Talokan Tata y Talokan Nana. Una relación de cura por medio de los sueños en la Sierra Norte de Puebla

Pedro Yañez Moreno[1]
Escuela Nacional de Antropología e Historia

Resumen

La relación entre sabiduría tradicional, sueños y prácticas curativas se explora en este artículo a partir del estudio etnográfico de un tepapachujke nahua de la Sierra Norte de Puebla. Se analiza cómo el don de curar se adquiere, transmite y ejerce como un oficio socialmente legitimado, cuya eficacia se sustenta en la experiencia onírica y en la interacción con entidades sobrenaturales. Se describe el inicio del especialista, marcado por la curación de su padre y por revelaciones en sueños, así como el papel central de los viajes oníricos al Talokan, espacio mítico donde habitan Talokan Tata y Talokan Nana, considerados los padres que sostienen la vida y enseñan el saber para curar. Lejos de reducirse a creencias aisladas, la labor del tepapachujke representa una forma compleja de interpretación del mundo, donde los sueños constituyen el medio primordial para acceder a diagnósticos y decisiones terapéuticas.

Palabras clave: sueños, curación nahua, don, Talokan, sabiduría tradicional.

Introducción

A partir del análisis del material etnográfico escrito y en relación con la búsqueda por recuperar la sabiduría o conocimiento local, se plantea la articulación de los procesos sociales y prácticas culturales, en específico a escala cotidiana, para recuperar históricamente la vida de un curador nahua a quien le fue dado el don para curar y acceder al Talokan, un lugar sobrenatural donde la geografía y sus habitantes (Talokan Tata uan Talokan Nana) brindan conocimientos certeros y respuestas sobre la enfermedad que atañe al cuerpo y al espíritu de las personas que buscan alivio.

Se mantiene el anonimato del especialista, siguiendo el planteamiento bioético de intervenir en relación con la protección de valores y actitudes que conforman la libertad individual y la autonomía para decidir sobre el motivo de la nominación tepapachuke.

La adquisición del don para curar

Los oficios son prácticas locales y, aunque en esencia no cualquiera las puede desarrollar por el grado de especialidad, su sentido genera socialización en el espacio y tiempo. No se crean, desarrollan, ni se transforman per se, sino que funcionan por la producción social y la creencia. Así es el don, un oficio que le pertenece a la sabiduría tradicional, la cual se caracteriza por formar parte de las múltiples formas vivientes del conocer, que se reproducen en formas simbólicas de una representación del mundo.

Por medio de la sabiduría tradicional, ciertas personas heredan el don de curar y su transmisión ocurre de forma consanguínea, por visiones durante el sueño, por una muerte en apariencia causada por una enfermedad desconocida, o resultado de un daño sobrenatural; por ejemplo, ser tocado por la caída de un rayo (alumbramiento), lo cual deja características y marcas en el cuerpo que determinan el “llamado divino” (Lupo, 1995: 62).

El que tiene el don sabe que su razón en esta vida está destinada a la curación, ya que, si no se pone en práctica el oficio, su vida puede estar encaminada a tener sinsabores y constantes reclamos de las divinidades que indicaron el camino de brindar salud. De este modo, aún sin saber que tenía el don, un tepapachujke nahua de la Sierra Norte de Puebla se inicia al poder curar a su papá.

Su papá, un especialista ritual, enfermó debido a la absorción de un “mal aire”[2] cuando se encontraba “barriendo”[3] a un joven que había sido dañado por robar aves de granja (totoles).[4] Los dueños de las aves lo enfermaron con una “maldición”, de tal modo que, si no hubiese acudido con el curador, hubiera muerto.

El tapapachujke, al ver el estado de indefensión en que se hallaba su padre, tuvo la sensación de miedo a perderlo. Rápidamente, como si alguien le susurrara qué hacer, colocó un balde de agua caliente en los pies de aquel decaído hombre y mientras rezaba le echaba el vapor caliente al cuerpo. De repente, como si con ello le hubiera lanzado la salud, el viejo desorientado abrió los ojos y preguntó por qué estaba recostado.

