Carla Ailed Almazán Rojas[1]
Escuela Nacional de Antropología e Historia
Universidad Nacional Autónoma de México
Resumen
La relación entre locura y sueños es examinada a partir de los relatos oníricos de hombres privados de la libertad en un centro penitenciario para personas inimputables en la Ciudad de México. Este trabajo articula tres perspectivas teóricas: psicoanálisis, antropología cultural de los sueños y onirología moderna, para comprender el sueño como experiencia individual y fenómeno social. Asimismo, recupera 33 relatos oníricos de 11 hombres mediante entrevistas semiestructuradas realizadas por estudiantes de Psicología. Estos testimonios permiten observar que, en contextos de encierro, soñar se convierte en una forma de procesar y resignificar la realidad cotidiana, al funcionar como un espacio simbólico donde lo íntimo y lo social se entrelazan para imaginar otras posibilidades de existencia y dar sentido al confinamiento.
Palabras clave: sueños, locura, inimputabilidad, reclusión, representaciones sociales.
Introducción
Vale la pena comenzar con los antecedentes etimológicos de los términos “locura” y “sueño”, no sin antes aclarar que el término “loco”, usado aquí, no tiene como propósito discriminar. Dicho vocablo ha sido empleado considerando que forma parte del lenguaje utilizado por los propios participantes en diversas expresiones artísticas, como la canción “Cumbia del loco canero” o en pintas que dicen: “Los locos abren caminos que luego los sabios recorren” o “Cuando todo el mundo está loco, ser cuerdo es una locura”.
Aunque el origen del término “locura” carece de precisión, se dice que proviene del personaje mitológico griego Glaucos, quien enloqueció de despecho; o del latín elúcus, que hace alusión al grado de aberración mental (Avery,,1955). En lo que respecta al origen del término “sueño”, proviene del latín aestuare, en español, estuario; que refiere a la desembocadura de un río caudaloso en el mar (RAE,,2014), donde convergen fuerzas internas que generan una dinámica de agitación, en este caso, emocional o psíquica. Tanto la locura como los sueños “son formas de incorporación a un mundo distinto, un mundo «otro»” (Bastide,,2021: 7); mundos a los que nos aproximamos a través del relato onírico de un grupo de personas en situación de cárcel. Partimos de que los sueños no son sólo la actividad imaginaria mientras dormimos, sino la manifestación de nuestros deseos y miedos cubiertos por la sombra de las normas y valores sociales introyectados.
Los sueños abordados desde diversas perspectivas teóricas
Los sueños han sido estudiados por el psicoanálisis, la antropología cultural del sueño y la onirología moderna. Aunada a éstas, la psicofisiología del sueño estudia los procesos conductuales y fisiológicos del sueño normal y los trastornos del dormir, complementando el entendimiento de nuestra posibilidad de soñar.
Psicoanálisis
Sigmund Freud definió que los sueños son la “satisfacción (enmascarada) de un deseo (reprimido)”, y lo defendió hasta el final de su vida. Para Freud, los sueños son la manifestación del inconsciente, la expresión de emociones y conflictos internos traducidos en deseos reprimidos que no pueden salir a la luz en la vida consciente: “Todo sueño representa, en el fondo, el cumplimiento de un deseo” (2003: 129). En contraste, Carl Jung defendía que los sueños representaban una expresión simbólica de éstos (2001). Por su parte, Jacques Lacan los definía en función de su relación con el inconsciente. Este último representaba un lenguaje y el sueño la elaboración de un discurso a partir de él; así, el sueño sería “la verdad del individuo a partir de una metáfora” (1981).
En conclusión, el psicoanálisis concibe a los sueños como una vía de expresión de deseos, temores, conflictos y sentires reprimidos, que a su vez funcionan como una expresión del cuerpo, que revela aquello que la mente consciente no logra enfrentar.
