Salud ambiental y antropología médica crítica. Aportes desde una investigación sobre exposición a plaguicidas agrícolas en Uruguay

Victoria Evia Bertullo

Estudiante del Doctorado en Antropología CIESAS CdMx

Introducción

 

El abordaje de la salud ambiental desde la antropología médica crítica

En los últimos 10 años se observa un crecimiento de estudios desde las ciencias antropológicas preocupados por las diversas formas en que la salud y el ambiente se intersectan. La variedad de temas abordados y enfoques propuestos es amplia, pero podríamos decir que muchos de estos trabajos se preocupan por lo que en sentido amplio podemos definir como salud ambiental. Para la OMS la salud ambiental está relacionada con los factores físicos, químicos y biológicos externos de una persona. Se estima que en 2012 casi una cuarta parte del total mundial de las personas perdieron la vida por vivir o trabajar en ambientes poco saludables (OMS 2016).

Si bien la antropología médica ha tenido sus debates internos sobre el papel del ambiente, la salud de las poblaciones relacionadas con el ambiente en el que viven ha sido una preocupación para la disciplina en tanto este vínculo permite examinar relaciones entre la inequidad social, la inequidad ambiental y la salud, intersectando con los intereses de la ecología política como lo ha planteado Singer(2011,2016). Desde la ecología política se ha abonado a la reflexión teórica de que los ambientes que habitamos no son “prístinos” pues han sido históricamente modificados por el trabajo humano y existe una distribución diferencial del acceso y control de los recursos que permiten sostener la vida la cual está mediada por las relaciones sociales y económicas.

Si llevamos estas reflexiones a los problemas de salud ambiental abordados desde la antropología médica crítica (AMC), implica reconocer la vulnerabilidad diferencial de distintos conjuntos sociales a los procesos de deterioro ambiental. Algunos autores incluso plantean que actualmente se estaría dando un movimiento del campo de la AMC al de la ecología política de la salud. Esto supone dejar de pensar en los dualismos naturaleza – cultura y reflexionan cómo en el cuerpo se incorporan tanto las relaciones sociales como ambientales. Asimismo, una serie de estudios recientes de Ayuero(2011) y Renfrew (2013) discuten la noción de sufrimiento ambiental y de sufrimiento tóxico para teorizar sobre cómo el desarrollo de la vida en condiciones de medio ambientes degradados y contaminados repercuten de forma estructural en los procesos de salud-enfermedad y están atravesados por procesos de inequidad e injusticia ambiental.

Mi trabajo de investigación doctoral retoma estos ejes para pensar cómo el incremento del uso de plaguicidas agrícolas en el contexto de expansión de la agricultura en Uruguay (impulsada principalmente por los cultivos de soja transgénica) tiene distintos efectos a nivel de los padecimientos de los conjuntos sociales expuestos y puede conllevar a procesos estructurales de sufrimiento ambiental.

Sojización y exposiciones a plaguicidas agrícolas en Uruguay

Uruguay, así como otros países del Conosur ha atravesado desde principios de la década del 2000 por un proceso de intensificación agrícola donde el cultivo de soja transgénica ha sido el principal motor. Este proceso se relaciona con un incremento exponencial de los volúmenes de plaguicidas de uso agropecuario (herbicidas, insecticidas y fungicidas) importados a Uruguay en el período 2002-2015. Distintos estudios científicos evidencian que las exposiciones tanto aguda como crónicas a plaguicidas suponen un riesgo para la salud humana debido a su toxicidad (aún en pequeñas dosis), su persistencia en el ambiente y en los tejidos de los organismos (Prüss-Üstün et al. 2016). Antecedentes nacionales evidencian que las intoxicaciones de personas por plaguicidas de uso agropecuario constituyen un problema de salud pública (Taran et al 2013). Mi trabajo parte de la hipótesis de que el problema de los padecimientos asociados al aumento del uso de plaguicidas en el marco del proceso de sojización podría entenderse como un “espía de las contradicciones” (Berlinguer en Menéndez 2015) en tanto permitiría analizar algunos “efectos colaterales” del “boom de la soja”.

Hallazgos etnográficos

Se desarrolló una investigación de corte etnográfica con población expuesta ambiental y laboralmente a plaguicidas agrícolas durante septiembre de 2016 y julio de 2017 en la microregión de Dolores, departamento de Soriano, Uruguay. Esta es la región con mayor porcentaje de área de agricultura de secano del país, donde predomina el cultivo soja (MGAP 2015) y la tasa de intoxicación por plaguicidas agrícolas en el departamento casi duplica la media nacional.

