Yaredh Marín Vázquez[2]
Universidad Nacional Autónoma de México
Ricardo López Sustaeta
Fotoperiodista
Resumen
Este foto-ensayo es el resultado de una colaboración entre investigación antropológica, fotografía documental y práctica de partería, derivada de una etnografía de largo aliento sobre partería urbana. A través de imágenes tomadas en el Centro de Atención Integral a la Salud Sexual y Reproductiva Morada Violeta –espacio sostenido por parteras autónomas feministas–, visibiliza la potencia política de los objetos cotidianos: faldas, espejos, tejidos y modelos anatómicos que, en el contexto de las consultas gineco-holísticas, se convierten en herramientas de contra-pedagogía frente al Modelo Médico Hegemónico y sus historias de violencia y asimetría. Recuperando los conceptos de pedagogía de la crueldad y contra-pedagogías de Rita Segato, el ensayo propone que las prácticas de estas parteras –consultas extendidas, consentimiento informado, autoexploración corporal, lenguaje que reconoce autonomía– constituyen una apuesta política por recolocar la autonomía corporal en el centro del cuidado de la salud sexual y reproductiva, en disputa con los efectos normalizadores de la violencia ginecológica sistémica.
Palabras clave: partería urbana; contra-pedagogías; autonomía corporal; violencia ginecológica.
Introducción
El siguiente foto-ensayo es un trabajo colaborativo que articula investigación antropológica, fotografía y partería. Surge de una etnografía de largo aliento sobre partería urbana en México que me ha permitido identificar la relevancia de los objetos, los lenguajes y la construcción del tiempo-espacio en la práctica cotidiana de las parteras. En diálogo con lx fotoperiodista Ricardo López, diseñamos una estrategia visual para registrar los elementos sutiles con los que las parteras transforman políticamente su quehacer. El equipo de Morada Violeta abrió generosamente su espacio de trabajo y compartió su cotidianidad; las usuarias retratadas fueron consultadas y el material producido permanece también a disposición del colectivo. La fotografía es aquí una práctica colectiva de producción de conocimiento y un medio para ampliar las formas de representación de la partería.
Las imágenes no funcionan como ilustraciones, sino como parte del propio encuentro etnográfico. Buscamos mostrar la potencia de las materialidades –prendas, espejos, tejidos, instrumentos– en los ejercicios contra-pedagógicos que sostienen estas prácticas de cuidado. En palabras de Zamorano y Kernaghan (2022), la construcción colectiva de la fotografía “crea oportunidades para enfocarse en la materia y la materialidad más allá de los bordes de la representación”. Este foto-ensayo se plantea como un ensamblaje etnográfico, técnico y narrativo que articula saberes para interpelar sensorialmente a quien observa, como una invitación para recolocar la autonomía corporal en el centro del cuidado de la salud sexual y reproductiva.
Transmutar el miedo
“Queridas Morada Violeta. Gracias por ayudarme a perderle el miedo al cuidado de mi salud sexual. ¡Son las mejores!”. Un sticker de perrito con cara de sorpresa acompaña estas palabras escritas en un post-it rosa chillante. El papelito forma parte de un collage de mensajes dejados por mujeres que han acudido al Centro de Atención Integral a la Salud Sexual y Reproductiva Morada Violeta, en Ciudad de México; un espacio creado y sostenido por parteras autónomas feministas. Entre colores y letras manuscritas, un mensaje se repite: gratitud por el respeto y por la posibilidad de aprender sobre el propio cuerpo. ¿Qué produce ese eco?
Foto 1. Sentires/cuerpos/territorios

