estas luchas por construir una Palestina libre, democrática y antipatriarcal han centrado ahora toda su energía política en denunciar e intentar parar el escolasticidio, el genocidio y la destrucción total de ese sueño llamado Palestina.
El escolasticidio sionista y el intento por borrar la memoria
En los 29 meses que han transcurrido desde el 7 de octubre de 2023 (al 7 de marzo de 2026) el Estado de Israel ha arrasado con todas las universidades existentes en la franja de Gaza, superando la capacidad de destrucción de dos bombas nucleares (Euro-Med Human Rights Monitor 2023). La numeralia del terror en torno a este genocidio cambia de un día a otro, pero en marzo de 2025, el Monitor de Derechos Humanos Euro-Med, reportaba que 4327 estudiantes habían sido asesinados durante los bombardeos y la ocupación israelí de Gaza, y otros 7,819 habían sido heridos, mientras que 231 profesores habían muerto y 756 estaban gravemente heridos, se habían destruido parcial o totalmente las 12 universidades existentes en este territorio, y se había matado a tres rectores y 95 directores de carreras. Esta destrucción masiva de la infraestructura universitaria ha dejado a 88 mil estudiantes sin posibilidades de continuar su formación. La misma fuente señala que a nivel de educación primaria y secundaria, 378 escuelas habían sido destruidas y 6 mil niños en edad escolar asesinados, al igual que 964 de sus maestros. Paralelamente todas las escuelas de la Agencia de Naciones Unidas para Refugiados de Palestina (UNRWA por sus siglas en inglés) han sido cerradas, dejando a unos 625 mil niños y niñas sin acceso a la educación (Giroux, 2025).
Esta destrucción de vidas y de infraestructura educativa ha ido acompañada por una estrategia de anulación de la historia y la memoria del pueblo palestino, al destruir bibliotecas, museos, centros culturales, y todos aquellos registros que permiten dar cuenta de las luchas y la herencia cultural de este pueblo. La destrucción el 17 de enero de 2024 del Museo Arqueológico de la Universidad Al-Israa, de donde fueron saqueadas unas 3,000 piezas arqueológicas, patrimonio cultural de Palestina, para posteriormente bombardear el edificio, ha sido parte de esta estrategia de borramiento de su memoria histórica (Hedges, 2024).
La politóloga palestina, profesora de la Universidad de Oxford, Karma Nabulsi, popularizó el término de escolasticidio (scholasticide) para referirse a un patrón histórico de ataques a académicos e instituciones educativas palestinas por parte del Estado de Israel desde la Nakba de 1948, como una parte fundamental del colonialismo de asentamiento israelí (Giroux, 2025). Se trata de un proceso de largo aliento, que se manifiesta en formas de violencias institucionales cotidianas, como la represión del pensamiento crítico, la censura, el encarcelamiento de intelectuales palestinos, y en formas de violencia extrema como la masacre, la política de tierra arrasada y el desplazamiento forzado.
