Natalia De Marinis
nataliademarinis@ciesas.edu.mx
CIESAS CDMX / Lajuvi
El zumbido de los aviones, seguido por la caída de panfletos desde el aire, constituye uno de los mecanismos más recurrentes utilizados por el ejército israelí para ordenar el desalojo inmediato de una zona ante la inminencia de un bombardeo. Esta era una escena reiterada en numerosos reels de personas de Gaza que sigo en mis redes sociales desde hace más de dos años y es, en estos días, una estrategia que está siendo documentada en el sur del Líbano y suburbios de Beirut. Con la excusa de “salvar las vidas”, se ejecutan desalojos que permiten acabar con cualquier posibilidad de vida en ese territorio En cuestión de horas y a veces minutos, las familias juntan lo que pueden cargar, dejan atrás sus hogares, sus pertenencias, las fotografías, sus memorias. Los panfletos, esparcidos por el suelo, marcan el inicio de un nuevo desplazamiento. Pero la angustia se acrecienta porque ya no hay a dónde ir. La política de apartheid que mantiene Israel sobre el territorio palestino restringe severamente la libertad de movimiento de la población palestina entre Gaza y Cisjordania, incluso en los momentos más críticos de la violencia. En 2001, Israel destruyó el único aeropuerto de la Franja, lo que profundizó el cerco sobre el territorio. Las opciones del desplazamiento se acortan, se restringen a porciones cada vez más pequeñas.
La Franja de Gaza se convirtió en una prisión a cielo abierto donde los múltiples desplazamientos ocurren dentro de un mismo espacio. Esto se ha analizado como una situación de “in/movilidad” forzada, sostenida por las prácticas del colonialismo de asentamiento israelí que operan en territorio palestino desde 1948. El desplazamiento forzado y la contención/inmovilidad se convierten así en dos caras de la misma moneda del control, el exterminio y la esclavitud (Irfan, 2025).
En este contexto, la relación del desplazamiento forzado con el despojo y la limpieza étnica es evidente. Nueve de cada diez habitantes de Gaza han sido forzados a huir de sus hogares hacia lugares de confinamiento controlados, mientras las fronteras permanecen prácticamente cerradas. Hasta fines de 2025, se estimaba que aproximadamente 1.9 millones de palestinos habían sido desplazados, lo que representa cerca del 90 por ciento de la población total de Gaza.[1] La Agencia de Obras Públicas y Socorro de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en el Cercano Oriente (UNRWA) ha informado que centenares de miles de personas fueron desplazadas desde la ruptura de las treguas. Se estima que en los últimos meses hubo más de 420,000 desplazados adicionales.[2] Durante el primer año, las personas desplazadas fueron forzadas a moverse en promedio seis veces, pasando de sus hogares a campamentos improvisados y de un campamento a otro, en una huida constante dentro del mismo territorio.
