Dos semblanzas sobre los orígenes del Método Inductivo Intercultural en México

Jorge Gasché Suess y Patricia Pernas Guarneros

previous arrow
next arrow
Slider

María Bertely Busquets In Memoriam

 

Jorge Gasché Suess

Centre National de la Recherche Scientifique

La muerte de María plantea nuevos retos a quienes estamos implicados en la Red de Educación Inductiva Intercultural (Rediin), proyecto concebido e impulsado por ella con sus colaboradores más fieles y capaces en los estados de Chiapas, Michoacán, Puebla, Oaxaca y Yucatán a lo largo de los últimos años. La Rediin, hoy, es un proyecto en el que confluyen experiencias colectivas y capacidades creadas en múltiples seminarios, reuniones, debates y productos académicos habidos desde 1997, proceso que María supo combinar y arraigar, a sinergias que se manifiestan hoy en la capacidad de esos equipos estatales para manejar el Método Inductivo Intercultural (mii) que es la base de la doctrina intercultural formulada y promovida por mí, que elaboré esta propuesta durante los trece años de preparación, investigación y colaboración con el Programa de Formación de Maestros de Primaria especializados en Educación Intercultural y Bilingüe de la Confederación Indígena Amazónica (aidesep) y del Instituto Superior Pedagógico de Loreto (ispl) en Iquitos (Perú) (1987-1997).

El origen de la Rediin se halla en el núcleo de maestros comunitarios de enseñanza primaria que se había agrupado en Chiapas bajo la autodenominación de unem (Unión de Maestros para una Nueva Educación de México “y afines”, como luego se agregó).

Esta agrupación y sus objetivos eran consecuencia directa del movimiento maya zapatista que emergió en enero de 1994, y adoptaba una posición muy crítica hacia el magisterio formado e instalado por el Estado (la Secretaría de Educación Pública) en las comunidades indígenas de Chiapas, al punto que estas comunidades ya no querían recibir maestros estatales por incumplidos, por despreciar la cultura maya e imponer la cultura caxlán (mestiza), y por, incluso, tener conductas incorrectas con las alumnas, ser aficionados al alcohol y ausentarse de la comunidad bajo cualquier pretexto. Estas críticas delinean el programa positivo que las comunidades zapatistas tenían en mente al pensar en seleccionar ellas mismas los candidatos para ejercer el magisterio en su seno, es decir, los llamados maestros comunitarios. Por su rechazo a los maestros del Estado, el afán de autonomía zapatista debía plantear una escuela alternativa que evitase esos defectos: es decir, una escuela que valorara la sociedad y cultura indígenas, por lo que el maestro debía ser nativo de la comunidad y del pueblo donde enseñará; el maestro debía hablar, escribir y leer la lengua indígena, respetar la conducta de los ancianos, los adultos y los jóvenes, particularmente con las muchachas; debería, además, conocer las técnicas de producción y fabricación tradicionales (la horticultura de la milpa, la caza, pesca y recolección; los tejidos y la cerámica, etcétera). Pero, sobre todo, el maestro debía estar orgulloso de ser indígena, de hablar su lengua nativa y de conducirse como un buen miembro de su comunidad, en la que sintiera gusto de vivir, sin pensar escapar a la ciudad a cada momento.

En esas ideas se habían formado los dos educadores del grupo de la unem que se acercaron a mí tras la conferencia que dicté en la Universidad Pedagógica Nacional de la ciudad de Oaxaca acerca de los principios del currículo inductivo intercultural del ispl y la aidesep de Iquitos, por lo que manifestaron que lo que habían escuchado correspondía a lo que pensaban debía ser el modelo para sus escuelas comunitarias; asimismo se interesaron en aprender el manejo del Método Inductivo Intercultural para aplicarlo en las escuelas comunitarias mayas de Chiapas. En coherencia con su autonomía zapatista, no mostraron preocupación por la eventual autorización del Estado. La iniciativa debía surgir de la base, de la comunidad, y ésta, junto a los maestros formados debería luego convencerlo del buen fundamento su propuesta.

He retratado los primeros pasos y las condiciones iniciales de lo que, hoy, veinte años después —gracias a la conducción de María Bertely y con la corresponsabilidad de cinco parejas pedagógicas (un[a]) indígena y otro[a] no indígena)— aparece y trabaja como Rediin en esos cinco estados de la República Mexicana. El mérito de María fue captar el reto que planteó la propuesta de Educación Intercultural Bilingüe (eib), es decir: guiar un grupo de jóvenes intelectuales indígenas comprometidos con una nueva propuesta educativa a descubrir en ellos mismos el potencial de idear y crear un currículo de primaria que no prescribiera contenidos, sino que los fuera induciendo a través de interrogaciones e investigaciones.

