Ante la contingencia, redes sociales como instrumentos disciplinarios

Metztli Sarai Hernández García.

Maestrante en Antropología, CIESAS Ciudad de México;

Ana Paula Sanchez González.

Licenciada en Antropología Social, UAM-Iztapalapa


A lo largo de la historia la irrupción de padecimientos de carácter infeccioso han obligado a la humanidad reconsiderar la forma en que nos desenvolvemos en el mundo; basta con recordar los brotes de peste bubónica en Eurasia durante los siglos XIV (misma que se extendió en el nuevo mundo durante el proceso de conquista y colonización), que dio como resultado la instauración de un modelo de control centrado en el aislamiento de las ciudades; la epidemia de fiebre amarilla que causó estragos a lo largo de los siglos XV-XVIII en el continente americano, que tuvo ingerencia en las discusiones acerca del tráfico de esclavos, especialmente en Yucatán, la Isla de Cuba, y el norte de los Estados Unidos (Beldarraín y López, 2003); y en años más recientes, el retorno del Ébola y el Dengue (OMS, 2020), que han evidenciado la enorme desigualdad que aún existe entre países. Al respecto Menéndez (1994) señala que: “tanto padecimientos como las respuestas hacia los mismos constituyen procesos estructurales en todo sistema y en todo conjunto social” (p.71), que influyen en la construcción de significados colectivos, formas de socialización y estructuras de poder. El presente escrito pretende explorar la manera en que la irrupción del virus COVID-19 ha influenciado el ejercicio disciplinario, mediante la intensificación de la vigilancia a través de las redes sociales, y sus implicaciones en la sociabilidad, especialmente en el caso de cuerpos no normados.

Disciplina en tiempos de Tik Tok

La cuarentena[1] ha impulsado una nueva forma de interacción entre las personas y sus relaciones sociales hacia el mundo virtual. Retomando la propuesta metodológica de Chritine Hine (Aceros, 2004), la etnografía virtual es la vía para el estudio de la nueva cotidianidad a través de la tecnología. Algunas tareas cotidianas como la compra de víveres, el trabajo, conversaciones con la familia y amigos, el ejercicio, y el ocio han sido empujados de manera obligatoria al mundo digital con una comunidad virtual más activa que nunca, y que ha aprendido (o se ha visto obligada a aprender) a interactuar de manera sensorial y sentimental con las tecnologías de la información y la comunicación, principalmente las redes sociales como Facebook, Instagram, Twitter, Tik Tok y Tinder.

Una de las características más criticadas por filósofos y sociólogos como Anthony Guiddens, Umberto Eco y Noam Chomsky[2] de las redes sociales corresponde a la labor de vigilancia hacia los comportamientos de los cuerpos no normados y las personalidades desviantes, entre ellas sus gustos, modas, tendencias. La vida perfecta, y en este caso la cuarentena perfecta, es presentada por celebridades, influencers, políticos y los mismos círculos cercanos individuales en una constante presentación y comparación de actividades, espacios, gustos y modificaciones. Estas tendencias, normalmente arregladas, son reproducidas por usuarios en todas partes del mundo con la posibilidad de llegar a los ojos de todos y todas dependiendo de su viralidad. Agregando el márketing digital y el análisis de usuario, la minería de datos y la publicidad demuestra la facilidad en que las redes forman parte de un sistema de vigilancia, y coerción de la ciudadanía.

Byung-Chul Han enmarca a las redes sociales como una mutación del modelo de vigilancia propuesto por Foucault hacia “panóptico digital” (Occhiuzzi, 2019) cuya diferencia radica en que el modelo es expresado a través del individuo y el deber de vigilancia se ejerce entre pares. Esta acción vigilante durante la cuarentena se ha vuelto una posición de varias caras. La primera corresponde a la aceptación de la diversidad y de la comodidad como parte de la ironía y satisfacción del “no preocuparse por cómo uno se ve”. Los usuarios se han permitido experimentar con su cuerpo y sus actividades gracias a la posibilidad de no ser juzgado inmediatamente por la mirada inquisitiva del mundo exterior. Sin embargo, en otra de las caras, los prejuicios y la discriminación siguen demostrándose en la mención constante de la disciplina como valor absoluto durante la cuarentena.