Las imágenes dan cuenta de una devastación total, de un paisaje de ruinas en donde Israel niega sistemáticamente el retorno y la reconstrucción de condiciones mínimas de vida en los lugares destino (Amnistía Internacional, 2024). Con más del 50% del territorio bajo control israelí, la población permanece confinada en una franja costera cada vez más reducida, atrapada entre el mar y la destrucción.[3] El despojo ha sido consumado en amplias zonas que ya están completamente destruidas y vaciadas. En las últimas semanas, circuló un reporte que declaró a Rafah, ciudad ubicada al sur de Gaza en la frontera con Egipto, como completamente desaparecida. “Rafah ya no existe” (Rafah is gone), se titulaba este reporte que describe que, para abril de 2025, gran parte de esta ciudad milenaria había sido arrasada. Hoy, el espacio en ruinas se encuentra completamente sitiado y bajo control israelí. La mayor parte de la infraestructura que aún permanecía en pie fue destruida meses después de la declaración de un cese al [4]
Lo que ocurre en Gaza revela, de manera descarnada, múltiples aristas del fenómeno genocida. Pone en evidencia, entre otras cuestiones, cómo el desplazamiento forzado interno y la destrucción sistemática del territorio forman parte de un proyecto histórico orientado a la eliminación del pueblo palestino.[5] De esta manera, la devastación material no es separable de la intención de borrar las condiciones de posibilidad de su continuidad colectiva. La colonización de los espacios de vida, ampliamente publicitados en las intenciones del Plan de Paz para Gaza, propuesto por Donald Trump, evidencia cómo se organiza y proyecta el aniquilamiento.[6]
Tanto en Gaza como en Cisjordania, la situación de la población palestina desplazada se ve agravada, entre otras causas, debido a un vacío jurídico en el régimen internacional de protección. Esto ocurre porque la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951 establece una cláusula que excluye de sus protecciones a aquellas personas que reciben asistencia de agencias distintas de la Agencia de la ONU para los refugiados (ACNUR). En tanto los refugiados palestinos están bajo el mandato del Organismo de Obras Públicas y Socorro de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en el Cercano Oriente (OOPS/UNRWA), esta disposición ha generado una condición de excepcionalidad que limita el acceso a las garantías incluidas en el sistema internacional de refugio, a la preocupación y posible intervención global.
Sin embargo, la invisibilización del desplazamiento y de sus múltiples afectaciones no se explica únicamente por las excepcionalidades producidas por los marcos jurídicos vigentes, sino también por una mirada dominante que concentra la preocupación casi exclusivamente en las vidas que se pierden en la guerra. Tanto los medios de comunicación como, en ocasiones, las propias políticas de protección tienden a simplificar las profundas transformaciones que atraviesan quienes son desplazados, reduciendo la experiencia a un movimiento territorial y dejando en segundo plano las múltiples dimensiones del daño, como si por el hecho de sobrevivir pudieran considerarse a salvo. Como hemos analizado quienes estudiamos este fenómeno en otros territorios, quienes sobreviven atraviesan profundas desestructuraciones relacionales, mentales, identitarias y espirituales, que se agravan por las violencias estructurales que viven en los espacios destino y por la normalización de su situación, socialmente tolerada. El desplazamiento forzado implica el despojo total de aquello que da sentido y sostén a la vida familiar y colectiva. Representa un efecto poco visible de la violencia que se exacerba por proyectos de ocupación colonial, fragmentación territorial y comunidades sitiadas. Las poblaciones que han sido sistemáticamente deshumanizadas enfrentan, en el desplazamiento, condiciones de vida que las orillan a una muerte lenta.
Lo que Achille Mbembe ha denominado necro-política (Mbembe, 2016), para referirse a la política de muerte en tanto derecho de un soberano para decidir quién vive y quién muere, en los desplazamientos se amplía a una muerte que no es sólo física. Es a través de estas miradas que podemos situar el desplazamiento como un componente central del genocidio, entendiendo que el genocidio no sólo busca destruir físicamente a un grupo, sino también destruirlo en su identidad y condiciones de existencia (Feierstein, 2011).

Imágenes tomadas de Instagram (ajplus y humanitiproject). Autoría desconocida
El desplazamiento forzado como práctica genocida
En los últimos años, el desplazamiento forzado interno se ha intensificado de manera alarmante a escala global. De acuerdo con el ACNUR, en 2025 el número total de personas obligadas a huir por persecución, conflicto, violencia y violaciones a los derechos humanos alcanzó un récord histórico de más de 117 millones. De ellas, aproximadamente 67.8 millones permanecen desplazadas dentro de sus propios países, sin haber cruzado fronteras y, por tanto, sin acceder al estatuto jurídico y a los mecanismos de protección internacional previstos para las personas refugiadas.[7] Esto significa que cerca del 60% de quienes son forzados a huir lo hacen sin salir de su territorio nacional, quedando bajo la responsabilidad de los mismos Estados, muchas veces débil o inexistente.