Al notar de vuelta la luz de vida en los ojos de su papá, el tepapachujke le intentó explicar lo sucedido. Una vez que recobró por completo la conciencia, le confió que sólo él podría haberlo curado. Ese fue el día que supo que iba a ser curandero.

Poco después, su padre le dio algunas oraciones y fórmulas para curar a la gente contra los males que las fuerzas sobrenaturales y los brujos (otros curadores) podrían ocasionarle. Con el paso del tiempo y con la sabiduría que lo caracteriza, entendió que sólo es un instrumento de cura. Explica que sus conocimientos le son dados por viajes oníricos.

Estos sueños no sólo sirven para conformar y diagnosticar enfermedades, también son medios para trasladarse al mundo de los sueños, al que únicamente pueden acceder algunas personas.[5]

Los sueños

Antes de continuar con las premisas del mundo de los sueños y su importancia en la relación de cura, es necesario reconocer el tipo de sabiduría tradicional que se conoce en este lugar de la Sierra Norte de Puebla, debido a que quien posee el don es una figura pública, que debe estar en equilibrio en todos los aspectos de la vida social y de las instituciones, como en loa religioso y lo moral. Lo anterior se debe a que su mandato se manifiesta en muchos casos por medio de los sueños (Page, 2006).

Ahora ¿cómo funciona el mundo de los sueños? Todo inicia con los acontecimientos que ocurren en la vida cotidiana, los cuales se reproducen en todo momento y espacio. Se sueña durante el día y la noche, pero la particularidad es que en la noche se produce una inversión entre los actores del mundo vivo. El cuerpo material es el que permanece inmóvil y el etéreo se mueve con libertad, “el alma se desplaza en un espacio dilatado, abierto, incluso permeable” (Romero, 2006: 51).

Así es como nuestro cuerpo y espíritu son objetivados con las respuestas vívidas de una legitimación de sensaciones corporales, lo que brinda elementos de significado para comprender cómo son los sueños para los especialistas tradicionales:

El medio ideal para poder tratarlo (sueño-curación), pues supone que la ubicación del mal se encuentra asociada en los límites corporales; es decir, seres sobrenaturales y/o divinidades que enferman el espíritu de la persona, que es atacado por falta de cumplimiento de obligaciones rituales, maldad, descuido, etc. (De Martino, 1985: 177)

Es por medio de las visiones que se descubren en los sueños como se logra el contacto con las deidades, las cuales no comunican con coherencia. Aunque gradualmente, el que tiene el don “se convierte en amo de la propia visión” (De Martino, 1985), para tratar y resolver las probables causas que enferman a las personas. Es en esta escena donde los viajes oníricos retoman un supremo valor, “porque cualquiera que sea la cultura en donde la enfermedad se le atribuya a un agente sobrenatural, los sueños serán el método primordial del conocimiento de lo sobrenatural pues afectan de manera directa la vida cotidiana” (Knab, 1981: 412).

Conociendo ahora la relación entre el don y los sueños, y considerando que su atribución complementaria es que el sueño brinda al especialista un lugar donde se presentan los protectores, las plantas medicinales y las parafernalias de la curación, se requiere forzosamente distinguir los sueños de curación de aquellos que no lo son.

La representación del sueño que corresponde a este trabajo identificar es la de los “sueños naturales” (Anzures, 1987) o, dicho de otro modo, la “realidad vivida”, por ser el medio al que recurre el tepapachujke para encontrar al espíritu de la persona y hablar con ella, sobre todo en casos donde no se haya logrado encontrar la causa del mal enfermante.