Al respecto, la escritora anglo-palestina Isabella Hammad, en un artículo publicado en el New York Review of Books, describía las distintas dimensiones del escolasticidio señalando que:
La guerra de Israel en Gaza no atenta solo contra la memoria, el conocimiento y la investigación crítica, sino que también se extiende a la destrucción de instituciones educativas donde la historia expone los crímenes del pasado y los movimientos de liberación y resistencia. Se trata de una guerra librada no solo contra los cuerpos, sino también contra la historia misma: contra los recuerdos, los legados de crueldad, las escuelas, los museos y cualquier espacio donde se preserve y transmita la historia y la identidad colectiva de un pueblo a las generaciones presentes y futuras. Este ataque a la conciencia histórica, la memoria, las ideas críticas y la historia perdurable del colonialismo de asentamiento, representa una forma de violencia ideológica que sustenta estratégicamente la guerra tangible y sangrienta que destruye las vidas palestinas y las instituciones que salvaguardan recuerdos vitales. En este contexto, surge el concepto de escolasticidio, que significa la destrucción deliberada de los espacios educativos que transmiten conocimientos, recuerdos y valores esenciales, se ha convertido en un elemento central de la guerra más amplia de Israel contra el pueblo palestino. (Hammad, 2024. Traducción mía)
Detrás de la documentación estadística del escolasticidio, hay vidas truncadas, historias de luchas por la educación, de éxitos académicos, de logros literarios y científicos. Hay también secuelas familiares y comunitarias, destrucción del tejido social, ausencias irreparables. Nombrar a algunos de los colegas que han sido masacrados es también una forma de honrar su memoria y desde México mandar nuestra solidaridad a sus familias y comunidades académicas: el profesor Sofyan Tayeh, quien fuese el rector de la Universidad Islámica de Gaza, un astrofísico mundialmente reconocido y receptor de varios premios internacionales, coordinador de la Cátedra UNESCO en Astronomía y Ciencias del Espacio, quien murió con toda su familia al ser bombardeado el edificio donde vivía; el Dr. Ahmed Mamdi Abo Absa, director del Departamento de Ingeniería y Ciencias Computacionales de la Universidad de Palestina, quien fue baleado por la espalda por soldados israelíes después de haber sido detenido ilegalmente durante tres días por las fuerzas de ocupación; el Dr. Mohammed Eid Shabir, profesor de las especialidades de inmunología y virología de la Facultad de Medicina de la Universidad Islámica de Gaza, cuyos aportes fueron fundamentales durante la crisis sanitaria de COVID-19, asesinado por un dron junto con su esposa, su hijo, su nuera y su nieto de tan solo seis meses; el Dr. Fadel Abu Hein, profesor de psicología clínica y director del Departamento de Psicología de la Universidad de Al-Israa, quien trabajó durante 30 años en el Centro de Salud Mental de Gaza, y que murió junto con su familia al ser bombardeada su casa; el profesor Refaat Alareer, poeta y profesor de literatura comparada y escritura creativa en la Universidad Islámica de Gaza, quien fundó la organización “No somos números” (We are not Numbers), que ponía en contacto a jóvenes escritores palestinos con escritores de todo el mundo. Sus libros Gaza Unsilenced (2015) y Gaza Writes Back (2014), son un testimonio, hermoso y doloroso, de la resistencia palestina. Él y seis miembros de su familia fueron asesinados en un bombardeo israelí en diciembre de 2023. Años antes había escrito en el New York Times sobre la ocupación israelí y el asesinato de 30 integrantes de su familia, durante la crisis entre Israel y Palestina en 2021.[8] Meses después de su muerte su hija y su nieto murieron también en un bombardeo en Gaza. Su poema Si debo morir ha sido traducido a varios idiomas y dado la vuelta al mundo,[9] como un presagio del futuro que le esperaba, pero también de la esperanza que siempre quiso inspirar en las nuevas generaciones:
Si debo morir,
tú debes vivir
para contar mi historia,
para vender mis cosas
para comprar un pedazo de tela
y unas cuerdas
y hacer un papalote
(hazlo blanco, con una cola larga),
para que un niño, en algún lugar de Gaza,
mientras mira fijamente al cielo,
esperando a su papá, que se fue en un resplandor
—y no se despidió de nadie,
ni siquiera de su carne
ni de sí mismo—
vea el papalote, mi papalote que hiciste,
volando alto
y piense por un momento que un ángel está allí
trayendo de regreso al amor.
Si debo morir
déjalo traer esperanza,
déjalo ser un cuento
Alareer escribió el poema en 2011, pero se volvió viral en noviembre de 2023 cuando lo publicó en sus redes sociales, un mes antes de ser masacrado en un bombardeo israelí, junto con su familia.
Estos son solo algunos de los colegas cuyas vidas y muertes logré documentar a través de la prensa. Una tarea pendiente, como académicos solidarios, sería documentar los nombres, profesiones, instituciones y áreas de especialidad de los más de 200 profesores universitarios asesinados en Gaza, nombrarlos y honrar su memoria. Buscar la manera de responder al reclamo del Dr. Ahmed Alhussaina, vicepresidente de la Universidad Al-Israa, quien entrevistado en el exilio decía: “Mi universidad fue destruida totalmente y hasta ahora no he escuchado los gritos de indignación de mis colegas en la comunidad internacional” (Hedges, 2024). Urge expresar nuestra indignación, unir nuestras voces, como académicos y académicas comprometidas con la justicia social y la defensa de la vida, a quienes están demandando el alto real al genocidio, disfrazado ahora de “reconstrucción”, tras un alto al fuego falso.

