Los textiles y los sistemas de medición entre los pueblos nahuas de la Huasteca

Arturo Gómez Martínez
Museo nacional de Antropología-INAH

Los textiles indígenas de México incorporan saberes prácticos, conocimientos milenarios y procesos históricos que conducen en sus hilos el advenir de los pueblos; en la gran variedad de territorios se utilizan diferentes materiales, técnicas de confección y ornamentación. Los estilos y características regionales las hacen únicas, poco equiparables con los avances tecnológicos; los implementos de trabajo, a pesar de ser sencillos se manipulan con mucha complejidad y habilidad. La producción de los tejidos y bordados corresponden a las características físicas regionales (altitud), los climas y de los recursos naturales ahí existentes, las materias primas empleadas incluyen fibras semiduras como las agaváceas, el izote (Yucca gigantea), el chichicaxtle (Urera baccifera) y el jonote (Eliocarpus appendiculatus); el algodón (Gossypium) por sus fibras blandas es el más utilizado y abunda en variedades de color blanco, café, amarillo y verde. Como herencia de la Colonia y del proceso de expansión comercial se han sumado la lana de las ovejas y la seda producida por los gusanos (Bombyx mori), además telas de lino y algodón peinado. Los infinitos hilos que componen a los lienzos han sido motivo de invenciones tecnológicas y de reflexiones estéticas, el uso de las matemáticas adquiere sentido con la mecanización de las técnicas de manufactura y las decoraciones constituyen el acervo iconográfico que nos remite al pensamiento cosmogónico.

Entendemos como textil a un tipo de soporte estructurado por hilos verticales que se enlazan por otros en sentido horizontal, el resultado es un tejido compuesto por elementos intercalados que implica el dominio de la contabilidad y la medición. Como en muchos pueblos indígenas, las medidas nahuas en la Huasteca[1] están asociadas a comparar cierta magnitud con otra magnitud que se ha escogido como unidad de medida, lo que se puede medir es la longitud, donde el cuerpo humano cobra sentido, esta acción se hace extensiva para las superficies donde los terrenos y los caminos se miden por pies o brazos mediante unidades más grandes que los conjuntan en varas y cordeles. La capacidad, el volumen y la masa se unifican para contabilizarse en puños, cuencos de ropa sobre la pierna, jícaras, canastas, trojes, morrales, fardos y cargas; mientras tanto el tiempo se contabiliza con el movimiento de la luz solar (equivalente a horas), días, lunas, ciclos agrícolas y estaciones (secas y lluvias) y años.

En general, el acto de medir se denomina tlatamachihualiztli, se miden las cosas que se encuentran en el entorno (tlatlanextli) de los humanos y su cuerpo (tlacayotl) sirve como referente axial para la comparación (tlanehnehualiztli); la medición contabiliza (tlapoaliztli) para registrar (tlamachiotl) elementos y cosas cuantificables. El tlatamachihquetl es un sujeto ejecutor de las medidas y se rige mediante patrones establecidos (tlatamachihualoni ixitlahca) que juzgan el sistema de la medición, de tal forma que las partes implicadas en un proceso de diálogo logren el acuerdo común. Las medidas de tradición mesoamericana perduran hasta nuestros días, al lado de otros sistemas introducidas en periodos indistintos (Colonia y siglo XIX); la vigencia radica en los oficios donde encuentra su campo de acción en tareas agrícolas, culinarias y artesanales.[2]

El trabajo de los textiles es una labor de las mujeres, sin embargo sus connotaciones sobre las medidas han sido asimiladas también por los hombres y tiene un uso social. Iniciamos el proceso a través del precepto del diseño o tlayeyehyecolli (modelo deseado o lo que es medible y contabilizado) donde se proyecta de manera mental la obra en función de la forma y la ornamentación, involucrando también conocimientos aritméticos, geométricos y artísticos. La fase inicial del textil es la preparación de las materias primas, las fibras se calculan en canastas (chiquihuitl) y fardos (tlaquimilli), luego son procesadas para convertirse en hilos, cuyo grosor se equipara a los cabellos (tzoncalli) y la cantidad requerida se mide por el peso y el volumen con la cavidad de una mano o tlamatolontli. Con los hilos se hace el montaje de la urdimbre y el largo se mide por los dos brazos extendidos horizontalmente (mapelli), un brazo extendido horizontalmente hasta la parte central del pecho (maixpantlacayotl), de la base del dedo pulgar hasta el hombro (ahcolli), del codo hasta la punta del dedo central (molictli), del codo hasta la muñeca cubriendo el antebrazo (maacayotl), del ápice del dedo central hasta el del pulgar (maistetl, mistetl), los cuatro dedos de la mano sin el pulgar (mapatlactli, maitl), la longitud del dedo central (acamahpilli), el ancho del dedo índice (mahpilli), la amplitud del dedo pulgar (istimimilli) y por el falange distal exterior del dedo central (istetl). La cantidad de hilos en una urdimbre es determinante para la amplitud y se contabiliza por hebras pares que se agrupan en unidades (tlatecpanaliztli) de cinco, diez y veinte; cuando se utilizan hilos de gamas diversas, se agrupan en unidades coordinados conocidos como surcos (pamitl).[3]

