‘Ukári Waikamete: una cartografía del espacio urbano
en la ciudad de Guadalajara

Erika Jocelyn Ramos Aréchiga[1]
Universidad de Guadalajara

Fotografía de ‘Ukari Waikamete, 26 de marzo 2023.

Resumen

En Guadalajara, la forma en que habitamos sus particularidades varía dentro de una paleta de colores que va desde tonalidades sepia y escalas cálidas de amarillos, hasta el negro del asfalto y el gris del brutalismo contemporáneo. No obstante, existe una excepción: una parte de la ciudad que oculta, entre colores vibrantes, geometrías y texturas estampadas —y/o bordadas—, los cuerpos que habitan una realidad serrana urbanizada.

El presente texto tiene como objetivo narrar, brevemente, los procesos de movilización que la comunidad Wixáritari ha atravesado desde el desarrollo de su participación deportiva comunitaria en la Zona Metropolitana de Guadalajara, abordando su identidad, territorio y diversidad, examinando su participación en deportes, organización social y resistencia cultural frente a los desplazamientos y desafíos políticos y de género, lo que propició la organización de ligas deportivas Wixáritari en la Unidad Deportiva Adolfo López Mateos.

Desde una perspectiva de género, se empleó una metodología cualitativa para la construcción de un análisis interpretativo y subjetivo, basado en las etnografías realizadas en la liga de baloncesto femenino ‘Ukári Waikamete. Este análisis tiene como finalidad demostrar, a través de siete casos específicos,[2] la lucha por derechos, autonomía y reconocimiento en espacios urbanos y públicos frente al desplazamiento forzado promovido tanto por el Estado como por un sector de la población urbana.

Palabras clave: espacio urbano; deporte; conflicto étnico; violencia de género; migración.

I. El pueblo y comunidad Wixáritari

Para delimitar geográfica, ecológica, histórica, lingüística y culturalmente a la comunidad Wixáritari (plural, huicholes) y Wixárika (singular, huichol), tradicionalmente se ha recurrido a la descripción del asentamiento en la Sierra Norte de Jalisco o Sierra Madre Occidental, tal como lo hizo hace más de cien años el primer etnógrafo moderno, Carl Lumholtz (Jáuregui, 2008).

El territorio de los y las Wixáritari comprende cinco comunidades cabecera, que corresponden a pueblos o rancherías: Tuxpan de Bolaños, San Sebastián Teponahuaxtlán, Santa Catarina Cuexcomatitlán, San Andrés Cohamiata, en Jalisco, y Guadalupe Ocotán, en Nayarit. Es importante destacar que, aunque los huicholes compartan una misma identidad étnica, no constituyen un grupo homogéneo en términos de prácticas y consensos; son una etnia que puede entenderse como parte de una comunidad culturalmente integrada, pero caracterizada por su diversidad interna.

En este contexto, se presentan dos enfoques distintos de observación territorial. El primero se refiere a la delimitación del espacio regional de los Wixáritari, mientras que el segundo aborda las fronteras identitarias de sus comunidades. La integración de estos planteamientos puede ofrecer una base para comprender cómo los Wixáritari se incorporan al espacio urbano de Guadalajara, y de qué manera, en ese proceso, se consolidan como una comunidad unificada dentro de la ciudad, con el ejemplo del caso de la Unidad Deportiva López Mateos.

Explorar las diferencias en las relaciones intergrupales entre los Wixáritari y el resto de la población urbana da paso a la interrogante de si, incluso en el contexto citadino, es posible hablar de grupos comunitarios que reproduzcan las formas de vida y la organización residencial propias de la Sierra. La construcción del territorio Wixárika no sólo permite analizar la reorganización política y ceremonial de estas comunidades, sino que también evidencia la fragmentación territorial (Téllez, 2005) y la diáspora dentro de la ciudad (Ramos Aréchiga, 2025).

II. Antecedentes deportivos de la comunidad Wixáritari en la Zona Metropolitana de Guadalajara

La historia de la comunidad Wixáritari en la Zona Metropolitana de Guadalajara, centrada en sus desplazamientos y actividades deportivas, indica que llegaron a Zapopan en la década de 1970 para estudiar en una secundaria dirigida por el sacerdote franciscano Ignacio Ramírez, cerca de un espacio llamado “Tecolandia”, donde solían jugar antes de trasladarse a Los Colomos. Hacia finales de los años setenta, estos terrenos fueron urbanizados y convertidos en una unidad deportiva que conserva ese nombre (Calderón, 2010).