El tepapachujke, mediante una entrevista, identifica algún signo corporal que indique qué es lo que la persona tiene y busca detenidamente por medio de la práctica de manipular el cuerpo o “tanteo”; es decir, lo aprieta fuerte. Sin embargo, cuando se dificulta encontrar una señal, se recurre a los viajes al mundo de los sueños (Talokan) y a Taltikpak como última estancia.

Un cambio en la postura, el dolor específico de una parte del cuerpo o el estado anímico que muestre el paciente, son en conjunto técnicas diagnósticas que ha ido consolidando con el paso del tiempo por las formas de atender y curar, tanto en este mundo como los otros mundos a los que accede por sueños.

Así lo dijo este curador náhuatl de la Sierra Norte de Puebla cuando contó que para saber lo que las personas enfermas padecen, necesita hablar con ellas y así tener un primer diagnóstico. Además que, según refiere, lo ha puesto en práctica desde la edad de 11 años, cuando tuvo un sueño en donde una señora (Talokan Nana) le indicó que cuando la luna se cubriera de sangre y las guerras comenzaran, “iba a tener un don”.

Hay que señalar que no se pudo saber si los hechos en realidad pasaron[6] o únicamente son resultado de las interpretaciones que les dio con el paso del tiempo y que se consolidaron con el mal aire que enfermó a su papá. Lo cierto es que es a través de los años y los sueños adquirió la habilidad de reconocer los tratamientos de la enfermedad.

Taltikpak y el Talokan

In taltikpak (La tierra)

De aquí en adelante se darán los resultados de las pesquisas de fuentes documentales especializadas para comparar con las entrevistas que se hicieron al tepapachujke, encaminadas a saber sobre los lugares que visita. En este sentido, la importancia del material etnográfico reside en identificar la estructura émica permite la composición del Talokan o “lugar de tierra y agua”.

Desde esta retórica, algunos nahuas de la Sierra Norte de Puebla conciben que “la tierra está viva” y se le atribuye un valor, debido a que se considera sagrada. En principio por la fertilidad dual que es personificada por lo masculino-femenino y porque “su corazón en el inframundo sustenta y sostiene a los hombres en taltikpak; pero es también el principio femenino por excelencia, la gran madre de la que todos nacimos”. De hecho, para Aramoni (1990: 126,139), “los nahuas de la sierra de Puebla ubican hoy el ‘lugar deTláloc’ sin duda alguna en la tierra, en el corazón o centro de la misma; es de hecho un inframundo sagrado, vivo, palpitante que despide y reclama energía”.

Según Montoya (1987), muchas culturas que viven a lo largo de la cadena montañosa de Puebla comparten saberes locales que explican en gran medida el respeto que se le brinda a la tierra, porque se le debe retribuir todo lo que hace para mantener esta vida. Posiblemente se refieren a Taltikpak, es decir, “lo que está encima de la tierra, al contenido, tanto natural como sobrenatural” (Aramoni, 1990: 164).

El tepapachujke está íntimamente vinculado con la tierra, trata de unir su propio ser con las cosas de las cuales se rodea porque sabe que todo lo que le pase al medio se reflejará en su comportamiento, hasta el extremo de ser participe obligado de las formas que contienen la vida y la muerte. Él, cuando explica la composición de los planos del mundo, toma su propio cuerpo como ejemplo: los intestinos, según dice, son el movimiento de la tierra y, por tanto, la humedad. La constitución del mundo está dada en los órganos, como el hígado y el páncreas. Si falla alguno, es porque la tierra está perdiendo árboles. A nuestro cuerpo también le sucede, pues si le faltan líquidos, entonces perdemos movimiento y se atrofian los órganos. De los elementos que ayudan a mantener el equilibrio dice que el aire permite enfriarnos si hace mucho calor, pero también calienta cuando tenemos frío. El agua, en cambio, es la estabilidad y limpieza del cuerpo, es alimento.

