Héctor Ortiz Elizondo[1]
Académicxs con Palestina / FLAD
Did you exchange a walk on part in the war for a lead role in a cage?
Pink Floyd

Foto: Wikimedia Commons
Hay mucho que ya se ha dicho sobre el pueblo palestino y sobre la solidaridad internacional desplegada en contra de su exterminio en los territorios ocupados en Gaza y Cisjordania, sobre todo desde octubre de 2023, cuando el gobierno israelí inició la más reciente etapa del genocidio palestino, que tiene décadas desarrollándose y que, aparentemente, no habrá de detenerse hasta lograr su cometido final.
Pero hay mucho que falta por decir, en parte porque los datos disponibles están siendo manipulados por los perpetradores y sus cómplices mediáticos como eje propagandístico de la estrategia militar, y en parte porque los datos en sí mismos nunca fluyen de manera lineal, directamente de la realidad a nuestro conocimiento, un problema que buscan resolver los especialistas en las ciencias sociales.
La diversidad de factores locales y su compleja relación con la geopolítica mundial hacen muy difícil entender los vínculos de la lucha palestina con las luchas por el petróleo en Sudán del Sur, Venezuela y Nigeria, o por los minerales en la República Democrática de Congo y Groenlandia, o entender el papel de las corporaciones transnacionales en la desestabilización política y económica de estos países y de otros como Irán o Cuba, y en la conformación del orden hegemónico supranacional.
Esto resulta más difícil cuando la narrativa es controlada por poderes políticos, económicos y militares empeñados en fomentar narrativas inmovilistas que nos hacen creer que apoyar una causa implica negar o traicionar a las demás como si no estuvieran interconectadas y como si este discurso culposo no tuviera su origen en la narrativa propagandística.
Este contexto hace necesario volver a una pregunta antigua pero vigente: ¿cuál es el papel de los académicos frente a la sociedad? ¿tienen algún deber frente a los movimientos sociales? Y, quizá más que nunca: ¿cuál es el papel de las instituciones académicas?
Defender una mirada académica sustentada en un análisis de la realidad conlleva responsabilidades públicas de orden ético, a las cuales no solemos dedicar tanto análisis y para las cuales no existen mecanismos de participación formalmente establecidos en las instituciones académicas.
Esto hace necesario reflexionar sobre lo que podemos hacer desde las universidades e instituciones educativas en momentos como el actual. Junto con los compromisos con las narrativas propias de las ciencias sociales corre paralela la pregunta sobre el papel que deben jugar las y los académicos en su condición de sujetos públicos, más allá de las aulas. Estas son preguntas sobre la ética profesional.
Hay algunos supuestos no siempre explícitos sobre el deber de objetividad y neutralidad que derivan en que los compromisos políticos del académico sean considerados actividades independientes de su trabajo intelectual, bajo la premisa de que el diálogo académico sólo se justifica cuando se hace frente a otros académicos. De ahí que, al apoyar una causa, una lucha o movimiento social, el intelectual presuntamente se desprende de su condición académica, de su interés por el conocimiento y se lanza en cuerpo, pero no en cerebro al activismo.
Sin embargo, hay numerosos ejemplos de cómo han venido participando los académicos en la denuncia del genocidio palestino y en el desarrollo de estrategias de solidaridad que visibilizan las condiciones de vida y los motivos de lucha que los poderes coloniales pretenden borrar. Aquí revisaremos algunos.
Resiliencia palestina
La lucha palestina ha contado desde su origen con estrategias distintas a las militares, ya sea de desobediencia civil o de articulación de esfuerzos solidarios. Destaca particularmente la desarrollada por el movimiento no violento denominado Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS), una iniciativa impulsada desde 2005 por numerosas organizaciones palestinas inspirada en la lucha internacional contra el apartheid en Sudáfrica y encabezada por Omar Barghouti y otros activistas palestinos. El objetivo de BDS es poner fin a la ocupación israelí, lograr el derecho a la igualdad para los palestinos y el derecho al retorno de las víctimas de desplazamiento forzado que viven en calidad de refugiados. Sus estrategias de acción están explicitadas en las tres palabras de su nombre: boicots, que implica evitar el consumo de productos de empresas cómplices del genocidio palestino; desinversiones que implica evitar que terceros inviertan y lucren con la ocupación del territorio palestino; y sanciones, que implica demandar a los gobiernos que impongan medidas de sanción al gobierno israelí, incluido el embargo de armas, la expulsión de eventos internacionales y la cancelación de acuerdos comerciales.
