La vitalidad de la lengua totonaca de Chicontla y Patla, Puebla*

Yvonne Lam
Universidad de Alberta

Las comunidades totonacas Chicontla (pob. 3300) y Patla (pob. 1060) se ubican en la Sierra Norte del estado de Puebla, en las orillas del río Necaxa. Es una zona bastante poblada y de acceso relativamente fácil, con carretera pavimentada y transporte regular al centro urbano más cercano, Xicotepec de Juárez, el que queda a sólo 30 kilómetros, por lo cual hay mucho movimiento de gente entre las comunidades de la región.

En el valle del río Necaxa se hablan el nahuatl y algunas variantes totonacas. La lengua originaria de Chicontla y Patla es el totonaco del río Necaxa, también hablado en las comunidades vecinas de Cacahuatlán y San Pedro Tlaolontongo (Beck, 2011). Según el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (Embriz Osorio y Zamora Alarcón, 2012), esta variante se ve con mediano riesgo de extinción debido a un número decreciente de hablantes. El censo nacional de 2010 sólo apuntó como totonacohablantes el 39% de la población de Chicontla, decrecimiento de 16% desde 2000. En contraste, Patla tiene un mayor porcentaje de hablantes, el 74%, pero aun así representa un decrecimiento de 46% desde 2000 (Lam s.f.).

De mayor preocupación es la facilidad con que se puede encontrar a los que tienen poco o ningún conocimiento de la lengua originaria. Es más notable en Chicontla, donde la mayoría de los jóvenes y los niños desconocen el totonaco. En Patla todavía hay veinteañeros que saben la lengua, pero son contados los niños de edad preescolar que la hablan. Se presentan cada vez menos contextos que obligan el uso del totonaco, sobre todo ahora que ya no practican los rituales y las tradiciones que hubieran requerido la lengua originaria. Tampoco existe ningún medio de comunicación ni programa educativo en la variante local. Aunque todavía se escucha el totonaco en ámbitos familiares—y en Patla, también en espacios públicos—hay un alto nivel de bilingüismo, más del 95%, por lo cual es muy fácil hacerse entender en español. Hasta cuando uno de los interlocutores desconoce el español, se encuentra sin dificultad a quien sirva de traductor.

El creciente uso del español parece ser un fenómeno bastante reciente. Se atribuye al establecimiento de escuelas en las comunidades desde los años sesenta, lo que llevó al contacto diario con el español desde una edad temprana. Existe una sola escuela primaria bilingüe, la de Patla, pero según los padres de familia, aunque se permite el uso de la lengua originaria en el salón de clase—al menos en los niveles iniciales—en ningún momento se enseña a leerla ni a escribirla. También los padres de familia están poniendo mucha importancia en la educación para poder conseguir un buen empleo, y muchos jóvenes hoy día no sólo terminan el bachillerato sino que reciben algún tipo de formación técnica o profesional, todo lo que se da en español.

Además, en los años setenta y ochenta ocurrió un cambio económico a gran escala con el paso de la agricultura de subsistencia al cultivo comercial del café. Como consecuencia, muchas personas no indígenas empezaron a establecerse en la región, principalmente en Chicontla, que sirve de centro económico de la región, y con eso se estableció un sistema de transporte regular que facilitó la ida y vuelta de la población. El nuevo contexto económico resultó en la mayor integración de los totonacos a la economía y la cultura hispanas, lo que hizo saliente la importancia de saber comunicarse en español.

En años recientes, debido al bajo precio del café en el mercado mundial, se ha hecho imprescindible buscar otras fuentes de ingreso. Mientras algunos pudieron cambiar del cultivo del café a la crianza del ganado o a la cosecha de otro cultivo más valioso como la vainilla, muchos otros han considerado más fácil trasladarse a una zona urbana, como la ciudad de Puebla o la Ciudad de México, o hasta a los Estados Unidos, en busca de mejores oportunidades. La migración ha exigido la adopción del español como lengua cotidiana debido a las pocas oportunidades de convivir con otros totonacohablantes fuera de la comunidad, en particular si uno tiene una pareja que no es totonaca, una situación cada vez más común debido a la movilidad de la población.