Antropología cultural de los sueños
Los sueños han sido estudiados desde los orígenes de la antropología misma. A mediados del siglo XIX, Sir Edward Taylor estudió los sueños a partir de sus teorías evolucionistas. En su libro Primitive Culture, analizó las narrativas de los sueños de las sociedades antiguas, concluyendo que soñar proporcionaba una idea del alma y el animismo (Benítez, 2023). Este estudio ejemplifica cómo, para la perspectiva del antropólogo, los sueños son el producto entre el soñante y su entorno, analizando la experiencia humana del soñar desde sus efectos simbólicos concretos, incorporando las experiencias oníricas a su realidad y, con ello, en paralelo construyen un universo de sentido y valores (Torres, 2023).
Partimos de la definición de “cultura” de Roger Bastide, quien refiere que “es definida como sistema de normas y de valores colectivos” (2001: 48). Enfatiza que la sociedad desempeña un papel eminente en la experiencia onírica, ya que los sueños están dados por modelos exteriores, provistos por la sociedad.
A partir del momento en que tratamos de expresar a otro (incluso de expresarnos) lo que hemos soñado, es decir, desde el instante mismo en que convertimos al sueño en una narración, introducimos en ese campo, por obra y en razón del lenguaje, nuestra propia cultura. (Bastide,,2001: 57)
Bajo estas premisas, la antropología ha ganado terreno en el estudio de los sueños, privilegiando la interacción de la experiencia onírica desde el orden sagrado y lo espiritual, tanto en grupos étnicos, iniciaciones, chamanismo, prácticas terapéuticas y ritos curativos.
Onirología moderna
De acuerdo con Díaz (2018), la onirología es el estudio sistemático y multidisciplinario de los sueños, y no debe confundirse con la oniromancia o interpretación genérica, la cual, de acuerdo con los onirólogos, no cuenta con sustento científico. La onirología moderna propone un análisis sistemático de los sueños, integrando las ciencias cognitivas, las neurociencias, las artes y las humanidades, a partir del estudio de cinco procesos o facetas de la conciencia onírica (Díaz,,2018: 15):
- La ensoñación
- El recuerdo de la ensoñación al despertar
- El relato de un sueño
- La interpretación de su sentido
- La representación estética de ensoñaciones en la literatura, las artes plásticas, el surrealismo y el cine
En el presente estudio se analizó la experiencia recordada y relatada de un grupo de personas de un centro de reclusión para personas inimputables, siguiendo la propuesta de Díaz (2018). Para esto se consideraron las primeras tres facetas desde el relato de sus sueños, a partir de aspectos fenomenológicos, con el propósito de conocer: ¿Qué sueñan las personas en condición psiquiátrica que se encuentran privadas de la libertad? ¿Cuál es su sueño más recurrente? ¿Cuál ha sido el sueño que más les ha gustado y el que menos? Además de cómo describen “la locura”.
Material y método
Aunque los sueños se pueden representar de forma artística por medio de la literatura, las artes plásticas o el cine, los únicos medios con los que contamos para conocerlos son el relato (Bastide,,2001; Díaz,,2018), ya sea en forma de parlamento o escrita. Con esta técnica, en junio de 2024, fueron recuperados los relatos de 33 sueños, narrados por 11 hombres de entre 27 y 56 años, privados de la libertad en un penal para personas inimputables y quienes participaron de forma voluntaria.
Se contó con la colaboración de nueve entrevistadores, estudiantes de la Facultad de Psicología (UNAM)[2]; la mayoría de quienes cursaban la asignatura “El delito: una construcción social”. Para ello, utilizaron una guía de entrevista semiestructurada. Los diálogos vertidos en este artículo fueron registrados en el diario de campo de cada uno de los entrevistadores y se ampliaron posteriormente tanto como su memoria se los permitió. Esto debido a que es difícil acceder con grabadoras al penal, por lo que las narraciones fueron registradas al salir con el uso de sus celulares.
