El “éxodo” centroamericano entre y a través de múltiples fronteras

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Anna Mary Garrapa

Doctora en ciencias sociales por la Universidad Milano-Bicocca. Actualmente investigadora independiente

Miles de migrantes transitan por México, conscientes de la especial protección que les proporciona caminar todos juntos. A partir de la salida de la primera caravana de centroamericanos, el pasado 13 de octubre desde San Pedro Sula en Honduras, el así llamado “éxodo” ha involucrado personas procedentes de Honduras, Guatemala, El Salvador, además de algunos nicaragüenses y mexicanos. Se cuentan hasta ahora al menos tres grandes oleadas de migrantes, con un total estimado de diez mil personas, quienes han logrado atravesar la frontera sur de México para dirigirse hacia la frontera con Estados Unidos. La intención de este texto es compartir un preliminar esfuerzo analítico sobre el proceso migratorio todavía en curso. Las reflexiones que se presentan a continuación se basan en la experiencia colectiva y el continuo trabajo de actualización vinculado a las actividades de monitoreo de las caravanas, desarrolladas por una red coordinada de organizaciones sociales y centros de derechos humanos, activos en varios estados de México y sobre todo en el sur-sureste del país.

Las instituciones mexicanas han recibido a los miles de migrantes con el despliegue de una fuerte acción represiva en el puente fronterizo colindante con Guatemala y en la orilla del río Suchiate en el Soconusco (Chiapas). Las imágenes de los hechos ocurridos el 19 de octubre han dado la vuelta al mundo al mostrar a los migrantes que se tiraban al río para evitar los gases lacrimógenos y los enfrentamientos con los agentes antimotines mexicanos en las vallas. Posteriormente, el domingo 28 de octubre, un migrante hondureño falleció por una herida en la cabeza provocada por una bala de goma disparada durante la intervención de policías guatemaltecos y mexicanos—quienes contaban con helicópteros que sobrevolaban casi a nivel del agua para impedir el ingreso a una segunda gran caravana—.

Durante la primera semana de noviembre las organizaciones de derechos humanos activas en la frontera sur de México reportaron un incremento de la presencia de operativos de la marina militar en lanchas y de la policía federal, acompañados por agentes de Migración en los puntos de cruce (CDH Fray Matías, 2018). Estos hechos, junto con las declaraciones del presidente estadounidense Trump, apuntaban a una aceleración del proceso de militarización de la frontera sur de México, exactamente como ha ocurrido en la frontera sur del Mediterráneo en Europa, con la subcontratación de los controles fronterizos a varios países de África y Medio Oriente, entre ellos Turquía, Libia y Níger (Proceso de Khartoum y Migration Compact) (Paleologo, 2016). La policía federal y agentes del Instituto Nacional de Migración (INM) de México impulsan todavía operativos para detener las caravanas de migrantes que aún entran, pero en número inferior a las mil personas. Sin embargo, y contrariamente a las previsiones, en la orilla del Suchiate se mantienen dos puestos de monitoreo de la Marina con una presencia reducida de operativos ante la florida actividad comercial del río que ha regresado a su regular cotidianidad. ¿Dependerá eso en cierta medida de la coyuntura política del país? ¿La toma de posesión del nuevo gobierno contribuirá a un más estable y duradero endurecimiento de los controles en la frontera sur de México?

Frente a la imposibilidad de detener a los miles de personas decididas a seguir rumbo a la frontera norte, la respuesta institucional ha sido aparentemente contradictoria. Por un lado, las autoridades federales adoptan diferentes estrategias de contención y represión para debilitar y fragmentar a las caravanas. Por el otro, hay una clara intención de acelerar la movilidad de los migrantes en su tránsito por México. De hecho, la acción de la policías ¾municipal, estatal, federal¾ y el INM, junto con otros representantes federales y estatales, se ha dirigido a facilitar el desplazamiento mediante el recurso del aventón. Sin embargo, más adelante, agentes de las mismas entidades institucionales detienen los transportes y revisan los pasajeros, con el fin de estresar, dividir y, en algunos casos, detener a los migrantes.