Para muchas comunidades, el desplazamiento no supone únicamente la pérdida de la vivienda, sino un despojo territorial y vital profundo que destruye las bases materiales, sociales y simbólicas que sostienen la existencia colectiva. Supone una profunda ruptura de las tramas comunitarias, de las memorias ancladas al territorio y de formas de vida que han sido arrasadas por la violencia (De Marinis, 2017; Hernández Soc, 2019; entre otrxs). La experiencia prolongada del desarraigo implica una reconfiguración radical de la vida cotidiana, de los vínculos sociales y de las condiciones materiales de existencia en las que se estructura el presente y se posibilita proyectar horizontes de futuro.
Lo que ocurre hoy en Gaza permite advertir con claridad que el desplazamiento no es un efecto colateral de la guerra, sino que forma parte de una política orientada a la destrucción sistemática de un pueblo. Sin embargo, aunque estas afectaciones son evidentes en el desplazamiento forzado, en muy pocas ocasiones ha sido asociado con el genocidio.[8]
En Latinoamérica, algunos casos nos permiten ver estas articulaciones planteadas tanto desde reflexiones académicas como de marcos jurídicos que han permitido gestar procesos de condena por genocidio. En el conflicto armado guatemalteco, las masacres, la violencia sexual, torturas, las llamadas “políticas de tierra arrasada” y los desplazamientos masivos fueron reconocidos como componentes del genocidio perpetrado contra los pueblos indígenas, principalmente contra el pueblo maya Ixil, en el juicio por genocidio contra Ríos Montt, en 2013. Este proceso jurídico abrió importantes reflexiones que permitieron reconocer la movilidad forzada como parte de una clara intencionalidad de exterminio, que fue más amplia en el tiempo, comparada con los momentos específicos de la violencia extrema (Velázquez Nimatuj, 2014).
Como otro ejemplo, en la construcción de demandas más recientes por parte de pueblos indígenas en Argentina, se han elaborado sentencias vinculadas a masacres dentro del marco más amplio del genocidio indígena durante inicios del siglo XX.[9] Actualmente, se destaca un proceso incipiente que vincula la política militar de exterminio de población mapuche en el sur de Argentina con las masacres, confinamientos y procesos de movilidad forzada que obligaron a las personas, sobre todo a niñxs, a vivir bajo regímenes de explotación laboral en las ciudades (Kropff, Iñigo y Vivaldi, 2025).
Estos casos, mencionados muy brevemente, han permitido gestar debates alrededor de cómo se comprende el genocidio en la práctica y qué papel ocupan los desplazamientos forzados, generalmente invisibilizados. Estos antecedentes muestran que el desplazamiento forzado puede operar como tecnología de destrucción colectiva y que el genocidio se prolonga con la muerte lenta que provocan los desarraigos y las afectaciones profundas que sufren pueblos enteros. El desplazamiento no es tanto un efecto del genocidio sino su componente central.
En México, el desplazamiento forzado masivo de población indígena, sobre todo en los estados del sur del país, fue caracterizado como un proceso de etnocidio (Mercado Mondragón, 2014). Entre otras lecturas, la mirada cercana y situada de la antropología ha abonado a la comprensión de los impactos diferenciados, mostrando que no se trata sólo de un fenómeno humanitario coyuntural, sino de un proceso histórico vinculado al despojo territorial y a la reconfiguración forzada de la vida social. Para que esto ocurra, se normalice y sostenga socialmente, se requiere de una acumulación de prácticas de deshumanización de los grupos, algo que enfrentan particularmente los grupos indígenas y racializados del país. Estos análisis han evidenciado afectaciones identitarias, políticas, espirituales y existenciales que suelen quedar en las sombras cuando las masacres y la muerte física ocupan el centro de la escena y el debate público (De Marinis, 2024).
