Isaac García Venegas
Tatiana Candelario
CIESAS Ciudad de México

Ricardo Pérez Montfort falleció a los 71 años de edad. Luchó durante dos años contra una enfermedad que terminó por vencerlo. Hasta el último momento la enfrentó con valor y dignidad, como lo hizo con muchas otras cosas en su vida.
Proveniente de un contexto en verdad privilegiado, desde joven, casi adolescente, su mirada, sus simpatías y sus preocupaciones estuvieron centradas en los sectores populares. No cabe duda de que la época lo hizo: los aires de la Revolución y del cambio impulsaron sus banderas. De hecho, sus estudios y aportaciones académicas pueden ser leídos como producto de esos aires a pesar de que en décadas recientes los vientos generales hayan soplado en favor del individuo, el privilegio, la jerarquía y la exclusión.
Lo interesante en su caso es que su producción académica, intelectual y creativa no se circunscribió a la historia, sino que fue más allá: abarcó la imagen, el cine, la música, la radio, la poesía, la herrería e incluso incursionó tímidamente en la pintura. De varias formas se ha intentado aprehender lo variado de su hacer y sus destrezas: se le ha definido como un “hombre renacentista”, como un “curioso insaciable”, un “polímata”. Basta por ahora con recordarlo como un ser humano de amplísimos horizontes culturales e intelectuales, ocupado en la cultura popular mexicana y latinoamericana.
Pérez Montfort estaba convencido de que era necesario hacer a un lado los estereotipos y prejuicios con que se suele abordar la cultura popular para comprenderla y rescatarla en su muy complejo hacer y suceder. En ella, pensaba Ricardo, está cifrado un conjunto de posibilidades de existencia que no hay que ignorar cuando todo lo demás parece colapsarse.
Como profesor e investigador, durante años Ricardo Pérez Montfort formó a numerosas generaciones de estudiantes, mujeres y hombres, muchos de los cuales ahora se desempeñan como destacados y connotados historiadoras e historiadores, antropólogas y antropólogos, cineastas y artistas. Su legado es enorme no sólo por su contenido y temáticas, sino por la cantidad de artistas, humanistas y científicos sociales que se reconocen como sus alumnas y alumnos, que dan cuenta de las deudas que tienen con él y que decidieron continuar con los estudios sobre esa cultura popular que tanto le apasionó desde la perspectiva por él cultivada, la de la historia cultural, de la que sin duda fue pionero en la historiografía mexicana.
El nivel y alcance de sus aportaciones le mereció varias distinciones, entre las que destacan el Premio de Investigación Georg Forster de la Fundación Alexander von Humboldt (2020); la Medalla Nacional al Mérito por parte de la Universidad Veracruzana (2023); y el Premio Clementina Díaz y de Ovando por parte del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (2024), por sus contribuciones a los estudios de antropología, historia social, económica, cultural, y la globalización en los siglos XIX y XX.
Durante 45 años, Ricardo trabajó en el CIESAS. Al cobijo de esta institución desarrolló todo su trabajo académico y siempre reconoció las bondades que le proporcionó para ello. Sin ser las únicas, dentro de esta institución acometió dos tareas de suma importancia. La primera, fundar y dirigir la revista Desacatos, cuyo primer número, en 1999, se ocupó del tema de “Nación, etnia y territorio”, en una época de plena vigencia neoliberal. Esta revista fue pensada no sólo como la continuidad de otra más añeja (Papeles de la Casa Chata), sino como un espacio de reflexión académica que debía ocuparse de los problemas más acuciantes de la realidad global desde los saberes que en el CIESAS se producen. Esta revista semestral continúa publicándose hasta el día de hoy.
La segunda, fundar el Laboratorio Audiovisual del CIESAS en 2005 y coordinarlo hasta el año 2016. Con ello no sólo aceptó el reto de crear un archivo digital centroamericano y mexicano sobre movimientos sociales, junto con el Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Indiana, el Museo de la Palabra y la Imagen de El Salvador, y el Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica de la Universidad Centroamericana de Nicaragua; sino que en cierto modo coronó un impulso que varios investigadores en el CIESAS desarrollaban de manera individual, como Victoria Novelo, Margarita Dalton, Xóchitl Leyva, Teresa Carbó, Laura Machuca, Mariano Báez, José Antonio Flores Farfán, entre otros.
Durante su coordinación, el Laboratorio Audiovisual tuvo una producción de 21 documentales, promovió el seminario Las Ciencias Sociales en el Mundo Audiovisual, que tuvo más de 50 sesiones ininterrumpidas, y abrió espacios de difusión y reflexión sobre la imagen y la antropología, la historia y ciencias afines, que después se replicó en otras instituciones. Editó tres libros muy importantes: Ciencias sociales y mundo audiovisual (2012), cuyo segundo volumen se quedó en el tintero, Cien años de salud pública en México. Historia en imágenes (2010), y Cien años de prevención y promoción de la salud pública en México. 1910-2010. Historia en imágenes (2010). Organizó talleres, encuentros y coadyuvó en la medida de lo posible a la creación de laboratorios similares (“laboratorios espejo” se les llamó en algún momento) en las distintas sedes del CIESAS, con diferentes resultados y destinos.
Por desgracia, a diferencia de Desacatos, el impulso logrado durante poco más de una década se vino abajo debido a una serie de desencuentros institucionales y dificultades de financiamiento. Desde entonces, el Laboratorio Audiovisual ha tenido un desarrollo accidentado y precario, sin el alcance que Pérez Montfort logró darle durante su gestión. Cosa que no puede lograrse sin un apoyo institucional serio y duradero, hay que decirlo.
Por todo lo anterior, parece merecido y necesario que el CIESAS recuerde a Ricardo Pérez Montfort por medio de esta revista de divulgación. En el intento de ofrecer distintas pinceladas sobre su vida, producción y contribuciones, este número se organiza en cinco bloques. En el primero, escribe la familia que Ricardo formó junto con su amada esposa, Ana Paula de Teresa. En el segundo, algunos colegas de distintas generaciones del CIESAS escriben sobre él, señalando sus aportaciones y lo que significó para cada uno. En el tercero, participan sus colegas y amigos de distintas instituciones, a quienes consideró maestros y con quienes compartió trayectorias de vida. En el cuarto, escriben alumnas y alumnos de distintas generaciones, que después se convirtieron en connotados colegas suyos. Por último, como colofón, haciendo un guiño a la estructura tradicional de esta revista, se ofrece un cortometraje poco conocido que Ricardo Pérez Montfort dirigió, probablemente alrededor de 1981, en la época en que estudiaba en el Centro de Capacitación Cinematográfica. Acompañan a estos textos fotografías del archivo personal de Ricardo, otras que le tomaron distinguidos fotógrafos como Agustín Estrada y otras más que distintas personas le tomaron en diferentes momentos.
Nota: Esta edición estuvo coordinada por Isaac García Venegas con la colaboración de Tatiana Candelario.