Dolores: “el granero del país” y “la capital del cáncer”

La ciudad de Dolores es el núcleo de infraestructura, comercio y servicios de la microregión de Dolores. Con una población que ronda los 20.000 habitantes muchas familias dependen directa o indirectamente de la actividad agrícola (productores, asalariados agrícola, transporte de carga, almacenamiento de granos, servicios de maquinaria, entre otros). La zona cuenta con una tradición agrícola que data de al menos principios de sXIX y se ganó el gentilicio de “Granero del país”. A principios de los años 2000 se incorpora el cultivo de soja genéticamente modificada (GM). De la mano del crecimiento del precio de los commodities en los mercados internacionales y del valor de esta oleaginosa en particular se vivió un “boom” económico-productivo donde el cultivo se masificó y se obtuvieron altísimas ganancias. La soja GM se caracteriza por haber sido modificada genéticamente para resistir ciertos plaguicidas. Durante todo su ciclo productivo, desde que se preparan los campos para la siembra hasta que se cosecha pueden llegar a realizarse de 6 a 8 fumigaciones con distintas mezclas de plaguicidas.

A medida que las personas conocían sobre mi trabajo, me comentaban que había ido a parar “al lugar indicado” pues “se decía que Dolores es la capital del cáncer del país”. Si bien esta aseveración no se sostiene al analizar estadísticamente las tasas de incidencia de cáncer en la región respecto de otros departamentos o del total del país, se encontró una representación compartida de que muchas personas mueren de cáncer en Dolores. Al indagar sobre ese rumor se me informaba que “parecía” que podía tener que ver con “los venenos” que se utilizan en los campos o con “el polvillo” de las barracas (donde se almacena el grano) que están ubicadas dentro o muy cerca de la planta urbana. En conversaciones exploratorias con distintas personas se mencionan como principales problemas las alergias que causaban el “polvillo” y la tierra que “se levanta” en la época de cosecha del grano.

La ciudad de Dolores está ubicada en la margen del río San Salvador, el cual ha significado la posibilidad de comunicación naval, ha provisto de agua para el consumo y producción de sus habitantes y cuyas costas son un espacio público recreativo de gran importancia en la vida cotidiana. Las personas se acercan a caminar a la rambla sobre el río, a tomar mate de tardecita y conversar, a pescar. Existe un club deportivo de pesca y remo y en verano los jóvenes aprovechan para refrescarse nadando en el río. Sin embargo, muchas personas de más de 35 años comentaron que ellos dejaron de ir y no llevan a sus hijos “ya no es lo que era, ya está todo contaminado y no se puede nadar como antes”.

También se encontró una gran desconfianza respecto de la calidad del agua potable que es provista por los servicios públicos y se comentaba de su “mal olor” el cual era asociado a “los productos”. Dentro de “los productos” podían referirse tanto al cloro que se utiliza para la potabilización como a los que se “echan” en los campos y escurrían a los cursos de agua y finalmente al agua del río San Salvador, del cual se alimenta la ciudad. Las autoridades con competencia en los procesos de regulación y auditoría aseguran que se cumplen los parámetros internacionales, sin embargo la desconfianza cotidiana en la calidad del agua por parte de la población se evidenciaba en prácticas como el uso de filtros purificadores, la compra de bidones de agua mineral o el consumo de agua de pozos semisurgentes que por ser profundos se los considera “más puros”.

“No fue para tanto”: naturalización e incertidumbre de los padecimientos ante la exposición laboral

Encontré que era difícil abordar el problema de los padecimientos con los trabajadores asalariados agrícolas que manipulan y aplican directamente los plaguicidas. Probablemente parte de las dificultades estén mediadas por las condiciones de producción de conocimiento sobre este problema en una sociedad donde la agricultura está valorada positivamente. Uno de los hallazgos fue que los trabajadores “activos” (varones entre 20 y 45 años con actividad en el sector en el momento del trabajo de campo), en general minimizaban el hecho de que la exposición a plaguicidas durante la jornada laboral significara problemas para su salud actual. No estaban tan seguros sobre sus potenciales efectos a mediano plazo, ya que para algunos el trabajo con “venenos”, “era para poco tiempo”.