En 1981, la comunidad se mudó al Parque Canarios en la colonia Tepeyac, donde improvisaron canchas de tierra y participaron en torneos con la población mestiza, aunque eventualmente dejaron de hacerlo (Calderón, 2010). En 2008, después de 27 años, fueron reubicados en el Parque Ávila Camacho, pero también tuvieron que abandonar este espacio debido a las remodelaciones por los Juegos Panamericanos de 2011. Este lugar, conocido por los Wixáritari como “La Curva”, fue su tercer espacio deportivo principal y el que más tiempo han habitado. Además, en el complejo deportivo del ex Estadio Panamericano de Atletismo, remodelado en 2014 como Estadio Panamericano de Los Charros de Jalisco, las canchas de tierra fueron utilizadas por la comunidad para jugar futbol, voleibol y baloncesto (Calderón, 2010).

En cuanto a la participación de género, Toño señala que inicialmente solo los hombres jugaban futbol, mientras las mujeres apoyaban desde las porras; sin embargo, Amarilla indica que las mujeres comenzaron a involucrarse más con el tiempo. Rosita comenta que ha habido cambios sustanciales, con más mujeres participando en las actividades deportivas.

Finalmente, ante la construcción del estadio de béisbol y la reubicación fallida en el Parque Ávila Camacho, la comunidad encontró en la Unidad Deportiva Adolfo López Mateos (UDALM) un nuevo espacio intermedio para continuar sus actividades en la zona, buscando mantener su presencia y actividades deportivas en la región.

Allí era la dinámica totalmente diferente que ahora, porque allí la dinámica la hacía una Wixárika, de hecho, es mi amiga y se llama Adriana. Ella hacía los eventos, ella traía varios lugares, los equipos, los estudiantes… o sea, de Tepic los estudiantes, o sea, ellos traían puro Wixáritari. Acá estudiantes, acá Tepic estudiantes, pus nosotros aquí en Guadalajara, pero pues lógicamente nosotros (todos éramos mamás), pero convivimos todos juntos y organizaba una […] cómo te diré, una comida. Ninguna preferencia, ni nada, todo por igual, todo por igual. Nos daban de comer, bebida, o sea, todo. (Entrevista con Plata, 30 de abril de 2024)

III. La Unidad Deportiva Adolfo López Mateos y la liga ‘Ukári Waikamete

La liga femenil de baloncesto ‘Ukári Waikamete’, que en Wixárika significa “mujeres que juegan”, se reúne todos los domingos[3] en la Unidad Deportiva Adolfo López Mateos en Guadalajara. Con una historia de más de 17 años, fue en 2015 cuando empezó a organizarse formalmente como una liga deportiva femenina. La infraestructura de la Unidad Deportiva tiene registros que sugieren su construcción en 1962 y su inauguración en 1964 (Bravo del Río, 2014) o, según otros datos, fue creada e inaugurada en 1964 (Colonia del Fresno, 2016). El diseño principal fue obra del arquitecto Alejandro Zohn. La comunidad local la conoce como “La Unidad” o simplemente “Unidad Deportiva”.

Ubicada en la Colonia Colón Industrial, al suroeste de Guadalajara, la UDALM se encuentra en la intersección de la Calzada Lázaro Cárdenas y la Avenida Cristóbal Colón, junto a la estación “Unidad Deportiva” del Tren Ligero, que lleva su nombre. El complejo cuenta con instalaciones de alto rendimiento, como un velódromo, una alberca, canchas de futbol, baloncesto, voleibol, además de canchas de frontón y frontenis, estas últimas muy usadas por los trabajadores de la zona industrial antes de recientes remodelaciones.

El Consejo Estatal para el Fomento Deportivo (CODE) de Jalisco reconoce a la Unidad Deportiva como un polideportivo que ofrece disciplinas como atletismo, baloncesto, frontenis, futbol, gimnasia rítmica y natación, tanto para adultos como para niños, actividades que se han practicado allí por más de 50 años. Recientemente, también se han incorporado clases de baile de ritmos latinos. El CODE ha establecido un reglamento para garantizar la superación deportiva, el buen uso y el mantenimiento de las instalaciones, promoviendo un comportamiento que preserve en buen estado los espacios y facilite su conservación (Bravo del Río, 2014; Colonia del Fresno, 2016).