De acuerdo con Foucault (2005) “el ejercicio de la disciplina supone un dispositivo que acciona por el juego de la mirada “(p.175), una mirada que ante la contingencia de la cuarentena radica en las cámaras de celulares, tabletas y computadoras. Desde su inicio, una de las principales preocupaciones se debía a la forma de mantener el contacto y la vida cotidiana como son el trabajo y las juntas sociales. Su respuesta fue sencilla, para la sociedad de la información las actividades cotidianas deben digitalizarse y las tecnologías de la información serán las intermediarias. A través de etiquetas o hashtags diariamente se desarrolla una vigilancia constante asegurando la ubicación de todas y cada una de las actividades, mientras que a través del humor y la reflexión en publicaciones las redes sociales se vuelven espacios de crítica para quien no cumpla con la disciplina esperada para 1) quedarse en casa, 2) mantenerse en forma, 3) participar en cursos, ejercicios y aprender una nueva habilidad, 4) relacionarse con las amistades a través de videoconferencia, 5) mantenerse informado de todas las noticias de última hora. Todo bajo el entendimiento que es la responsabilidad individual quien previene el contagio y quien ejerce la buena ciudadanía del país como de la ciudadanía digital[3].

La mirada sobre los cuerpos, el deber de no cambiar

Hoy en día, el control de los cuerpos no se limita a la belleza física de las personas, sino también a sus hábitos de alimentación, de cuidados de piel y de ejercicio, por lo cual es posible hablar de una “anatomía política del detalle” (Focault,2005, p.143). A diferencia de otros regímenes control basados en la apropiación de los cuerpos, el modelo disciplinario supone una forma de dominación más sutil que permite “el control minucioso de las operaciones corporales y garantiza la sujeción constante de sus fuerzas y les impone una relación de docilidad-utilidad” (Foucault, 2005, p.141), a través de una política de la coerción, que genera individuos que son a la vez objeto e instrumento de su propia dominación. Lejos de operar bajo los principios de expiación o represión, el régimen del poder disciplinario establece sobre los individuos una visibilidad a través de la cual se los diferencia y sanciona, al tiempo en que las conductas similares a un conjunto que es a la vez campo de comparación, espacio de diferenciación y principio de una regla a seguir. En este sentido, plataformas digitales como Instagram, Facebook y Tik Tok son testigos del comportamiento ocioso en la cuarentena, a través del contenido generado por los usuarios, los estilos de vida son comparados y puestos en el juzgado público de los amigos y seguidores de redes sociales, círculos cercanos y lejanos interactúan con esas redes a través de comentarios y “me gusta” que incitan o cohíbe a los usuarios a seguir publicando.

