Isaac García Venegas
CIESAS Ciudad de México
En su libro Disparos, plata y celuloide. Historia, cine y fotografía en México (1846-1982), Ricardo Pérez Montfort cuenta que después de haber terminado su Licenciatura en Historia en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (1976-1980), se inscribió en el Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC), inaugurado un lustro antes y ubicado a un costado de lo que entonces era la Cineteca Nacional, que, como se sabe, se incendió en marzo de 1982. Allí, entre 1980 y 1983, conoció y estudió, entre otros, con Emilio García Riera, Paul Leduc, Ludwig Margulis, Juan Tovar, Milosh Trnka, Nerio Barberis, Fernando Cámara y Alejandro Pelayo, con quien, además de tomar clases, colaboró en su primer largometraje, La víspera.[1]
Como parte de su relato memorioso sobre aquellos años, afirma que para 1982, cuando musicalizó la película de Pelayo, los 20 alumnos y alumnas de su generación ya debían de haber producido un cortometraje y un mediometraje para acreditar el primer y segundo año de la carrera. En este contexto, refiere sucintamente su “primer trabajo”, llamado Por aquí se oscurece todo. Si lo hace –y al hacerlo lo denomina “mediometraje”–, es sobre todo porque la grabación de una de sus secuencias coincidió con el día en que se incendió la Cineteca Nacional, el 24 de marzo. Lo que sorprende, dado lo vívido y detallado de su narración, es que no diga nada más sobre su producción personal relacionada con el CCC. No obstante, existe un cortometraje de casi 20 minutos que conservó, al que de vez en cuando hizo referencia en conversaciones y que muy raramente mostró. Por sus características, es probable que sea el trabajo con el que acreditó el primer año de su carrera en el CCC, aunque por el momento no se cuente con los elementos suficientes para afirmarlo con absoluta certeza.
Inspirado en el cuento “Corrido”, que forma parte del libro Confabulario (1952) de Juan José Arreola, el cortometraje que dirigió, cuyo guion escribió junto con Pedro Pablo Martínez, se llama exactamente igual. En este caso, la inspiración se centra en una frase, “La vista es muy natural”, y en una acción: dos hombres confrontándose hasta la muerte en la plaza de un pueblo. Todo lo demás, la historia que da sustento a la trama, en rigor rezuma un conjunto de experiencias personales que por aquellos años Ricardo Pérez Montfort traía a flor de piel.
El motivo de la confrontación entre los dos hombres en el cuento de Arreola es una mujer “mancornadora”, lo que convierte a los protagonistas en “rivales de ocasión” que se matan cual si fuesen gallos de pelea. Como consecuencia de este hecho, la mujer migra del pueblo con una mala fama a cuestas. En el cortometraje, la confrontación es onírica y sucede justo en el día en que Fortino Cabañas Gallardo cumple su condena de 40 años por haber asesinado a Nabor Peña Guzmán, amigo y cómplice en el robo de productos de la mina del pueblo. Aunque con una diferencia de cuatro décadas, ambos mueren.
En su sueño, Fortino es liberado; recorre su pueblo minero decadente y abandonado, va a la casa de sus familiares, donde se entera que migraron al igual que la mayoría de los habitantes del pueblo. Se encuentra con Nabor en la plaza en la que hay un hidrante, responde a su pregunta con la lacónica frase de “La vista es muy natural, Nabor” y le reclama airadamente el pago de la “raya” que le debe; es decir, la parte que le correspondía del último hurto que cometieron juntos cuatro décadas antes. Si en el cuento de Arreola el agua que llena el cántaro de la mujer “mancornadora” es la metáfora de las crecientes ganas de pelear, en el cortometraje lo es del paso del tiempo que termina por desbordar una vida. Si en el cuento la caída de la mujer y la destrucción del cántaro rojo anuncia el comienzo de la pelea, en el cortometraje anuncia el disparo que en el sueño termina con la vida de Fortino, pero también marca la conclusión de su vida en el catre de una celda. El preso no recuperó su libertad, solamente soñó con ello, fue su último sueño.
El discurso cinematográfico del cortometraje es interesante. Salvo por un extraño corte, el espectador no se entera de que está viendo el último sueño de Fortino; un sueño sobre un pendiente, una deuda, pero no sobre el remordimiento. De esto se entera el espectador en la última secuencia. De modo que formalmente es un producto bien dirigido y bien realizado. Acusa influencias que sería largo aquí enumerar, pero también muestra ya cierto “sello” personal que habría de ser distinguible en series como Los que hicieron nuestro cine o La vida en México en el siglo XX, en las que de diversa manera participó Pérez Montfort.