Como parte del movimiento BDS se ha impulsado también la Palestine Campaign for the Academic and Cultural Boycott of Israel (PACBI), que se enfoca específicamente en romper relaciones con las instituciones académicas y boicotear el intercambio cultural con instituciones culturales israelíes. La campaña subraya que el boicot es a las instituciones y no a las personas, y resalta el papel que cumplen estos eventos en el blanqueamiento de los crímenes cometidos por el Estado Israelí.
Más recientemente y en el contexto de la total devastación de las instalaciones educativas de Gaza (analizado a profundidad en esta misma publicación por Rosalva Aída Hernández) un grupo de profesores palestinos sobrevivientes al genocidio en Gaza han comenzado a organizarse en torno al lema “somos más que edificios”. Siguiendo esta narrativa pretenden, por una parte, generar una forma de entender su lugar en la reconstrucción de Gaza, tanto como construir el edificio moral que dé soporte a la resiliencia que requieren para dar sentido a su existencia. Quienes sufren la pérdida deben construir categorías para entenderla y desarrollar también mecanismos de afrontamiento novedosos.
La mirada desde la academia
Al respecto cabe mencionar la publicación de Santiago Ripoll, de la universidad de Sussex, Inglaterra, quien en diciembre de 2023 reflexionó sobre el papel de los antropólogos frente al asalto militar contra Gaza y la forma en que las fuerzas de ocupación israelíes se han nutrido de los aportes de la academia para definir sus tácticas de contrainsurgencia urbana, que al menos desde 2002 han planteado la necesidad de destruir los edificios como estrategia de lucha (Ripoll, 2023).
Desde la esfera de la solidaridad académica, el uso de conceptos como escolasticidio (Wilkins, 2025) o academicidio son necesarios para caracterizar esta situación que no tiene antecedentes o cuyos antecedentes se perdieron precisamente por la falta de conceptos que lograsen hacerlos coherentes con los marcos interpretativos ya desarrollados por las ciencias sociales y el derecho.
Es entonces necesario reflexionar sobre las capacidades de incidencia sobre los acontecimientos sociales de este sector que vive de la palabra y que es reconocido como una voz legítima de las interpretaciones sobre el mundo en el que vivimos todes.
La lucha estudiantil internacional
El más importante movimiento estudiantil en Estados Unidos desde la guerra de Vietnam fue resultado del plan de exterminio de la población de Gaza por el gobierno israelí. En algunas de las más reconocidas universidades se conformaron comités de apoyo a Palestina que organizaron marchas, plantones y tomas de edificios universitarios, además de las acampadas que fueron la firma del movimiento y una acción repetida en otros países.
Estas acciones fueron confrontadas por las autoridades universitarias con variadas actitudes, aunque en su mayoría a través de la represión de los derechos a la libertad de asociación y manifestación y a la libertad de expresión. Esto a través de acciones disciplinarias administrativas, pero también a través de la acción policial. La Universidad de Columbia, en Nueva York, solicitó la intervención de la policía en el campus para detener a los estudiantes. Particularmente notable fue la toma del edificio Hamilton Hall que había sido renombrado como Hind Hall en honor a una de las niñas asesinadas por el ejército de ocupación israelí.
En la Universidad de California en Los Ángeles, la policía permitió que la represión la organizaran los mismos sionistas estadounidenses, después de lo cual la policía intervino para detener a los manifestantes golpeados.
En la Universidad de Texas en Austin, intervino el Departamento de Seguridad Pública vestidos y armados con equipo antidisturbios a solicitud de los administradores universitarios para arrestar a quienes pretendían conformar una acampada en el campus.
Solo son ejemplos, pues hubo acciones semejantes en la Universidad de Indiana, San Luis Missouri, Atlanta, Massachusetts, Arizona, y otras menos mediáticas.
