Caminos de libertad: carácter sociohistórico
de la inmigración china en Guatemala

Miguel Ángel Cruz Mancillas[1]
UNAM

En suma, he tenido siempre presentes
aquellas dos santas leyes de la historia:
No atreverse a decir mentira, ni temer
decir la verdad, y creo que no las he
quebrantado.

Francisco Javier Clavijero

Inauguración del primer Museo de la Colonia China en Guatemala. Tomado de Periódico El Siglo. 15 de noviembre 2016.


El presente texto es un esfuerzo por llamar la atención del lector de esta revista a explorar el excelente y fantástico trabajo de investigación que Silvia Carolina Barreno Anleu realiza en su tesis de maestría, titulada La huella del dragón. Inmigrantes chinos en Guatemala, 1871-1944. Considero que podríamos partir de lo que es más evidente: el objetivo de Silvia Barreno de relatar atildadamente el proceso de inmigración china en Guatemala y que el entendimiento común reconoce como enigmático e incluso nebuloso para la instauración de la vida de un grupo “extranjero”, específicamente de la colonia china.

En la medida en que transcurrimos en el conocimiento de la construcción de la sociedad, como totalidad concreta, tenemos que fundamentar el discurso disciplinar del estudio antropológico como el conocimiento verdadero y preciso de los acontecimientos que pretende relatar y discernir, además de constituir como un saber continuamente nítido a la luz de los hechos etnológicos. Esto significa que la propia realidad tiene que revisar sus convicciones ancestrales y deconstruir su propia creación.

La realidad social de cualquier identidad es producto de un proceso continuo de entrelazamientos geográficos en los que individuos o grupos sociales caracterizan un conjunto de modos de vivir que se afirman como costumbres y tradiciones. En la realidad social guatemalteca los diversos niveles y facetas, que mantienen su estructura societal, desarrollan una historia de la migración que se constituyó como su proyecto de nación, específicamente eugenésico (Barreno, 2004, pp. 19, 236).

La exhausta investigación de Silvia Barreno se realiza como parte de un acabado intento por atrapar antropológicamente la esencia de la inmigración china en Guatemala. Su impecable pluma muestra cinco momentos: el primero es discernir respecto del concepto de nación y su impronta en América Latina en el siglo XIX. En el segundo se narran las condiciones intelectuales guatemaltecas en las que resulta inconveniente el problema indígena a través de la inmigración para que, en el tercer momento, se reconozcan los atisbos de los patrones de asentamiento chino a través de un ambiente nacional adverso para su ingreso y permanencia en el país. En el cuarto momento se exploran las crónicas y relatos que plasmaron una imagen dicotómica en campañas públicas anti chinas para que, en el quinto momento, se examine el proceso de adaptación de los inmigrantes chinos en Guatemala.

Según Barreno, pensar en el pretérito guatemalteco es referirse a un proyecto de nación imaginada y homogénea (pp. 28, 36) que se pretendía constituir a partir de ciudadanos “no indígenas” para integrar una nación cívica en términos de la blanquitud (europea), el progreso y, por tanto, la civilización:

Ese imaginario liberal fue el que impulsó la formulación de proyectos de inmigración y colonización extranjera —especialmente europea— en Guatemala, así como la visualización de la eugenesia como la solución para la construcción de la nación, una nación que al blanquearse se encaminaría hacia la civilización y el progreso. (p. 35)

Además, este estudio presenta un análisis del desplazamiento migratorio como un proceso racial continuo (p. 40), en tanto que la inmigración china bajo distintos periodos históricos aparece para Guatemala como un problema no atendido por la agenda pública de la administración, pues iba en contra de la trayectoria que buscaba la génesis civilizatoria en el liberalismo político (p. 57). Cada arribo de inmigración china involucraba cierta fricción y exclusión de parte de la sociedad y articulación política dentro del imaginario colectivo de su sociedad.

Para precisar un poco más el asunto voy a mencionar las palabras de la autora, frente a su evaluación dicotómica del problema indio: “por un lado [se representaba como] bruto, terco, bravo, haragán, borracho (…) [pero] por otro, listo, laborioso, ordenado” (p. 58). Sin embargo, estas características solo contemplaban a los indígenas porque el problema asiático, para los intelectuales liberales guatemaltecos, era aún peor: “Guatemala (…) no requería de inmigrantes asiáticos que se encontraban en un nivel de progreso inferior al indígena” (p. 63).

El fenómeno de la inmigración china en Guatemala no representó una forma de vinculación entre individuos que asumían a los demás como iguales, salvo si contaban con rasgos de blanquitud, como alemanes o japoneses (p. 83). La igualdad tuvo su raíz en términos económicos, puesto que libros, prensa y diarios comenzaron a cambiar la retórica respecto a su importancia en términos laborales para las firmas y, por tanto, de la estructura económica nacional (pp. 68-75):

La decisión del gobierno de suprimir el Reglamento de Jornaleros llevó a los finqueros al temor de no contar con la mano de obra suficiente para las cosechas de café y al ver que no tenían mucho éxito con la obtención de trabajadores europeos, esto condujo a los caficultores a solicitar el ingreso de trabajadores asiáticos al país. (p. 82)

Es indudable que el proyecto de nación guatemalteco forma parte de un enfrentamiento civilizatorio, resultado ancestral de una polisemia cultural y una relación procesual de mestizaje que pretendió ser eugenésico. En su investigación, Silvia Barreno nos muestra que la historia de la cultura guatemalteca es justamente una historia de mestizajes del extranjero, proyecto del que la colonia china formó parte a pesar de la hostilidad de los medios de comunicación (p. 89).