El aumento en el uso de etiquetas como #EnCasa y #QuédateEnCasa durante esta cuarentena, se vuelve una declaración ante el ojo vigilante de las redes sociales, de la obediencia a las normas de confinamiento; la cocina, la sala, el baño y el cuarto se vuelven espacios de exposición junto a los quehaceres corporales, dejando manifiesto que el sujeto en cuestión acata no solo las reglas de distanciamiento social, si no las pautas del cuerpo disciplinado, Las tomas bien cuidadas de los espacios interiores suelen ir acompañadas de manifestaciones de actitudes, acciones y pensamientos concordantes con el discurso hegemónico de la productividad y el autocuidado. La proliferación de retos tales como el #handstandchallenge, #A4[4] demuestran la capacidad del régimen disciplinario para “establecer en el cuerpo el vínculo de coacción entre una aptitud aumentada y una dominación acrecentada” (Foucault, 2005, p.142); al exhibir estas habilidades o aptitudes, los sujetos demuestran que a pesar del encierro sus cuerpos mantienen fuerza en términos utilitarios, se mantiene el vigor, la energía, la talla y el peso ideal. El debate sobre las dimensiones sociales y económicas que se muestran en las redes como categorías aspiracionales que controlan el deber ser a través de tendencias, celebridades o influencers, y retos sobre el cuerpo “perfecto” o “bueno” provocando alteraciones en la autoestima de los y las usuarias. La “vida perfecta” es presentada a través de imágenes que muestran partes específicas de la vida cotidiana de las personas, y en muchos casos, son los escenarios montados, retoques, filtros, luces y poses quienes determinan la perfección de la imagen a publicar. Al respecto, variados movimientos y colectivos han advertido sobre cómo el uso desmedido y descontrolado de las redes afectan la autoestima apelando a comentarios y filtros racistas, gordofóbicos, clasistas, etc. Un ejemplo claro, ha sido el aumento y la tendencia de los tutoriales de maquillaje, en los que tanto maquillistas profesionales y amateurs, comparten técnicas para modificar al menos de manera aparente, aquellos rasgos que no entran en la narrativa hegemónica: desde blanqueamiento o bronceado de la piel, afilación de nariz, reducción de mandíbula y aumento del grosor de labios, etc. De la misma manera, se ha experimentado un repunte en la oferta de tutoriales y clases online de los más diversos temas, desde rutinas de ejercicio, idiomas, habilidades mercantiles, etc. todo aquello que pudiese dotar de “valor agregado” a las personas una vez levantada la cuarentena. Durante el mes de marzo, es decir, el mes en que el globo empezó a declarar cuarentena y/o medidas de distanciamiento social, se descargaron más de 62 millones de aplicaciones móviles de videoconferencias en todo el mundo y se notó un fuerte crecimiento en las categorías que antes no eran tan descargadas como son “salud”, “entrenamiento”, “educación” y “negocios” (Schulkin, J., 2019).

“Si te cuidas tú, nos cuidamos a todos[5]” (Secretaría de Gobernación, 2020)

La irrupción de slogans como el anterior, especialmente en comunicaciones oficiales, apelando al ejercicio de poder, “no por el poder en sí, ni por la salvación inmediata de una sociedad amenazada: se trata de volver más fuertes las fuerzas sociales” (Foucault, 2005,p.141); nos lleva a problematizar la relación entre la responsabilidad individual y la sociedad. En su libro “La Hermenéutica del Sujeto” (1987), Foucault explora la manera en que desde la aparición de la epimeleia socrática-platónica, el ocuparse de uno mismo implicaba la conciencia de que existe otro; sin embargo, la relación con este otro está mediada por la afirmación del privilegio, social político y económico.

La exigencia del autocuidado viene ligada al ejercicio del poder, “ocuparse de uno mismo es algo que viene exigido, y a la vez se deduce de la voluntad de ejercer un poder político sobre los otros” (Foucault,1987, p.42); siendo así que tras el reproche de los sectores más acomodados ante la “falta de conciencia” de quienes salen a la calle todos los días, en gran parte impulsados por la necesidad, implica la reafirmación de una situación estatutaria de poder (Foucault, 1987). Ante la instauración de las medidas de confinamiento, la distinción entre quienes cuentan con los medios materiales, tecnológicos e incluso sociales (redes de contactos, ambiente libre de violencia, trabajos que se pueden realizar a distancia) y quienes no, especialmente aquellos que laboran en el sector informal, o en condiciones sumamente precarizados, dejó entrever que el cuidado propio, la posibilidad de ocuparse de uno mismo, está profundamente ligado al poder. Al igual que los aristócratas espartanos, que proclamaban “tenemos que ocuparnos de nosotros mismos, y para poder hacerlo necesitamos confiar nuestros trabajos a otros” (Foucault,1987, p.42); hoy en día dependemos profundamente de los “trabajadores esenciales” para mantener a flote la economía del país, mientras la gran mayoría se resguarda en la seguridad de sus hogares.

