Entre la pandemia y la desobediencia. Prácticas de cuidado colectivo durante el trabajo de campo

Viridiana Bautista
Posgrado en Antropología Social, CIESAS Pacífico Sur | psic.diana.garcia25@gmail.com


Río de vida de Candi. Muestra la trayectoria de vida identitaria que Candi compartió en la entrevista durante el período de trabajo de campo. Resalta momentos, experiencias y emociones que han significado mucho en la conformación de su identidad como lesbiana no binaria. Diciembre 2020. Foto: Viridiana Bautista.


La pandemia mundial ocasionada por el SARS-CoV2, mejor conocida como Covid-19, nos hizo replantear de la noche a la mañana las formas de relacionarnos, metiéndonos en dinámicas de tiempo abruptas, cansadas y hasta desconocidas para algunas de nosotras.[1] Nos llevó a reconfigurar nuestros espacios físicos de descanso, lo que consideramos privado, lo íntimo, convirtiéndose en espacios de trabajo, públicos, donde compartimos a través de una pantalla, parte de nuestra vida personal. Nos puso retos en el uso, descubrimiento y hasta creación de espacios digitales para seguir comunicándonos.

La crisis sanitaria vino a transformar las formas de hacer trabajo de campo; para quienes disfrutamos de los diálogos presenciales, el acercamiento a otras historias, lugares, etcétera, nos puso el reto de hacerlo desde la virtualidad. No obstante, la estrategia virtual no necesariamente le restó validez a la información obtenida, o puso en tela de juicio el conocimiento que se genera a través de las prácticas digitales, porque aun con el uso de las tecnologías están inmersas las acciones llevadas a cabo por las personas, con todo lo que una corporalidad implica (un reconocimiento y descubrimiento de habilidades, conocimientos, emociones, sentipensares, reflexiones, etcétera).

El presente texto tiene la intención de mostrar los cambios realizados en la planeación e implementación de la ruta metodológica en un trabajo de investigación que describe las trayectorias de vida de mujeres que se asumen, de manera pública o no, como lesbianas, lenchas, lesbianas no binarias, gays, lechugas, lesbofeministas, etc., habitantes del estado de Oaxaca. Además, coloca las decisiones tomadas durante el trabajo de campo, las cuales oscilaron entre el cumplimiento de las indicaciones para prevenir el Covid-19 y aquellas que pueden ser vistas como de desobediencia y riesgo, pero que fueron consideradas a partir del bienestar[2] emocional de las entrevistadas

Considero que también emergió mi ser psicóloga, porque las emociones fueron una base para tomar decisiones durante mi trabajo de investigación. En un principio me estaba generando conflictos éticos por todo lo aprendido en la maestría, pero al leer a García y Ruiz (2021), quienes mencionan que las emociones que emergen en procesos de investigación son inherentes al mismo, y que su presencia e influencia acompañan desde la elección del tema de investigación, las decisiones en el trabajo de campo, hasta el momento de escritura (que tiene que ver con una serie de decisiones éticas-políticas), me dio la certeza y tranquilidad de que las decisiones que tomé no estaban sesgando la investigación.

Lo paralelo si coincide. La coincidencia de una escorpiona con una taurina que entre el agua y la tierra florecen, que entre el metal y el fuego se transforman. En la coincidencia paralela desobedecer para buscar la libertad, para salir del encierro en el que nos metieron… nombrar lo que ha permanecido en silencio. Agosto 2021. Foto: Viridiana Bautista.


Para mi trabajo de campo fue fundamental tomar en cuenta las emociones que emergieron en las actoras en el momento de la entrevista. Lo advertí como prioritario porque mi intención fue conocer cómo han configurado su identidad como sujetas sociales fuera de la heteronorma en el contexto de Oaxaca, identificando las respuestas que van construyendo para el autocuidado y cuidado colectivo en ámbitos personales y de relaciones sociales. El tema elegido implicó un acercamiento a sus experiencias de vida, y desde mi percepción, no podía dejar de lado o minimizar las emociones que iban emergiendo en cada una.

Conocer sus experiencias de vida en los distintos ámbitos personales, de pareja, laborales, familiares, escolares, etcétera, implicó un reto enorme, porque aunque no recurrí a la metodología de las historias de vida, el sólo indagar en sus trayectorias[3] identitarias lésbicas, implicó generar un piso de confianza entre ellas y yo. Esto último fue relevante, considerando el contexto de pandemia en el que nos encontramos, porque a través de las entrevistas se generó un espacio de contacto y acercamiento con las historias de las mujeres que participaron en la investigación. Cabe señalar que el trabajo de campo no se realizó in situ en su totalidad, de tal modo que algunas entrevistas se llevaron a cabo en modo virtual.

