Acceso y participación de personas indígenas en educación superior en Centroamérica y México

David Navarrete Gómez[1]
Fernando Salmerón Castro[2]
CIESAS Ciudad de México

El propósito de este número temático es ofrecer un panorama general, dirigido a un público amplio, sobre la participación de los pueblos indígenas en las instituciones de educación superior. Estimamos que esta participación es clave como un asunto de justicia social que destaca la importancia de que todos los sectores de la sociedad tengan acceso a la educación superior. En el caso de los pueblos indígenas, además de la reducción de desigualdades históricas, consideramos que se trata de un eje vital para el fortalecimiento de sus lenguas, su identidad cultural y su plena participación en la vida social, económica y política.

En la actualidad, el acceso y la participación de personas indígenas en la educación superior en los países de América Latina muestran avances significativos, pero insuficientes: se han diseñado e implementado programas de acción afirmativa y unidades de apoyo en universidades convencionales; también se han creado universidades indígenas e interculturales. México, Brasil, Bolivia, Ecuador y Chile son países donde ese tipo de acciones han tenido mayor desarrollo; en Perú y Argentina también se han impulsado marcos interculturales, aunque con menor expansión institucional. En Centroamérica se han llevado a cabo experiencias valiosas, pero más puntuales y frágiles.

A la par de estos avances, persisten limitaciones estructurales: baja representación indígena en la matrícula universitaria, altas tasas de deserción, racismo y discriminación en los campus universitarios, débil reconocimiento de lenguas y saberes indígenas en los currículos, y una interculturalidad promovida mediante asignaturas de alcances limitados. La producción académica y las políticas regionales más consistentes —aunque insuficientes— se han dado en los contextos nacionales de México, Brasil y los países andinos. Centroamérica —salvo algunas referencias en Nicaragua, Guatemala y Costa Rica— figura en un lugar secundario, tanto en las agendas de investigación como en el diseño de acciones y programas de gran calado, lo que impide conocer la magnitud de las brechas que afectan a su población indígena y reduce la circulación y el diálogo de experiencias locales de inclusión en educación superior en el contexto latinoamericano.

Actualmente sabemos que existe una gran diversidad de experiencias y somos conscientes de que existe una deuda significativa en términos de la eliminación de las barreras que impiden un acceso pleno de los miembros de pueblos indígenas a la educación superior en América Latina. De ahí la conveniencia y necesidad de promover el conocimiento sobre las condiciones actuales en los distintos países y regiones, y con base en ello, nutrir el diálogo informado y el intercambio sistemático de conocimientos y experiencias. Sólo así será posible avanzar en un frente de acción social y en la puesta en marcha de una agenda de investigación aplicada cuya relevancia es hoy incuestionable.

Quienes hemos coordinado la publicación de este conjunto temático participamos actualmente en el proyecto “Hacia la construcción de políticas de inclusión de indígenas, especialmente mujeres”, financiado por el International Development Research Center (IDRC) de Canadá. Aprovechando la experiencia de más de veinte años del CIESAS operando programas de becas de posgrado para indígenas, así como sus redes y vínculos institucionales en América Latina, impulsamos la creación de una red de instituciones comprometida con la incidencia en políticas para la inclusión de indígenas, particularmente mujeres, en universidades, centros y otros espacios de investigación académica en Belice, Costa Rica y Guatemala.

Con este propósito, hemos integrado grupos de trabajo con colegas de instituciones de estos países centroamericanos: Galen University de Belice, el Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza (CATIE) de Costa Rica y la Universidad del Valle de Guatemala (UVG). Durante 2024 y 2025, los equipos de investigación de cada institución realizaron diagnósticos detallados sobre la población indígena de su respectivo país, su perfil sociodemográfico y las condiciones contextuales e institucionales que obstruyen su progresión educativa formal y el acceso, permanencia y egreso de la universidad. Nuestra aspiración conjunta es que el estudio de estas condiciones y prácticas institucionales educativas permitan generar insumos empíricos y analíticos sólidos y valiosos para promover cambios normativos y mejores prácticas para mejorar las condiciones de equidad en la participación. Con el propósito de abonar al diálogo interregional al que nos referimos antes, el dossier incorpora también textos relativos a México.

Los textos incluidos en la sección temática de este número de Ichan Tecolotl presentan reflexiones puntuales sobre diversos aspectos de la problemática enunciada. Permiten asomarse a realidades diversas en sus elementos puntuales, pero semejantes en lo que se refiere a barreras de exclusión, formas de racismo y desconocimiento de las necesidades de pertinencia en la educación superior. Y, aunque aún insuficientes, también permiten conocer las rutas y factores que posibilitan la presencia y participación indígena en el nivel educativo superior.