La tierra, explicaba en una entrevista, es la armonía de todo lo vivo: carga montes, cerros, encantos, y ahí se descargan rayos. Por tanto, la Madre Tierra, como él la llama, es el policía, porque te manda a donde quieras explorar. Así como de ella sacamos los productos que consumimos para estar vivos, también en ella podemos perder la vida, y cuando morimos le damos de comer nuestro cuerpo, nuestra carne, nuestros huesos. “Él (In taltikpak) nos consume, él nos alimenta”.

In Talokan

Para conocer el Talokan primero hay que comprender la descripción de su altar, por ser un espacio donde ofrenda a las divinidades para alivio de los enfermos que acuden a visitarlo. Ubicado en el centro de la casa, sobre una mesa ataviada con veladoras y a veces con flores, se encuentran varios cuadros de imágenes y figuras de santos, como San Ramón, San Miguel Arcángel, la Virgen de Guadalupe, San Martín Caballero, y cruces de madera que corresponden al fallecimiento de algún familiar. Hay además una figura hecha con yeso que es de algún santo al cual se le quitó la cabeza de manera deliberada. Hay un tigre de juguete, en el cual, según el tepapachujke, él reside.[7]

El tipo de nagualismo que practica el especialista implica un cambio o especie de transformación espiritual, y no una metamorfosis como se cuenta que realizan los brujos. Sin embargo, eso quizás era una práctica que realizaban sus antepasados, como dijo en algún momento: “Eso era antes, ahora sólo seguimos las huellas. Tenemos miedo, tal vez eran otras cosas que se tenían que hacer”.

María Elena Aramoni, cuando habla de las diversas prácticas mágicas de especialistas y nahuales de la Sierra Norte de Puebla, refiere las dos funciones por las cuales se metamorfosean: 1) para el desplazamiento espacial en el Talokan, y 2) para cambiar “su investidura humana por formas animales como zorras, guajolotes o tecolotes, y de este modo cometer diversos tipos de fechorías, como robar y comerse a las gallinas de sus vecinos, chupar sangre de los niños para alimentarse de ella, etcétera” (1990: 137).

La transformación en animales para el tepapachujke no es más que la apropiación de la “sombra” del animal deseado por medio de la mente del especialista. Por ello, encontrar en el camino a un perro, un ave o un tigre (tecuani) puede ser un motivo para adquirir su cuerpo de animal en caso de necesitar caminar, volar o reptar.

Sobre estos aspectos, la tradición oral explica parte de una memoria que se ha mantenido entre algunos nahuas de la Sierra de Puebla, quienes además saben de la existencia de otros mundos situados en tres lugares: arriba, abajo y en el centro, el mundo real.

El Talokan, para el tepapachujke, es un mundo en el que se reciben noticias, donde se encuentran difuntos y puedes intercambiar de escenarios. Allí se permite volar o sumergirse en los mares, pero también en él enfermas y pierdes el espíritu si te asustas. Es donde habitan Talokan Tata uan Talokan Nana, quienes enseñan el oficio de curar. Resulta interesante el registro de diversos relatos reunidos durante la estancia de investigación, pues indican que el Talokan existe y que su razón permite la estabilidad del mundo vivo.

Pues el dueño de la tierra preciosa dicen que se llama Talokan tata y Talokan nana. Ellos cuidan y mandan en Taltikpak, así como también en el Talokan. Están en el centro, en un solo lugar, en un solo corazón, y nos tienen en sus manos. Sus angelos son los que nos están cargando sobre sus manos. (Aramoni, 1990: 180).

Milanezi (2024), por su parte, menciona que existe un origen común de la vida nahua tal y como se conoce, pues entre los seres humanos y los padres del Talokan hay una relación de crianza de los hijos. Por un lado, crecen los embriones humanos, y por otro, los del maíz, y ambos aportan la transferencia de las fuerzas regenerativas. “Talokan Tata y Talokan Nana, la pareja de viejitos que gobierna el estrato cósmico de Abajo, también son conocidos como Toteiskaltijkatatsin y Toteiskaltijkanantsin, el ‘padre y la madre de nuestra subsistencia’” (2024: 34).