Antes de la declaración de la pandemia, la ruta para construir las trayectorias de vida consistía en la elaboración del Río de la vida, elaborado con apoyo de fotografías, frases, etcétera. Al término se complementaría con preguntas guía para ahondar más en las experiencias de las mujeres, o bien, iniciar con una entrevista a profundidad y terminar con el río. Esto dependía de la confianza que cada compañera entrevistada tuviera. Desde mi lugar como investigadora lo proyectaba relativamente fácil, pensando que en algún momento de la semaforización respecto al Covid-19 se pondría en verde y me permitiría cumplir con la ruta metodológica planteada desde el inicio, peno no fue así.

La reconfiguración del trabajo de campo consistió en contactar a las sujetas sociales por medio de llamadas telefónicas, Messenger, WhatsApp o correo electrónico. Les hice llegar un esquema de la ruta a seguir para concretar las entrevistas, un “instructivo”[4] sobre la elaboración del río de la vida, y aclarar que las entrevistas serían por medio de aplicaciones y plataformas como Whatsapp, Zoom, Google Meet, Messenger, Jitsi y/o llamadas telefónicas en los horarios que para ellas fuera conveniente. Como parte de la indagación de campo incluí una investigación de documentos visuales y escritos en YouTube, páginas académicas y de organizaciones, blogs, notas periodísticas de diarios comerciales e independientes como El Universal, El Imparcial, La Jornada, AvispaMidia, entre otros.

Aunque la indicación de nuestro posgrado fue no tener contacto personal, ni realizar reuniones presenciales, y cumplir con la campaña del Quédate en casa, para muchas de nosotras no fue del todo posible, pues debido a circunstancias económicas, laborales y de necesidades personales, esta indicación no la llevamos al pie de la letra. Quizás esto podría entenderse como una práctica de riesgo y “desobediencia”, pero para muchas fue vista como una práctica de cuidado colectivo y subsistencia. Es así que algunas entrevistas fueron realizadas de modo presencial, llevadas a cabo en distintos espacios procurando la sana distancia. A veces se realizaron en espacios de trabajo, como sus propios consultorios, en sus casas o en lugares públicos. Observé que había una gran necesidad por parte de algunas sujetas sociales de salir del encierro de su casa[5] [6] y tener otra representación[7] con respecto al contagio por el Covid-19. No todas las entrevistas se cumplieron como se proyectó, pues hubo temas que se prefirió no tocar y otras más no se completaron por diversas razones que en breve mencionaré.

Hago un paréntesis para hacer mención que el trabajo de campo se llevó a cabo durante los meses de septiembre a diciembre del año 2020, tiempo durante el cual hubo fechas clave para el movimiento feminista en Oaxaca, como el 15 de septiembre (día de la antigrita[8]), 28 de septiembre (28S[9]), 31 de octubre,[10] 25 de noviembre (25N[11]) y un día[12] a mitad de diciembre. Hago mención de estas fechas ya que conforme fueron transcurriendo las semanas, el índice y noticias sobre la violencia contra las mujeres durante el confinamiento fue en aumento, al menos en el estado de Oaxaca se decidió convocar a mujeres activistas y defensoras de derechos humanos para organizar actividades de protesta pública en dichas fechas; de las cuales fui participe.

3. Somos de la tierra. Ante la naturaleza somos nosotras, lo que sentimos. Ahí la espera a la plenitud, que Anita ha tenido, cesa. La calma, la compañía… el amor, se viven sin miedo. No hay miradas o voces de desprecio o de rechazo a nuestro ser lesbiana, lesbiana indígena, lesbiana de pueblo. Agosto 2021. Foto:  Viridiana Bautista.

Estar en estos espacios, donde también participan algunas compañeras que se asumen lesbianas, me permitió observar y hacerme de una representación distinta de los procesos organizativos, la participación que tienen mujeres que se consideran lesbianas y de los cuidados colectivos y personales que de ahí emergen. Además, con este paréntesis intento mostrar que mi decisión de ser partícipe en dichas actividades, si bien fue una contraindicación respecto al confinamiento y posiblemente un acto de riesgo, para mí y la colectividad partícipe fue un acto de rebeldía y cuidado colectivo, una decisión de resistencia política, una decisión que como activistas contribuyó, de alguna manera, a manifestar nuestro hastío, enojo e indignación ante la violencia ejercida hacia nuestros cuerpos como mujeres.

