Cocicruz: ejemplo del pensamiento Biniigulazza. Homenaje póstumo a Victor de la Cruz

Rodrigo De la Torre Yarza
Doctor en Antropología

Nace Victor de la Cruz el 27 de octubre del año 1948, y su fecha de nacimiento me remite a los festejos religioso-calendáricos que se tienen en estos días en Oaxaca. Como sabemos, el 23 de octubre festejamos al Señor del Rayo, evidentemente esta figura la hemos considerado como la versión católica de dios Cocijo. Este momento del año corresponde a la subdivisión del año terrestre y así del calendario zapoteco en Cocijos de 65 días marcando en estos días el fin del ciclo de 260 días de calor y lluvia,  y el inicio del periodo de frio y secas de 105 días que completan el año. Digamos que la fecha de nacimiento de Víctor de la Cruz parece haber marcado e iluminado su pensamiento pues el estudio de la forma del sistema de medir el tiempo, y entonces el estudio del orden calendárico zapoteco y el origen del sistema de medida del tiempo fue un tema del que se ocupó y desarrollo en sus investigaciones(de allí el origen del título de estas breves palabras). Sobre la trama calendárica, el doctor Víctor de la Cruz advirtió las relaciones entre ese orden y las estructuras de otros lenguajes de su cultura. Él exploró metódicamente e interdisciplinariamente en las estructuras de su lengua materna y las diversas expresiones culturales que se extienden entre la ciencia, la filosofía y la religión.

Con el fin de apreciar la solidez y amplitud de su pensamiento quisiera referirme a aquellos pilares que le guiaron y sobre los cuales Víctor desarrollo y relacionó su pensamiento científico. Ávido lector -condición fundamental para lograr sus propósitos- nos cuenta que fue hasta 1966, es decir a los 18 años “cuando leía deslumbrado” Los hombres que disperso la danza cuando se encontró con una referencia de Henestrosa aclarando la relación entre su obra y la de Wilfrido C. Cruz, (1898-1948) este último será a quién Víctor de la Cruz reconoce como uno de los “precursores de las investigaciones actuales sobre las culturas mesoamericanas, hechas por los propios indígenas a partir del conocimiento de su lengua y su cultura” (De la Cruz, agosto 2002:36, revista En Marcha). Al leer a Víctor, claramente podemos apreciar que en su artículo “El legado de un auténtico científico oaxaqueño”  da fe y hace constar la inspiración y guía que recibe en herencia de la obra de ese precursor la cual estudia y cultiva sin descanso.

Nuestro colega investigador del CIESAS nos cuenta que: “Fue a principios de los años setenta, en 1972, año en que los libros de la biblioteca municipal  “Rosa Escudero” fueron a dar a la biblioteca de la Casa de la Cultura de Juchitán recién fundada, cuando tuve la oportunidad de conocer y leer la obra pionera de Wilfrido C. Cruz El tonalamatl zapoteco y posteriormente, Oaxaca recóndita. Pero conocer y leer una obra determinada no significa necesariamente comprenderla, como en el caso de ambos libros citados; porque contienen complejos análisis del diidxazá, la lengua que nombra la cultura de los binniza y porque requieren de parte del lector, de conocimientos especializados sobre otros aspectos de la cultura Za, como la cosmovisión, la religión y el calendario de los binnigula’sa’; ya que este conocimiento fue la premisa fundamental con la cual Cruz inició y mantuvo  en todas sus investigaciones hasta llegar a Oaxaca recóndita.”(ibid)

Víctor entendió muy bien y claramente las condiciones que le permitirían lograr un conocimiento científico de sus inquietudes profesionales, lo cual, nos lo deja saber cuando cita el primer párrafo de esa obra de Wilfrido C. Cruz titulado El Tonalamatl:

Es una verdad incontrovertible que sólo el conocimiento profundo de las lenguas aborígenes de nuestro país puede entregarnos el secreto arqueológico de nuestras razas nativas. La inmensa mayoría  de escritores que se dedica a esa clase de investigaciones vernáculas carece conocimiento, lo que da por resultado que aún cuando en otro sentido dispongan de una preparación científica suficiente, no puedan, sin embargo penetrar en la intimidad ideológica de los idiomas autóctonos, en los misterios de su psicología y como consecuencia, en el descubrimiento de multitud de datos que tienden  a establecer las relaciones entre la verdad conocida y la que se busca”. (ibid) De la Cruz continúa citando a Cruz:  ”El lenguaje y el mito, como productos  sociales de idéntico origen, están profundamente ligados en la conciencia de los pueblos y el conocimiento del  primero es la llave para penetrar en los arcanos del segundo. Si a este conocimiento se agrega el de las costumbres, el de las tradiciones y mentalidad de la raza cuya mitología se  trata de estudiar, entonces, entonces pueden obtener resultados copiosos y positivamente científicos. (W.C.Cruz, El Tonalamatl zapoteco)