Destrucción de la Universidad Al-Israa por el ejército israelí el 17 de enero de 2024. Fuente: Al-Jazeera
El escolasticidio continúa, ahora también en Cisjordania, con la represión y el encarcelamiento de las protestas estudiantiles, como sucedió en enero pasado en la Universidad de Birzait. Este escolasticidio en sus manifestaciones de violencias lentas, tiene sus ecos fuera de Medio Oriente, en donde muchas instituciones educativas que reciben financiamientos del Estado de Israel o de empresarios sionistas han censurado e inclusive cesado a docentes que se han atrevido a denunciar el genocidio del pueblo palestino. Desde Canadá y Estados Unidos, pasando por Reino Unido, Alemania, y muchos países europeos, las voces críticas en la academia están siendo silenciadas.
Sin embargo, el escolasticidio, no se habrá consumado mientras haya una pluma, una voz, un pincel que documente la memoria, resista el silenciamiento, y nos recuerde que pueblo palestino sigue existiendo. Poetas como Mona Musaddar, Fatena Al Ghurra y Doha Al Kahlut;[10] pintorxs como Malak Mattar, Maisara Baorud y Hani Zurob;[11] músicos palestinos como Mohammed Assaf, Samaʼ Abdulhadi y Saint Levant,[12] han documentado el genocidio, pero también la resistencia, y sus obras son ya parte del archivo de memoria sobre el pueblo palestino, y sus luchas en estos tiempos de barbarie.
En este pequeño rincón de la academia latinoamericana que es CIESAS, queremos hacer resonar las voces que denuncian la guerra de exterminio contra el pueblo palestino, también queremos decirle al Dr. Ahmed Alhussaina, que estamos indignados e indignadas por la destrucción de su universidad, que nos unimos a su duelo por todos los colegas asesinados, por todas las bibliotecas y museos destruidos. Que el escolasticidio no se consumará mientras sus palabras, sus escritos, sus memorias, tengan eco. Esperamos que nuestros escritos sean parte de ese eco.
Referencias citadas
Alareer, R. (ed.) (2014). Gaza Writes Back. Short Stories from Young Writers in Gaza, Palestine. Just World Books.
Alareer, R. y El-Haddad, L. (eds.) (2015). Gaza Unsilenced. Just World Books.
B’Tselem – The Israeli Information Center for Human Rights in the Occupied Territories (2025, 26 de noviembre). Statistics on Palestinian Minors in Israeli Custody. https://www.btselem.org/statistics/minors_in_custody
Clark, D. (2025). West Bank & Gaza: literacy rate from 2007 to 2022, total and by gender. Statista. https://www.statista.com/statistics/1423995/literacy-rate-in-palestine/
Euro-Med Human Rights Monitor (2023, 2 de noviembre). Israel hits Gaza Strip with the equivalent of two nuclear bombs. https://euromedmonitor.org/en/article/5908/Israel-hits-Gaza-Strip-with-the-equivalent-of-two-nuclear-bombs
Darwish, M. (2024). Contrapunto (selección y traducción de Luz Gómez). Galaxia Gutenberg.
Giroux, H. (2025). Scholasticide: Waging War on Education from Gaza to the West. Journal of Holy Land and Palestine Studies, 24(1), 1–16. https://doi.org/10.3366/hlps.2025.0348
Gutiérrez de Terán, I. (ed.) (2025). Gaza: poemas contra el Genocidio. Ediciones del Oriente y del Mediterráneo.
