Cine, mujeres y lenguas originarias. Espacios de luchas y resistencias políticas

Ilse Mayté Murillo Tenorio[1]
Universidad Autónoma de Querétaro

Fotograma de Ñaa’ ñuudoo’ naa. Mujer que es escuchada.

Palabras clave: cine etnográfico; lenguas originarias; mujeres; violencias; prácticas políticas.

Hace unos meses fui invitada a comentar algunos cortometrajes documentales, en el marco de la 1ª Muestra de Cine en Lenguas Originarias que se celebró en noviembre del 2025, a propósito del décimo aniversario del Laboratorio de Educación y Mediación Intercultural (LEMI), cuya adscripción es la Facultad de Filosofía de la Universidad Autónoma de Querétaro.[2] El laboratorio tiene por objetivo emprender acciones de investigación interdisciplinaria y abonar a la formación de recursos humanos en atención a la diversidad lingüística y cultural, que vincula a los universitarios en acciones de colaboración en contextos interculturales. Sus acciones consisten en difundir y poner en discusión las problemáticas que se derivan de estos contextos interculturales, particularmente desde el reconocimiento por las lenguas originarias.

Un dispositivo idóneo es el cine, pues las bondades que ofrece el lenguaje cinematográfico facilitan la empatía, al mismo tiempo que la confrontación de emociones, creencias y saberes. La muestra reúne, sobre todo, obras documentales que apelan al cine participativo, comunitario y feminista, lo cual manifiesta los posicionamientos que se atraviesan ineludiblemente. Hay una clara intención política que bien podemos situar desde los feminismos comunitarios, que no sólo apelan a la erradicación de las violencias de género, sino a la descolonización de los feminismos, para resituarlos y articularlos con las problemáticas de carácter étnico-racial y medioambiental y al mismo tiempo reivindicar el legado de los pueblos originarios, sus tierras, su cultura, sus lenguas, frente a las prácticas neoliberales que amenazan todo ello (Martínez, 2019).

En este caso, el eje medular de la Muestra y el corpus de cortos documentales seleccionados es la lengua. Prevalecen las narrativas en idiomas como el mixteco, el zapoteco, el ñañú (hñähñu) o el tzotzil. Esto con la intención de visibilizar y preservar las lenguas que predominan en nuestro territorio nacional. Toda lengua es manifestación de un legado histórico; en ella se gestan y configuran redes políticas, que la convierten en síntoma de resistencias y luchas frente a agentes externos que merman la integridad, la autonomía, la dignidad y la seguridad de muchas comunidades y, particularmente, la de las mujeres.

Lo anterior tiene que ver con la selección de gran parte de los cortometrajes, entre los que destaco Ñaa’ ñuudoo’ naa. Mujer que es escuchada[3] (Realización Colectiva, 2025) y Bucan tu Rhachhidu’ / Deja lo que te espanta (Colectivo YI Hagamos Lumbre, 2019). En el primero, se reúnen las voces de mujeres de pueblos de la Mixteca Baja de Oaxaca para compartir sus experiencias en torno a los retos, obstáculos y miedos que deben enfrentar al asumir cargos de relevancia política en sus comunidades. A través de la escritura, hacen expreso su deseo y demanda hacia la comunidad de respetar y apoyar las redes que se tejen entre mujeres, y de darle legitimidad y seguridad a sus acciones políticas. Representadas con técnicas que evocan nostálgicamente el teatro de sombras, vemos figuras de mujeres confeccionadas con papel picado interactuando y dialogando sobre la importancia de actuar y resistir políticamente.

En Bucan tu Rhachhidu’ / Deja lo que te espanta, un grupo de mujeres se reúne con el propósito de poner a discusión las formas de organización social y política en una comunidad zapoteca (Guelatao de Juárez, Oaxaca), y cómo las mujeres deben tener injerencia real y directa. Ellas son madres, hijas, hermanas, compañeras, comuneras y activistas que defienden su territorio y que constantemente se enfrentan a un panorama inseguro y hostil por parte de las autoridades gubernamentales hegemónicas. Constantemente se encuentra amenazado su entorno social y medioambiental y tienen que hacer frentes en colectivo para evitar que las políticas neoliberales extractivistas mermen su territorio y comunidad.

Al inicio, el relato nos sitúa en el año 2080 —una suerte de distopía—; a través de imágenes que aluden a las tierras, las aguas, los árboles, así como a agentes externos que amenazan su conservación, una voz en off lanza un par de interrogantes provocadoras: ¿Algún día dejaremos de pelear? ¿Tú crees que a alguien le importa lo que decimos, lo que pensamos, lo que queremos? Éstas son algunas de las preguntas que hace una joven a su madre. Lo anterior nos lleva de vuelta a 2023, momento en que vemos a estas mujeres discutiendo sobre los problemas de la actualidad, cómo crear estrategias de seguridad social y política para sus comunidades. A la par se discute sobre la necesidad de crear redes y estrategias para poder gestionar y conciliar la maternidad, los cuidados y las tareas del entorno doméstico, las cuales también podemos pensar como acciones políticas.