El único dato cuantitativo con el que se contó para la caracterización de la población fue su edad, no siendo de interés para este estudio la situación jurídica, aunque en algunos relatos se hará mención del delito y el tiempo de reclusión cuando el propio participante lo haya comentado sin habérselo preguntado. Los 33 sueños, recuperados tanto del diario de campo de los entrevistadores como de las notas de voz, se analizaron de manera cualitativa: se transcribieron de forma integral, se codificaron y se formaron categorías de análisis. En el texto se presentan ejemplos narrativos correspondientes a las diversas categorías, aunque no todas las categorías emergentes se integraron en las descripciones que aquí se presentan, como las experiencias oníricas sexuales o de carácter religioso. Se usaron seudónimos con la finalidad de proteger la identidad de los informantes. Partimos del supuesto de que los sueños son una experiencia universal construida a partir de imágenes que pueden involucrar deseos, sensaciones, pensamientos y emociones, cuya narrativización posibilita la comprensión de los sentimientos del soñante en interacción con el papel constructor que ejerce la sociedad.
Características de las personas inimputables
La inimputabilidad es un término jurídico que hace referencia a la incapacidad cognitiva de comprender el delito cometido. En la legislación mexicana se consideran inimputables tanto a niños como a personas con determinado diagnóstico psiquiátrico, como la esquizofrenia, la discapacidad intelectual y la bipolaridad. El escenario del trabajo de campo fue un centro penitenciario especializado para personas inimputables de la CDMX, espacio destinado para la atención y tratamiento de su condición jurídica y psiquiátrica.
Representación de la locura y las disciplinas psi
Aquí comprendemos las representaciones de la locura como un sistema mediante el cual se construye el sentido del “estar loco” del mundo que nos rodea, a partir del intercambio de ideas y significados, en este caso, de un grupo de reclusos en un penal para personas con un diagnóstico psiquiátrico. Al preguntarles qué era la locura para ellos, se pudieron distinguir diversos elementos representativos, algunos conductuales, como: golpearse a sí mismo, hablar solo, una salida de la realidad, la dualidad Dios/Satán como metáfora de la cordura y la locura, o de forma inversa, que el propio Dios está loco. También se habló de la inexistencia de la locura o, por el contrario, la existencia de ésta en todas las personas.
La locura es representada desde la experiencia de algunos como conductas autolesivas o soliloquios. Por ejemplo, para Edgar, la locura “es la gente que se pega o que habla sola”, idea compartida por Matías, quien añadió que “es hablar con personas que no son reales, es cuando te traiciona la mente y te hace pensar pensamientos no reales”. Hablando de la interrelación de lo real y lo irreal, Arcadio dijo que “la locura es salir de la realidad, crear tu mundo, tener la mente descontrolada y no distingues la realidad”. Para Santino, la locura es irreal, le dicen loco “a las personas que no están locas, la locura no es real, a mí me dicen que estoy loco cuando veo cosas, pero todo lo que miro es real”. Son interesante las definiciones anteriores, pues, bajo la estricta definición de alucinación desde la mirada psiquiátrica, se trata de percepciones falsas, pero desde la experiencia de Santino, lo que ve, lo que vive y lo que experimenta es totalmente real. Por tanto, aunque le digan que está loco, él no lo está, pues es real lo que ve. Así, por un lado, se habla de la inexistencia de la locura, como lo refiere Santino, y también de una existencia de ésta en todas las personas, tal como lo refiere Alí, pues para él, “la locura es algo que tenemos todos en la vida”.
Entre silencios intermitentes, risas y miradas hacia arriba, Mauricio dio respuestas con aparente incoherencia, como decir que la locura es:
llegar sin exceso de velocidad, entender que somos alcohólicos, la psiquiatría ha fallado, sí, se detectó un choque mental, son los choques el hilo cáñamo, que estar así como rayos X, la esquizofrenia si se detecta, la psicología ve el comportamiento.
A pesar del evidente curso de pensamiento fugitivo, pues brinca de una idea a otra, en esta respuesta sobre el significado de la locura encontramos como representación de la locura la falla de la disciplina psiquiátrica. Considerando el discurso de Mauricio, la psiquiatría tiene una deuda con aquellos que padecen una enfermedad mental, señalando que no es suficiente con que se detecte y se diagnostique un trastorno mental, como la esquizofrenia. La necesidad real es la falta de tratamientos adecuados.