Ahora bien, para describir la geografía del Talokan, mundo al que viaja el tepapachujke para obtener conocimiento, es preciso señalar que su localización remite a un lugar mítico.

Los habitantes y sus formas

Para ingresar al Talokan se necesita recitar una oración en la cual pides a la Trinidad, a los ángeles, como San Gabriel, San Rafael y San Cristóbal, 13 mil angelos, entre otros, a in taltikpak (la tierra) y a talokan taxkaltiani (los padres creadores) su protección, para que el trabajo sea en beneficio del paciente, majki kaua in kokolis (“que sea curado”). A ese sitio se va por aprendizaje, por la búsqueda de los espíritus extraviados o atrapados, pero también para visitar otros lugares, como la luna. “Tú cuando vas allá (Talokan) eres tú, pero ligero; entonces, si quieres volar, nada más le pides prestadas las plumas a un pajarito o a cualquier animal y ya puedes andar”.

Las casas no son como las conocemos, son como corrales donde hay animales muy grandotes, como acamayas y cerdos; hay un señor con una señora (Talokan Tata y Talokan Nana). Si pasas por ahí, puedes pedir que te regalen una semilla de las tantas que tienen. Él te dará una y si la siembras, eso será un poder; es una vida que debes cuidar muy bien. Después hay otro, el “patas de cabra” (el demonio), que te ofrece todo lo que quieras y sí lo puedes obtener (todos los poderes), pero al cabo del tiempo lo más seguro es que cuando te coman (el espíritu) se acabará todo.

El acceso al Talokan no es sencillo y siempre habrá riesgos; no obstante, al ser el don un oficio para curar, se debe ir siempre listo para reconocer el diagnóstico. Una vez estuve en una sesión curativa en su casa y me contó lo siguiente: “Viste a la mujer, pues yo oré y fui a verlo [en sueños], pero como yo ya sabía que el hombre tenía diabetes y estaba mal de la vesícula, no podía decirle que ya no tenía remedio”.

Estos sueños fueron avisos acerca del destino que depararía al marido de la señora: “Me encontré a su espíritu, pero ya nada se podía hacer”. Estas noticias ocurrieron se dieron durante el viaje onírico al que había recurrido para saber que días después el hombre moriría.

Para finalizar la descripción del lugar, recuerdo que una vez le pregunté si había otro lugar abajo, aparte de Taltikpak y Talokan. Dijo que si me refería al infierno, no es considerado un lugar, porque cuando morimos nuestro espíritu se pierde junto con el cuerpo, se disuelve, pues ya no tiene donde residir; se acaba el cuerpo, se acaba nuestro espíritu.

De hecho, el cuerpo físico, como conjunto de sangre, carne, huesos, órganos y humores, es un cuerpo vivo porque posee el principio vital, considerado como un soplo, un hálito, una fuerza y energía, que lo anima y le infunde vida. (Fagetti, 2009)

Comentarios finales

El objetivo de este trabajo fue poner atención en la relación de cura entre un especialista ritual que viaja al mundo de los sueños y la conexión que establece con las entidades sobrenaturales, para dar cuenta del libre ejercicio de las prácticas médicas reconocidas socialmente.

El tepapachujke (“el que aprieta fuerte”), a quien se le confirió el don de transportarse al mundo de los sueños, ha conocido lugares que pocos han visitado y donde ha tratado un sin fin de enfermedades. Además del rescate del espíritu de niños, jóvenes y adultos atrapados por los seres que allá existen, ha aprendido a curar por la enseñanza que recibe de Talokan Tata uan Talokan Nana, quienes le avisan si se va a poder curar el paciente. Usa la noche en la mayoría de las veces cuando necesita saber de algún diágnostico, por ser el momento ideal para concentrarse y trabajar, ya que el silencio reina y puede acelerar el proceso inductivo del “arte de viajar”.

