Reseña de De la revolución a la armonía, diario
de un viaje a China
(2016) de Roger Bartra

Eduardo Tzili-Apango[1]
UAM-Xochimilco

En un artículo de 2019 Romer Cornejo, gran estudioso de China contemporánea y quien fuera mi profesor y asesor de tesis de maestría, recomienda leer el escrito De la revolución a la armonía, diario de un viaje a China de Roger Bartra, pues parece ofrecer una visión refrescante ante la pesada influencia cultural que China ejercía sobre algunas personalidades mexicanas, quienes eran invitadas al país asiático por el gobierno chino, y regresaban maravilladas por el trato y el panorama de desarrollo en el país asiático (Cornejo, 2019: 900). De hecho, el viaje de Bartra fue principalmente orquestado por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), lo que probablemente permitiría tener una visión ajena a la de un viaje organizado por el Partido Comunista Chino (PCCH), y por ende “más objetiva”.

Al leer este diario de viaje, en el que Bartra se propone “ofrecer una visión de la China actual a través de los ojos de los sociólogos e intelectuales chinos” (p. 5), uno ciertamente esperaría un importante esfuerzo para desentrañar una cultura y sociedad muchas veces considerada como “enigmática”, como lo es la china. Sin embargo, De la revolución a la armonía resulta más bien una visión de China a través de los ojos —a veces orientalistas— de Bartra, quien, a pesar de ser un renombrado antropólogo y sociólogo mexicano, no logra salir de los sesgos ideológicos que supone la formación intelectual en el espacio que podríamos denominar “Occidente”, al que México, por cierto, se encuentra sumamente ligado. El texto, además, adolece de numerosos errores ortográficos —sobre todo en los nombres en chino— y alguno cronológico, como la fijación del inicio de la llamada “Campaña de las cien flores” en 1937, cuando ocurrió en 1956.

El escrito relata los contenidos e impresiones de entrevistas que Bartra tuvo con intelectuales chinos, así como sus reacciones ante ciudades y lugares visitados. El viaje duró 21 días, del 23 de marzo al 13 de abril de 2014, en el que el autor visitó: 1) en Pekín, la Universidad de Estudios Extranjeros, la Universidad Tsinghua, la Academia China de Ciencias Sociales y su Centro de Estudios Mexicanos, la Universidad Renmin, la Academia de Relaciones Internacionales, la Escuela de cuadros del Comité Central del PCCH, así como barrios artísticos como los ubicados en Caochangdi y Factory 798, 2) en Shanghái, la Universidad de Fudan, la Academia China de Ciencias Sociales de Shanghái, la Universidad de Shanghái, además de sitios famosos como Pudong, y 3) Hangzhou, aunque esto fue meramente turística. Bartra se entrevistó con una veintena de académicos y artistas sobre temas como la categorización del modelo de desarrollo chino, la preocupación por el estudio de los movimientos sociales, y el papel del marxismo en la China contemporánea.

Bartra inicia su relato enfatizando la importancia de conocer a China a través de la perspectiva de quienes se dedican a la sociología, pues es una disciplina que supuestamente fue prohibida durante la época maoísta. De hecho, el autor afirma que antropología y sociología fueron “suprimidas” desde 1952 hasta 1979, siendo la Campaña antiderechista de 1957 particularmente acuciante en contra de la intelectualidad, a quien se le achacó numerosos fracasos culturales y económicos (Botton, 2001: 291). Desde este punto se revela el sesgo orientalista del autor, pues parece pensar que en el mundo solo existe un tipo de sociología, el cual está fuertemente imbuido de tradiciones intelectuales occidentales. Estudios como el de Young (1974) explican que, si bien la sociología “académica” en efecto desapareció durante el maoísmo, un tipo muy particular de sociología permaneció en China, la cual es denominada “sociología de masas”, misma que se fundamenta en prácticas y políticas sociales, y no tanto en intuición o especulación teórica.

Además de evaluar los resultados del “resurgimiento” de la sociología en China, Bartra también buscó comprender lo que él denomina las “peculiaridades de la restauración del capitalismo en China”, proceso que es “paradójicamente” guiado por el PCCH (p. 6). Esta idea vuelve a revelar ciertos sesgos ideológicos y orientalistas en el pensamiento del autor. Incluso, más adelante caracteriza al “capitalismo socialista” como un aparente “animal mitológico, como los dragones orientales […] un sistema raro y enigmático” (p. 7), justificando así la necesidad de dialogar con intelectuales chinos, ya que esto puede ser clave para “descifrar” el asunto. A pesar del diálogo con profesores de la Escuela de Estudios Marxistas de la Universidad de Renmin, quienes le explicaron que el “socialismo con caracteres chinos” se distingue por la combinación de dos modos de producción (p. 16), Bartra parece haber hecho oídos sordos al insistir en que él entiende al socialismo chino como un proceso de transición de socialismo a capitalismo.

Lo anterior refleja una forma de pensamiento muy particular que se da en Occidente y en los debates sobre el modo chino de desarrollo, el cual caracterizo aquí como el “pensamiento maniqueo”: algo solo puede ser una cosa u otra, pero no puede ser las dos, sobre todo si una de esas cosas es “mala”. Esto se puede leer incluso desde el título del texto: de la revolución se pasó a la armonía porque parece una imposibilidad ontológica la “revolución armoniosa”.