Feliciano mencionó que existen dos tipos de locura: una individual, que se refiere a una felicidad que nadie más puede entender. Explicó que cuando él se drogaba, se sentía bien, pero las demás personas lo juzgaban y no comprendían su felicidad. La segunda locura es cuando la persona pierde toda la noción de su realidad. En particular, Feliciano la relacionaba con su medicamento psiquiátrico. Al respecto de las fallas disciplinares, Matías dijo que había diferentes tipos de psicólogos. Mencionó que había una psicología en la que él si creía y otra en la que no, señalando que “los verdaderos psicólogos son los que vienen de afuera” del reclusorio. Mauricio dijo que no le gustaba el trato que le daban, en especial los psicólogos y los psiquiatras de la institución. Pudiendo hablar del demás personal, hizo particular referencia a los especialistas de la salud mental. Lo que podría mostrar una falla de ambas disciplinas, volviendo a coincidir en que tanto la psiquiatría como la psicología mantienen una deuda con esta población. Al menos así es representado por Feliciano, Matías y Mauricio.
Cuando Mau concluyó su explicación sobre el significado de la locura, comenzó a cantar “Doctor psiquiatra, ya no me digas tonterías, no [..], no estoy loca”. Continuando con “¿A quién le importa lo que yo haga? […] Yo soy así, así seguiré, nunca cambiaré”; canciones en las que se puede ver reflejado el participante y que a su vez dan cuenta de una representación de la locura. Otros más dijeron no estar locos, por mencionar algunas otras narrativas en las que referían “A mí me dicen que estoy loco, pero la locura no es real”, o que el mismo encierro producía la locura. Por ejemplo, Matías mencionó que toma clonazepam, pero que él no cree que esté enfermo y que es desesperante estar encerrado, lo vuelve loco el estar encerrado, se desespera mucho de estar ahí y no poder salir. Eso fue lo que decía, “es desesperante”, lo mencionó muchas veces, estar entre cuatro paredes, dormir, despertar, dormir, despertar y ver que sigue ahí encerrado.
Soñar con la libertad
Matías tiene 43 años de edad, de los cuales lleva 18 años en la cárcel. Comentó que en dos años y medio obtendrá por fin su libertad, situación que anhela y que coincide con su sueño más recurrente y el que más le gusta. Narra que va caminando por la calle, pero en el sueño sabe que tiene que regresar al penal. Incluso sabiendo eso, es el sueño que más goza, por el hecho de poder caminar en la calle, aunque a la vez experimenta preocupación y miedo de perderse, ya que considera que no conoce cómo son las calles ahora. Estar fuera del penal parece ser el sueño más recurrente y el que más les gusta a los entrevistados. Santino narra que sueña seguido que vuela por las nubes fuera del reclusorio; a veces le da miedo, pero otras veces le da felicidad. Para Alí, el sueño más recurrente y que más le gusta es “soñar que salgo libre, porque es lo que busco, mi libertad en este lugar”. También se hizo referencia a ir a algún otro lugar; por ejemplo: “El sueño que más le ha gustado a Feliciano es cuando soñó que fue a Querétaro y que era de su autoría una canción de José José”. Asimismo, el sueño que le genera mayor felicidad a Matías es que regresa a su pueblo.
Tener novia o volver a ver a la familia
Tener una pareja o volver a ver a la familia, ya sea la abuela, la hermana, los hijos o la esposa, es otro sueño constante, que resultó ser de los que más gusta a los participantes. A Santino le gusta soñar que tiene novia, ya que dice que nunca ha tenido. La describe con cabello rojizo y güerita; él se le acerca, le dice que es muy bonita y le invita un helado.
Mauricio contestaba otras cosas, por ejemplo: “Lorena, casa, Panda Show, prueba del mapache, soy un profeta de Jeremías, creyente de Testigo de Jehová”. Entre risas y miradas dispersas, “como que volteaba para arriba, hablaba con alguien más, me supongo”; así lo describió en su diario de campo Sandra, la entrevistadora. Al preguntarle a Mauricio sobre el sueño que más le gusta, repetidas veces dijo el nombre de Lorena, que mencionó era su hermana. Su sueño se ubicaba cuando era joven, ya que al momento de la entrevista tenía 50 años y al referirse a Lorena en el sueño decía “ella tiene 19 y yo 23”.