Al ampliar la categoría de genocidio a los fenómenos de desplazamiento e inmovilidad forzada se desestabilizan las concepciones lineales y episódicas del exterminio. El desplazamiento forzado da cuenta de una temporalidad lenta, acumulativa y estructural del genocidio; esto es, un continuum de exterminio que se despliega de manera silenciosa y permanente a través del desarraigo sistemático, la fragmentación comunitaria y la erosión de las bases territoriales, espirituales y culturales que sostienen la continuidad histórica de los pueblos. ¿Cómo elaborar una reflexión crítica capaz de nombrar estas formas de aniquilamiento tan naturalizadas? ¿Cómo pensar el desplazamiento no sólo como consecuencia de la violencia, sino como parte de una tecnología contemporánea del genocidio?
Lo que ocurre en Gaza no es una excepción, sino la expresión de lógicas de destrucción que también estamos documentando en otros contextos, aunque operen con menor visibilidad y de manera más silenciosa. La permisividad global que está abandonando al pueblo palestino a un destino que parece cada vez más difícil de revertir amplía los márgenes de lo que el orden internacional está dispuesto a tolerar. Cuando la destrucción sistemática de la vida colectiva no encuentra límites, la violencia se normaliza al punto de que puede ser replicada en otros territorios y contra otros pueblos. En este sentido, Gaza está operando como una advertencia al mundo, porque pone a prueba los marcos jurídicos, humanitarios y morales construidos tras las catástrofes del siglo XX. Lo que allí se permite, se legitima o se deja impune redefinirá las condiciones de posibilidad de futuros procesos de exterminio, desplazamiento y desposesión en cualquier otro lugar del planeta.
Referencias citadas
Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) (2025, 12 de junio). Tendencias globales. https://www.acnur.org/tendencias-globales
Amnistía Internacional (2024). El desplazamiento forzado masivo en Gaza pone de relieve la necesidad urgente de que Israel respete el derecho de retorno de la población palestina. https://www.amnesty.org/es/latest/news/2024/05/mass-forced-displacement-in-gaza-highlights-urgent-need-for-israel-to-uphold-palestinians-right-to-return/https://www.amnesty.org/es/latest/news/2024/05/mass-forced-displacement-in-gaza-highlights-urgent-need-for-israel-to-uphold-palestinians-right-to-return/
Bshara, K. (2025). Settler Colonialism Rebranded: Trump’s Gaza Plan and the Capitalist Logic of War. Journal of Palestine Studies, 54 (1), 62–70. https://doi.org/10.1080/0377919X.2025.2489264
B’etselem – The Israeli Information Center for Human Rights in the Occupied Territories (2025). Our Genocide. https://www.btselem.org/publications/202507_our_genocidehttps://www.btselem.org/publications/202507_our_genocide
De Marinis, N. (2017). Despojo, materialidad y afectos: La experiencia del desplazamiento forzado entre mujeres triquis. Desacatos, 53, 98-113. https://doi.org/10.29340/53.1693
De Marinis, N. (2024). Violencias acumuladas y desarraigos múltiples: enfoques críticos para la documentación y análisis del desplazamiento forzado en México. Desacatos, 75, 76-83.
Feierstein, D. (2011). El genocidio como práctica social: entre el nazismo y la experiencia argentina. Hacia un análisis del aniquilamiento como reorganizador de las relaciones sociales. Fondo de Cultura Económica.