La posición de la academia
También ha habido muchos académicos de esas y otras universidades y centros de investigación alrededor del mundo que se han pronunciado sobre el genocidio palestino, entre los que destacan los especialistas en temas de holocausto y genocidio, muchos de ellos de origen judío. Tenemos por ejemplo a Raz Segal (2023), de la Universidad de Stockton en Nueva Jersey, con nacionalidad israelí, quien comenzó a utilizar el denominador de “textbook case of genocide” para referirse al caso de Gaza. William Schabas de la Universidad de Middlesex, Reino Unido, especialista en derecho internacional y derechos humanos, ha señalado que las afirmaciones de la cúpula israelí configuran dolus specialis, lo que contradice las narrativas que todavía hoy pretenden negar que la intención genocida es demostrable. Sus actividades le han valido la persecución de los cabilderos israelíes (Prosinger, 2024). También destaca la labor de la antropóloga Victoria Sanford directora del Centro de Derechos Humanos y estudios sobre la Paz del Colegio Lehman, parte de la City University of New York, quien ha comparado la estrategia de contrainsurgencia del gobierno israelí con las que ella ha documentado directamente en Guatemala y Colombia, afirmando que sin duda constituyen genocidio. Son numerosos los casos, pero quisiera mencionar adicionalmente a Naomi Klein, académica judía de nacionalidad canadiense, quien en abril de 2024 publicó un artículo donde sostiene que el sionismo es una falsa ideología que no representa los valores del judaísmo, advirtiendo de rendir culto a ídolos falsos (Klein, 2024).
Destaca la formación de la organización Genocide and Holocaust Studies Crisis Network que fuera lanzada en abril del 2025 y que en semanas alcanzó los 400 miembros (Akçam, Hirsch y Rothberg, 2025). Esta red de especialistas en genocidio denunció la instrumentalización del holocausto para cometer un genocidio y acusó a otros académicos especialistas en el holocausto de negacionismo o de promover las atrocidades cometidas por Israel, mencionando a organizaciones como Yad Vashem, el Museo Memorial del Holocausto y la Liga Antidifamación de usar argumentos espurios para negar la realidad.
Tiempo antes se publicaron otras cartas escritas de manera colegiada por académicos calificados en temas de genocidio, como la carta promovida por el Holocaust and Genocide Studies Collective escrita en diciembre de 2023,[2] en la cual más de 880 académicos declararon que los actos que en ese entonces comenzaban apenas a desarrollarse en Gaza llevaban el riesgo de configurar el delito de genocidio, y representaban violaciones a la convención contra el genocidio y citan estudios previos que llegaron a la misma conclusión.
Más recientemente destaca también la resolución de agosto de 2025 de la International Association of Genocide Scholars (IAGS) donde se reconoce que las acciones del gobierno israelí constituyen crímenes de lesa humanidad, crímenes de guerra y genocidio, incluyendo la destrucción de escuelas, universidades, museos y archivos esenciales para la preservación de la identidad del pueblo palestino.
Cabe recordar que ni el proyecto de exterminar al pueblo palestino es resultado de la acción de toma de rehenes en 7 de octubre de 2023 realizada por las fuerzas de resistencia palestinas en Gaza ni los ejemplos presentados dejan de tener antecedentes. Uno en particular es relevante por provenir de la organización de antropólogos con mayor cantidad de miembros en el mundo. Me refiero a la Asociación Americana de Antropología de Estados Unidos. Esta organización formo un grupo de tarea en 2014 para revisar si la AAA debía pronunciarse en torno al tema palestino y si este era relevante para la antropología, estudio promovido por antropólogos que solicitaban el boicot académico de Israel. El reporte final, publicado en octubre de 2015, y basado en trabajo de campo, menciona las condiciones de discriminación de la población palestina, en particular las dificultades para estudiar, investigar o ejercer una profesión y la complicidad de las universidades con el sistema de apartheid. Este reporte permitió impulsar una votación para llevar a cabo el boicot académico en 2016. Desafortunadamente la propuesta fue rechazada por un escaso margen. Con todo, una nueva votación realizada en 2023 logró la aprobación del boicot.
La participación mexicana
En el caso mexicano se realizó, a mediados del 2024, una acampada estudiantil en la zona de “las islas” de la Universidad Nacional Autónoma de México, entre la Rectoría y la Biblioteca Central, tolerada por las autoridades universitarias. Este movimiento se consolidó en la Asamblea Interuniversitaria con participación de estudiantes de la UNAM, la ENAH y el IPN y exigía el rompimiento de vínculos académicos y de colaboración con universidades e instituciones israelíes. La posición al interior de la UNAM ha estado dividida, con el Consejo Universitario a favor de tomar medidas frente al genocidio, pero la Rectoría opuesta a cualquier pronunciamiento de condena y a transparentar las relaciones que tiene con universidades israelíes.