Tomar la decisión de realizar entrevistas in situ y ser partícipe de actividades de protesta dentro del movimiento feminista en Oaxaca, me lleva a resignificar la desobediencia, a desafiar, cuestionar y analizar la salud, el bienestar, las prácticas de cuidado colectivo y el autocuidado; me lleva a seguir cuestionando ¿qué importancia le estamos dando a las emociones de las personas ante un contexto de pandemia?

Cierro este paréntesis mencionando que los nombres de algunas entrevistadas fueron cambiados por seguridad y a petición de las mismas; y en este texto compartiré algunos testimonios.

Como ya había señalado en líneas anteriores, hubo entrevistas que no lograron llegar a su fin por tocar temas delicados para las entrevistadas. Por ejemplo, Candy, que al indagar experiencias que tenían que ver con su abuela, solicitó no tocar el tema, ya que consideraba que no estaba lista para hablar de ciertas vivencias que le causaban dolor. Algo similar sucedió con Patricia, con quien ciertos temas no se tocaron porque expresó que le implicaban cierta vulnerabilidad emocional, así que me pidió no dialogar sobre ellos, a lo cual accedí sin insistir de ninguna manera.

Hubo entrevistas, que por la confianza existente y quizá porque fueron presenciales, se posibilitó dialogar sobre temas de violencia y secuestro. En el caso de K’aanil, me compartió las experiencias de abuso sexual que pasó durante su infancia y adolescencia, además de invitarme a su casa para conocer el lugar donde creció y ubicar los momentos de los cuales hablamos durante la entrevista. Eli, al rememorar sus experiencias sobre cómo migró a los Valles Centrales, compartió su sobrevivencia a un evento de secuestro que vivió en su comunidad de origen. En ese momento decidí no anteponer la grabación y la guía de entrevista, pues consideré que era importante darle la confianza y un tiempo de respiro y contención. Sí, me puse en modo de escucharla como amiga y dejé de lado mi ser “investigadora”. Nos tomamos de la mano, con expresión de parte mía, que estaba para acompañarla y escucharla desde la amorosidad. Más tarde, nos pidieron dejar el lugar en el que estábamos realizando la entrevista pues el café estaba a punto de cerrar, nosotras nos retiramos, así que terminamos de platicar en un parque cercano, pero ya sin una intención de seguir con las preguntas de la entrevista.

Recuerdo que Eli, al solicitarle su participación en el proceso de investigación, aceptó con la condición de que las entrevistas fueran presenciales, que estaba consciente de la pandemia por la que estábamos pasando, pero necesitaba diálogos presenciales y esta era una razón perfecta para salir de su casa, evitando seguir interactuando con el mundo a través de pantallas digitales. Accedí siempre y cuando cumpliéramos con las medidas de sanitización necesarias y encontrarnos en lugares poco concurridos, era la primera persona por la que saldría de casa y mi miedo al contagio era grande, sobre todo por la salud de mi madre, ella tiene diabetes e hipertensión.

Existieron entrevistas que no logré concluir porque se presentaron diversas situaciones, como el rompimiento de relaciones de pareja, complicaciones de salud, problemas en el trabajo y fallecimiento de familiares. Por ejemplo Ari, con la que tuve sólo una sesión de entrevista –que más bien fue como un desahogo para ella- no se culminó porque pasó por un cuadro de depresión fuerte. De acuerdo con su relato, no quería hablar con nadie ni salir de su casa, estuvo en tratamiento, llevaba más de un mes en terapia, a la cual llegó porque comenzó a no verle sentido a la vida y quería morir, al compartirme esto la comunicación que tuve con ella fue para saber cómo seguía, ya no insistí en seguir con la entrevista.