El texto sobre la participación de los pueblos indígenas en la educación superior en Belice, escrito por Filiberto Penados, Lynmara Rosado, Delmer Tzib, Joy Lee-Shi y Gwen Nunez Gonzales, describe con claridad y lucidez una realidad muy poco conocida de este país tan cercano a México. Pese a la expansión de la educación superior en Belice, persisten fuertes desigualdades en la participación indígena. Los autores destacan que estas brechas responden a factores estructurales, y que solo con políticas diferenciadas y datos adecuados la educación superior puede cumplir un papel real en la reducción de la desigualdad social. Se suma a este examen de las realidades, y las implicaciones para las políticas educativas de Belice, el relato de experiencias de vida de estudiantes indígenas beliceños en su tránsito por la educación superior. Escrito por cinco estudiantes de la Universidad de Belice y de la Universidad Galen (Dominga Cucul, Omarielie Requena, Frank Tzib, Mya Bolon, Tareek Smith y Huzyra Cho), con el apoyo de sus profesores Filiberto Penados y Delmer Tzib, se propone dar a conocer experiencias personales que resultan de gran interés.

Para el caso de Costa Rica, contamos también con dos textos. En el primero de ellos, escrito por Cristina Fueres, Juan Marín Gutiérrez, Mariela Leandro, María Guillén, Karina Poveda y William Menchú-Say, deriva del diagnóstico realizado en ese país. Examina los desafíos que enfrentan las personas indígenas para acceder a los estudios de educación superior en Costa Rica, permanecer en ellos y concluirlos. El segundo ensayo, escrito por William Menchú-Say, Karina Poveda Coto, Cristina Fueres-Guitarra, Ileana Moya Obando, e Ireana Lara-Damken, relata el proceso de formación de la Alianza Nacional de Mujeres Indígenas de Costa Rica, organización que articula a lideresas indígenas representantes de ocho pueblos indígenas de ese país para enfrentar exclusiones históricas. Se argumenta que la intersección de género, etnia y clase, especialmente en el acceso a la educación, constituye una barrera estructural central, lo que explica que la falta de acceso a la universidad sea una de las principales barreras que enfrentan.

El artículo escrito por Ana Vides, Vanessa Granados, Ana Lucía Solano e Iris Villegas, se centra en el análisis de las barreras geográficas que enfrentan las personas indígenas para acceder a, permanecer en, y concluir los estudios superiores en Guatemala. Enfatizan la incidencia de la distancia física para acceder y permanecer en las instituciones de educación superior y cómo esta barrera geográfica se traduce en obstáculos muy difíciles de franquear. Sobre este mismo país, el texto de Ana Secundina Méndez Romero presenta una reflexión sobre el acceso de las mujeres indígenas a la educación superior en Guatemala. Ofrece una experiencia nutrida a partir de la experiencia de la autora como educadora popular y de su participación en el sistema educativo guatemalteco. A partir de ello, nos lleva a un cuestionamiento profundo sobre los significados de la participación de las mujeres en la educación superior y sus consecuencias para el debate necesario sobre la participación indígena en la sociedad contemporánea.

Los dos últimos ensayos de la sección Puntos de Encuentro versan sobre México. El texto de Neptalí Ramírez Reyes presenta una importante y sugerente reflexión basada en su experiencia personal sobre las barreras que enfrentan las personas indígenas para acceder a los estudios de posgrado en nuestro país. Discute las barreras normativas, lingüísticas y culturales y propone cambios que permitan eliminar esas barricadas estructurales para contrarrestar la exclusión que sufren las personas integrantes de los pueblos indígenas.

Iliana Viridiana Roa González se centra en el análisis de las experiencias de estudiantes indígenas en su paso por la educación superior en México. Recorre varias instituciones, tanto de zonas urbanas como rurales y tanto convencionales como interculturales. Invita a pensar en cómo los distintos modelos institucionales producen experiencias diferenciadas de pertenencia, reconocimiento e inclusión, que inciden en las trayectorias educativas.

En la sección Cinemantropos incluimos la interesante reseña escrita por Gabriela Durán Valis de un documental realizado por Hatuey Viveros titulado Café. El documental se centra en las experiencias de un estudiante universitario indígena de Cuetzalan. Ofrece una perspectiva viva de las barreras y dificultades que se presentan para que un joven integrante de una familia indígena ingrese y concluya sus estudios superiores. La reflexión de cierre de la autora sobre el filme se engarza con claridad con uno de los propósitos centrales de este número de la revista: poner de manifiesto que la educación superior, las desigualdades y las formas de vida comunitaria se influyen mutuamente y no pueden entenderse por separado, sino a partir de cómo se articulan en la experiencia cotidiana de las personas y los colectivos.

Por último, el relato de Antonio Bautista Cruz, en la sección Antropovisual, sobre su propia experiencia formativa como indígena en la educación superior en México es un cierre óptimo para este número. La vívida exposición de su experiencia formativa y la sugerente presentación de los usos de su formación y de las capacidades que ha desarrollado en la antropología visual y el audiovisual etnográfico, arrojan luz sobre la forma en que el conocimiento académico y su empate con los saberes y cosmovisiones de los pueblos originarios generan herramientas de reconocimiento y emancipación sociocultural y la transmisión intergeneracional de saberes.

El objetivo de este número es proporcionar materiales frescos (diagnósticos, testimonios) que nos permitan actualizar nuestro conocimiento sobre las difíciles condiciones de acceso y participación de las personas indígenas en la universidad en distintos contextos nacionales y comprender la relevancia que mantiene la educación superior como mecanismo para impulsar la construcción de sociedades verdaderamente incluyentes en Belice, Costa Rica, Guatemala y México.


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