En relación con su producción, vale la pena resaltar una de sus tres locaciones: Tlalpujahua de Rayón, en Michoacán. Al parecer, parte del guion lo inspiró ese pueblo, cuya historia es bastante conocida: allí estuvo ubicada la mina Las Dos Estrellas, explotada por François Joseph Fournier, entre 1899 y 1935. Por diversas causas, entre ellas un aparatoso accidente, la producción de oro y plata de la mina fue decayendo estrepitosamente hasta que, luego de convertirse en una cooperativa, cerró de manera definitiva en 1959. Como consecuencia, los niveles de vida de Tlalpujahua se deterioraron notablemente.
Ricardo Pérez Montfort llegó a este pueblo cuando comenzó a frecuentar diversas zonas de Michoacán en el segundo lustro de la década de los setenta del siglo pasado.[2] Eran años de intensa lucha por la tierra en distintas partes del país. Por supuesto, Michoacán no era la excepción. De modo que se involucró en una lucha de este tipo en Santa Fe de la Laguna, en donde el conflicto surgió a raíz de que pequeños propietarios y ganaderos de Quiroga llevaban su ganado a pastar a tierras comunales de aquel pueblo. Los campesinos comunales decidieron defenderse legal y pacíficamente de este uso indebido de sus tierras y, en última instancia, del despojo del que eran objeto. El conflicto tuvo uno de sus momentos más álgidos el 17 de noviembre de 1979, cuando en una movilización dos campesinos fueron asesinados, otros más heridos y encarcelados. El entonces procurador del estado de Michoacán, Efrén Contreras Vallejo, acusó que los comuneros estaban “asesorados por marxistas”.[3] Este hecho fue el motivo del distanciamiento definitivo de Pérez Montfort de la lucha comprometida de ese tipo; esas muertes, esos heridos, esos encarcelados gravitaron sobre su conciencia durante mucho tiempo. Por eso no es extraño que la trama de su cortometraje refiera no tan sesgadamente el tema de la injusticia, la explotación, el abandono de un pueblo y su población solapada por autoridades locales y federales, así como la miseria humana, el rencor y la venganza.
Por otro lado, durante los años en que estudió la Licenciatura en Historia, comenzó a frecuentar Michoacán y se incorporó tanto al CCC como al CIESAS (1980), Ricardo Pérez Montfort trabajó como productor y subdirector de producción en Radio UNAM (1975-1980) y como programador musical en Radio Educación (1979-1985). En ambas instituciones halló cobijo a sus inquietudes y compromisos musicales que le habían llevado a participar en la creación del Centro de Estudios de Folclor Latinoamericano (CEFOL), incorporarse al grupo La Peña Móvil e incluso fundar su sello discográfico, Roquefón. La afortunada conjunción de todo ello hizo posible que Alejandro Pelayo lo invitara a musicalizar su largometraje La víspera y que Marcial Alejandro, a quien conoció en aquellas andanzas, compusiera la música original del cortometraje, cuya letra refuerza su trama, pues es evidente que está inspirada en el guion:
Sabiendo que el tiempo nos hiere,
dormito.
No dejo el recuerdo en paz,
odio y rencor pueden más,
y trazo mi pesadilla.
Quién sabe si uno la debe,
maldito,
pero me voy a cobrar…
La mirada es natural,
pero muy desconocida.
Un sueño que no camina,
tan detenido en el viento,
como profundo lamento
en la boca de una mina.
Un sueño como una bala,
atravesando suspiros,
así se dieron de tiros
el zapapico y la pala.
Los que se matan sin muerte,
los que sin morir se matan,
nomás el miedo los muere.
Todas estas experiencias Ricardo Pérez Montfort las traía a flor de piel y son detectables en este cortometraje llamado Corrido. Es lo que le otorga una connotación particular. No se trata solamente del despliegue de un puntual saber cinematográfico, sino del conjunto de ellas y de las redes que en él se tejen. En un número dedicado a su memoria por parte de la institución a la que perteneció durante 45 años, tiene su relevancia recuperarlo; es un modo de hacerlo presente para reivindicar uno de sus más preciados legados: la vista es muy natural, pero hay que saber mirar (para que no nos resulte desconocida, canta Marcial Alejandro).
- Esta colaboración continuó en los años siguientes con las películas Días difíciles (1988), Morir en el Golfo (1989) y Miroslava (1992). ↑
- Por diversas razones personales, Ricardo Pérez Montfort se quedó prendado de Tlalpujahua durante más de cuatro décadas. A principios de 2023 vendió la casa que allí tenía (que fungía como inspiración, refugio y recuerdo), con lo que sus vínculos con aquel lugar se disolvieron por completo, quedando solo en la memoria. ↑
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Véase Juchari Uinapekua. Nuestra fuerza. Crónica de una lucha campesina, documental producido por la Universidad Autónoma de Chapingo en 1981: https://www.youtube.com/watch?v=XpdZkmdOapc ↑