Nota: Todas las fotos de este ensayo son del 6 de diciembre de 2024, en Ciudad de México.
Karina, autora del post-it citado, probablemente acudió a una citología cervical o a pruebas rápidas de ITS. Su agradecimiento revela el miedo e incomodidad cotidiana que en muchas ocasiones rodea las consultas ginecológicas. En una charla pública, Isabel –una partera autónoma colega del equipo de Morada Violeta– tomó un espéculo y preguntó qué sentían al verlo. Las respuestas fueron inmediatas: “frío”, “horrible”, “feísimo”. Isabel (DEAS-TV, 2025) declaró que para ella el instrumento condensa la historia violenta de la ginecología, pues Sims, quien lo inventó, experimentó en cuerpos de mujeres racializadas sin su consentimiento y sin anestesia. La historia del objeto, dice ella, muestra la relación jerárquica que la atención médica suele tener sobre los cuerpos de las mujeres.
Isabel menciona que la historia de la ginecología como disciplina médica tiene un profundo trasfondo anclado en la violencia ejercida en los cuerpos de las mujeres, particularmente en las mujeres racializadas. Por ejemplo, el ejercicio de la ginecología como medio para operar proyectos eugenésicos a través de esterilizaciones forzadas en distintas partes del mundo es una historia reciente y en algunos casos, vigente (Cooper Owens, 2018; McGregor, 1998; Martin, 2024).
Foto 2. Objetos en disputa

El temor a una consulta no es individual. Como sugiere Sara Ahmed (2015), el miedo circula socialmente y se adhiere a objetos, memorias y relatos compartidos. El espéculo no solo es metal frío; está cargado de historias de asimetría, silencios y despojos. Eduardo Menéndez nombró a esta lógica como Modelo Médico Hegemónico (2003: 194), una atención centrada casi exclusivamente en lo biológico, donde el especialista habla y la paciente escucha, y la experiencia vivida queda relegada frente a la autoridad técnica.
De acuerdo con las cifras de la Comisión Nacional de Arbitraje Médico (2024), la ginecología-obstetricia se mantiene entre las especialidades con más quejas médicas en México. A ello se suman denuncias de violencia obstétrica y, más recientemente, reflexiones sobre violencia ginecológica: acciones despectivas, procedimientos dolorosos, sin consentimiento, infantilización o moralización de los cuerpos. La desnudez forzada y la exposición genital pueden profundizar la vergüenza y la vulnerabilidad. Experiencias que, por su recurrencia, sistematicidad y dimensiones, pueden entenderse como lo que Rita Segato llama una “pedagogía de la crueldad”: prácticas repetidas que normalizan la despersonalización.
…los actos y prácticas que enseñan, habitúan y programan a los sujetos a transmutar lo vivo y su vitalidad en cosas. […] Me refiero a algo muy preciso, como es la captura de algo que fluía errante e imprevisible, como es la vida, para instalar allí la inercia y la esterilidad de la cosa, mensurable, vendible, comparable y obsolescente, como conviene al consumo en esta fase apocalíptica del capital. La repetición de la violencia produce un efecto de normalización de un paisaje de crueldad y, con esto, promueve en la gente los bajos umbrales de empatía indispensables para la empresa predadora. (2018: 11)
Caminos alternativos: prácticas contra-pedagógicas
El mensaje de Karina apunta hacia otra posibilidad: perder el miedo. Las parteras de Morada Violeta nombran sus consultas como “gineco-holísticas” y las conciben como espacios de conversación extensa, donde se integran dimensiones emocionales, corporales y sociales. Frente a la rapidez del sistema médico convencional, proponen citas largas, mesas circulares en lugar de escritorios y un lenguaje que reconoce la autonomía. Explicar cada procedimiento antes de iniciarlo, pedir permiso y describir posibles sensaciones permite que las usuarias imaginen una ruta sobre su propio cuerpo. Propongo entender estas rutas diseñadas por las parteras como lo que Rita Segato ha llamado “contra-pedagogías”, prácticas que buscan “rescatar una sensibilidad y vincularidad que puedan oponerse a las presiones de la época y, sobre todo, que permitan visualizar caminos alternativos” (Segato, 2018: 15).

Foto 3. Acompañamiento a la salud, juntas
En estas consultas, los objetos cotidianos adquieren otro sentido. Una falda evita la desnudez total, un espejo permite mirar por primera vez la propia vulva o el cérvix, modelos anatómicos tejidos transforman la explicación clínica en gesto cercano. Incluso la auto-inserción del espéculo se propone como opción, no como obligación, para que cada persona decida cómo relacionarse con su cuerpo. Confirmar antes de tocar, observar gestos y reiterar el consentimiento se vuelven prácticas centrales.