A lo largo del último mes, casos como la irrupción en el Hospital Las Américas en el municipio de Ecatepec, donde familiares de un joven ingresado con síntomas de Covid-19 agredieron al personal de salud tras reportarse un alza en los decesos relacionados con este padecimiento en dicho hospital, han generado polémica en amplios sectores de la población. Mientras el gobierno federal, calificó este hecho como “dramático” (López-Gatell,2020, en Milenio Noticias, 2020) y reitera la necesidad de atender a las indicaciones de distanciamiento social /jornada de la sana distancia, tales como mantener una distancia de al menos dos metros con otras personas, el lavado frecuente de manos y la suspensión de actividades no esenciales que involucren la congregación o movilidad de personas especialmente en zonas de alto contagio (Secretaria de Salud, 2020); en redes sociales comentarios de índole clasista, racista e incluso misóginos, que censuraban lo ocurrido, no se hicieron esperar. La mayor parte de ellos, aluden a un imaginario de marginalidad y pobreza, que construye discursivamente el nororiente del área conurbada como un espacio de alta peligrosidad, en donde confluye la amenaza del crimen organizado con el temor al contagio, La exclusión y el rechazo que denotan estos comentarios, son el resultado de la “intolerancia de un sector en el proceso de integración con individuos supuestamente marcados por su origen, situación socioeconómica, religión, actividad laboral, identidad, etc” Morales, 2008, p.373); detrás de estos comentarios, que en apariencia llaman al orden aludiendo al bien común, subyace una lógica de diferenciación que tiene por finalidad manifestar la distancia entre los “marginales” personas apartadas de la normalidad, que no cumplen con características que se deberían tener y por consecuencia representan potenciales fuentes de peligro, y quienes, al tener los medios para acatar las normas de distanciamiento social, se encuentran “impolutos”. Entrando así, en el entre juego de “los aparatos disciplinarios [que] jerarquizan los unos con relación a los otros; a las buenas personas y las malas personas” (Foucault, 2005, p.186).

Con base en los estudios de Mary Douglas (1973) acerca de las nociones de pureza y peligro, es posible detectar cómo pese a nuestro conocimiento acerca de los organismos patógenos, perdura un sustrato simbólico que relaciona los sistemas de orden y clasificación con la idea de bienestar. Al respecto Silvia Gianni (2017) señala el potencial metafórico de la enfermedad, como “representación de una de las diversas formas de otredad que han delimitado históricamente los bordes de la construcción hegemónica del sujeto: blanco, burgués y heterosexual” (p.84). Así todo aquel que irrumpe con esta narrativa, al ser pobre, contar con un empleo precarizado, ser madre/padre soltero, etc. O bien al experimentar con el crecimiento del vello, aumentando de peso, o cambiando su régimen de ejercicio o alimentación, etc. supone un agente potencial de peligro, al contradecir las pautas y valores públicos por la comunidad. De tal forma, que el aumento de contenido gordofobico, misógino, transfobia, etc., en redes sociales, es la respuesta por parte de los grupos hegemónicos, para tratar de coaccionar a quien se revela contra de los parámetros disciplinarios, que construyen un cuerpo dócil y útil.

Referencias:

Aceros, J. (2004) Reseña de “Etnografía Virtual” de Chritine Hine. España: Athenea Digital. P. 0. Disponible en: https://www.redalyc.org/pdf/537/53700627.pdf

Álvarez, D. (2014) Las Redes sociales y las “tecnologías del yo” de Foucault. Revista digital Sociología y Redes Sociales. Disponible en: http://sociologiayredessociales.com/2014/11/las-redes-sociales-y-las-tecnologias-del-yo-de-foucault/

Arbio, M. (17 enero, s/ año) Ser o no ser: los cuerpos y las redes sociales. Argentina: Feminacida. Disponible en: https://feminacida.com.ar/ser-o-no-ser-los-cuerpos-y-las-redes-sociales/

Beldarrain, E. y Lopez, J. (2017). Historia de la fiebre Amarilla. Disponible en :http://www.sld.cu/sitios/carlosjfinlay/fiebreamarilla.htm

Douglas, M. (1973). Pureza y Peligro. Un análisis de los conceptos de contaminación y Tabú.Madrid: Siglo XXI

Foucault, M. (2005) Vigilar y Castigar. Nacimiento de la prisión. México: Siglo XXI

Foucault, M. (1987). La hermenéutica del sujeto.Madrid: Ediciones Endymión

García, G. (2018) “Nos Vigilan”: La constitución subjetiva del “Panóptico virtual”. Valencia: Universitat de Valéncia. Pp. 313-323. Disponible en: https://www.eumed.net/actas/18/arte/29-nos-vigilan-la-constitucion-subjetiva-del-panoptico-virtual.pdf