De igual forma, en el sueño de Matías cuando regresa a su pueblo, dijo que lo más bonito fue ver a su hermana Esperanza. Para Rodolfo, el sueño más bonito es con su mamá y con la virgen María; ambas le dicen que todo va a estar bien, que siga el buen camino acercándose a Dios. Fermín describió que se encontraba en el paraíso con sus animales y su abuela, o que su abuela vivía en el bosque y él estaba cortando leña. Ambos son los sueños que más le han gustado, ya que señala que le gustan mucho los animales y quiere mucho a su abuela.
Rogelio frecuentemente sueña con su familia. Cuenta que dejó a sus hijos a la edad de 9 y 11 años, y de esa edad los sueña, a pesar de haber pasado ya mucho tiempo de eso. En uno de sus sueños, narra que llegaba del trabajo, se bañaba con su esposa y tenían relaciones sexuales, destacándolo como el sueño que más le ha gustado, porque la vuelve a ver. Regresando a la definición de locura descrita por él mismo, ésta puede representar un punto de quiebre para él, ya que, conforme a sus palabras, “la locura es el final del camino recorrido”. Para él, después de la locura no hay más: después de haber matado a su esposa tras un brote psicótico, para él fue el final del camino recorrido. Al describir el sueño que menos le gusta, narra que constantemente sueña que lo amenazan de muerte en diversos escenarios, y al final resulta que es la familia de su esposa quien lo persigue.
Persecuciones o daños intencionados
Dentro de los sueños que los participantes refirieron como los que menos les gustan, encontramos daños intencionados o persecuciones, como Rogelio, u otros en los que comentaron sentir que alguien está encima de ellos. En el caso de Santino: “Sueño que se me sube el muerto, no puedo respirar, siento que hay alguien”; experimenta falta de aire, siente una presión en el pecho y al despertar se da cuenta que no hay nada ni nadie, pero está agitado y asustado. Rodolfo dijo soñar “con Dios y Satán. Aunque casi no sueño, aunque en mi estancia casi todo lo que sueño son pesadillas”. Su sueño constante es con una mujer que lo persigue, intenta hacerle daño o lastimarlo, y siente que no se puede mover. Una de esas veces, la mujer era la Virgen María, quien lo castigó. Este sueño coincidió con una ocasión en la que sin querer rompió la imagen que tiene de la Virgen. El peor sueño de Matías ha sido que le quieren hacer daño; en el sueño él era un animal y un hombre lo amenazó con una pistola. En ese momento ya era humano y no tenía miedo, y hablaba con la mamá de esa persona para que le dijera a su hijo que esas cosas no se hacen, que se debe portar bien.
Fermín de forma constante sueña “cosas que dan miedo, como el que me corretea la policía por homicidio, yo voy corriendo con los ojos cerrados y no los puedo abrir”; también sueña que comete un asesinato. Al preguntarle a Mauricio sobre su peor sueño, de la misma forma que contestó antes, riendo y con la mirada dispersa, nombró al Dr. Simi y a los candidatos a la presidencia: Máynez, al que le llamaba “Mayner”, Claudia y Xóchitl. La mayoría de las pesadillas referidas por los entrevistados giran en torno a persecuciones en las que les quieren hacer daño. Con excepción de Edgar, quien narra un sueño en el que va en moto mientras lo persigue la policía, pero lo describe como el que más le ha gustado porque nunca aprendió a andar en moto y es algo que le gustaría hacer.
Hay quien dijo que no soñaba o que le gustaban todos los tipos de sueños, como Arcadio, quien definió la locura como una salida de la realidad, y dijo que el no soñar lo pone triste. Comentó que “cualquier sueño es bueno porque soñar te hace salir de la realidad”. Con lo anterior se puede ver que para él la propia locura es la felicidad, al estar fuera de la realidad.