Desde las 15:00 horas comienzan los enfrentamientos deportivos en la UDALM, aunque desde el mediodía se observa su llegada, convivencia y entrenamiento. Los asistentes llegan en familia, con amigos o solos, cargados de objetos como pelotas, comida y bocinas. En su ingreso se encuentran con puestos de dulces y una fuente de sodas. En un parque cercano, conviven infancias Wixáritari y no indígenas, aunque sin interacción lúdica significativa. De igual forma, se mantiene, en las actividades deportivas de los Wixáritari, la separación por género: los hombres juegan futbol en la cancha de césped, mientras que las mujeres participan en partidos de baloncesto en la cancha de cemento.

Las personas no indígenas suelen participar en actividades en la piscina o clases de baile, mientras que los Wixáritari ocupan principalmente las canchas deportivas, especialmente la segunda cancha de basquetbol es para ellas y la primera y tercera para el público en general. Entre las canchas hay gradas donde los jóvenes Wixáritari apoyan a sus equipos, socializan, comen y beben cerveza, en un espacio con sombra bajo árboles, donde también juegan niños.

Los equipos de baloncesto están organizados y participan en torneos relámpago o en la liga oficial, dependiendo de la asistencia femenina, pues muchas viajan en vacaciones para visitar a su familia o celebrar rituales en sus comunidades. La vestimenta de las mujeres es tradicional, con faldas y blusas bordadas, aunque también usan uniformes deportivos en partidos, acompañados de calzado variado, accesorios y peinados no específicos. Los hombres, en cambio, no usan trajes tradicionales y visten ropa casual o uniformes deportivos, portando también morrales bordados que representan su identidad cultural.

La convivencia entre géneros es limitada, ya que permanecen separados durante las actividades deportivas, que dividen a hombres y mujeres en futbol y baloncesto, respectivamente. Las asistentes femeninas disponen de espacios propios, generalmente en el suelo, al ras de la cancha, y la interacción entre equipos es escasa, limitándose a sus integrantes —muchas veces familiares o de la misma comunidad—. Los equipos se agrupan por características como edad, maternidad, nivel socioeconómico y filiación de parentesco/regional, formando comunidades delimitadas y manteniendo cierta segregación según su estatus, actividades, oficios o parentesco.

Yo siempre he ido a jugar [a la UDALM] desde que llegué yo aquí Guadalajara, desde que tenía 17 años, yo empecé a jugar en la UDALM, yo siempre toda mi vida he ido a jugar ahí y allá en Zapopan. A veces íbamos a jugar allí en Zapopan y a veces en la UDALM, pero siempre he jugado en las dos partes, Zapopan y aquí. Sí [fui de las primeras jugadoras en la UDALM]. Adriana, Mari —la esposa de Marcos—, son de las primeras que empezaron a jugar en la UDALM. Yo aquí jugando tengo 21 años y de la liga jugando tengo apenas siete años. Nosotros ya jugábamos [antes de que se creara la liga] pero no como la liga, no, como amistoso nada más. A veces, había torneos relámpago, pero rara veces. A veces, aquí en la López Mateos y a veces allá en La Curva. Pero sí, como ahora no es, era totalmente diferente. No era liga ni nada de eso, si había equipo no habíamos muchos. (Entrevista con Rosita, 30 de enero de 2025)

IV. El juego de la organización: entre la invisibilidad y la toma de decisiones

La unión entre las autoridades de la sierra y las comunidades indígenas en la ciudad puede ser un factor clave para fortalecer a la comunidad indígena, promoviendo una mayor participación y organización política. Cuando estas autoridades trabajan juntas, comparten conocimientos, recursos y estrategias para defender los derechos y necesidades de sus pueblos. Así fue con el comisariato y autoridades tradicionales de San Andrés Cohamiata.

Esta colaboración fomentó un sentido de unidad y empoderamiento, permitiendo que las comunidades indígenas tuvieran una voz y presencia más fuerte en los espacios públicos y en la toma de decisiones. Además, al unirse —la sierra y la ciudad—, se crearon redes de apoyo que facilitaron la participación en procesos políticos, fortaleciendo su capacidad de organización y resistencia. En conjunto, esta alianza contribuyó a preservar su identidad cultural y a promovió cambios positivos en sus comunidades.

Cuando llegó la comunidad Wixáritari a la UDALM, la organización estaba debilitada por toda la movilización que debieron hacer para establecerse en un nuevo espacio. En la Unidad se limitaron a lo lúdico; las reuniones que había eran más para reunirse y hablar de los torneos, cuestiones del reglamento, de aclaraciones, y a eso se circunscribió mucho el espacio público de la unidad deportiva, al deporte.