Granados, S., Rasgon, A., Abuheweila, I. y Varghese, S. (2026, 12 de junio). Israel Is Still Demolishing Gaza, Building by Building. The New York Times. https://www.nytimes.com/interactive/2026/01/12/world/middleeast/israel-cease-fire-gaza-demolition.html
Hernández Soc, A. (2019). De Tierra Caliente a la Sierra y Costa Chica de Guerrero: Desplazamiento interno forzado. Revista Cultura y Representaciones Sociales, 14(27), 143-183. https://doi.org/10.28965/2019-27-05
Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (Inai) (s/f). Sentencia de Napalpí. https://www.argentina.gob.ar/derechoshumanos/inai/sentencia-napalpi
Irfan, A. (2025). Settler Colonialism and the Displacement/Immobility Nexus: Israeli Policy in Gaza Since 1948. Journal of Genocide Research, 1-17. https://doi.org/10.1080/14623528.2025.2547445
Kropff, L., Iñigo Carrera, V. y Vivaldi, A. (comps.) (2025). Movilidades obligadas. El desplazamiento a las ciudades como efecto del genocidio indígena. Editorial UNRN.
Mbembe, A. (2019). Necropolitics. Duke University Press.
Mercado Mondragón, J. (2014). El desplazamiento interno forzado entre pueblos indígenas: discusión para la elaboración de políticas públicas para su atención. El Cotidiano, (183), 33-41.
Organización de las Naciones Unidas (ONU) (1948) Convención sobre la Prevención y el Castigo del Crimen de Genocidio. https://www.ohchr.org/es/instruments-mechanisms/instruments/convention-prevention-and-punishment-crime-genocide
United Nations Relief and Works Agency for Palestine Refugees in Near East (UNRWA) (2025). Report 187 on the Humanitarian Crisis in the Gaza Strip and the occupied West Bank, including East Jerusalem. https://www.unrwa.org/resources/reports/unrwa-situation-report-187-situation-gaza-strip-and-west-bank-including-east-jerusalemhttps://www.unrwa.org/resources/reports/unrwa-situation-report-187-situation-gaza-strip-and-west-bank-including-east-jerusalem
Velázquez Nimatuj, I. (2014, 22 de enero). El genocidio frente a la historia y la memoria. Plaza Pública. https://www.plazapublica.com.gt/content/el-genocidio-frente-la-historia-y-la-memoriahttps://www.plazapublica.com.gt/content/el-genocidio-frente-la-historia-y-la-memoria
- UNRWA (2025). ↑
- UNRWA (2025). ↑
- Granados, Rasgon, Abuheweila y Varghese (2026). ↑
- “Rafah has gone”, publicado en Instagram el 18 de febrero de 2026. ↑
- El reporte “Our genocide”, de la organización B’etselem – The Israeli Information Center for Human Rights in the Occupied Territories (2025) plantea diferentes características que permiten identificar los hechos en Gaza como genocidio. Entre ellas destacan “ciudades enteras borradas, el sistema de salud destrozado, instituciones educativas, religiosas y culturales destruidas, más de 2 millones de personas desplazadas por la fuerza, y multitudes asesinadas y sometidas al hambre”. Plantea que, en su conjunto, todas estas prácticas constituyen una búsqueda coordinada de destruir a la sociedad, creando a su vez condiciones de vida catastróficas que impidan la continuidad de su existencia en ese territorio. ↑
- Para un análisis de este proyecto, en el marco histórico del colonialismo de asentamiento en Gaza, ver Bshara (2025). ↑
- Información extraída de ACNUR (2025), Tendencias globales, disponible en https://www.acnur.org/tendencias-globales ↑
- Jurídicamente el genocidio se definió en 1948 en la Convención sobre la Prevención y el Castigo del Crimen de Genocidio de la ONU, cuyo artículo II lo definió como: “cualquiera de los siguientes actos, perpetrados con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso: a) matanza de miembros del grupo; b) lesión grave a la integridad física o mental de sus miembros; c) sometimiento a condiciones de existencia que acarrearían su destrucción física; d) medidas para impedir nacimientos en el grupo; e) traslado forzoso de niños a otro grupo” (ONU, 1948). ↑
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Por ejemplo, ver las menciones al genocidio en la sentencia de Napalpí: https://www.argentina.gob.ar/derechoshumanos/inai/sentencia-napalpi ↑