En los inicios de su carrera, María fue formada como maestra de educación preescolar y había ejercido la profesión mientras estudiaba Sociología Rural en la Universidad Nacional Autónoma de México (unam). Al leer el esbozo que ella hace de sus aprendizajes[1], nos damos cuenta del amplio abanico de disciplinas que abarcó en su diversificada carrera, pues ellas le abrieron la mirada sobre los múltiples aspectos (pedagógicos, psicológicos, antropológicos, tecnológicos, etcétera) que atañen a la profesión de docente y capacitador intercultural. Y esa formación plural no es ajena a su apertura y detección de propuestas implícitas en los discursos sugestivos de los estudiantes indígenas que participaban en los ciclos de formación. Gracias a esta apertura, María demostró, en su trato con estos estudiantes, una visión muy liberal, flexible, comprensiva y acogedora de planteamientos indígenas no conformistas.

Me parece que lo que acercó a María al espíritu de las iniciativas pedagógicas que debían prevalecer en las escuelas comunitarias zapatistas y afines chiapanecas, era su fascinación por la voluntad del pueblo de tomar en sus manos la definición y los métodos de la educación que debía impartirse en sus escuelas y que ésta debiese incluir los conocimientos y tradiciones de la comunidad. Aunque se ampliasen al conocimiento del mundo urbano mexicano, las enseñanzas debían partir de la herencia cultural y social del pueblo, sin que los primeros sustituyesen “lo propio”, como suele postularlo la escuela “modernizante”, “progresista” que aliena de su propia sociedad y cultura a los jóvenes indígenas al propagar un estilo de vida imitativo del modelo mestizo y urbano y llenar la cabeza de los alumnos con conocimientos poco significativos para el mundo indígena si no se los articula con el conocimiento tradicional. La articulación intercultural de conocimiento tradicional, “étnico”, y conocimiento “moderno” de la sociedad urbana y mestiza fue, desde luego, el punto focal del currículo intercultural basado sobre el Método Inductivo Intercultural que implementamos, primero con los estudiantes tzeltales, tzotziles y ch’oles de la unem.

Para el desarrollo de aquella primera experiencia, aprovechamos la oportunidad que nos brindó en 2000 el Fondo Miguel León Portilla para elaborar en colaboración con la unem las Tarjetas de Autoaprendizaje para los Pueblos Mayas, que explican e ilustran los conceptos y las nociones básicas del mii, y las Tarjetas de Autoaprendizaje (2004) para explicar e ilustrar los conceptos y las nociones básicos del mii y de la articulación intercultural de contenidos. Esta labor actualizó la experiencia previamente realizada en Iquitos, bajo la responsabilidad de Jéssica Martínez y Carmen Gallegos del pfmb y donde, incentivadas por lineamientos de Unicef, se elaboraron para cuatro pueblos indígenas amazónicos tarjetas de aprendizaje llamadas “Ocasiones para aprender”. María supo atraer a estas dos profesionales peruanas a Chiapas a fin de que capacitasen a los estudiantes de la unem en el manejo de esos conceptos y nociones y pudiesen aplicarlos a contenidos indígenas.

Así, el manejo concreto fue enseñado a estos estudiantes, quienes enseguida tenían que aplicarlo a los productos que iban a elaborar. Con este tipo de formación, los estudiantes estaban capacitados para trasmitir el manejo del Método a grupos de estudiantes indígenas adscritos a los diplomados interculturales de la Universidad Pedagógica Nacional en diversas entidades interesadas, como Oaxaca, Puebla, Michoacán y Yucatán. Con esa figura docente iniciamos la satisfacción de una aspiración indígena: que los estudiantes del magisterio indígena sean formados por indígenas. De hecho, observamos que los capacitadores indígenas tienen su propio vocabulario y sus propios ejemplos para explicar e ilustrar la articulación intercultural de contenidos. María lo sabía intuitivamente y por eso creó y bautizó la nueva figura como pareja pedagógica, más específicamente compuesta por un indígena formado en el manejo del mii y un no indígena que pudiese orientar, ajustar y precisar el proceso explicativo, de ser necesario. Con talento, sensibilidad e intuición María asumió la tarea de coordinar un equipo de intelectuales indígenas y no indígenas, peruanos y mexicanos con éxito, hasta llevarla a la publicación de una obra innovadora que no obedecía a ninguna receta dada, aunque sí a un manejo sistemático del mii.