Gianni, S. (2007). Triple juego de la otredad. Enfermedad y desfiguración en la escritura de la diferencia. Istmo. Revista virtual de estudios literarios y culturales centroamericanos. pp 83-91. Disponible en: http://istmo.denison.edu/n35/dossier/07_gianni_silvia.pdf

Ministerio de Educación, Chile (2020) Ciudadanía Digital. Chile: Ministerio de Educación, Formación Ciudadana. Disponible en: https://formacionciudadana.mineduc.cl/ciudadania-digital/

Milenio Noticias. (02 de mayo del 2020). Dramático, lo que ocurrió en Hospital Las Américas de Ecatepec: López-Gatell.[Archivo video]. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=Fr8VP_mMpPs

Morales, E. (2008) Marginación y exclusión social : el caso de los jóvenes en el Consejo Popular Colón de la ciudad de La Habana. En:Procesos de urbanización de la pobreza y nuevas formas de exclusión social : Los retos de las políticas sociales de las ciudades latinoamericanas del siglo XXI. Colombia: CLACSO-CROP.

Occhiuzzi, J. (2019) Byung-Chul Han y el panóptico digital. España: ContraPunto. Disponible en: https://www.izquierdadiario.es/Byul-Chun-Han-y-el-panoptico-digital

Organización Mundial de la Salud (2020). Preparación y respuesta ante emergencias. Brotes Epidemicos. Disponible en: https://www.who.int/csr/don/archive/disease/es/

Schulkin, J. (2020) Crece el consumo de aplicaciones en cuarentena: las más descargadas y el avance de las web apps. Argentina: Infobae, diario digital. Disponible en: https://www.infobae.com/america/tecno/2020/04/19/crece-el-consumo-de-aplicaciones-en-cuarentena-las-mas-descargadas-y-el-avance-de-las-web-apps/

Secretaria de Salud (2020). Jornada Nacional de Sana Distancia. Mexico:Autor Disponible en: https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/541687/Jornada_Nacional_de_Sana_Distancia.pdf

  1. La cuarentena se define como “la separación y restricción de movimientos de personas que estuvieron expuestas a una enfermedad infecciosa” (Instituto de ciencias e innovación en Medicina, 2020). Desde la óptica de Foucault (2005) esta se relaciona con una estricta división espacial, y con el cierre de las ciudades. [Para más información: Foucault, M. (2005). El panoptismo. En: Vigilar y Castigar. Nacimiento de la prisión. México: Siglo XXI]
  2. Vázquez, R. (2015) Qué piensan los filósofos sobre las redes sociales. En Forbes, México: https://www.forbes.com.mx/que-piensan-los-filosofos-sobre-las-redes-sociales/
  3. Una noción de ciudadanía pertenece a un enfoque integrador con respecto a la tecnología, las relaciones sociales y las obligaciones civiles. “Es el conjunto de conocimientos, habilidades y actitudes fundamentales para que niños, niñas, jóvenes y adultos se desenvuelven en una sociedad democrática a través del uso de las tecnologías de Información Y Comunicación, de manera responsable, informada, segura, ética, libre y participativa, ejerciendo y reconociendo sus derechos digitales y comprendiendo el impacto de éstas en su vida y su entorno.” (Ministerio de Educación de Chile,2020)
  4. Tal y como su nombre lo indica el “handstandchallenge, implica un despliegue de fuerza física, que se manifiesta a través de la capacidad de los sujetos para realizar múltiples tareas mientras se desplazan apoyados únicamente en la palma de sus manos; por su parte el #A4, implica comparar las medidas de la cintura de una persona con un folio formato A4, es decir una hoja tamaño carta de 21 cm, con el fin de demostrar que se cuenta con las medidas ideales.
  5. Comunicado Hospital General Dr. Manuel Gea González, 04 de abril del 2020. Disponible en: https://www.gob.mx/salud/hospitalgea/prensa/si-te-cuidas-tu-nos-cuidamos-todos
Imprimir