El desencantamiento de la historia de la inmigración china en Guatemalteca es resultado de la confluencia dialéctica de diversos procesos que coexistieron en mutua negación, tras la llegada de los chinos de ultramar desde Fujian y Guangdong, es decir: de diversidad étnica, cultura dicotómica, heterogeneidad lingüística, desemejanza de cosmovisiones, sincretismo religioso y la diversidad de representaciones sociales. Todo el proceso histórico de la conformación identitaria social del guatemalteco forma parte de un multiforme y complejo asentamiento de personalidades pioneras en el territorio: “Vicente León (1892), Juan Lee (1897), Ramón Jo (aproximadamente 1902), Joaquín Quan (aproximadamente 1902)”, entre otros (p. 99).

La voluntad de la colonia china por vivir se templó con años de sumisión social y represión política. Su identidad guatemalteca se enfrentó con la adversidad, a la par de su afán libertario que se transmitió generacionalmente “desde la llegada de los primeros 22 chinos en 1880” (p. 111). La definición identitaria de los chinos, en el pueblo guatemalteco, fue construida barroquizando su realidad con sinónimos como “raza o peligro amarillo, vividores o raza degenerada (…) [a pesar de] la campaña de difamación a través de las publicaciones de la prensa hacía aún más difícil y arriesgado su establecimiento” (pp. 123, 155, 165).

El centro de su identidad fue creado con las actividades laborales en las que participaban, principalmente el comercio, con el que recreaban los sueños de una nueva vida y los caminos de su libertad que aparecían en personas como “Carlos Lou (…), Vicente León (…), San Lee y Lon [que se distribuían] en 278 almacenes hasta 1929” (pp. 129, 134). Su definición identitaria del pueblo chino, durante el proceso de restricción de la inmigración china en 1909, vivió factualmente la dialéctica cotidiana de un antagonismo estatal, bajo la contradicción normativa de Leyes de Inmigración, entre 1877-1894, 1895-1908 y 1909-1944. La codependencia económica y la hostilidad social llevó a la nación guatemalteca a nombrarlos como “inmigrantes indeseables” (p.147).

La búsqueda por la libertad se instauró en infundios del “racismo que la prensa había construido hacia el indígena (…) en la base para [también] representar al chino” (p. 184). El acto político y sociológico de constitución civilizatoria fue un asunto clave que sirvió para crear relaciones humanas en el reconocimiento de la otredad, que comenzó a significarse a partir de redes de parentesco y de la solidaridad migrante que negociaba un comercio beligerante que trajo beneficios al Estado guatemalteco (pp. 188, 194).

Los indicios se relatan antropológicamente con el profundo escrutinio de Silvia Barreno en la historia de Juan Lee Wong y Eugenio Campang, quienes vivieron el rechazo y el reconocimiento como hombres trabajadores y luchadores, a través de los indicios disciplinarios de perseverancia, unión y moderación con el fin de

Integrar una generación y conservar su cultura (…) como Colonia China (…) también llamada Sociedad de Auxilios Mutuos y Beneficencia China [que] se convirtió en una institución que transitó de una asociación de residentes chinos con fines circunscritos al beneficio de sus asociados y sin respaldo legal, a una Sociedad de beneficencia con personalidad jurídica. (pp. 206, 220)

Finalmente, lo que comenzó a hacer el sujeto identitario chino en Guatemala, fue enfrentar la lucha social, cuestionando su esencialidad —en tanto ser humano— al contrastarlo con la de otro sujeto social. Para ello, algunas fechas claves, 1921, 1922 y 1924, fueron artífices para que constitucionalmente se realizara el reconocimiento frente a la Secretaría de Relaciones Exteriores. El enfrentamiento social y la contienda política implicaron un paso decisivo que definió su libertad en Guatemala.

42 años después de la llegada del primer chino a Guatemala, se logró aceptar la ancestralidad de inmigrantes chinos, reconociendo su libertad, pero, además, logrando su reconocimiento, y en adelante fueron tratados con el estigma de una esencialidad humana históricamente menoscabada, que intenta preservar su vida en otro territorio. Este gran proyecto de investigación realizado por Silvia Barreno es un enorme esfuerzo que muestra un proceso histórico que fue difícil de aceptar, porque en principio se niega y la negación de un proceso migratorio es un tratamiento que insta al desprecio hacia la otredad desde el sentimiento de superioridad. El proceso inicia con la desconfianza de su identidad social, transita con hostilidad y termina con su libertad.

Ficha bibliográfica

Barreno Anleu, Silvia Carolina
2004 La huella del dragón. Inmigrantes chinos en Guatemala, 1871-1944, tesis de maestría en Antropología Social, CIESAS, San Cristóbal de Las Casas.


  1. Profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales y de la Facultad de Economía, UNAM |Correo electrónico: miguel.c.mancillas@gmail.com

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