Otra curiosidad o coincidencia entre ellos, además de morir el uno y nacer el otro en el mismo año, como si se tratara de la reencarnación y continuidad de estos estudiosos, portadores y transmisores de conocimiento, se podría decir, como si fuera casual también,  los dos reciben la formación de Leyes, sustento que entonces estaba probado daría un dominio claro de las estructuras lógicas del pensamiento más allá del derecho como sucede con otros estudiosos del pasado prehispánico como Alfonso Caso, destacado arqueólogo/antropólogo a quién evidentemente Víctor estudió profundamente. Sobre lo antes dicho me parece que Víctor se hace a si mismo y sobre su propio destino y posibilidades la pregunta cuando escribe: “Siendo Wilfrido C. Cruz abogado de formación, disciplina en la cual destacó ¿cómo llegó a los estudios lingüísticos en especial y en general a los antropológicos cuyos  resultados aparecen en Oaxaca recóndito? “

Pasaron varios años entre su formación de abogado y trabajos diversos fuera de su tierra para que fructificara aquella semilla de lectura de1966. Cuenta Víctor: “Tuve, entonces, que esperar veinte años, para dar una opinión más o menos autorizada de Wilfrido C. Cruz; oportunidad que se presentó cuando realicé una investigación sobre la cosmovisión, la religión y el calendario de los binnigula´sa´ como sustento para mi disertación doctoral en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM” ( De la Cruz, 2002:35).

Víctor de la Cruz gana una plaza e ingresa al CIESAS en enero de 1988 institución de investigación que le permitirá dedicarse con soltura a lograr sus juveniles inquietudes y propósitos maduros, a pesar de las limitaciones de la burocracia que lo limitaba en sus deseos de poder sumergirse en archivos y museos del mundo y ampliar el universo de su conocimiento.

Escritor destacado no solo en poesía, sus investigaciones merecieron el reconocimiento más alto sin que su humildad mermara. Considero que su trabajo ha sido más bien artesanal, hecho a mano, sin prisas, con la delicadeza y tiempo que el arte requiere, una escritura brillante transmitiendo un pensamiento lucido. El minuciosamente, metódicamente, artesanalmente recolectó y fraguó sus datos, muchas veces en su solitaria fascinación del saber. La producción antropológica en cadena de producción, digamos industrial, nunca fue lo suyo. Evadió la acartonada exigencia de la academia que estorba a los libre pensadores. Desde la cercanía de la academia y la amistad, considero al doctor De la Cruz uno de los más serios, honestos, originales, lúcidos, y dedicados investigadores que ha tenido el CIESAS.

Cultivó brillantes interlocutores en la interdisciplina como con su tutor de tesis doctoral: el historiador Miguel León Portilla; sus asesores, el lingüista  filólogo Thomas Smith, y el arqueólogo Marcus Winter. En su trabajo también tejió datos del arqueólogo y amigo Roberto Zarate (qpd), de músicos, poetas, arquitectos, pintores, escritores varios, campesinos y comunes pobladores de este mundo. Para mi Víctor es maestro, colega y amigo a quién debo mucho agradecimiento. Dentro del CIESAS nos enseñó su manera rigurosa, legal, lógica, informada, desde una mirada exigente de realismo.

Si junto a la opinión de Víctor consideramos a Wlfrido C.Cruz un precursor científico destacado, nuestro homenajeado se ganó  sin duda el lugar que la ciencia otorga a quienes adelantan en el conocimiento de sus antecesores.

Tal vez para los jóvenes estudiosos de la cultura binnigula´sa´ que lean ahora a Víctor de la Cruz les tome sus 20 años leer y “dar una opinión más o menos autorizada” como a él le costó con la lectura de Wilfrido C. Cruz.; o, quizá, en esta cadena de posibles reencarnaciones –por fechas coincidentes– tal vez habrá de nacer en estos días alguien más, que como siguiente eslabón generacional continúe con tal lucidez enseñando a quienes no nacieron binnigula´sa´ la sabiduría de esa cultura.

Como tributo a su don de la palabra, hablada y escrita en sus estudios mesoamericanos, a su ímpetu de diálogo y discusión hemos propuesto que el auditorio en la nueva sede del CIESAS lleve su nombre. Gracias Víctor, seguiremos tu provocación.

En estas breves palabras no quise entrar a enumerar o discutir concretamente ninguno de sus aportes, de sus obras mesoamericanísticas, pues más bien, convertiríamos esta sesión en un seminario, espacio especializado muy necesario donde podemos promover su lectura y adelantar en los temas que abordó.

Ante lo dicho, me imagino, Víctor rápidamente meditaría, formularía un chascarrillo de múltiples sentidos, y nos reiríamos.

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