Al leer las líneas del escrito de Bartra, parece que su pensamiento maniqueo no le permite comprender que el modelo chino de desarrollo es esencialmente un ejemplo de la famosa y marxista “Ley de la unidad y lucha de los contrarios”, y gestionada por la “Teoría de las contradicciones” de Mao Zedong, teoría que de hecho aún se estudia en la Escuela central del PCCH. El sesgo ideológico se revela, pues Bartra (2014) ha manifestado cierto desdén por lo que cataloga como “las ruinas del comunismo”, y si un modelo de desarrollo es tan exitoso como el chino, parece incomodar denominarle “socialista”, o incluso “chino”. Por ejemplo, en su visita a Hangzhou el autor relata que el guía explicó los rasgos del escenario industrializado, comercial y urbano de la región, mismos que a Bartra no le parecieron “especialmente chinos” (p. 26). Habría que subrayar el que “socialismo con características chinas”, como se entiende en el país asiático, es un fenómeno exclusivamente chino, no reproducible en otras latitudes, por lo que los rasgos mencionados probablemente fueron cosas de las más chinas que vio en su viaje.

Parte del pensamiento maniqueo en De la revolución a la armonía también se observa en la insistencia de Bartra en saber el tratamiento sociológico que se les da a los movimientos sociales en China, particularmente a los lamentables sucesos ocurridos en Tiananmen en 1989. Bartra reconoce que este tema se encuentra “estrechamente vigilado y casi totalmente prohibido”, destacando incluso que “el miedo a hablar abiertamente era patente” (p. 11) aunque varios académicos entrevistados hayan expresado sus opiniones sobre el tópico. Pareciera que, para el autor, la sociología en China no puede considerarse completa si no se estudia tan fatídico suceso, pues varios colegas entrevistados confirmaron que los movimientos sociales se dan en China y son estudiados.

Debido a que Bartra cita Las Analectas de Confucio en varias partes de su obra, una probable explicación a la ausencia de una preocupación intelectual por el movimiento de 1989 puede yacer en la parte que dice “[…] si no eres capaz de servir a las personas, ¿cómo puedes servir a sus espíritus? […] si no conoces a la vida, ¿cómo puedes conocer a la muerte?”[2] (Chinese Text Project, 2023a), infiriendo de esto que, si bien la sociedad china es consciente de los sucesos de 1989, esto no significa necesariamente una especial atención sociológica en razón de un enfoque en la “sociedad viva”. Al leer otro texto de Bartra (2007) sobre la derrota que representó el movimiento de 1968, probablemente los colegas chinos insistirían en la poca practicidad de dirigir esfuerzos en estudiar algo que, como pasó en México, no provocó grandes cambios, positivos y reales, a la sociedad.

Roger Bartra finaliza su escrito declarando que en la China contemporánea parece haber una “obsesión por la uniformidad, aunque la armonía y la pluralidad se están abriendo paso” (p. 31). A pesar de los vertiginosos cambios experimentados en China en los últimos años, es probable que un diario de viaje escrito en 2023 por Bartra concluya del mismo modo, pues en China coexiste la permanencia de algunas cosas y el movimiento de otras. Solo que quienes se alinean ideológicamente a los valores y categorías occidentales suelen ver únicamente la permanencia, sin apreciar los cambios o los movimientos sociales dados en el país asiático. Observar la permanencia en el poder del PCCH puede equivaler a interpretar el asunto como un problema político, y todo lo ligado a ello —autoritarismo, falta de libertades individuales, etcétera—. Pero, recíprocamente, ver solo los cambios sociales de los últimos años en China —como la importante lucha contra la pobreza—, sin tomar en cuenta las cosas que permanecen, es igual de sesgado.

Por lo anterior, además de considerar la posibilidad ontológica de la “unión de los contrarios” —como incluso puede verse en el esquema del yin y el yang—, para comprender a China, también es necesario recordar la “Doctrina del justo medio” (o “de la medianía”), la cual establece que el estado de armonía social inicia con el equilibrio físico y mental en uno mismo. Confucio dijo “¡La virtud es perfecta cuando es acorde al justo medio! Pero es rara su práctica entre las personas”[3] (Chinese Text Project, 2023b). Posicionamientos como el de Bartra en De la revolución a la armonía parecen brindar razón a Confucio.

Bibliografía

Bartra, Roger
2007 “Dos visiones del 68”, Letras libres [en línea], 2 de octubre, https://letraslibres.com/revista-espana/dos-visiones-del-68/.

Bartra, Roger
2014 “Ruinas comunistas”, Letras libres [en línea], 5 de junio, https://letraslibres.com/revista-espana/ruinas-comunistas/.

Bartra, Roger
2016 De la Revolución a la armonía. Diario de un viaje a China, Ciudad de México, Cuadernos de la Coordinación de Humanidades-UNAM.

Botton Beja, Flora
2001 “Los intelectuales chinos frente al poder y a la globalización”, en Eugenio Anguiano (coord.), China contemporánea: la reconstrucción de un país desde 1949, Ciudad de México, Programa de Estudios APEC-Centro de Estudios de Asia y África-El Colegio de México, pp. 285-304.

Chinese Text Project
2023a The Analects: Xian Jin 11.12 (fuente: Legge, J. (1861), The Chinese Classics, volume 1). https://ctext.org/analects/xian-jin.

Chinese Text Project
2023b The Analects: Yong Ye 6.29 (fuente: Legge, J. (1861). The Chinese Classics, volume 1). https://ctext.org/analects/yong-ye.

Cornejo Romer
2019 “China y México 2012-2018, entre el inicio idílico y la realidad”, Foro Internacional, vol. LIX, pp. 879-906, https://doi.org/10.24201/fi.v59i3-4.2643.

Young, L. C.
1974 “Mass Sociology: The Chinese Style”, The American Sociologist, vol. 9, pp. 117-125.


  1. Grupo de Estudios Sobre Eurasia (GESE) |etzili@correo.xoc.uam.mx

  2. Traducción propia.

  3. Traducción propia.

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