De las entrevistas que podría considerar que se completaron y en donde realizaron su Río de vida ‒técnica que les permitió narrar y expresar experiencias que en las entrevistas no surgieron‒ emergieron testimonios como los que a continuación presento, respondiendo a la pregunta ¿cómo vivieron el proceso de elaboración de río de la vida y lo qué significó para ellas?:

Uff! sentimientos encontrados, muchísimos, demasiados. Siento que tuve que hacer otros cinco pliegos de papel bond (risas) para poder terminar lo que me está pasando, el escribir así me ayudó mucho, después de esto he escrito muchas cosas, recuerdos que vienen a mi cabeza, momentos que en ese momento no los veía pero si los sentía. Me ha hecho recordar muchísimas cosas, cosas bonitas y cosas feas, cosas de mi infancia, cosas que de alguna manera no las quería sacar o no las he sacado pero que están y que el hecho de que estén ocultas no quiere decir que no hayan sido parte de mí y que también han hecho que yo sea la persona que soy ahorita (entrevista a Candy, diciembre de 2020).

Algunas lo vivieron como momentos que permitieron la reflexión:

Fue un proceso bastante complejo, de muchas emociones encontradas… momentos de análisis y reflexión con las personas que han figurado en mi vida… un poco de nostalgia y felicidad, se dice fácil pero han sido muchas cosas, ya me hiciste chillar… (Hicimos una pausa)… un ejercicio de voltear hacia mí… fue mirar mi camino de descubrirme lesbiana, voltear hacia adentro… creo que ha sido una de las mejores decisiones que he tomado, me siento feliz y consiente que puede haber momentos no padres pero aun así me vivo muy feliz (entrevista a Patricia, diciembre de 2020).

En el caso de Adri, lo vivió de manera divertida, que contribuyó a resignificar otros momentos:

Fue muy divertido por que vi mis fotos del pasado… fue muy chido, vi mis fotos donde estoy con gente que no he visto en años, mis mejores amigos que tengo que no he visto desde hace mucho y extraño un montón y verlos en las fotos fue divertido, de acordarme “ah esa noche fuimos a no sé dónde, esa noche estábamos en la casa de tal, que buena fiesta no“ (risas), entonces cosas que no estoy recordando todo el tiempo, había por ahí unas fotos mías bien chiquita con mis primas que son como mis hermanas mayores, que decíamos que el corte de pelo estaba al 2×1 porque todas traíamos el mismo corte, mi hermana, yo y mis primas, fue chido, fue un ratito de poner musiquita y estar recordando, eso estuvo padre… tuve momentos de mucha alegría porque digamos que me enfoqué en lo positivo, en lo chido, entonces fue como de “wey no manches le voy a escribir a tal”, fue de llenarse de alegría otra vez por ratitos (entrevista a Adri, octubre de 2020).

Con lo anterior quiero mostrar que las experiencias en campo fueron diversas en lo emocional, llenas de alegría, de remembranzas, resignificaciones, risas, llanto, dolor y tristezas; de descubrimientos, desarrollo de habilidades, retos y aprendizajes. Otras experiencias estuvieron oscilando en decisiones un tanto “¿esquizofrénicas?”, porque tanto la distancia física mediada por la virtualidad y la cercanía o diálogo presencial fueron, en el trabajo de campo, formas de contribuir a la conservación de la salud, también pueden ser vistas como prácticas de desobediencia y riesgo.

Y en ese tenor, no con el afán de dar respuestas o dar por sentadas conclusiones, pero sí con la intención de seguir analizando ‒quizá desde una necesidad personal‒ coloco estos cuestionamientos: ¿Qué estamos entendiendo por salud? ¿Cuál es nuestra representación de salud mental? ¿La salud mental es algo que realmente nos interesa? ¿Ante la pandemia, estamos dándole importancia a las emociones de las personas? ¿Cómo estamos representando prácticas de cuidado colectivo o autocuidado? ¿Qué prácticas son “eficaces” para “mejorar” o dignificar la salud? No tengo respuestas para mis propios cuestionamientos, pero sí puedo decir que a la fecha, muchas personas seguimos paleando nuestra salud física, emocional, espiritual y mental, buscando, con nuestros propios recursos, formas de enfrentar nuestros sentipensares, nuestros procesos organizativos y de discusión, de seguir en la lucha de evitar ser consumidos por la digitalidad, por las contradicciones ante la pandemia, por la pérdida de familiares, por la modificación de rituales de despedida; seguimos resistiendo en la desobediencia ante la pandemia.

Hay tanto que expresar sobre mis experiencias de trabajo de campo, pocas las ganas de escribirlas. Intento escribir como forma de ir sanando, pero el dolor ante la pérdida de mi padre se vuelve cómplice de una desobediencia a tal idea. Estoy aquí mostrando algunos sentipensares ‒y entre líneas‒ dejar ver prácticas de cuidado colectivo durante el trabajo de campo, sigo haciendo esfuerzos por recuperarme a través de la escritura. Quizás esto es irrelevante o quizás sólo un acto más de des-obedecer.