En algún momento, recuerdo que se hacían reuniones para hablar de todo lo demás, de estas cosas que son importantes como ciudadanos Wixáritari aquí en Guadalajara, pero casi siempre fue muy difícil porque la gente va a jugar allá no está en ese, en esa clave para reunirse, entonces como que nunca se logró muy bien (Toño)

La creación de la liga femenil de basquetbol es muy importante porque con su inicio se marcó un periodo en la organización de la comunidad Wixáritari que coincidió con la finalización del comisariado y la división de la asamblea comunitaria en la ciudad en dos comités: uno de los Wixáritari en el futbol y el otro de las Wixáritari en el básquetbol. Asimismo, las mujeres Wixáritari fueron las que permitieron la entrada de “mestizos” a su organización e hicieron que formaran parte del comité; esto último es algo por lo que ya habían luchado los Wixáritari en la Unidad Deportiva del Parque Canarios y que, al llegar a la Unidad López Mateos, se quebrantó.

No sólo se fragmentó la comunidad entre dos deportes, se fracturó entre dos géneros y entre dos mundos de vida. La hazaña que habían logrado los gobernantes de la Sierra en la ciudad se desplomó junto con la organización política de la comunidad Wixáritari urbana en la Zona Metropolitana de Guadalajara. Se esfumó con el ideal de que los mestizos no intervinieran en las decisiones de los y las indígenas Wixáritari.

El separatismo y las relaciones de género entre la comunidad Wixáritari más allá de estar generando nuevas organizaciones entre las mujeres, están fungiendo como un contenedor de tensiones y conflictos. Los cuestionamientos hacia la organización política interna han llevado a las mujeres a diversificar el pensamiento de su papel en la comunidad Wixárika y en la ciudad. La violencia de género que sufren no sólo está en sus hogares, las invade en los espacios públicos, en espacios que en principio comenzaron a utilizar para divertirse, reunirse y visibilizarse como una comunidad de pueblos unidos y organizados que exigen su pertenencia y derechos ciudadanos. Como menciona Dorada (entrevista, 1 de mayo de 2024):

[Es una creencia difundida que] las mujeres no tienen por qué estudiar, deben servir a los hombres, el estudio no es importante. [Sin embargo], las mujeres somos jícaras, el sostén de la familia, somos matriarcas [y aun así] las mujeres que más sufren son las que están allá, en la Sierra.

Rojita (entrevista, 29 de abril de 2024) reafirma el papel tan importante de la mujer en la cultura Wixáritari y el rol que se le asigna desde que una niña nace y es recibida por la familia y la comunidad:

La mujer es muy importante para una fiesta tradicional. O sea, nada más lo hace la mujer, no puede hacerlo nadie más. Pues le dan su bienvenida y todo ¿No? Entonces cuando se convierte en un ser ya pues mayor y quiere tener su familia, la mujer le toca […] ¿Cómo te lo podría decir? Le hacen como una jícara, es la jefa de la familia, por decirlo así. Le dan un xukuri, se llama, y en ese xukuri lleva a toda su familia, por ejemplo, a su esposo, si tiene, no sé, ganado por decirlo así, o sea si tienen animalitos, si tienen hijos, todo va en esa jícara, entonces cada vez que hay alguna fiesta de la familia ahí, la mujer tiene que estar presente con su jícara porque es la que lleva ¿No? A esa familia haz de cuenta. También el hombre tiene su rol, pero la mujer es muy importante porque se supone que es eso, es alguien muy muy importante de […] sí es la jefa, la mujer lleva casi todo, todo, todo, todo. Entonces a raíz de eso, por eso le toca que hacer el tejuino, que las tortillas, que porque se supone que […] pues es por esa razón ¿No? De que ella lo lleva todo, se supone.

¿En qué momento la mujer Wixárika abandona su poder como mujer matriarca, jícara de la creación, de los cuidados de la familia y lo que da vida y se inscribe en las dinámicas de la violencia desigual entre mujeres y hombres para ser devaluada a una mera utilidad de la vida reproductiva del trabajo doméstico, delegando su poder en la ciudad y su capacidad de agente de cambio cultural y político? ¿realmente delega?