El telar de cintura (tlaihquitquetl) es un instrumento creador de obras, sus movimientos coordinados permite fundar medidas y cuentas (tlatamachihualiztli), hasta crear patrones de medición rígidos como la caña (acatl, octacatl) o flexibles como el cordel (mecatl); la sofisticación de las medidas se acrecientan en las unidades mínimas, siendo el hilo (icpatl) la más pequeña en longitud considerando su grosor, la unión de un conjunto de hilos permite hacer torzales (tlamalintli) a partir de dos e uno, hasta lograr cuerdas gruesas (mecatlamalintli). Las partes del telar se toman como instrumentos de medición, el templero que conserva el ancho de una manta equivale a una caña (acatl), la correspondencia de unos sesenta centímetros en la cual la tejedora alcanza a pasar trama con el movimiento de sus manos. La vara de lizo (xiotl) se le llama también ohtlatl que se hace preferentemente de una variedad nativa de bambú y cuyos nódulos (mixo) sirven para medir. En conjunto caña y otate, templero y vara de lizo son metáforas para medidas de longitud, ambas son patrones de medida que crean textiles para arropar los cuerpos de los humanos.

La decoración (tlahmachtli, modelo que se copia y se mide) de los textiles se hace mediante tramas suplementarias y bordados, utilizan figuras convencionales en términos de motivos que conforman patrones, a menudo se repiten hasta constituir una composición decorativa en cenefa (pamitl) o en red (nahcatl). El motivo es un elemento que forma parte del patrón en una imagen (tlacopinalli) y se circunscribe a un eje temático; es capaz de generar nuevos elementos gráficos, producto de la repetición y ordenación simétrica (tlacuelpachtli). Para la decoración los dechados (machialoni) tienen importancia por preservar el estilo y el patrimonio iconográfico, se consideran instrumentos de registro de puntadas y medición de las imágenes bajo el vocablo tlayectlapoalistli (creaciones de medidas y contabilidad). La puntada (icpanyotl) es el elemento básico para crear figuras y cuerpos que son la representación convencional de los objetos o cosas del entorno nahua.

Las formas de los textiles utilizados en la indumentaria y accesorios son contenidos de unidades de medida, el mamalli o paño para cargar niños mide aproximadamente dos metros y su extensión incorpora el cuerpo de un adulto y la de un infante; un enredo equivale a dos veces la altura de una persona, la faja representa una brazada y las cintas para el pelo miden una caña. Los paños utilizados como servilletas sirven para medir bultos (tlaquimilli), así mismo los ayates miden el peso de una carga (tlamamalli). En síntesis, los textiles indígenas de la Huasteca consignan saberes sobre los sistemas de medición, hasta constituirse en sí mismo como unidades de medida y sus implementos de manufactura también pasan a formar parte como artefactos de equiparación y cómputo.


Referencias

Dehouve, Daniele. El imaginario de los números entre los antiguos mexicanos. México, Ediciones de la Casa Chata, CIESAS-CEMCA, 2014.

Vera, Héctor y Acosta, Virginia. Metros Leguas y Mecates. México, CIESAS-CIDIM, 2011.


[1] Los nahuas son un grupo étnico disperso en varias regiones de México y su historia remite a procesos disímiles. La Huasteca es una región cultural ubicada frente a la costa norte del Golfo de México y la Sierra Madre Oriental, en este territorio habitan pueblos de habla náhuatl y los núcleos se ubican entre los estados de Veracruz, Hidalgo, San Luis Potosí y Puebla.

[2] Los estudios sobre las medidas en los pueblos indígenas evidencian la conjunción en el uso de los sistemas de medición, se hacen equiparaciones y el funcionamiento responde a realidades muy concretas, así como el destino de los elementos medibles y cuantificables. Entre los autores contemporáneos que abordan el tema, señalamos a la obra recopilada por Vera y Acosta (2011), así como del estudio entre los mexicas realizada por Dehouve (2014).

[3] Las medidas aquí consignadas tienen convergencias y diferencias con los registros realizados en el siglo XVI para el centro de México.

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