Por ejemplo, el 27 de octubre, en el tramo Arriaga-Juchitán de Zaragoza de la carretera federal 200, justo en la entrada al estado de Oaxaca, alrededor de doscientos efectivos antimotines de la policía federal bloquearon el paso a la primera caravana y amenazaban con detenerla por medio de la fuerza si no aceptaban las opciones de regularización migratoria ofrecidas por el gobierno mexicano. En este caso, la presión de los agentes se relacionó particularmente con el plan denominado “Estás en tu casa”, impulsado por el presidente saliente Enrique Peña Nieto el día anterior.[1] Este despliegue de fuerzas antimotines fue una réplica del operativo que se realizó en la frontera entre Chiapas y Guatemala durante el primer día de camino rumbo a Tapachula. El resultado de estas intimidaciones ha sido generar mayor tensión y miedo en la población migrante, ya cansada y desgastada, al tener que enfrentar repetidamente la hostilidad de los agentes antimotines que bloqueaban su paso en la carretera.

Además, según las actualizaciones de las organizaciones de derechos humanos que monitorean y en ciertos tramos acompañan a las caravanas, así como las denuncias a través de las redes sociales por parte de algunos de los propios migrantes, se reportaron varias redadas con abuso de fuerza por parte de los agentes de Migración. El 23 de octubre, por ejemplo, a un grupo de 79 personas integrantes de la primera caravana, que se habían atrasado al salir de Tapachula, se les atacó en su camino hacia Huixtla y al menos ocho de ellas fueron detenidas. Posteriormente, el 26 de octubre, a 450 personas que apenas habían ingresado por la frontera sur inmediatamente se les interceptó y detuvo entre Ciudad Hidalgo y Tapachula. Al pasar la tercera caravana por el municipio de Tapanatepec, el 9 de noviembre, el INM realizó distintos operativos con un total aproximado de 30 personas detenidas, entre ellas familias y menores de edad, justo en la zona fronteriza entre el estado de Chiapas y el de Oaxaca.

Recientemente ha circulado en los medios de comunicación el caso de la detención de alrededor de sesenta personas, incluso mujeres y niños, quienes fueron “bajados” con violencia desproporcionada desde dos autobuses que los transportaban en el estado de Sonora durante la noche del jueves 15 de noviembre. Otras redadas ocurren con pequeños grupos que ingresan después de las caravanas más numerosas, así como a lo largo de todo el trayecto en contra de los que se adelantan o se atrasan mucho con respecto al grupo más numeroso. Además, en Tapachula, una parte de los integrantes de la primera caravana se direccionaron y trasladaron con engaños hacia la Feria Mesoamericana, la cual se les presentó a los migrantes como albergue, pero que en realidad es temporalmente un centro de detención. Estos últimos fueron “liberados” varios días después, una vez que padecieron una falta total de atención y tuvieron como consecuencia la pérdida del contacto con el resto de la caravana (Voces Mesoamericanas, 2018).

Otra estrategia de debilitamiento y disuasión de las caravanas ha sido la gestión del proceso de retorno a los países de origen. Al pasar la primera caravana, en muchas localidades las instituciones locales promovieron la posibilidad de ser repatriados a través de anuncios repetidos con bocinas que se ubicaban a la entrada de los palacios municipales. En realidad, este procedimiento se lleva a cabo sin conocimiento por parte de los migrantes, que tampoco reciben información clara sobre los mecanismos legales para permanecer en México, como la solicitud de refugio. Prácticamente a los migrantes que requieren regresar a su país se les aparta del resto de la caravana y se les deja en espera del transporte, que según los responsables institucionales estaría próximo a llegar, pero que en muchos casos sale hasta entrada la noche. Desesperados por largas horas de espera y en falta total de información sobre el proceso, varios de los migrantes desisten de la repatriación y vuelven a caminar en pequeños grupos desprotegidos, con la intención de reincorporarse a la caravana más numerosa.