Otro factor de violencia de género que hay en la Unidad entre hombres y mujeres Wixáritari, se suscita por el consumo de alcohol dentro de las instalaciones, que es muy difícil de combatir. A pesar de los esfuerzos que se han hecho desde que estaban los y las Wixáritari en La Curva es un hábito muy común y arraigado en la cultura dominical. Si bien se ha enfocado esta problemática en los reglamentos internos deportivos, los cuales se enriquecen con cada edición del comité, no hay una regulación de los estragos de violencia física, verbal y psicológica que se vive dentro de la comunidad.

Del mismo modo, las compañeras manifiestan una profunda desunión fuera de los encuentros deportivos y aun conviviendo en un mismo espacio; describiendo cómo es que los reglamentos que se crearon en la UDALM de alguna manera lograron desarticular las dinámicas de cooperatividad que tenían en La Curva los y las Wixáritari. Dichas actividades eran más libres, puesto que asistían cuando querían o podían. El juego era más un pretexto para la libre asociación y no un ejercicio central, aunque estuvieran en una unidad deportiva.

El objetivo de la liga ‘Ukári Waikamete, supervisado y creado por el comité central, de mantener la unión y la convivencia en autonomía, pareciera quedarse en el discurso y no en la práctica. Sin embargo, es un proceso complejo, e incluso no es una disertación que esté siendo impulsada por las Wixáritari.

Aquí lo que hace falta es hacer más convivios, más unirnos, como la unidad. Porque donde yo sé, más donde conviven es en la unidad que otra parte. Yo diría, eso es lo que hace falta, o sea, la unión de Wixáritari, la unión de […] ¿Cómo te diré? Pero no obligación, porque a veces […] Yo, pues yo mi forma de pensar, yo lo tomo en la unidad como obligación, no porque yo quiera, porque nos exigen varias cosas y yo digo que no sea obligación para Wixáritari […] Como así, o sea, voluntariamente quien quiera convivir con Wixáritari lo haga. Sin obligación, sin nada, que le nazca a convivir con su propia gente, pues. […] yo me siento obligada cuando voy a la unidad porque tenemos ciertos reglamentos en la unidad. Yo por eso digo, yo mi forma de pensar, que hicieran esos convivios pero que no sean obligatorios. […] Pero, te anotas en la liga, anotas tu equipo, pero tienes estos reglamentos, blablablá. O sea, tienes que jugar tantas jornadas para jugar finales. Eso es lo que a mí no me entra porque según la liga, lo hicimos para convivir, no para tener obligaciones, eso es lo único que a mí no me gusta de la unidad, es el único. (Entrevista con Blanquita, 1 de mayo de 2024)

Verde menciona que estas dejaciones tienen su origen en la Sierra porque no las dejan ser quienes realmente son, o como quieren ser, porque las ven mal al primer intento de expresarse y prefieren quedarse calladas.

Pues no puedo hacer esto, no puedo decir esto porque pues no me toca, como que te sientes menos, no sé por qué. En la ciudad, como vemos, ya ves ¿No? De que marchas por las mujeres, de que noticias, de que tenemos derechos y como que te da […] dices: «Ah no, pues aquí hay más oportunidades, yo puedo expresarme y decir lo que yo quiera”. (Entrevista con Verde, 30 de enero de 2025)

Al ver que en la ciudad más que justicia por lo menos puede haber visibilidad, son contadas las chicas que se atreven a alzar la voz. Aunque su propia comunidad, de mujeres, en la ciudad, las vea mal por expresarse y pronunciarse en contra del silencio, que Verde asume como consecuencia del maltrato psicológico que reciben desde niñas, aunado a cómo son criadas por sus madres, lo que les forma una mentalidad intencionada o predispuesta.

V. Desplazamiento forzado y resistencia urbana

El proceso organizativo de los cambios de unidades deportivas de la comunidad Wixáritari de la Zona Metropolitana de Guadalajara se vincula directamente con la organización para la gestión de espacios públicos para la venta de artesanía. Asimismo, la agrupación de la comunidad Wixáritari urbana que inició en la Unidad Deportiva de La Curva fue la que permitió la manifestación en la que se pronunciaron jóvenes y viejos, hombres y mujeres indígenas contra del uso de la mascota oficial de los Juegos Panamericanos XVI. La imagen de una venada, “Huichi”, fue negada por los y las Wixáritari. Los motivos eran claros, no sólo estaban enfrentando el despojo de los espacios públicos recreativos sino el despojo de su territorio sagrado en San Luis Potosí, mejor conocido como Wirikuta. El descontento les hizo externar la indignación del mal uso de la apropiación —en lugar de la apreciación—cultural de sus tradiciones.