Por otra parte, la Universidad Autónoma de Querétaro emitió un comunicado en el que suspende los convenios de colaboración académica con instituciones y organizaciones de Israel. También el movimiento estudiantil en el Colegio de México logró romper en noviembre de 2024 el convenio académico con la Universidad Hebrea de Jerusalén, cuyos estudiantes además aspiraban a declarar al menos una sala del Colmex como espacio libre de apartheid y libre de discursos de odio. Poco antes, en mayo de 2024, el Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE) había roto relaciones con la Universidad de Tel Aviv.
Particularmente interesante es el caso de la Facultad de Música de la UNAM, que rompió relaciones con el Estado de Israel y cuyo estudiantado exige la declaratoria oficial de la facultad como espacio libre de apartheid. Poco después, la Escuela Nacional de Antropología e Historia, impulsada por un grupo de estudiantes que realizaron un paro en torno a diversas demandas, se declaró como un espacio libre de apartheid.
Es además importante subrayar la formación a finales de 2023 de Academicxs con Palestina en la Ciudad de México, una red de investigadores y profesores universitarios de varias partes del país y especialistas en temas de medio oriente, organizados para promover acciones encaminadas a hacer visible el genocidio palestino y combatir los discursos de odio impulsados desde Israel y Estados Unidos para justificar su proyecto colonialista. La posición ética de Academicxs con Palestina contra el genocidio es el boicot a cualquier actividad académica con universidades e instituciones de investigación israelíes. Entre otras acciones nuestro colectivo elaboró una carta, firmada por más de 1000 profesores de todo el país, exigiendo el rompimiento de relaciones de colaboración con centros de educación superior israelíes.
Dentro de esta misma red participan también centros públicos de investigación, como CIESAS, en donde se ha creado el grupo CIESAS por Palestina, que invitó en diciembre del 2025 a la embajadora de Palestina, Nadya Rashed, a impartir una conferencia magistral, la cual se reproduce en este número especial de Ichan Tecolotl, junto con las reflexiones de otros académicos en torno al genocidio y sus impactos en distintos ámbitos de la vida palestina.
Por qué el boicot
Considerando algunos de los argumentos esgrimidos en contra del boicot académico contra centros universitarios israelíes, cabe preguntarse si las universidades israelíes son de alguna forma bastiones de la libertad y espacios exentos de participar en el genocidio palestino. La respuesta es claramente que no, y al respecto Maya Wind, académica israelí, ha escrito un libro titulado Towers of Ivory and Steel en el que detalla cómo participan las universidades en Israel en la industria militar, pero también en la discriminación de los estudiantes palestinos que buscan entrar en ellas (Wind, 2024). La participación directa la ejemplifican la Universidad Hebrea de Jerusalén, cuya sede se ubica en territorio ocupado y el Instituto Weisman, ambos firmantes de convenios con las fuerzas de ocupación israelíes, con base en los cuales les proporcionan apoyo técnico y logístico.
De la misma manera, hay que reconocer el papel que ha tenido la educación en el pueblo de Israel para negar la humanidad de los palestinos y resaltar el “deber” de los israelíes de exterminarlos, tema desarrollado por Nurit Peled en un libro sobre el tema (Peled Elhanan, 2012).
En este contexto, no queda más que admitir que la supuesta neutralidad de la academia sólo puede ser calificada de complicidad, ya que el silencio es un respaldo a los acontecimientos. Quien no toma partido toma el partido del opresor. Argumentar que la academia requiere mantener el diálogo implica negar que las instituciones universitarias tienen injerencia en quiénes pueden ocupar los espacios de diálogo y qué se puede decir desde ellos, como ejemplifica la marginación sufrida por Norman Finkelstein cuando se le negó la titularidad en la Universidad DePaul en Chicago, de donde salió en 2007 por su posición crítica al sionismo. Clamar como Abraham que si hubiera ahí un hombre justo deberíamos mantener relaciones con la institución por amor a él es precisamente perder de vista que se boicotea a las instituciones porque ocultan, detrás de trabajo legítimo, otros intereses políticos y económicos.