Así, el cansancio y el desgaste psicofísico es provocado arbitrariamente por la acción de varias autoridades, interesadas en que cada vez más personas desistan de su andar. En este sentido es la intervención de algunos agentes de la policía federal, que, con la justificación de mantener aparentes condiciones de seguridad en el traslado, detienen sólo a un cierto número de vehículos y obligan a varios grupos de migrantes, incluso familias con niños muy pequeños, a seguir a pie por muchos kilómetros a orilla de la carretera.

La falta de articulación entre los tres niveles de gobierno para la gestión de la asistencia humanitaria implica que su puesta en marcha local dependa de la orientación política y de los recursos asignados para cada ayuntamiento municipal—sin sustancial apoyo estatal o federal—. Esto se evidencia en la diferenciada atención que brindan los municipios, debido a que se ven progresivamente sobrepasados y sólo les interesa que los migrantes salgan de su territorio de competencia lo más pronto posible. Un caso muy notorio fue el abandono, el 13 de noviembre, de cientos de migrantes en medio de una carretera desolada: habían salido de Guadalajara con camiones proporcionados por el gobernador de Jalisco, a quien sólo le interesaba sacar rápidamente a los migrantes del deportivo destinado para su acogida (Comisión de Gestión y diálogo del Éxodo Centroamericano).

Este tipo de intervenciones han contribuido a la dispersión de las caravanas, que se han divididido y fragmentado en pequeños grupos, los cuales se encuentran más expuestos a posibles detenciones migratorias y eventuales secuestros por parte de integrantes del crimen organizado. Al mismo tiempo, esta dinámica ha contribuido al intermitente pero inexorable avance de los migrantes hasta la frontera con Estados Unidos. Finalmente será la frontera norte de México la que se constituirá como la barrera más consistente en todo el trayecto y como el espacio fronterizo en que se articulará el gran desafío de ese andar masivo hacia un horizonte de vida mejor.


Bibliografía

CDH Fray Matías (2018), Actualizaciones de éxodo migrante [versión electrónica], disponible en <http://cdhfraymatias.org/web/?p=4858>.

Comisión de Gestión y Diálogo del Éxodo Centroamericano, 15 de noviembre 2018, Comunicado éxodo centroamericano, Hermosillo, Sonora [versión electrónica], disponible en <https://www.facebook.com/PuebloSF/posts/comunicado%C3%A9xodo-centroamericanohermosillo-sonorajueves-15-de-noviembre1100-pmel-/2455271047832915/>.

SRE-Segob (2018), Comunicado conjunto No. 7 [versión electrónica], disponible en <https://www.gob.mx/sre/prensa/el-presidente-enrique-pena-nieto-anuncia-el-plan-estas-en-tu-casa-en-apoyo-a-los-migrantes-centroamericanos-que-se-encuentran-en-mexico?idiom=es>.

Paleologo, F.V., 25 de septiembre 2016, Processo di Khartoum e Migration Compact nella prospettiva di esternalizzazione dei controlli di frontiera [versión electrónica], disponible en <https://www.a-dif.org/2016/09/25/processo-di-khartoum-e-migration-compact-nella-prospettiva-di-esternalizzazione-dei-controlli-di-frontiera/>.

Voces Mesoamericanas (2018), Actualizaciones sobre el Éxodo Migrante en la Frontera Sur de México [versión electrónica], disponible en <http://vocesmesoamericanas.org/acciones-urgentes/>.


[1] El plan de Peña Nieto “Estás en tu casa” propone permisos temporales de trabajo en México, acceso a salud y educación y una vía para regularizar la condición migratoria, con la condición de que los migrantes se presenten a las autoridades migratorias en Chiapas o Oaxaca (SRE-Segob, 2018).