Si bien reconocían que durante las tareas están expuestos a los productos, le quitaban relevancia a dicha situación “Me salpico y no me pasa nada”, “no fue para tanto”. Cuando sí se reconocían malestares como “cansancio” o “dolor de cabeza”, los mismos eran atribuidos a la vida cotidiana del trabajo agrícola y no como un efecto exclusivo de los productos. El esfuerzo físico requerido durante toda la jornada laboral, las largas jornadas a la intemperie y las temperaturas altas en verano o los esfuerzos físicos de levantar peso son considerados como factores más importantes que la propia exposición a los plaguicidas agrícolas.

En ocasiones, al insistir sobre el tema, se manifiestan expresiones de incertidumbre o sospecha respecto de que algunos malestares como mareos, dolor de cabeza o picazón pudieran relacionarse con “los productos”. La causa de los problemas podía atribuirse al “olor” o a “respirar el gas” de determinados plaguicidas considerados más peligrosos que otros. Sin embargo, ante este tipo de problemas “menores” en ningún caso se consultaba al servicio biomédico o a otros cuidadores especializados. Si acaso se realizan prácticas de auto atención o automedicación en el ámbito doméstico, generalmente a cargo de las mujeres, o simplemente descansar hasta el día siguiente.

Sin embargo, a pesar de que se minimicen estos problemas o se los niegue, en ciertos momentos aparece las “sospecha”o la incertidumbre sobre su potencial efecto nocivo en la salud. Expresiones del tipo “no es bueno trabajar con venenos”, o “de algo todos nos vamos a morir” o “por ahora, gracias a Dios, estoy bien” son indicios de esta incertidumbre sobre los potenciales daños a la salud que caracteriza a los trabajadores jóvenes.

Salud ambiental y exposición a plaguicidas. ¿Ubicuidad y sospecha?

El caso de Dolores nos permite reflexionar sobre cómo distintos elementos del orden de lo ambiental (calidad del agua, polvillo, mal ‘olor’) y de la salud (alergias, cáncer) son significados como una serie de señales de incertidumbre o sospecha sobre la calidad de los entornos que las personas habitan y sobre cómo eso puede estar o no afectando su salud. Estas representaciones dependerán de la ubicación de los actores sociales en la estructura social y productiva y de las características históricas y culturales compartidas. La ubicuidad de los plaguicidas, las dificultades analíticas para detectar o descartar su presencia en distintas matrices, y el hecho de que su uso es inherente al actual sistema productivo agrícola que ha dinamizado fuertemente la economía son elementos clave para comprender cómo se construye la “sospecha” sobre su presencia y daños potenciales, así como los mecanismos de negación e invisiblización sobre los mismos. Estos hallazgos dialogan con estudios preocupadas por relacionar las dimensiones estructurales del deterioro e inequidad ambiental con los procesos de padecimiento a la luz de las categorías de incertidumbre tóxica (Ayuero 2011, Renfrew 2013) o de resignación tóxica (Singer 2011) en contextos de alta dependencia de un sistema económico – productivo.

 


Referencias bibliográficas

Ayuero, J. (2011) Environmental suffering, here and there. En: Portal. Teresa Lozano Long Institute of Latin American studies. The university of Texas at Austin

Menéndez, E. (2015). Las enfermedades ¿son solo padecimientos?: biomedicina, formas de atención” paralelas” y proyectos de poder. Salud colectiva,11(3), 301-330.

Prüss-Üstün, A.; Wolf,J.; Corvalán, C.; Bos, R.; Neira, M. . (2016) Preventing disease through healthy environments: a global assessment of the burden of disease from environmental risks. World Health Organization.

Renfrew, D. (2013). “We Are Not Marginals” The Cultural Politics of Lead Poisoning in Montevideo, Uruguay. Latin American Perspectives, 40(2), 202-217.

Singer, M. (2011). Down cancer alley: the lived experience of health and environmental suffering in Louisiana’s Chemical Corridor. Medical anthropology quarterly, 25(2), 141-163

Singer, M (2016). Introduction. In: Ed. Singer, M. (2016) A companion to the Anthropology of environmental Health. Chichester; John Wiley &Sons

Taran, L; Ortega, C., Laborde; (2013) agricultural and veterinary pesticide poisoning in Uruguay. Poster presentado en congreso Brasilero de Toxicología.