Laura Machuca Gallegos
CIESAS Peninsular

Foto: Archivo personal Ricardo Pérez Montfort.
En este breve escrito quiero relatar, de manera simple e intimista, mis remembranzas del admirado y muy querido Ricardo Pérez Montfort, primero como maestro y luego como colega del CIESAS.
Soy de la generación 1991-1994 de la carrera de Historia en la UNAM, Facultad de Filosofía y Letras. Cuando yo era estudiante, Ricardo impartía el curso de Historiografía Mexicana en el segundo año de la carrera. Recuerdo aquel salón enorme, repleto hasta el tope de estudiantes, y en el centro de la escena, Pérez Montfort, que iba de huaraches y morralito, impartiendo su curso. Su clase nunca era aburrida: que si tal personaje o tal novela; que si tal película o tal canción (porque ¡también era músico!); y entre tanto salían al paso muchos otros aspectos de la cultura mexicana. La verdad, como profesor tenía un éxito arrollador: no solo era brillante, también tenía a su favor que entre las estudiantes se le consideraba un profesor bastante “guapo”. Por ese curso leí textos como La invención de América, de Edmundo O’Gorman, y Pueblo en vilo, de Luis González y González. De hecho, todavía conservo las fichas de cartón escritas a mano que realizábamos y que debíamos entregar como reporte de lectura. Muchos años después, le pedí a una de mis becarias que pasara en limpio aquellas notas, pero aun cuando ya las tenía en formato electrónico, nunca me atreví a deshacerme de las fichas originales.
Como al redactar este texto mi memoria ya no daba para más, les pregunté a algunas compañeras de mi generación sus recuerdos de Pérez Montfort. La Dra. Laura Coria me trajo a la memoria que también impartía la clase de México Postrevolucionario, que cursamos juntas. Para ella, la gran particularidad de ese curso fue que la historia del México contemporáneo se estudiaba a través de lecturas y análisis de novelas mexicanas; los estudiantes escogíamos de una larga lista de textos lo que íbamos a leer. Ella recuerda haber elegido Cabello de Elote de Mauricio Magdaleno, El desfile del amor de Sergio Pitol y Batallas en el desierto de José Emilio Pacheco. Por mi parte, leí Arráncame la vida de Ángeles Mastretta, Los de abajo de Mariano Azuela, La sombra del caudillo de Martín Luis Guzmán y muchos otros títulos que en este momento se me escapan de la memoria. Pienso que si después de más de 30 años nos seguimos acordando de lo que leímos en ese curso, entonces el método de Ricardo era más que efectivo. Gracias a esa influencia, en mis cursos recomiendo a los estudiantes que lean novelas y que las consideren como una posible fuente histórica.
La Lic. Laura Ruiz, otra compañera de generación, era entonces –y aún es– una de las más fervientes admiradoras de Pérez Montfort; no sólo tomó todos los cursos que daba en la Facultad de Filosofía y Letras, sino que se inscribió en los que impartía en otras instituciones. Considera que era un erudito y que ponía el máximo énfasis en la cultura popular. Además de insistir en que se leyeran novelas, también recomendaba estudios sociales, políticos y culturales en torno a ellas. Leía con detenimiento los reportes de los estudiantes, señalaba los aciertos y las lagunas de información. Otra modalidad de acercamiento que Pérez Montfort procuraba en sus clases era el de la fotografía. Para él era crucial usar esa fuente. Laura Ruiz recuerda una anécdota contada por él mismo. En una ocasión, fue al Archivo de la Defensa Nacional en busca del expediente de un personaje y por alguna razón dio a conocer que sabía alemán. La ocasión fue muy oportuna y había caído en el momento preciso, pues se necesitaba traducir de ese idioma ciertos documentos. La sorpresa fue que cuando entregó el trabajo y por fin tuvo en sus manos el expediente, al abrirlo lo único que había era una fotografía.
Para Pérez Montfort también era importante que viéramos y reflexionáramos sobre el cine mexicano. Laura Ruiz recuerda que llevaba sus videos VHS con programas y películas; dice que esas proyecciones eran un premio para ella. Yo recuerdo que las recomendaciones que hacía del cine mexicano eran películas que ya había visto, pues eran de la Época de Oro y las pasaban en la televisión.
El propio Ricardo también había incursionado en el cine. Por ejemplo, participó en la serie Lustros: La vida en México en el siglo XX, producida por la UNAM para narrar el “desarrollo económico, político, social y cultural de México con imágenes”. Pérez Montfort realizó el capítulo 8, “Cuando la sombra de la duda se cruza en el camino (1935-1939)”, de 1991.[1] Con Ana Paula de Teresa filmó Voces de la Chinantla (2006), entre muchos otros títulos.