Hammad, I. (2024, 13 de junio). Acts of Language. The New York Review of Books. https://www.nybooks.com/online/2024/06/13/acts-of-language-isabella-hammad/
Hedges, C. (2024, 9 de febrero). Israel destroyed my university. Where is the outrage? The Real News Network. https://therealnews.com/israel-destroyed-my-university-where-is-the-outrage
Hernández Hernández, E. y Hernández Luna, B. (Recitadores). (2024, 8 de junio). 383 [Refaat Alareer] Tlané ni mikis/Si debo morir/If I must die (Náhuatl; Pueblo/People Nahua; Sierra Norte de Puebla, Tlamánca de Hernández Puebla, MX) [lectura de poesía (B. Hernández Luna, E. Hernández Hernández y A. T. Martínez Alarcón, trads.)]. En Montipó Spagnoli, M. (comp.) Memorial Si debo morir/If I must die [Refaat Alareer] al pueblo Palestino/to the Palestinian people. Spotify. https://open.spotify.com/episode/21q2L08ED7z1nHwMxXwbLd
- Correo electrónico: aidaher2005@gmail.com ↑
- “La voz de Hind Rajab” (The Voice of Hind Rajab; Kaouther Ben Hania, Túnez/Francia, 2025) es un largometraje sobre el asesinato de Hind Rajab,[] una niña palestina que murió el 29 de enero de 2024 en la franja de Gaza, a manos del ejército israelí. Para una reseña de esta película, ver el artículo de Mauricio Sánchez en este número especial. ↑
- El hiyab es el velo usado en Palestina y en otras regiones de Medio Oriente, que cubre el cabello y el pecho, mientras que el niqab lo usan las mujeres más conservadoras y cubre todo el rostro dejando solo los ojos al descubierto. ↑
- Mahmud Darwish (1941-2008) es considerado el poeta nacional palestino y uno de los escritores árabes más importantes de la literatura contemporánea. Una antología de su obra poética ha sido traducida al español por Luz Gómez y publicada bajo el título de Contrapunto por la editorial Galaxia Gutenberg (2024). ↑
- El concepto de settler colonialism ha sido traducido al español como colonialismo de asentamiento y se refiere a una forma específica de colonialismo en la que los colonos se asientan en el territorio colonizado de forma definitiva, al contrario de, por ejemplo, el colonialismo inglés y francés en África, en el que los colonos se establecían sólo temporalmente y controlaban las colonias desde las metrópolis. ↑
- Para más información sobre este evento, ver https://iws.birzeit.edu/articles/view/2/en/the-institute-of-women-s-studies-at-birzeit-university-organizes-a-seminar-entitled-women-and-liberation-struggles-palestine-and-the-global-south-rethinking-revolutionary-histories-and-futures ↑
- Lena Meari, discurso de inauguración del seminario “Women and Liberation Struggles: Palestine and the Global South- Rethinking Revolutionary Histories and Futures”. 11 de diciembre de 2017, Universidad de Birzait, Cisjordania (traducción mía). ↑
- Para ponerle rostro a estas muertes sugiero ver el homenaje a Refaat Alareer en Democracy Now! en español: https://www.youtube.com/watch?v=WE5ekdehFl0 ↑
- En su artículo en este mismo número especial de Ichan Tecolotl, Evelia Hernandez, Alma Teresa Martínez y Jovany González, comparten la traducción al náhuatl que hicieron Alma Teresa Martínez, Evelia Hernández y su papá, Benigno Hernández, leída por estos dos últimos: https://open.spotify.com/episode/21q2L08ED7z1nHwMxXwbLd ↑
- La obra de poetas palestinos contra el genocidio se puede leer ya en español en la antología editada por Ignacio Gutiérrez de Terán (2025) ↑
- Para la obra de Malak Mattar, ver https://www.malak-mattar.com/. Para la obra de Maisara Baroud, ver https://www.blendbarcelona.com/es/maisara-baroud-es/. Y para lo obra de Hani Zurob, ver https://www.hanizurob.com/ ↑
-
Para la música de Mohammed Assaf, ver https://www.youtube.com/@mohammedassaf1968. Para Samaʼ Abdulhadi, ver https://www.youtube.com/watch?v=x9VYKrtziSg. Para Saint Levant, ver https://www.youtube.com/channel/UCCzciZk37I_YOOb94rpO62g. ↑