Bibliografía


García Dau y Marisa Gisele Ruiz  (2021), «Un viaje por las emociones en procesos de investigación feminista», en Empiria. Revista de Metodología de Ciencias Sociales, núm. 50, marzo, México, pp. 21-41.

  1. Haré uso de palabras consideradas en femenino, haciendo alusión al término persona. Además de que a la mayoría de quienes entrevisté usan el pronombre en femenino para nombrarse o reconocerse.
  2. Articulo o desarticulo (dependiendo de la perspectiva desde donde se mire) la palabra bienestar, como una forma de nombrar las razones por las cuales se tomaron algunas decisiones de llevar a cabo entrevistas presenciales. Las cuales fueron a petición de las compañeras entrevistadas, ya que lo presencial, de acuerdo a sus comentarios, las hacía sentir más cómodas, en confianza, seguras y lo tomaban como un momento necesario entre el estrés y cansancio de estar tras una pantalla.
  3. Para conocer las trayectorias de vida, propuse el uso de una técnica llamada Río de vida. Retomada del trabajo de Adriana Lozano en los talleres de promotores de salud en el Causa y Guerrero, en: Ser y quehacer de promotoras y promotores comunitarios de salud indígena: rostros y voces desde el Norte del Causa, Colombia y la Costa chica de Guerrero, México, 2015.
  4. Lo entrecomillo porque no fue un instructivo como tal, el documento que envié fue un texto que describe el proceso de elaboración de mi propio río de vida, las emociones que de ahí emergieron y cómo lo sentipensé.
  5. Una compañera entrevistada me solicitó que la entrevista fuera presencial, ya que por una infección en los ojos no podía estar por tiempos prolongados tras una pantalla como la computadora o celular.
  6. Tal es el caso de una licenciada en informática, docente de primaria, quien se la pasaba casi todo el día en casa frente a computadoras, dando clases y reparando otras.
  7. Dos de las entrevistadas, que se nombran mujeres medicina y realizan trabajos con la medicina ancestral, comentaron que el contagio por el Covid-19 se perpetua mientras se tengan niveles de frecuencia bajo, es decir, entre más miedo, tristeza y temor se tenga al contagio por el virus, existe mayor probabilidad de contagio. No se niega su existencia, sólo se usa la medicina ancestral para generar medidas de sanitización y prevención de forma distinta.
  8. Actividad de protesta convocada por el movimiento feminista en distintos estados de México, llevada a cabo ante el contexto de celebración por el día de la Independencia de México. Dicha actividad tiene la intención de visibilizar las violencias contra las mujeres en una fecha emblemática para el Estado, haciendo un contraste de la noche del grito de independencia.
  9. Día de Acción Global por un Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Además en el estado de Oaxaca, a un año de la despenalización del aborto, se convocaron a mujeres, mujeres indígenas, lesbianas y disidencias con posibilidad de abortar salir a las calles a marchar como un acto de denuncia sobre las omisiones que instituciones de salud están teniendo ante casos de interrupción de embarazo, y como una exigencia al Estado de hacer efectivas sus obligaciones respecto al tema.
  10. Día en que mujeres feministas de Oaxaca se reúnen para rendir tributo a las mujeres víctimas de feminicidio en el estado, desde las prácticas y representaciones de conmemoración alusivas al día de muertos (día de honrar y pedir por las almas de familiares que han fallecido).
  11. Es el día Internacional de eliminación de la violencia contra la mujer, fecha que se conmemora anualmente denunciando públicamente las violencias perpetuadas contra las mujeres, exigiendo acciones por parte del Estado para erradicar la violencia, prevenirla y atenderla de manera digna. Esta convocatoria fue iniciada por el movimiento feminista latinoamericano en 1981, en conmemoración al día en que fueron asesinadas las hermanas Mirabal (Patria, Minerva y María Teresa) en la República Dominicana, quienes se opusieron al régimen de dictadura de Rafael Leónidas Trujillo.
  12. Regularmente en Valles Centrales, mujeres autónomas organizadas que durante el año se reúnen para realizar diversas actividades informativas, formativas, de protesta, marchas, etc., convocan a una celebración de fin de año para compartir alimentos, bebidas y sentipensares de las experiencias del año, además de celebrar la vida en colectivo.