Este especialista ritual encuentra la forma de conocer lo que desea por medio de un viaje onírico y de rituales que permiten el acceso sólo a quien se le ha concedido poner en riesgo su vida al entrar a las fauces de la tierra.

Su sabiduría es resultado del legado que ha permanecido en su familia; por ello, el conocimiento local que posee lo convierte en un custodio histórico de prácticas curativas que requieren protegerse y elevar su valor a carácter científico, pues en su conocimiento se libran las batallas y resistencias de innumerables pueblos originarios que resguardan una manera parcial y limitada de entender el mundo.

Referencias

Anzures y Bolaños, M. (1987). La curación y los sueños. En I Coloquio de Historia de la Religión en Mesoamérica y Áreas Afines, Serie Antropológica (78), 21-32. Universidad Nacional Autónoma de México/Instituto de Investigaciones Antropológicas.

Aramoni Burguete, M. E. (1990). Talokan tata, talokan nana: nuestras raíces. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes.

De Martino, E. (1985). El mundo mágico, Colección de Cultura Universitaria, Serie 32. Dirección de Difusión Cultural/Universidad Autónoma Metropolitana.

Fagetti Spedicatto, A. (2009). Iniciaciones, trances y sueños… Investigaciones sobre el chamanismo en México. Benemérita Universidad Autónoma de Puebla/Plaza y Valdés.

Knab, T. (1981). Sueños y realidad en la Sierra de Puebla. En Investigaciones recientes en el área maya. XVII Mesa redonda, Tomo III. Sociedad Mexicana de Antropología.

Lupo, A. (1995). La tierra nos escucha. La cosmología de los nahuas a través de las súplicas rituales. Instituto Nacional Indigenista.

Milanezi, G. (2024). La germinación del ser humano y la concepción del maíz. Repensando la noción nahua de persona. Estudios de Cultura Náhuatl, (68), 14-44.

Montoya Briones, J. (1987). Persistencia de un sistema religioso mesoaméricano entre los indios huastecos y serranos. En I Coloquio de Historia de la Religión en Mesoamérica y Áreas Afines Serie Antropológica (78), 145-157. Universidad Nacional Autónoma de México/Instituto de Investigaciones Antropológicas.

Page Pliego, J. T. (2006). Ayudando a sanar. Biografía de un J´ilol Antonio Vázquez Jiménez. Universidad Autónoma de México.

Romero López, L. (2006). Cosmovisión, cuerpo y enfermedad. El espanto entre los nahuas de Tlacotepec de Díaz, Puebla. Instituto Nacional de Antropología e Historia.


  1. Correo electrónico: pedro_yanez@enah.edu.mx
  2. El mal aire es una enfermedad que daña el cuerpo. Al ingresar, altera las funciones vitales del individuo, ocasiona escalofríos, decaimiento y fiebre. Está vinculada con el mal espíritu, su fuerza es fría, maligna y dañina.
  3. Es la acción de realizar una friega al cuerpo con un ramo de hierbas olorosas (hierba mora, sauco y romero).
  4. Guajolote es el nombre en lengua náhuatl del ave.
  5. Se habla de los mundos a los que viaja con la intención de conocer la enfermedad. Los reconoce como el mundo de los sueños, Taltikpak y Talokan.
  6. Es posible que se haya producido un eclipse lunar total conocido como “luna de sangre”. Ocurre cuando la Tierra se interpone entre el sol y la luna, proyectando una sombra sobre el satélite, lo que produce un color rojizo debido a la dispersión de la luz en nuestra atmósfera.
  7. Según dijo, en el juguete reside el espíritu de un tigre (tecuan) y con él pelea contra la tentación. La tentación es el miedo provocado por seres malignos que enferman y se encuentran principalmente en el Talokan, pero si te atrapan, después de un tiempo, puedes morir.