Cabe recordar que Ricardo Pérez Montfort fue el creador del Laboratorio Audiovisual del CIESAS en 2005, de donde salió la serie Palabra del CIESAS, una colección de videos con entrevistas a investigadores del centro, que se puede ver todavía en YouTube. También apoyó la serie de Antropovisiones, bajo la dirección de la querida Vicky Novelo. Por cierto, uno de los episodios se llama “Mexicanerías. Construyendo el México típico”, donde se entrevista a Pérez Montfort, en particular sobre su investigación de estereotipos culturales, con base en sus libros clásicos publicados por el CIESAS, como Avatares del nacionalismo cultural. Cinco ensayos (2000), Estampas de nacionalismo popular mexicano. Diez ensayos sobre cultura popular y nacionalismo (1994) y Expresiones populares y estereotipos culturales en México. Siglos XIX y XX (2007).
Como colega, Pérez Montfort participó en la Unidad Peninsular en la línea de docencia que conformamos Vicky Novelo (†) y yo, llamada “Cultura y Poder”, hoy desaparecida. Este periodo se dio cuando estaba a cargo del Laboratorio Audiovisual, al que renunció en 2016. Dirigió la tesis de dos estudiantes de doctorado: Yezid Sequeda Garrido, Una historia en paralelo: Las relaciones bilaterales y el intercambio cultural entre Colombia y México, 1926-1946, que fue galardonado con el Premio RADI a la Investigación 2018 (Red de Archivos Diplomáticos Iberoamericanos); y Felipe Escalante Tió, Los conservadores revolucionarios yucatecos. Periodismo, liderazgos y prácticas de prensa en la construcción del Yucatán revolucionario. 1897-1912 (2016). De maestría, dirigió a Ernesto Monroy Pintor en La lucha interminable: Historia y novela. Los indios y la Revolución Mexicana en las narrativas literarias (1930-1948) (2015). Dejó de participar con nosotros en 2017 debido a que el trabajo lo estaba rebasando y además le correspondía año sabático.
En 2004 ingresé al CIESAS y desde 2006 organicé un seminario que se llamó “Metodología de la historia e historiografía”, que duró como tal hasta 2019. Un seminario mensual con participaciones presenciales, mucho público y colegas de diversas instituciones; todavía había recursos para invitar a uno o dos profesores de otros lados. Fue un periodo muy enriquecedor académicamente. Las y los investigadores ponentes hablaban sobre un tema, teoría o metodología de la historia. En febrero de 2014, Ricardo participó con la ponencia: “Halfdan Jebe en Yucatán: Un extraño caso de regionalismo musical”.
Según la enciclopedia Yucatán en el tiempo, se trata de un…
compositor noruego fallecido en la Ciudad de México. Contribuyó a la evolución de la música sinfónica en Yucatán. Al organizarse en 1925 la Orquesta Sinfónica de Mérida que dirigió Francisco Sánchez Rejón, formó parte como violín primero; además de ejecutante, compuso música mayista y obras sinfónicas.[2]
En esa ocasión, Pérez Montfort dijo que estaba haciendo una investigación sobre este compositor y manifestó su deseo de que sus obras se volvieran a tocar en Yucatán. En 2018 publicó en Dimensión Antropológica el artículo titulado “Halfdan Jebe en Yucatán. Los antecedentes y la bohemia”, donde expone los resultados de su investigación, que incluye una “sabrosa” historia de amor entre el músico y una mujer yucateca de la élite, e insiste en que “Halfdan Jebe logró producir una obra notable que todavía espera su reivindicación como artista y creador”.[3]
Después descubrí que en 2019 salió un documental (que no he visto) llamado Halfdan Jebe i Maya-land, de un director noruego, donde él participa.
Diré que, aparte de todo, Pérez Montfort era una persona generosa, amable y sencilla. Lo digo por lo que respecta al trato que tuve con él. Hace unos cinco años me mandó de regalo su libro Cultura en venta. Y quisiera terminar con un correo electrónico que me envió el 30 de octubre de 2018 para felicitarme por un premio que había ganado.
Mi querida Laura
Te mando un enorme abrazo y una felicitación sincera por el premio INAH que acabas de recibir. Independientemente de los sectarismos que últimamente se han exacerbado en el CIESAS, me parece que este reconocimiento muestra que todavía hay instancias que sí valoran el trabajo de los historiadores.
Descansa en paz, Ricardo, querido maestro y entrañable colega.