Pero ¿cómo generar un entorno de seguridad para que las mujeres puedan actuar dentro de la organización política? ¿cómo enfrentar los obstáculos, como las afrontas de las autoridades gubernamentales que no ven con buenos ojos que las mujeres se organicen y ocupen cargos públicos? ¿cómo conciliar la vida pública con la privada? ¿cómo incorporar las voces no sólo de las mujeres sino de las infancias, quienes acompañan constantemente a sus madres o abuelas? La escucha se convierte en una herramienta clave para enfrentar los miedos que las aquejan; la escucha en colectivo se convierte, pues, en el engranaje idóneo para la acción política efectiva a futuro, en donde la empatía y el diálogo constante son cruciales, como dice el título del primer cortometraje.

Estas dos obras me remiten a lo que el Colectivo Cine Mujer (1975-1985) realizó en su momento, con documentales como Es primera vez (1981), cortometraje en el que se registra la reunión de cientos de mujeres de distintas comunidades para plantear nuevas formas de organización política y de conciliación con el entorno doméstico y las maternidades, o Yalaltecas (1984), cuya historia se desarrolla en una comunidad indígena zapoteca (sierra de Oaxaca) y recrea la organización y proyectos colaborativos de las mujeres de la región. Con un discurso feminista de la tercera ola, este colectivo sostenía un claro posicionamiento crítico y confrontativo hacia las estructuras de poder heteropatriarcales.[4]

Pero, a diferencia del Colectivo Cine Mujer, en los documentales que nos ocupan las participantes son quienes están detrás de cámaras, al mismo tiempo que a cuadro. El cine participativo de este tipo desdibuja los roles de quienes están dirigiendo frente a los actores sociales involucrados en la historia. En varias ocasiones, los documentalistas viven de manera cercana las problemáticas que se representan en sus obras.

Estamos frente a una autorrepresentación y autogestión de las experiencias en primera persona, pues lejos del modo documental participativo del que habla Bill Nichols (2013: 220-221), las voces escuchadas no derivan de un ejercicio de entrevistas que al menos se hagan explícitas en la puesta en escena. En los cuatro documentales prima la subjetividad de las voces, que al anular la entrevista y al entrevistador como mediador o interlocutor da la sensación de una contigüidad más próxima como espectador o espectadora, con el resultado de una suerte de cine participativo etnográfico.

El cine etnográfico lo podemos comprender como “aquel que propicia diálogos entre culturas, que capta rasgos y características de un grupo social, y los reproduce ante comunidades distintas” (Zirión, 2017). Este cine tiene como propósito reflexionar y cuestionar las formas en que se configura la alteridad y la diversidad cultural. Antonio Zirión señala que en las últimas décadas, el cine etnográfico ha experimentado transiciones interesantes que dan cuenta de formas de organización y colaboración más interactivas, en donde ya no prima la mirada de los antropólogos o documentalistas, pues también se incorporan voces diversas, así como distintos recursos narrativos y formales para dar pie a un cine más subjetivo y poético, sin restarle preponderancia a lo político e informativo.

Otros dos cortometrajes, Vientre de luna (Lilian K’an, 2024) y Huachinango rojo / Behua Xiña’ (Cinthya Lizbeth Toledo Cabrera, 2023), narran vivencias femeninas en torno a los cuerpos, a la virginidad y a la maternidad. Los miedos que atraviesan estas mujeres se dejan entrever a partir de sus testimonios, que a su vez reflejan las violencias físicas, sociales y culturales que las condicionan. En Vientre de luna, una joven tzotzil que está a punto de dar a luz, a través de una voz en off, se expresa sobre el deseo y el miedo de ser madre. Un miedo genuino al dolor físico, porque el acto de parir es violento en sí, es abrupto y vehemente, es al mismo tiempo insospechado y azaroso. A partir de este testimonio, la historia se vuelca hacia los recuerdos y vivencias de otras mujeres que la precedieron, manifestando otras formas de maternar que han implicado enfrentar tabúes y marginación.