En la nota periodística de Alberto Nájar (2011), menciona la posición de Toño en contrapunto de lo que el entonces gobernador de Jalisco, Emilio González, mencionó, ya que este creía que era una representación de “los pueblos originales […] orgullo de todos nosotros», mientras que por otra parte el pueblo Wixárika estaba siendo ignorado una vez más.

Cabe señalar que para elegir a las tres mascotas oficiales el gobierno hizo una “consulta” ciudadana a quince mil personas y reconoció que no pidieron la autorización de los pueblos y comunidades Wixáritari para utilizar y descontextualizar una figura sagrada. Por el contrario, la respuesta del comité organizador de los juegos panamericanos fue que no abordarían el tema. Así fue como “Huichi” se presentó al mundo en la inauguración de los XVI juegos el 14 de octubre de 2011, y como la comunidad Wixáritari urbana se desplazó a la Unidad Deportiva Adolfo López Mateos.

Los desplazamientos cartografían una movilización de la parte con más desarrollo económico-infraestructural de la Zona Metropolitana de Guadalajara, la ciudad de Zapopan, a la UDALM en Guadalajara. Se puede ver a este espacio como un lugar donde se reúne la diáspora Wixáritari y donde los cuerpos son representaciones de diferentes procesos temporales que negocian el pasado, el presente y el futuro en la ciudad. Estos van desde la apropiación de los espacios públicos que desafían la legitimidad del orden al organizarse para exigir áreas para venta de artesanía y recreación deportiva, y para ejercer la responsabilidad ciudadana que a ellos les compete al manifestarse ante el gobierno estatal y lograr que éste tome en cuenta sus opiniones y peticiones culturales en vez de debilitar la organización social con desplazamientos y reubicaciones injustificadas que terminan afectando en la interacción de hombre y mujeres, propiciando más el conflicto de género que la autonomía comunitaria.

Los procesos analizados, aunque brevemente, evidencian la compleja interacción entre la delimitación territorial, la construcción identitaria, la organización social, política y cultural de los Wixáritari en la metrópoli. La resistencia frente a amenazas externas, la reconfiguración de roles de género y las dinámicas de desplazamiento muestran su capacidad de adaptación y resistencia. Estas experiencias reflejan la importancia de reconocer y valorar sus formas de organización y expresión cultural, promoviendo un diálogo respetuoso que fortalezca su ciudadanía étnica y sus derechos en contextos urbanos y rurales.

Referencias

Bravo del Río, C. H. (2014, 24 de octubre). Unidad Deportiva Adolfo López Mateos. Diseño estructural II. CUAAD. https://es.slideshare.net/slideshow/unidad-deportiva-lopez-mateos/40701934

Calderón Torres, A. (2010). Territorios en pugna y reconfiguración del espacio público: indígenas Wixaritari (huicholes). En D. Sagástegui (coord.). Guadalajara, Ciudad, espacio público y sociabilidad (pp. 291-322). Universidad de Guadalajara.

Colonia del Fresno (2023, 21 de febrero). Unidad deportiva Adolfo López Mateos: Fotos e historia. https://www.coloniadelfresno.com/2016/09/unidad-deportiva-adolfo-lopez-mateos.html

Jáuregui, J. (2008). La región cultural del Gran Nayar como “campo de estudio etnológico”. Antropología. Revista Interdisciplinaria Del INAH, (82), 124-150.

Nájar, A. (2011, 23 de septiembre). Huichi, la polémica mascota de los juegos panamericanos. BBC News Mundo. https://www.bbc.com/mundo/noticias/2011/09/110921_huichi_juegos_panamericanos_an

Ramos Aréchiga, E. J. (2025). De la Sierra Madre Occidental a la Ciudad de Guadalajara: Estrategias Políticas y Culturales para acceder a la Ciudadanía Étnica. El caso de ‘Ukári Waikamete en la Unidad Deportiva Adolfo López Mateos [Tesis de maestría]. Universidad de Guadalajara.

Téllez, V. (2005). Territorio, gobierno local y ritual en Xatsitsarie: Guadalupe Ocotán Nayarit [Tesis de doctorado]. El Colegio de Michoacán. http://colmich.repositorioinstitucional.mx/jspui/handle/1016/441


  1. Correo electrónico: mosarechi@aol.com
  2. Para cuidar la identidad de las mujeres entrevistadas se hace uso de seudónimos que intercambian sus nombres por el uso de un color (Plata, Rosita, Dorada, Rojita, Blanquita y Verde).
  3. En un calendario escolar y agro-ritual.