Foto 4. Mapa vulvar

Foto 5. Trazado de ruta al cervix

Foto 6. Proteger la experiencia

Foto 7. Espejo: la herramienta de la exploradora
Antes de realizar pruebas de ITS, las parteras abren conversaciones amplias y ofrecen un cuadernillo ilustrado que inicia con una frase clara: “Tener una ITS no es motivo de vergüenza”. El mensaje no elimina la tensión de un posible diagnóstico, pero recuerda que la consulta también es un espacio emocional. Mientras esperan resultados, el vapor del té y las risas nerviosas sostienen la escena: cuidado compartido más allá del procedimiento técnico.

Foto 8. Tener una ITS no es motivo de vergüenza

Foto 9. Proteger la experiencia
Aunque este ensayo se centra en un colectivo específico, este forma parte de un movimiento más amplio que busca transformar las relaciones históricamente asimétricas en la atención sexual y reproductiva, incluyendo a mujeres y disidencias sexo-genéricas. La partería autónoma feminista es una apuesta política por la autonomía corporal, pero no está exenta de tensiones: incluso acciones liberadoras pueden volverse imposición si no se escuchan los límites de cada cuerpo.
Tejer dignidad en terreno incierto
La decisión de anonimizar rostros responde también a un contexto legal incierto, donde el reconocimiento institucional no siempre protege a quienes practican formas autónomas de cuidado; particularmente tras la entrada en vigor de la NOM-020-SSA-2025, que regula establecimientos de salud y reconoce ciertas formas de partería. El trabajo autónomo permanece fuera del marco legal. Muchas parteras quedan en un territorio incierto, en el que su labor, orientada al cuidado de la vida, se desplaza hacia la clandestinidad y su seguridad se vuelve vulnerable. Ocultar sus rostros es una forma de resguardo, un gesto ético frente a un contexto que todavía no les abre la puerta del reconocimiento institucional.
Resulta paradójico que prácticas orientadas a la dignidad del cuerpo se sitúen en los márgenes de la legalidad. Aun así, este registro insiste en que la dignidad se construye con gestos mínimos: una prenda que cubre, un espejo que devuelve la imagen propia, un tejido que explica, una fotografía que atestigua.
Quizá se trate, simplemente, de seguir insistiendo, de actuar, nombrar y registrar estas prácticas hasta que la dignidad con la que se construyen estos espacios se haga costumbre.

Foto 10. Panorámica interior: vulva, cérvix, útero
Referencias
Ahmed, S. (2015). La política cultural de las emociones. Universidad Nacional Autónoma de México, Programa Universitario de Estudios de Género.
Comisión Nacional de Arbitraje Médico (2024). Anuario estadístico 2023. Secretaría de Salud.
Cooper Owens, D. (2018). Medical bondage: Race, gender, and the origins of American gynecology. The University of Georgia Press.
DEAS-TV (19 de noviembre de 2025). Parteras urbanas y casas de partería: territorios, sensibilidad y cuidados [Video]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=QVH0rbvBXe4
Marín, Y. (2023). Germinar y sostener la vida en pandemia: Experiencias reproductivas y de cuidados de mujeres en México, 2020–2023 [Tesis de doctorado]. El Colegio de Michoacán.
Martin, P. (2024). ‘Somos las indígenas que no pudiste esterilizar’: Visual and embodied activism in the contemporary Peruvian feminist movement. En R. Irons y P. Martin (eds.), Decolonising Andean Identities: Andinxs, activism and social change. UCL Press. https://www.jstor.org/stable/jj.9474315.11
McGregor, D. K. (1998). From midwives to medicine: The birth of American gynecology. Rutgers University Press.
Menéndez, E. (2003). Modelos de atención de los padecimientos: De exclusiones teóricas y articulaciones prácticas. Ciência & Saúde Coletiva, 8(1), 185-207.
Segato, R. (2018). Contra-pedagogías de la crueldad. Prometeo Libros.
Zamorano Villarreal, G. y Kernaghan, R. (2022). Obtuso es el sentido: visualidad y práctica etnográfica. Encartes, 5(9), 1-27. https://doi.org/10.29340/en.v5n9.274
- Agradecimientos: Al equipo de Morada Violeta y a las usuarias. En este texto retomo ideas gestadas en conversaciones con Andrea Ramírez Campos. ↑
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