Al respecto Santiago Ripoll sostiene que la academia debe anclar su activismo en los derechos humanos para evitar la falsa neutralidad de un análisis descontextualizado al abordar el caso de Gaza (Ripoll, 2023).
Conclusiones
Para finalizar, quisiera mencionar que una parte no menor del problema son los discursos derrotistas que proliferan en medios sociales: “nadie está haciendo nada” y “yo no tengo el poder para hacer nada”. Espero que los ejemplos presentados en este texto, de un universo mucho mayor, sean suficientes para demostrar que hay mucha gente haciendo algo. Posicionarse éticamente frente a hechos deleznables de los que uno mismo es testigo es hacer algo; permanecer callado también.
Hacer depende primero de dimensionar el problema, las probabilidades de incidencia desde la esfera de influencia propia, y los efectos potenciales, por pequeños que estos sean. Si hacer algo sólo significa parar de tajo la masacre entonces, en efecto, nadie lo está haciendo. Pero hacer, desde la dimensión académica, comienza por tomar posición frente a los hechos y defenderla públicamente. Pasa también por adherirse a las acciones iniciadas por otros y cuyos efectos muchas veces dependen del número de personas que se adhieren a ellos, como es el caso de los resultados que puede lograr el movimiento BDS. Pero el efecto ulterior deriva de reconocer el deber ético y profesional de incidir en la propia esfera profesional, de no permitir que prevalezcan los discursos de odio en nuestras instituciones ni hacer la vista gorda frente a los actos colonialistas, racistas o sexistas de los propios colegas.
Impedir la participación en nuestros espacios académicos de integrantes de instituciones universitarias israelíes es posicionarse éticamente frente al lavado de imagen que resulta de dichas presencias, y hacerle frente a la normalización de los efectos de la limpieza étnica, independientemente de la posición política del ponente. El diálogo con el gobierno de Israel y con el etnoestado que le brinda una coartada sólo ocurrirá cuando no tengan otra opción, cuando su aislamiento sea tal que deban negociar con el mundo y acatar el derecho internacional para seguir existiendo. Sin presión externa, sin la participación de todes, terminarán por imponer una visión del mundo deshumanizada, lo cual será resultado de que, en efecto, nos quedemos como protagonistas en nuestras jaulas en vez de jugar el modesto papel de boicotear el genocidio.
Referencias
Akçam, T., Hirsch, M. y Rothberg, M. (2025, 29 de julio). As scholars of genocide, we demand an end to Israel’s atrocities. The Guardian. https://www.theguardian.com/commentisfree/2025/jul/29/israel-gaza-palestinians-genocide-scholars-letter
Klein, N. (2024, 24 de abril). We Need An Exodus From Zionism. naomiklein.org. https://naomiklein.org/we-need-an-exodus-from-zionism/
Peled-Elhanan, N. (2012). Palestine in Israeli School Books. Ideology and propaganda in education. I.B. Tauris.
Prosinger, J. (2024, 29 de noviembre). «A Strong Case that Israel’s Response Constitutes the Crime of Genocide» [entrevista con William Schabas]. Der Spiegel. https://www.spiegel.de/international/world/interview-with-human-rights-expert-william-schabas-a-strong-case-that-israels-response-constitutes-the-crime-of-genocide-a-da7e4524-ab3b-40e4-b409-f8fca9c081b8
Ripoll, S. (2023). The attack on Gaza and the role of anthropologists. Journal of the Royal Anthropological Institute, (número virtual especial). https://rai.onlinelibrary.wiley.com/doi/toc/10.1111/(ISSN)1467-9655.attack-on-gaza-and-anthropologists
Segal, R. (2023, 13 de octubre). A Textbook Case of Genocide. Jewish Currents. https://jewishcurrents.org/a-textbook-case-of-genocide
Wilkins, B. (2025, 6 de enero). American Historical Association Members Overwhelmingly Condemn Gaza Scholasticide. Common Dreams. https://www.commondreams.org/news/scholasticide-gaza
Wind, M. (2024). Towers of Ivory and Steel. How Israeli universities deny palestinian freedom. Verso.
- Correo electrónico: r.academicas.mx.flad@gmail.com ↑
-
Disponible en www://efaidnbmnnnibpcajpcglclefindmkaj/https://twailr.com/wp-content/uploads/2023/10/Gaza-public-statement-and-signatories.pdf ↑