Conclusiones
Si bien los sueños aquí descritos son experiencias individuales impregnadas de anhelos y emociones, como felicidad, miedo, angustia e incertidumbre, que desde el psicoanálisis pueden ser interpretados como conflictos o sentires reprimidos; también en ellos se encuentran puntos en común, como soñar con la libertad, ser perseguidos, tener una pareja, estar en familia y la sensación de que les quieren hacer daño. Esto se puede integrar en un sistema dinámico donde lo propio de cada individuo se entrelaza con lo colectivo a partir de las normas y los valores, dando lugar a un ecosistema onírico que surge de los flujos de la interacción de lo social con lo personal, reflejando en los sueños los problemas planteados por la sociedad. Como en este caso, la privación de la libertad, la moral y el castigo, o también las expectativas sociales de que un hombre debe tener novia y así constituir una familia.
El hecho de que las personas privadas de su libertad sueñen con ser libres puede explicarse no solo como manifestaciones individuales del inconsciente, sino también como construcciones culturales profundamente influenciadas por el contexto social, político y simbólico en el que viven. Esto es, el sueño de libertad refleja una experiencia social compartida por quienes habitan espacios de encierro, donde el deseo de recuperar la autonomía y el movimiento se convierte en un anhelo constante que atraviesa insistentemente su vida cotidiana. Es así que los sueños y la inimputabilidad, en tanto estigma de la enfermedad mental, se incorporan en el cuerpo como elementos simbólicos en los que los individuos procesan, resignifican y resisten su realidad de encierro y su condición mental. Comprendiendo al cuerpo en tanto huésped de la corporeidad, que se considera “un sistema complejo condicionado y condicionante, un espacio donde confluye lo físico, lo estético, lo cultural, lo espiritual, nuestra historia personal y social; […] espacio de la resignificación de las identidades” (Barragán, 2012: 30).
Soñar con la libertad no es sólo una expresión personal del deseo de escapar, también es una forma de construir sentido dentro de un entorno que limita su voluntad, por su situación jurídica actual y desde su condición psiquiátrica. La experiencia del soñante privado de la libertad es un tema que no se agota. Lo presentado en este breve texto invita a abrir posibilidades de nuevas indagaciones sobre los sueños en reclusión en general y particularmente con una condición psiquiátrica. Su importancia radica en que el estudio de la conciencia onírica humana aporta a las formas de comprensión individual, que transitan en una vía para imaginar otras posibilidades de existencia, con lo que revelan tensiones, aspiraciones y formas de subjetividad que surgen en contextos de encierro. Lo que permite considerar los relatos oníricos como manifestaciones culturales que conectan lo íntimo con lo social.
Referencias
Avery, W. (1955). El origen de “loco”. Revista de Filología Española, 39(1/4), 323-332.
Barragán, A. (2012). Reflexiones desde la antropología física en torno al papel del cuerpo en el patrimonio cultural. Diario de Campo, (10), 28-32.
Bastide, R. (2001). El sueño, el trance y la locura. Amorrortu Editores.
Benítez, V. (2023). El yo-soñador y la memoria onírica en los Altos de Morelos. En V. A. Benítez Corona (coord.), Antropología del estado onírico. Relatos y acontecimientos del mundo otro (pp. 109-123). Secretaría de Cultura/Instituto Nacional de Antropología e Historia.
Díaz J. (2018). Registro de sueños. Editorial Herder.
Freud, S. (2003). La interpretación de los sueños. Biblioteca Nueva.
Jung, C. (2001). El hombre y sus símbolos. Paidós.
Lacan, J. (1981). El seminario. Libro 11: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Paidós.
Real Academia Española (RAE) (2014). Estuario. En Diccionario de la lengua española. https://dle.rae.es/estuario
Torres, C. (2023). Soñar con Jesús: manifestaciones oníricas en la historia del pentecostalismo mexicano. En V. A. Benítez Corona (coord.), Antropología del estado onírico. Relatos y acontecimientos del mundo otro (pp. 49-67). Secretaría de Cultura/Instituto Nacional de Antropología e Historia.
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Los estudiantes que realizaron las entrevistas fueron: Nallely Abarca, María Fernanda Delgado, Paola García, Atenea Marilú González, Sandra Martínez, Katia Yurani Martínez, Karen Annette Mendoza, Braulio Saldaneta y Mónica Zúñiga. Gloria Herrera colaboró en las transcripciones de las notas de voz. Agradezco enormemente a las Dras. Brenda E. Ortega y Anabella Barragán Solís por su valioso apoyo y aporte. ↑