Un rasgo de la sensibilidad de María por el respeto de la persona indígena fue su decisión de dar el crédito debido a los autores de las Tarjetas de Autoaprendizaje. Cada una de las tarjetas precisa el nombre del autor indígena, con el fin de estimular su esfuerzo y valorar el logro de cada uno. El reconocimiento de la autoría indígena en las obras educativas fue también una innovación. Los resultados técnicos producidos de esta manera fueron de calidad sorprendente, al grado de que los diseñadores profesionales expresaron que si los maestros pueden producir materiales pedagógicos de esta calidad, ellos se vuelven inútiles. En todo caso, la experiencia demostró que los mismos indígenas, debidamente orientados (a los cuales no se les impusieron prescripciones rígidas), son ampliamente capaces de elaborar creativamente sus materiales, con lo que es perfectamente probable que el material producido sea utilizado por los mismos maestros, algo que trasciende la circunstancia de gran cantidad de instrumentos elaborados por técnicos pedagógicos que usualmente aterrizan en los armarios de las escuelas y no son usados en clase.

Podría seguir enumerando los rasgos pedagógicos y didácticos que caracterizaron las actividades formativas de María Bertely, pero prefiero concluir esta semblanza en su memoria con una nota más personal. Tras mi experiencia en el Programa de Formación de Maestros especializados en Educación Bilingüe e Intercultural en Iquitos (en la Amazonia peruana), al llegar a México quedé sorprendido de verme rodeado de jóvenes políticamente movilizados y comprender lo que está políticamente en juego cuando se propone diseñar un nuevo currículo escolar. Pero mi sorpresa fue mayor aún al captar las motivaciones políticas de los docentes y, en particular, de María Bertely. Ella asumió opciones que coincidían claramente con los contenidos de los Acuerdos de San Andrés que —aunque finalmente no fueron avalados por el Parlamento—, claro está, estaban en la mente de nuestros estudiantes de la unem, quienes sin preocuparse por la certificación oficial consideraron suficiente la legitimidad que les otorgaban las bases sociales que los respaldaban. En este sentido, los formadores —y entre ellos, María— apoyaban las reivindicaciones de los pueblos. Para ellos, la situación brindó la oportunidad de hacer coincidir su discurso y opción política con su práctica educativa y de diseñar un currículo que permitiera y facilitase tal coincidencia. En eso la situación mexicana se distinguía claramente de la amazónica peruana, que carecía del movimiento reivindicativo popular y donde los alumnos eran reticentes de tomar alternativas divergentes de las opciones políticas dominantes. Capté la apertura hacia nuevas alternativas políticas claramente desde los primeros diálogos en clase, donde ningún estudiante objetó las diferencias y disconformidades con el currículo oficial. María, que había captado esta potencia virtual, de la misma manera introdujo sus innovaciones sin sufrir censura alguna. Esta situación nos dio bastante aliento y nos incentivó —lo mismo que a los formadores en otros Estados— a perseguir nuestro afán innovador sin censura. Aquí merece un reconocimiento explícito el don de María para explicar nuestras opciones en términos simples y con un tono calmado, suave y objetivo, que no confrontase a los estudiantes sino, más bien, que los confirmase en sus convicciones políticas, previamente trabajadas en reuniones con dirigentes zapatistas y afines.

María, querida amiga y colega: hemos aprendido bastante de tu práctica pedagógica; nos haces y siempre nos harás falta. Tu muerte nos deja huérfanos, y nos faltarán tu alegría, tus incentivos creativos y el ejemplo de una práctica congruente con el discurso teórico. Esperamos ser dignos de tu ejemplo en la continuación del Programa que creaste y a cuya realización no has convidado. ¡Gracias por tu ejemplo y tu generoso compartir!

 

María Bertely Busquets +

 

Patricia Pernas Guarneros

Directora de la Oficina Regional en México de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación la Ciencia y la Cultura (1999-2006)

Hace 18 años, en marzo de 2001, don Miguel León Portilla decidió donar para el desarrollo de proyectos indígenas en Chiapas uno de los premios internacionales que había ganado, el Fray Bartolomé de las Casas. El fondo se recibió en la oficina de México de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación la Ciencia y la Cultura (oei). Esa primera semilla fue la que nos dio la oportunidad de conocer y querer a la doctora María Bertely Busquets, a quien poco tiempo antes había conocido.