La alegoría visual y sonora de la naturaleza (árboles, cascadas, riachuelos, nubes, cerros, insectos, aves, etc.) nos transporta a una atmósfera primigenia de la creación de la vida, casi como una regresión al vientre materno —como insinúa el título—, como una suerte de burbuja impoluta e inocua que evita a toda costa la contaminación del virus civilizatorio patriarcal. La composición estética endulza el ojo y el oído, y corremos el riesgo de caer en la trampa del binomio mujer/naturaleza, o bien, comunidad indígena/naturaleza, bajo un halo de romanticismo e idealización que suele atravesarse en el discurso de la otredad.[5]

Y es que las prácticas y creencias alrededor del cuerpo femenino cobran otra dimensión cuando se politizan e institucionalizan, a costa de la integridad física y moral de las niñas y jóvenes. Bien lo señala Rita Segato (2016), al sostener que los cuerpos no sólo son contenedores de violencia, sino vehículos para establecer relaciones de poder, en un sentido político, económico y sexual. Huachinango rojo, cuyo título alude al pez que predomina en las costas del Istmo de Tehuantepec (Oaxaca), que además de ser símbolo de la economía de la región, funciona como un símil del sangrado de las mujeres cuando pierden su virginidad. La primera parte de la historia relata, en clave etnográfica, el ritual que se celebra cada vez que una pareja de jóvenes ha de contraer matrimonio. Antes de ello, las mujeres deben demostrar que aún son vírgenes y esto se constata con la rotura del himen. Así, somos testigos de la ceremonia previa, llena de jocosidad (baile, música y bebidas), la cual puede llegar a distraernos de lo que para muchos nos resulta turbio, confuso y desconcertante.

Justo a la mitad de la trama, ese tono jovial se torna lúgubre y aterrador. Una mujer de la comunidad, madre de una adolescente llamada Natalia, relata cómo es que su hija desaparece con su novio y tras mucho tiempo sin tener noticias de ella, le informan que ha muerto por los abusos físicos de su pareja. El testimonio resulta tan desconcertante que la directora decidió incorporar imágenes animadas para continuar con el relato, pues ¿cómo narrar lo inenarrable por el quebranto que representa para una madre? La animación, como ejercicio creativo que abona a la forma y a la propuesta estética, también ayuda a conformar huellas en donde ha sido difícil reconstruirlas o encontrarlas, sobre realidades difíciles y dolorosas de asimilar y visibilizar (Fenoll, 2018).

Este repaso por el documental nos permite trazar temas transversales en problemáticas sociales y políticas de actualidad, como la organización política comunitaria entre mujeres para poder enfrentar los miedos o los monstruos históricos, como la violencia de género, el patriarcado y el ecocidio. Si consideramos que estos miedos son asuntos políticos y, por ende, temas de seguridad, entonces, al menos desde la acción de la escucha en colectividad, el documental es una acción política transformadora. Al mismo tiempo, el documental se convierte en una suerte de extensión de la escucha, que propicia el tiempo y el espacio para volcar los temas hacia las otredades apelando a la empatía y a la conciencia.

Referencias

Fenoll, V. (2018). Animación, documental y memoria. La representación animada de la dictadura chilena. Cuadernos.info, (43), 45-56. https://doi.org/10.7764/cdi.43.1381

Nichols, B. (2013). Introducción al documental. UNAM.

Martínez, S. (2019). Feminismo Comunitario. Una propuesta teórica y política desde Abya Yala, Servicios Sociales y Política Social, (119), 21-33.

Segato, R. (2016). La guerra contra las mujeres. Traficantes de sueños.

Zirión Pérez, A. (2017, 16 de febrero). La antropología visual y el cine etnográfico en México. Colegio de Etnólogos y Antropólogos Sociales. https://ceas.org.mx/la-antropologia-visual-y-el-cine-etnografico-en-mexico/

Obras audiovisuales documentales:

Toledo Cabrera, C. L. (Directora). (2023). Huachinango rojo / Behua Xiña’ [Película]. Cheguigo Audiovisual.

Colectivo YI Hagamos Lumbre (Directoras). (2019). Bucan tu Rhachhidu’ / Deja lo que te espanta [Película]. Fortalecimiento Comunitario Mano Vuelta A.C.

K’an, L. (Directora). (2024). Vientre de luna [Película]. Terra Nostra Films.

Realización Colectiva (Directoras). (2025). Ñaa’ ñuudoo’ naa. Mujer que es escuchada [Película]. La Activista Audiovisual Lumínica.


  1. Correo electrónico: ilse.murillo@uaq.mx
  2. Véase https://lemi.uaq.mx/ . Este laboratorio pertenece a la red de Laboratorios Nacionales de Materiales Orales, un espacio de trabajo interinstitucional para el estudio multidisciplinario de los discursos orales y las manifestaciones asociadas a ellos (gestos, sonoridad, memoria, corporalidad, ritualidad, expresiones musicales, etc.). Véase https://lanmo.unam.mx/.
  3. Disponible en https://www.youtube.com/watch?v=GASesXyqwXM .
  4. Véase https://playficvaldivia.cl/coleccion-colectivo-cine-mujer/.
  5. Algunos de los comentarios vertidos en este texto derivan del conversatorio llevado a cabo en la proyección de los cortos, en el marco de la Primera Muestra de Cine sobre Lenguas Originarias, los días 19 y 20 de noviembre de 2025, en la Facultad de Filosofía, UAQ.