En breve, existen muchas presiones educativas y socioeconómicas que subrayan la necesidad de saber español (véase también Lam 2009). Ahora, de por sí el conocimiento del español junto con la lengua originaria no es negativo: hay muchos lugares alrededor del mundo donde coexisten dos o más lenguas diariamente, como en Canadá, y el español es indubitablemente útil para poder participar mejor en la sociedad actual. La dificultad reside en que el conocimiento del español ha sido acompañado del desuso de la lengua originaria, una consecuencia desgraciadamente común en la época moderna (Dorian, 1998).

El abandono de la lengua originaria parece surgir de la preocupación de los padres de que los hijos dominen bien el español para evitar la discriminación tanto social como económica que experimentaron las generaciones anteriores. Según su propia experiencia, saben lo difícil que es dominar el español de adulto y atribuyen esta dificultad al conocimiento del totonaco (Lam 2012). Por consiguiente, muchos padres piensan que es mejor enseñar primero el español y dejar el totonaco para después, sin reconocer que muchas veces después llega a ser nunca. No es exacto decir que no tengan orgullo en la lengua originaria (aunque algunos sí se niegan a identificarse como totonacohablantes), sino que se trata más de un pensamiento pragmático, que el español es más útil que el totonaco, junto con la creencia equivocada que es imposible aprender dos lenguas simultáneamente. El resultado ha sido una interrupción en la transmisión del totonaco a los niños desde hace dos generaciones. Es por eso que en Chicontla se encuentra a pocos hablantes menores de 50 años. En Patla los adultos jóvenes todavía saben totonaco, pero es más por vivir en la comunidad, donde todavía hay hablantes monolingües, todos de tercera edad, que por la transmisión directa en familia, por lo cual sus propios hijos desconocen la lengua.

¿Qué será el futuro de la lengua totonaca en Chicontla y Patla? De no cambiar las presiones que favorecen de manera aplastante el uso exclusivo del español, los totonacos no tendrán motivo para conservar su lengua: no les proporciona una educación ni les obtiene trabajo. Por mucho que lamenten la pérdida del totonaco, urge más traer el pan a la mesa. Será de suma importancia encontrar oportunidades donde el conocimiento de la lengua originaria les sirva de beneficio, no de obstáculo. Igual será necesario concientizar a los padres que los niños benefician de saber más de una lengua (Ada y Baker, 2001) y que la lengua totonaca les puede enriquecer la vida y el vínculo con su comunidad.


Bibliografía

Ada, Alma F. y Colin Baker. 2001. Guía para padres y maestros de niños bilingües. Clevedon, UK: Multilingual Matters.

Beck, David. 2011. Upper Necaxa Totonac dictionary. Berlin; Boston: Mouton de Gruyter.

Dorian, Nancy C. 1998. Western language ideologies and small-language prospects. En Lenore A. Grenoble y Lindsay J. Whaley (Eds.), Endangered languages: Current issues and future prospects (págs. 3–21). Cambridge, UK: Cambridge University Press.

Embriz Osorio, Arnulfo y Óscar Zamora Alarcón (Eds.). 2012. México. Lenguas indígenas nacionales en riesgo de desaparición: Variantes lingüísticas por grado de riesgo. 2000. México: Instituto Nacional de Lenguas Indígenas.

Lam, Yvonne. 2009. The straw that broke the language’s back: Language shift in the Upper Necaxa Valley of Mexico. International Journal of the Sociology of Language, 195, 219–233.

Lam, Yvonne. 2012. Oportunidad, ideología y la pérdida del totonaco del río Necaxa. En Paulette Levy y David Beck (Eds.), Las lenguas totonacas y tepehuas: Textos y otros materiales para su estudio (págs. 519–543). México: Universidad Nacional Autónoma de México.

Lam, Yvonne. s.f. Upper Necaxa Totonac Project: Mapa demográfico. Accedido el 14 de marzo de 2018 de http://www.artsrn.ualberta.ca/totonaco2/?page_id=2459&lang=es.


* Nota de la autora: A diferencia de los otros colaboradores de este número, no soy originaria de las comunidades ni hablante de la lengua totonaca. Siempre estoy muy agradecida por el caluroso recibimiento y la paciencia para mis preguntas que me han ofrecido desde mi primera visita en 2003.

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