De la mano de María, con la sencillez que la caracterizaba, siempre inteligente, alegre, amable, apasionada, todos los que trabajábamos para el proyecto nos convertirnos en defensores del Método Inductivo Intercultural y Bilingüe y pudimos entender, discutir y establecer sinergias en favor de los pueblos indígenas, en particular jóvenes de comunidades choles, tzotziles y tzeltales de Chiapas en los inicios de un camino por el que María seguiría transitando hasta su muerte. Con firmeza y entusiasmo, en lo que seguiría sucediendo tras la donación de don Miguel, nos dimos a la tarea de buscar nuevos recursos en fundaciones como la Ford y la Kellogg¢s, la editorial Santillana y en programas de la Secretaría de Educación Pública, como la Coordinación General de Educación Indígena y la Dirección General de Educación Indígena, con cuyo concurso —siempre interesado en la labor conceptual de María— aquella semilla germinaría y prosperaría en los años subsecuentes.

Los primeros pasos se dieron en Chiapas, con la ceremonia que, con gran entusiasmo, ofrecieron comuneros, maestros y niños de la comunidad de La Pimienta, municipio de Simojovel. La ceremonia de La Pimienta continuó días después en San Cristóbal de Las Casas, en un acto oficial presidido por el entonces gobernador del estado, Pablo Salazar Mendiguchía, por Francisco Piñón, secretario general de la oei, y por el secretario de Educación Pública, con el que dio formalmente inicio el proyecto financiado por el fondo semilla que sería dedicado al Método Inductivo, Intercultural y Bilingüe a favor de esas comunidades. En jornadas subsecuentes, María y Jorge Gasché organizaron reuniones y seminarios que permitieron paulatinamente trasladar, adaptar y crear en México las primeras Cartillas de Autoaprendizaje inspiradas en el mii establecido por Jorge Gasché en la Amazonia peruana.

Gracias a la visión y el compromiso de María, el método evolucionó a un diplomado que, en convenio con la Universidad Pedagógica Nacional, se extendió a los estados de Puebla, Oaxaca, Michoacán y Yucatán y fue vía para que muchos maestros se titularan y, sobre todo, reconocieran con orgullo el valor de pertenecer a una cultura indígena, como expresaron una y otra vez en ceremonias conmovedoras.

En su incansable laborar, María viajaba, organizaba y defendía, con el amor que la caracterizaba, el rigor del Método. Poco a poco fue tejiendo la red de expertos que más adelante tomaría el nombre de Red de Educación Inductiva Intercultural (Rediin) y el proyecto evolucionaría a las actuales Milpas Educativas. María apasionada entregó su energía y cariño al trabajo y a su familia —sus hermosas hijas María y Elisa, su Juan— y a sus hermanos y amigos. Era una persona congruente con sus pensamientos y acciones, con su pensar, su ser y su hacer.

A muchos nos enseñó a entender y respetar el “mancomún”, a respetar y reconocer la importancia de la autoría indígena (cada una, en los cientos de Tarjetas de Autoaprendizaje que se han producido hasta la fecha, lleva inscrito el nombre de su autor). Dentro de los sucesivos proyectos que fueron enriqueciendo el Método, nada se decidía en solitario. Todo era (y es) comunitario; desde la coautoría de medios de enseñanza y aprendizaje hasta el uso de los recursos. María guardaba récord de todo, para poder justamente proceder bajo esos principios.

Gracias a su trabajo constante, las comunidades de aprendizaje produjeron tanto Tarjetas de Autoaprendizaje como de Interaprendizaje, Cartillas, Calendarios Socionaturales y libros. Aprendimos a soñar y a realizar. El libro de Arte Maya[2], que ensoñamos durante largas tardes, fue un ejemplo de la belleza y estética que este trabajo conlleva. Su fuerza todo lo hizo posible, nos transformó y enseñó con constancia y coherencia: “hacer haciendo”, como solía decir al desplegar su energía que todo lo llenaba. Su personalidad suave y firme formó a muchos. Hablo por mí y por Consuelo Morales, quien tuvo el privilegio de acompañarla en muchos viajes y en muchas pequeñas y grandes batallas. Se formaron a tantos jóvenes y maestros que sostienen el movimiento que hoy vive.

María dejó en todos el reconocimiento del honor, del valor de la palabra, del ser íntegro. Verdadera, coherente, profunda, entregada, cariñosa, firme, respetuosa. Con un gran conocimiento que siempre expresaba con sencillez, sabía respetar el derecho de los demás. Al término de las reuniones de trabajo siempre nos agradecía el seguir caminando juntos y daba las gracias por estar.

¡Así era nuestra amada María y así quedará por siempre en mi corazón!


[1] Obra en proceso de edición en el CIESAS.

[2] María Bertely Busquets y Patricia Pernas Guarneros, Arte Maya desde Chiapas, México, Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, 2010.